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viernes, 28 de enero de 2011

CdA 104 - Luz de Sotis.


ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”. Olegario Ferrer sigue a Vania, y en recompensa se gana una brutal paliza de Melissa. Goloso husmea en Corona de Amenofis, y se encuentra con Hernán, quien resulta ser fóbico a los gatos, ofendiendo así el amor propio del gato. Todo esto es vigilado por Klunn. Mientras Reginaldo soporta los avances sexuales de Rafael, Amanda Caballero recibe a Isócrates, un prisionero del planeta Missel que conoce su verdadera identidad

“Luz de Sotis”

Un nuevo camión de mudanza apareció el Martes siguiente, seguido de otro automóvil. Esta vez, los nuevos residentes eran un cincuentón, y una señora que bien podía ser una octogenaria. El hombre en los cincuenta, con canas quizás un tanto prematuras, vestía una correcta sotana, y era persona de gestos lentos y medidos. Ayudó a la octogenaria a bajarse del automóvil, y le alcanzó un bastón para que le sirviera de apoyo.

–Vamos, mamita, yo la ayudo.

–No se preocupe, mijo– dijo la señora, y empezó a caminar con pasos temblorosos.

Mientras tanto, en la casa de Hernán y Jacinta, aprovechando que su marido estaba trabajando, ella ponía la ropa sucia en un cesto para llevarla a la lavadora. Con un “¡en qué estoy pensando!”, tomó una camisa blanca y la separó del resto, para lavarla a mano. Pero al tomarla, notó una delicada mancha rosácea en el cuello.

–¿Será…?– se preguntó Jacinta, mirándola con detención. Podía ser lápiz de labios, pero podía también no serlo: la mancha estaba demasiado deslavada para determinarlo.

En ese minuto, el ruido exterior la distrajo. Casi por automatismo dejó la camisa y la ropa, y salió al exterior, olvidándose por un minuto de sus sospechas.

–¡Buenos días! Soy Jacinta. ¿Puedo ayudarles en algo? ¡Oh, usted es…! Es un sacerdote, ¿verdad?

–Sí, soy el padre Genaro. Ella es mi mamita, doña Eduvigis.

–Mucho gusto– dijo doña Eduvigis con voz temblorosa.

En la cama de su propio departamento, Reginaldo se despertó. Descubrió que Rafael seguía a su lado.

–¡Rafael! ¿No se supone que debías ir a trabajar?

–Soy mi propio jefe, puedo tomarme el día libre– dijo Rafael. –¿Qué tal si…?

–Ahora no. Parece que llegó alguien más. Puede que necesite nuestra ayuda– dijo Reginaldo, vistiéndose rápidamente.

–Yo también te necesito– dijo Rafael, insinuante, tratando de acercarse a Rafael para darle un beso en el pecho.

Reginaldo se apartó con brusquedad, y Rafael se quedó mirando al vacío, con los ojos llorosos.

El padre Genaro saludó cordialmente a Reginaldo, pero al ver salir a Rafael lloroso e implorante tras él, su gesto se agrió, y rezó internamente para que alguien más viviera en esa casa, y la idea de que dos maricones convivieran en pecado mortal fuera tan sólo un sucio pensamiento que se le pasó por la cabeza, y nada más.

Goloso, por su parte, husmeaba con precaución entre las cajas. Uno de los mozos, al verle, dejó caer una caja torpememente. De su interior se derramaron varios libros, algunos de ellos con tapas duras y papel decimonónico. Al ver esto, Goloso saltó de alegría. Luego miró a Genaro. Era un sacerdote. Volvió a mirar los libros: la mayor parte de ellos eran textos cristianos: Agustín, el Aquinate, Anselmo… Goloso suspiró.

–Un sacerdote… Podría haber sido peor. Podría haber sido un mormón…

OxxxOxOOOxOxxxO

Aquella tarde, en la Escuela de Pedagogía de la UNJW (Universidad Neoclásica Joaquín Winckelmann), el profesor de la cátedra de Literatura Inglesa salió algo cansado. Como su ramo era electivo, jamás tenía muchos alumnos, y además, éstos solían ser poco responsables. La UNJW era una universidad privada y cara, y por tanto, era opción sólo para los estudiantes flojos y con dinero. El profesor generalmente se daba vueltas todo el año con Shakespeare: hablarles de Chaucer, Dickens o Shelley a aquellos borregos hubiera significado reventarles sus escasas neuronas. Por eso, cuando apareció Leoncio, se sintió feliz. Leoncio no estudiaba nada relacionado con Literatura, y quizás por eso, sabía más Literatura que quienes se atenían a un programa de estudios convencionales.

–¡Hombre, tanto tiempo! ¡En qué estás, Leoncio!

–¡Pablo, cómo estás! Vengo a mostrarte algunas cosas.

–¿Ah, sí? ¡Vamos a tomarnos un café!

En un salón de té ubicado algo más allá de la UNJW, ambos empezaron a conversar.

–¿Y cómo va tu novela, Pablo?

–Bien, bien… Ya estoy terminando por fin el cuarto tomo. Ahora sólo me quedan ocho…

–Eso si es que no vuelves a alargar tu proyecto. La idea original eran… ¿cuatro, cinco?

–Cinco. Pero será una saga espectacular, de eso no te quepa duda. Doce novelas épicas que en total cubran la historia completa de Inglaterra, desde la dominación romana hasta los Beatles… ¡Pero cuéntame de lo tuyo, Leoncio! ¿En qué estás? ¿Estás escribiendo algo nuevo?

–Sí, algo nuevo. Es un folletín, un folletín para ser publicado en un blog.

–¡Ah, vaya! Cuéntame.

–Es… ¿Cómo definirlo…? Mira, quise hacer algo así como… Un folletín tiene que tener muchos personajes y muchas tramas distintas, y pensé que lo mejor era recluir a un grupo de personajes en un lugar. O sea, un grupo de personajes varados en un lugar.

–¿Algo así como “Lost”, dices tú? ¡Qué serie tan infame…!

–No es tan mala… No es tan buena, tampoco. Pero en fin. Pensé que un condominio sería el lugar ideal. La fórmula funciona en las teleseries nacionales, ¿por qué no me iba a funcionar a mí? Y el resto de la inspiración me vino cuando por accidente vi un episodio de “Melrose Place”… La están dando en el Sony, como a las ocho de la mañana.

–¡A las ocho! Nunca te imaginé despierto tan temprano.

–A veces me acuesto a esa hora. Pero eso no importa. Decidí que esta historia iba a ser un folletín estilo Melrose Place, pero con marcianos. Así es que la trama es como sigue: el condominio es en realidad una cárcel extraterrestre, y algunos de sus residentes son prisioneros de otro mundo, exiliados en la Tierra.

–¡Pero mira…! ¡Es una locura! ¿Y cómo piensas llamarla?

–“Luz de Sotis”.

–No es un título muy vendedor…

–No importa. Es algo demasiado jalacables como para que alguien la lea, de todas maneras. Pero me hace feliz escribirlo, y con eso estoy más que recompensado.

–¿Y a dónde apunta todo?

–No lo sé… El último episodio que escribí, se trata de que uno de los residentes de “Luz de Sotis” escribe una historia sobre un autor de Viña del Mar, que al mismo tiempo escribe una historia llamada “Corona de Amenofis”… Como el condominio en donde vivo. Pura referencia metatextual dentro de otra referencia metatextual.

–Parece una locura. Es realmente una locura, no puedo decirte una cosa por otra.

–¿No te parece interesante?

–¡Interesante si es, eso sí! Pero no sé si alguien lo vaya a leer…

Y sí. Alguien había decidido “perder su tiempo” leyendo “Luz de Sotis”. Su nombre era Flenn. Y trabajaba mano a mano con un completo equipo de analistas que comprendía historiadores, arqueólogos, psicólogos, antropólogos y sociólogos que buscaban claves para entender qué diablos ocurría dentro de las paredes de Corona de Amenofis.

En ese minuto, el nanocomunicador sonó. Antes de contestar, Flenn despidió al equipo:

–Cinco minutos de descanso.

Y luego habló en privado, de cucaracha a cucaracha, con Klunn:

–Aquí Flenn...

Próximo capítulo: "El baile de las cucarachas".

COMENTARIO DEL AUTOR: Lo que inicialmente partió como un chiste metatextual (que nuestro propio universo fuera en realidad las historias contadas en un blog escrito desde nuestro propio universo), a la larga terminaría transformándose en un punto pivotal. Cuando inventé el personaje de Leoncio, ni siquiera tenía claro cómo lo iba a utilizar, salvo que iba a ser un personaje secundario, ensimismado en sus escritos y más bien lejano a las tramas principales de la blogoserie. ¡Cuán equivocado estaba en ese entonces...!

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