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viernes, 21 de enero de 2011

CdA 103 - Quién es Almendra Caballero.


ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”. Ante la extorsión de Vania, Hernán decide contratar al investigador privado Olegario Ferrer para investigar su pasado. Al tiempo llega la familia de Adalberto y Patricia, la cual incluye a Goloso, un gato aficionado a la literatura clásica. Y llegan Rafael y Reginaldo a ocupar otro departamento. Todos estos movimientos, así como la aparición de Almendra Caballero, administradora de Corona de Amenofis, son observados por Klunn, la cucaracha.

"Quién es Almendra Caballero"

Aunque trabajar no era exactamente lo suyo, y los casos de seguimiento solían aburrirle mortalmente, Olegario Ferrer se puso manos a la obra. Necesitaba el dinero, los clientes no fluían como debían, y además tenía mucho tiempo libre. Era eso, o seguir jugando al solitario en su escritorio. De esta manera, se puso a seguir a Vania. Los primeros días no sacó demasiado en limpio. Las costumbres de la chica incluían salir de compras, conversar en los salones de té, y llamar diariamente a Hernán para seguir manteniéndole en vilo. Su mejor amiga era Melissa, quien solía acompañarla cuando salía. De Melissa era poco lo que podía decirse, en realidad, salvo que parecía ser una fanática del gimnasio, algo que se notaba por su figura delineada con trazos firmes, y lo bien tonificado de sus músculos.

De esta manera llegó el Viernes en la noche. Olegario Ferrer se preguntó si saldrían a alguna discoteca o algo así, pero Vania se encerró temprano en su casa, y Melissa tomó su propio vehículo. Olegario Ferrer, suspirando, se dispuso a iniciar la guardia nocturna.

En ese instante, sintió pasos detrás suyo. Alguien pretendía acercársele con sigilo. Se dio vuelta e intentó contraatacar, pero era demasiado tarde: ingresó una ensalada de nudillos en su boca, y sintió el gusto de su propia sangre. Antes de poder reaccionar, estaba recibiendo una brutal paliza.

Lo último que vio, medio turulato y antes de perder el conocimiento, fue el rostro de Melissa, cuya boca decía:

–Deja de seguir a Vania. Déjala en paz.

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En aquellos días, por su parte, Goloso había comenzado a acostumbrarse a su nueva vida en Corona de Amenofis. Si es que aquello podía ser llamado “vida”, según su talante señorial. Había salido a iniciar sus rondas, y en una de ellas, llegó hasta el departamento de Hernán y Jacinta.

Hernán estaba en el balcón. Apenas Goloso saltó al mismo desde una baranda, Hernán saltó hacia atrás, asustado.

–¡Vamos, lárgate, lárgate! ¡Andate, gato maldito! ¡Andate!

Goloso lo miró con curiosidad.

Ante los gritos, Jacinta salió al balcón. Moviendo la cabeza negativamente, intentó tomar a Goloso en brazos, pero éste salió arrancando antes que eso.

Hernán estaba sudando. Jacinta se le acercó con una servilleta.

–Esa fobia a los gatos, mi amor…– dijo Jacinta, sonriendo.

Goloso, mientras tanto, miró hacia el balcón desde el patio.

–Humano raro– se dijo a sí mismo. No alcanzó a olfatearlo, pero podría jurar que había sentido un olor raro en Hernán, algo que… No, realmente no sabía de qué. Y no le importaba.

¿O sí? ¡Goloso, él, el gato más inteligente de todos, RECHAZADO! ¡Por supuesto que era algo que le importaba! Ese humano sabría quién es Goloso. Ya lo sabría.

A lo lejos, Klunn la cucaracha contemplaba la escena con satisfacción. Goloso y Hernán eran parte de un mismo esquema: mientras más interaccionaran, más seguro era que los acontecimientos terminaran precipitándose como estaba planeado.

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Mientras tanto, en su departamento común, Rafael se acercó a Reginaldo.

–Oye, ¿y no te tienta hacer algo en la noche?

–Me duele la cabeza, ¿por qué no vemos mejor una película?– contestó Reginaldo con brusquedad.

–¿Por qué me tratas así?– preguntó Rafael, y al añadir lo siguiente, toda su masculinidad se fue al tacho: –¿Acaso ya no me amas?

Reginaldo miró a Rafael con dureza.

–¿Sabes una cosa, Rafael? A veces no te soporto.

–¡Fue tuya la idea de mudarnos acá, a Corona de Amenofis!– dijo Rafael. –¡Si quieres, me largo! ¿Está bien así?

Reginaldo miró a Rafael ahora con preocupación.

–No, no te vayas– dijo. Y luego añadió en voz muy baja: –Te necesito.

Los ojos de Rafael se llenaron de lágrimas. Intentó sonreir.

–¿De qué me quieres vestir hoy en la noche?– preguntó Rafael, rendido.

Reginaldo suspiró. Si Rafael supiera la verdadera manera en que Reginaldo lo necesitaba… Siempre era mejor estar amarrado a Rafael, por muy desagradable que fuera llevar una existencia homosexual, que acabar en una cámara de vaporización en Missel.

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Entretanto, en Santiago de Chile, el siguiente vuelo procedente desde Londres estaba por llegar a la pista. Al abrirse la puerta y comenzar a salir los pasajeros, Almendra Caballero se levantó con toda la dignidad que pudo. Al ver llegar a los dos pasajeros que esperaba, trató de sonreir, pero fue una sonrisa gélida, glacial.

–Carmiel…– dijo Almendra Caballero, dirigiéndose al miembro de la pareja que parecía estar dirigiendo al otro.

–Ya sabes que está prohibido usar nuestros nombres verdaderos aquí en la Tierra, Almendra– dijo Carmiel, con seriedad.

–Tú debes ser… ¿Qué nombre te pusieron aquí? ¿Isócrates?– preguntó Almendra Caballero, ignorando a Carmiel y hojeando sus papeles.

–Isócrates– confirmó el aludido con fiereza.

–El camino a Viña del Mar es largo. Vámonos– dijo Almendra Caballero.

Almendra Caballero estaba cansada, muy cansada. Había manejado desde Viña del Mar, y ahora, casi sin descanso, tenía que manejar de regreso. Pero era necesario. Carmiel tendría que vigilar a Isócrates.

–Almendra, Reginaldo, Isócrates… ¿Quién demonios asigna nuestros nombres terrestres?– preguntó Isócrates, con demasiada socarronería para ser lo que podría llamarse un prisionero doblegado. Y apostilló a continuación: –Los terrestres los encuentran ridículos y cursis.

–La Tierra fue elegida por estar a mucha distancia del planeta Missel, y una de las consecuencias de eso es que en Missel la información sobre la Tierra es muy imperfecta. Creo que sacan los nombres de libros de historia o algo así– dijo Almendra Caballero, fastidiada por verse en la obligación de repetir lo que todos ya sabían. Aunque, en verdad, nadie le había pedido que hiciera eso.

–Sigo pensando que es una idea estúpida.

Aquel comentario insolente por parte del prisionero terminó de sacar de sus casillas a Almendra Caballero.

–Muy bien– dijo ella, adoptando ahora un tono oficial, y sin despegar la mirada del frente de la Ruta 68, por la que conducía a una velocidad bastante alta, considerando que era de noche. –A partir de ahora eres un prisionero condición T-21. Tu nueva vivienda es Corona de Amenofis, y tu radio de acción máximo es Viña del Mar. Trata de salirte, y perderás todos tus derechos y ciudadanía, lo que significa que serás cazado y exterminado. Los terrestres no pueden enterarse de tu condición alienígena. También tienes prohibición de usar tecnología misseliana en particular, y no terrestre en general. La pena para eso es la vaporización instantánea. Encontrarás que, considerando la magnitud de tus crímenes, Corona de Amenofis es un más que satisfactorio lugar para cumplir tu pena. Tienes derecho a una visita oficial una vez al año para revisar las condiciones de tu pena, y determinar si debe ser agravada o no. ¿Está todo entendido, Isócrates?

–Entendido, Sarma– dijo Isócrates, abriendo la boca en una sonrisa que mostraba sus dientes de manera desagradable.

Al oir esto, Almendra Caballero estuvo a punto de salirse de la carretera y volcar; trabajo le costó volver a tomar el control del vehículo. ¿Cómo rayos sabía el prisionero su verdadero nombre? ¡Se suponía que aquella es información clasificada! ¡Maldito, maldición! ¡Algo andaba muy mal!

Próximo capítulo: "Luz de Sotis".

COMENTARIO DEL AUTOR: Mientras que los dos episodios anteriores fueron un tanto duros de escribir, el primero por ser un piloto y el segundo por tener la responsabilidad de darle la patada inicial a varias tramas distintas, éste se escribió bastante fácil. Un comienzo potente y un buen continuará (al menos yo creo que es bueno) consiguieron el milagro. En la segunda versión, este capítulo no requirió demasiadas revisiones: la más importante de todas es corregir el diálogo entre Carmiel, Isócrates y Almendra Caballero, ya que a según cómo se desarrollaron después las personalidades de cada cual, parecían estar bastante mal asignados. Pero incluso los diálogos se mantuvieron prácticamente igual (sólo que cambia el personaje que los emite, en algún caso).

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