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domingo, 9 de enero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 19 - Maduración de la Edad de Oro.


Después de 1945, el recambio generacional gatilló una serie de cambios en la Ciencia Ficción. Estos cambios, insinuados en esa época, se agudizaron en la década de 1950. En un respecto, significó que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, la Era Campbelliana, alcanzó su máximo desarrollo y madurez. En otro, implicó que la Ciencia Ficción campbelliana estaba agotándose, sembrando así las semillas de lo que pasaría a llamarse la Nueva Cosa.


Uno de estos cambios fue la ampliación de la base de lectores. Habiendo más lectores, se creó un mercado rentable para la Ciencia Ficción. En consecuencia, las editoriales "serias" empezaron a mirar a la Ciencia Ficción como material a ser publicado en potencia. Esto llevó también a transformaciones en las obras literarias mismas. Durante la Era Gernsbackiana, y después en la Era Campbelliana, el principal vehículo para la publicación eran las revistas. Por lo tanto, el grueso de la Ciencia Ficción en la época estaba conformado por cuentos y novelas cortas. Se publicaban novelas, sí, pero en forma serializada, y esto imponía ciertas condiciones a la hora de escribir, puesto que el lector debía seguir interesado en las peripecias de los personajes, lo que les daba un carácter mucho más episódico.


Un producto típico de esta época es el "fix-up", una novela que en realidad es una recopilación de relatos cortos serializados e independientes en torno a un mismo personaje o universo narrativo, y que en realidad eran republicaciones en formato de libro, de antiguas series de relatos publicados con anterioridad como cuentos independientes en revistas. Así vieron la luz por ejemplo "Los monstruos del espacio" (malísima traducción al castellano del título original inglés "The Voyage of the Space Beagle"), de A. E. Van Vogt, cuya idea de base (una nave espacial repleta de científicos que viajan explorando el cosmos) es precursora de la serie televisiva "Viaje a las estrellas". O "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury. El fix-up más famoso es probablemente, con todo, la Trilogía de la Fundación, de Isaac Asimov, que originalmente fueron publicados en revista como ocho relatos independientes, pero que después fueron compilados en tres tomos (años después, Asimov escribió varias secuelas y precuelas, ahora sí como novelas propiamente tales y no como fix-ups).


Sin embargo, en 1949 la editorial Doubleday decidió tomar el riesgo, y lanzó una colección especializada en novelas de Ciencia Ficción. Esto, para la época, era algo nuevo. Pero la operación tuvo éxito. Había numerosos escritores de Ciencia Ficción que habían escrito novelas cortas, que permanecían en sus cajones sin publicar, y por lo tanto material existía. Las novelas se vendieron bien, y pronto hubo otras editoriales que también dieron el salto. En la década de 1950, por lo tanto, hubo espacio en la Ciencia Ficción estadounidense para las novelas. El resultado es que, al poder explayarse más y poder trabajar la novela como un todo en vez de serializarla, las novelas de Ciencia Ficción ganaron en profundidad, tanto literaria como filosófica.


Mientras tanto, las revistas hicieron crisis, no sólo debido a que ahora parte importante de la creción de Ciencia Ficción marchaba hacia las novelas, sino también debido a la arremetida de un nuevo enemigo: la televisión. En la década de 1950 se impuso la nueva cultura de vivir en los suburbios, con una televisión cada vez más difundida, y esto dañó al arte escrito en todas sus manifestaciones. Los niños y jóvenes, el mercado clásico de las revistas, empezaron a desfilar hacia el nuevo medio. Para mantenerse, además de para captar a los lectores adultos, las propias revistas debieron hacerse más sofisticadas. En estos años empezó el declive de John W. Campbell, que no fue capaz de adaptarse a los tiempos. El predominio que había ejercido "Astounding" durante más de una década, fue cedido a otras revistas nuevas y con mayor empuje. Probablemente, las tres más representativas de esta etapa fueron "If", "Fantasy & Science Fiction" (F&SF), y particularmente "Galaxy", a cuya cabeza estaba el destacado escritor Frederik Pohl. Sin salirse de los parámetros de la Edad de Oro, ambas revistas tenían en común que se permitían relajar un poco el contenido científico, y a cambio eran más exigentes en lo literario, lo que redundó en un alza de la calidad literaria de los relatos de Ciencia Ficción.

Próxima entrega: "Pesimismo y respetabilidad".

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