jueves, 30 de septiembre de 2010

Después del Cuarto Ciclo de "Corona de Amenofis".

El pasado Lunes 20 de Septiembre publiqué el último capítulo del Cuarto Ciclo de "Corona de Amenofis", a la vez que quedó anunciado el título de lo que será el primer capítulo del Quinto Ciclo ("Irrupción"). Con eso terminó una odisea bastante complicada, porque el Cuarto Ciclo fue, de lejos, el más difícil de escribir en "Corona de Amenofis".

En realidad, ya tenía un esbozo acerca de cómo iba a ser el Cuarto Ciclo, desde más o menos la redacción de los capítulos iniciales del Tercer Ciclo. Sabía cómo iba a terminar el Tercer Ciclo, y cuáles iban a ser las grandes líneas argumentales del Cuarto. Incluso llegué a escribir los cuatro primeros capítulos (aunque buena parte de ese material fue reescrito con posterioridad, en particular para incluir el terremoto de Febrero de 2010 en el argumento). En el Cuarto Ciclo iba a aprovechar de incluir algunas tramas que había descartado de ciclos anteriores, así como dar la bienvenida a todo el nuevo mundo que iba a surgir después del casi apocalíptico final del Tercer Ciclo.

Lo primero fue pensar en cómo continuar después de un final tan tajante como los últimos dos episodios del Tercer Ciclo. Una cosa tenía muy en claro: el argumento no podía seguir escalando después de que el Tercer Ciclo hubiera terminado nada menos que con una invasión extraterrestre contra la Tierra. ¿Qué otra cosa más grande o dantesca podía venir después de eso? Y suponiendo que la encontrara, ¿acaso el escenificar historias tan grandes no harían perder de vista el que "Corona de Amenofis" tiene como eje fundamental el condominio Corona de Amenofis, precisamente?

El Cuarto Ciclo debía ser entonces, en muchos aspectos, un regreso a lo básico, a las historias y ambientaciones más simples de los primeros dos ciclos, en los cuales la historia tenía una escala mucho más pequeña, y por qué no decirlo, humana. Pero un cambio demasiado brusco en esa dirección iba a resentir la calidad del Cuarto Ciclo. Si iba a aplicar el minimalismo al Cuarto Ciclo, debía ser un minimalismo bien pensado, que jugara con los elementos ya establecidos en los años anteriores, no un simple regreso a lo básico sin más. Después de todo, en los dos primeros ciclos estaban recién estableciéndose los distintos ejes del universo de "Corona de Amenofis", mientras que en el Cuarto Ciclo ya el mapa está claro y la mitología interna de la blogoserie está firmemente establecida. Podía escribir algo sencillo, pero nunca iba a tener la ingenuidad de los dos primeros ciclos, cuando en cierta medida todo el mundo aún era nuevo y maravilloso.

A diferencia de los ciclos anteriores, que en general tenían una estructura dual, con tramas más o menos divisibles en dos mitades (en particular el Primero y el Tercero, porque el Segundo tiene una historia un poco más fluida de inicio a fin), el Cuarto Ciclo se estructuró más o menos en tres "actos". En el primero se escenificó todo el nuevo orden después de la invasión de la Progenie de Imagocoyotl. La gente ha vuelto a su vida cotidiana, y debe lidiar con un terremoto. Vemos también a Aníbal Aquino aprovechar la situación y surgir en la vida. En el segundo acto, que se abre con la batalla en Quilpué el día de las elecciones presidenciales y se cierra con la cacería del Alquimista Loco, se cierran todas las subtramas abiertas en el Cuarto Ciclo. Esta decisión, sumamente arriesgada porque deja el tercer acto un poco suelto, la tomé para sentar en el mismo las bases de lo que después será el Quinto Ciclo: así, en el tercer acto vemos las consecuencias de todo lo anterior, y cómo eso va a llevar a los acontecimientos del Quinto Ciclo. Es, sin duda, el Ciclo de estructura más compleja hasta el minuto, en "Corona de Amenofis".

A pesar de que el Cuarto Ciclo tuvo algunos resultados irregulares, y hubo cosas francamente no logradas, también hay momentos que me enorgullezco de haberlo escrito. Por primera vez entendemos por qué el padre Genaro es como es, y cuánto de nobleza y cuánto de miseria hay en él. El Alquimista Loco, por su parte, resultó ser un gran personaje. La subtrama de Irina y Carmiel, que iba a ser muy secundaria, resultó ser inesperadamente importante, y aportó algunos de los mejores momentos de la subtrama. El personaje de Templemann, por su parte, se desarrolló mucho más allá de lo inicialmente presupuestado (al principio, Templemann iba a ser un personaje casi periférico, pero ahora puede considerársele como central en la trama, a pesar de estar a muchos kilómetros de Corona de Amenofis, incluso de Chile). El personaje de Vania, que iba a regresar mucho más temprano en la trama, aunque apareció tarde lo hizo como siempre: por la puerta ancha. Hubo algunas quejas, sí. La principal, la cantidad de muertos que quedó en el camino. Definitivamente, el Cuarto Ciclo es el que posee el mayor body count de todos, si exceptuamos las grandes catástrofes con muertos anónimos del Tercer Ciclo. Pero sentía que era necesario hacer limpieza de personajes y de situaciones, y además, el propio vacío de poder resultante después de la caída de los misselianos iba a llevar a eso. Para el Quinto Ciclo cada personaje habrá asumido su rol en el nuevo orden, y es muy poco probable que vuelva a repetirse por lo tanto una orgía asesina como ésta.

¿Y qué viene para el Quinto Ciclo? En lo principal, las obras para alcanzar el fragmento de Megatitlán en el fondo del mar ya están casi finiquitadas, y la influencia de la tecnología de la Progenie de Imagocoyotl podrá comenzar a verse en directo. Asimismo, el sistema de control de Corona de Amenofis seguirá desestabilizarse cada vez más, con inesperadas consecuencias. Y un pequeño adelanto: a pesar de que el Cuarto Ciclo terminó en un "continuará" más o menos grueso, la historia no se reiniciará de inmediato, sino que siguiendo la tónica de los ciclos anteriores, avanzará varios meses, y su primer capítulo se ambientará en el año 2011. De todos modos, los cuatro primero episodios servirán para cerrar los continuarás del Cuarto Ciclo (¿por qué Magdalena Monteverde le disparó a Aníbal Aquino, quién sobrevivió a la masacre en el matrimonio de Guiñaleufú, es efectivo que al no ser oficiado el matrimonio por el padre Genaro la Historia volvió a cambiar...?).

Y a partir del Miércoles 6 de Octubre, acá mismo en la Guillermocracia, comenzará la republicación del Primer Ciclo, en una segunda edición corregida respecto de la publicada originalmente. Cada Miércoles habrá un nuevo capítulo del Primer Ciclo, acá mismo, en la Guillermocracia. Esta es una oportunidad única para quienes deseen adentrarse en los inicios de "Corona de Amenofis". Los espero.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 04 - Los sueños de la Ciencia decimonónica.


Durante la primera mitad del siglo XIX hubo un evidente divorcio entre la dirección de la Ciencia, que avanzaba a pasos cada vez más agigantados, y de las artes en general, imbuidas en la sensibilidad romántica. Los sostenedores del progreso científico empezaban a presentarse como el establishment, en gran medida porque los avances científicos generaban dividendos (máquinas más poderosas, métodos de explotación más económicos), mientras que los románticos, que se mostraban como rebeldes al orden establecido, tendían por tanto a ser anticientíficos. Aún así, hubo escritores románticos que no desdeñaron tratar temas científicos, si bien desde el ángulo del temor y el desencanto.


Probablemente el más importante de estos escritores sea Edgar Allan Poe (1809-1847). En lo literario, Poe es reconocido fundamentalmente por haber llevado al máximo el terror en la línea de la imaginería gótica, hasta el punto que puede decirse que con él acaba el ciclo gótico primigenio; en segundo lugar es reconocido por haber sentado las bases de la literatura policial, creando al sagaz detective Auguste Dupin. Todo esto ha ensombrecido aquella parte de su obra que podría entroncar con la Ciencia Ficción. Poe aprovechó las ideas científicas de su momento para pergueñar varios cuentos y obras relacionados con la Ciencia. El mesmerismo como método para burlar la muerte es utilizado en "El extraño caso del Señor Valdemar", escribió también su propio relato de viaje a la Luna, y aún postuló algunas ideas cosmológicas de avanzada para su época en su ensayo "Eureka". Como Ciencia Ficción, Poe fue después fácilmente superado, pero aún así dichas obras tienen toda la fuerza y el genio peculiares de su autor.


Un elemento característico en la Ciencia Ficción del siglo XIX, fue la naciente preocupación por el futuro, en particular desde la perspectiva del cambio social. Hasta el siglo XIX, la idea del cambio social estaba prácticamente ausente de la narrativa. Pero en obras como "El último hombre" de Mary Shelley (que previamente, recordemos, había publicado "Frankenstein") y su escenario apocalíptico, ya latía la idea de que las cosas podían no seguir siendo iguales para siempre. Otro tanto ocurre con "La raza venidera", de Edward Bulwer-Lytton (conocido también por su novela histórica "Los últimos días de Pompeya"), en la cual una raza subterránea ha evolucionado maravillosamente gracias a un mineral muy energético llamado el vril, lo que significa una amenaza contra la Humanidad, toda vez que cuando los vril-ya decidan ascender a la superficie, no habrá poder humano capaz de pararles.


La idea de jugar con el tiempo da desarrollo también a las ucronías, relatos en que se plantea una Historia Universal que corre por carriles diferentes a los "reales". La palabra fue acuñada por una obra de vocación filosófica llamada precisamente "Ucronía", publicada por Charles Renouvier en 1863, y que plantea un Imperio Romano en el cual el Cristianismo hubiera sido derrotado, y por ende la Edad Media hubiera sido muy diferente. Anteriormente, en 1836, un autor llamado Louis Geoffroy había escrito una novela en la que describía cómo habría sido la Historia Universal si el Imperio de Napoleón Bonaparte hubiera sobrevivido, antecedente claro de las novelas de tipo "qué hubiera pasado si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial".


Pero para el grueso público, estas elucubraciones podían ser quizás un tanto elevadas. El siglo XIX vio también el surgimiento de la Educación Primaria Obligatoria, y el mayor grado de alfabetización llevó como corolario el surgimiento de la prensa amarillista. Para satisfacer a estos públicos de formación cultural simple, se los sedujo muchas veces con relatos de aventuras, pero incorporándoles un elemento científico. Ayudó también que avanzando la segunda mitad del siglo XIX, la reluctancia romántica hacia la Ciencia tendió a difuminarse hasta desaparecer, porque los beneficios del progreso científico empezaban a hacerse evidentes para la población en general, que ahora contaba con telégrafos o mejores medicinas. En 1882, la publicación del primer número de la revista "Argosy", en Estados Unidos, le dio carta de naturaleza a este nuevo género, el "Romance Científico". Sin embargo, su más grande cultor provendría del otro lado del Atlántico, de la vieja Francia: no sería otro sino el famoso Julio Verne.

Próxima entrega: "El escritor del acero".

jueves, 23 de septiembre de 2010

"Amiga sadomasoquista".

Un poema nuevo, escrito en el año 2010. Para los amigos de la Guillermocracia: "Amiga sadomasoquista".


Amiga sadomasoquista

Mi amiga es chica sadomasoquista
Que nunca recuerda a quienes la queremos
Arrastrándose ante quienes la ignoran
O girar como le digan sea contorsionista
Hasta acabar con dignidad y cuerpo enfermos.
Esas personas poco a poco la devoran
Y ellas las sigue por completo optimista
Inoculándose por completo el veneno
Tornando en placer el dolor sin demora.
Mi buena amiga, hasta la vista,
Que nosotros jamás te lastimaremos,
En ese juego los nuestros ahora sobran...
Y quizás vuelvas por una nueva pista,
Y juntos otra vez nos reiremos
De quienes tu secretamente adoras.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 03 - La rebelión de Frankenstein.


La Ciencia y los científicos del siglo XVIII eran fundamentalmente optimistas. Pensaban que vivían una época que dejaba atrás el "oscurantismo" de los siglos anteriores, propugnado por el irracionalismo y la religión, y por lo tanto el por ese entonces incipiente progreso científico era la panacea para todos los males. Sin embargo, esta gran autoconfianza daba escaso material dramático para un hipotético escritor de Ciencia Ficción. No es raro que en el siglo XVIII, el gran movimiento literario fantástico no haya sido para nada científico, sino todo lo contrario, una reivindicación de esos antiguos miedos y terrores. A partir de "El castillo de Otranto", de Horace Walpole (1764), y durante unos treinta a cuarenta años, un copioso torrente de novelas creó toda una imaginería irracional en donde el fantasma y sus cadenas chirriantes corriendo por el castillo en ruinas jugarían un rol central.


Pero en el intertanto, algo ocurrió. La segunda mitad del siglo XVIII vio la llegada de varias revoluciones. Por un lado, en lo político, los burgueses se sublevaron contra el orden social establecido e intentaron derribarlo. El poder de la burguesía emanaba de su creciente capital, y éste, a su vez, era fruto de las mejoras productivas que entregaba la tecnología de una Revolución Industrial aún en germen, pero creciendo a pasos agigantados. El maquinismo introdujo también un nuevo miedo: el temor a la máquina que con su mayor eficiencia, podía significar el despido masivo de trabajadores. De esta manera, la aparición del maquinismo fue un factor de honda perturbación social. He aquí entonces un nuevo motivo dramático para los escritores, y éstos podían volverse a la Ciencia para asustar a sus lectores con los miedos atávicos de toda la vida, pero revestidos ahora de un lenguaje científico.


Una de las primeras escritoras en recoger el guante fue Mary Shelley (1797-1851). En 1816, ella y un grupo de amigos entre los cuales estaban los poetas románticos Percy Shelley y Lord Byron, se reunieron en una villa suiza, y durante una noche de tormentas, se contaron historias góticas de fantasmas, además de conversar sobre el progreso científico y los misterios de la electricidad. Debemos remarcar que la sensibilidad romántica era decididamente irracionalista, y rescataba el poder de las emociones y los sentimientos por encima de la razón, un movimiento esperable considerando que los jóvenes románticos estaban en guerra contra el señorial optimismo dieciochesco. Aquella noche, Mary Shelley tuvo pesadillas, y en una de ellas, vislumbró a un cadáver vuelto a la vida por una descarga eléctrica. Trabajó entonces febrilmente un año en su idea, hasta publicar en 1817 (¡con 19 años!) su magnífico "Frankenstein, o el Moderno Prometeo".


La obra de Mary Shelley fue revolucionaria en más de algún aspecto. Es una obra muy propia del Romanticismo, con su exaltación de las pasiones y los sentimientos, y su decidido carácter anticientífico, sí, pero también es un pilar fundamental de la Ciencia Ficción. Por primera vez en la novelística, el protagonista de la obra no es un alquimista ni un sabio de las artes oscuras, sino un científico, y la resurrección no es obra de un poder sobrenatural, sino que es resultado de un proceso netamente científico, como lo es inyectar electricidad en un cuerpo muerto (algunos años antes, un científico llamado Galvani había probado que si se le descargaba electricidad al músculo de una rana muerta, este se movía de manera espasmódica, y a esto se lo llamó después "reflejo galvánico").


Pero más importante que eso, la obra de Mary Shelley traduce al moderno lenguaje científico el viejo terror al conocimiento prohibido, a los secretos del universo que el hombre no debería conocer (por su propia seguridad). Resulta irónico que una de las obras más prototípicas, representativas e importantes de la Ciencia Ficción anterior al siglo XX, sea también tan profundamente anticientífica de espíritu. El monstruo de Frankenstein, vuelto a la vida por la electricidad, acaba por destruir a su Creador, el Doctor Frankenstein mismo. El Mito de Frankenstein pasó a ser la encarnación científica del Mito de la Rebelión Contra el Creador. El monstruo frente al Doctor Victor Frankenstein tomó el lugar de Satán contra Dios. Frankenstein es también el primero en el frondoso linaje de científicos locos que la Literatura y el Cine nos regalarán después, y que incluye al Profesor Moriarty, a Fu-Manchú, al Doctor No, a Victor Von Doom, y a una vasta pléyade adicional de genios locos sobre los cuales el pitorreo de la posteridad acuñará una frase hecha: "si tan solo hubieran dedicado su inteligencia a hacer el bien"...

Próxima entrega: "Los sueños de la Ciencia decimonónica".

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Bicentenario de Chile según el Tricentenario.

(Fragmento de diálogo ficticio entre un alumno y un profesor, en Chile, en Septiembre de 2110, a algunos escasos días del Tricentenario de la República de Chile).

-- Pero, profesor... ¿cómo es que Chile se hundió tanto después del Bicentenario?

-- En realidad, Chile ya estaba hundido en el mismísimo Bicentenario, en el 2010, sólo que la mayor parte de los chilenos no se daba cuenta. Es decir, muchos sabían que había problemas, pero consideraban que éstos eran meramente colaterales: los mapuches, las represas y centrales termoeléctricas en sistemas ecológicos, las madereras, el sistema político poco representativo... pero como digo, todo eso lo consideraban colateral porque la gran mayoría de los chilenos tenía al menos para un modesto pasar. Los sueldos eran malos y el trabajo más o menos precario, pero a nadie le faltaba su televisor de 29 pulgadas ni su equipo estéreo con salida de 2000 vatios de potencia. Algunos incluso hasta tenían internet... No se daban cuenta de que esos problemas periféricos eran síntomas de un cáncer mucho más grave que se estaba comiendo a la república para el Bicentenario mismo, así como la madera corroída por las termitas parece sana hasta el último instante.



-- Pero no entiendo. ¿No se supone que Chile era una república con tradiciones firmes e instituciones sólidas?

-- Sí, pero esas instituciones tenían algunas taras muy serias. Durante el siglo XX se habían invertido considerables esfuerzos por convertir a Chile en una república de primera línea. Las cosas no eran perfectas: la gente era pobre, debían luchar con la inflación, y había gobiernos corruptos con extensas burocracias. Pero a nadie le faltaba el sustento, la salud era bastante buena considerando lo primitivo de la tecnología en ese tiempo, la alfabetización crecía, y existía una conciencia y espíritu cívicos muy grande entre la gente. De haber seguido por ese camino, quizás Chile hubiera llegado incluso hasta el Primer Mundo.

-- ¿Y qué pasó?

-- Algunas personas pensaron que ése no era el camino, e introdujeron una serie de reformas que con buena o mala fe, pensaron eran las necesarias. Esas reformas miraban ante todo al éxito económico inmediato por sobre los proyectos de largo plazo, y tenían un enfoque sectorial en vez de ser un proyecto global de país. Para ellos, el país no era la casa común de los chilenos, sino un conjunto de recursos que estaban ahí puestos para ser explotados. Como resultado de esos cambios, la salud se hizo mucho más cara y accesible sólo para los ricos, la educación decayó, y el sistema político dejó de representar los conceptos y visiones de la gente.

-- Suena terrible.

-- ¡Lo era! A medida que la educación fue degenerando porque se convirtió en el negocio de pagar por tener buenas notas en vez de preocuparse de algo que no puede cuantificarse económicamente, como es la educación culta y la solidez de los valores, la gente fue también degradándose y convirtiéndose en bárbaros salvajes y brutales. Para el Bicentenario, el espíritu cívico de las personas se había olvidado, y el valor que se le daba a la cultura se acabó.



-- ¿Y cómo eran los chilenos en ese tiempo?

-- Bien, las mujeres se preocupaban ante todo de la belleza física porque buscaban casarse con hombres que las ayudaran a trepar socialmente. No es que fueran flojas y quisieran ser mantenidas, aunque habían muchas en esa condición. Ellas trabajaban, y algunas de ellas lo hacían mucho, pero una vez cubiertas las necesidades básicas, no sabían qué hacer con el resto del producto de su trabajo. Así, invertían muchas horas en el gimnasio y en los centros comerciales, en donde compraban ropa cara y de marca aunque tuvieran sus armarios repletos, todo para verse bellas. No les preocupaba el placer de una buena conversación, no leían libros, y se inyectaban una dieta de culebrones mal actuados y de matinales con noticias y conversaciones irrelevantes. Y esas mujeres criaban después a sus hijos con esos mismos valores.



-- ¿Y los hombres?

-- Ah, los hombres... Se les había infectado con la idea de que las personas valen por su éxito económico en vez de sus valores personales, de manera que se arrojaron en una espiral de trabajolismo. Empezaron a privilegiar el conocimiento sólo por la utilidad que se le pudiera sacar en vez de porque ese conocimiento les diera una visión más amplia del mundo y les hiciera mejores como personas. Esa fue la época en que abundaron los ingenieros, pero casi nadie sabía de literatura, filosofía y arte. Muchos de esos hombres pretendían saber, pero no sabían nada, porque su sistema educativo no los había preparado para el estudio en profundidad de ninguna materia. Tampoco eran capaces de autocrítica, y por lo mismo justificaban de sobra la queja de las mujeres, de que los hombres chilenos eran como niños crecidos. En consecuencia, aunque muchos de ellos ganaban dinero, las familias se les desgranaban entre las manos y ni siquiera entendían por qué. Y los menos afortunados, los que tenían empleos mediocres y por lo tanto se sentían socialmente acomplejados, se curaban sus penas con el alcohol y con el fútbol. En esos años, era más importante un futbolista que un literato, y una bailarina con pechos operados que una científica.

-- Pero debe haber existido alguien con inteligencia en medio de todo eso, ¿no? ¿O acaso los quemaban como herejes?

-- Por supuesto que no los quemaban porque se les hubieran echado encima las asociaciones internacionales de derechos humanos, aunque el secreto deseo de muchos de ellos hubiera sido ése. En vez de quemarlos, los ignoraban. No los escuchaban. Como el sistema educativo se había venido abajo, llegó un minuto en que los propios profesores se transformaron en ignorantes, y lo que enseñaban era igualmente ignorancia. Y aunque había profesores inteligentes, ¿qué efecto benéfico podían tener sobre sus alumnos si el medio social entero predisponía a sus pupilos en otra dirección? Había también intelectuales inteligentes, pero a ésos nadie los publicaba porque sus libros no se vendían porque nadie quería leerlos, y nadie los entrevistaba porque ninguna empresa pensaba que fuera rentable financiar un programa de televisión con ellos. Y cuando los entrevistaban, sus opiniones eran editadas de manera sensacionalista, y sus respuestas eran mediocres porque las preguntas eran igualmente mediocres, porque los periodistas también se habían estupidizado. Esas gentes que pensaban, que no se dejaban llevar por eslóganes o por la masa, eran pájaros raros. Algunos trataron de detener la catástrofe, pero no pudieron. Otros simplemente se cansaron y le volvieron la espalda al mundo, implorando para sus adentros que el hundimiento definitivo viniera después de que ellos hubieran muerto, para no verse arrastrados hacia lo inevitable.

-- Pero, ¿y los problemas en la periferia? ¿Acaso eso no les debería haber avisado que algo andaba mal en el Bicentenario?

-- Recuerda que eran demasiado estúpidos y egoístas para darse cuenta. El conflicto de los mapuches, por ejemplo, se hubiera podido solucionar con un gran acuerdo nacional, pero nadie tenía el espíritu cívico para sacrificarse por la Patria y ser el primero en proponer algo tan impopular como eso. Los problemas medioambientales se hubieran solucionado con una buena regulación jurídica y con un efectivo sistema de fiscalización, pero la gente era demasiado ignorante en cuestiones medioambientales para dictar buenas leyes, y nadie tenía tanto civismo como para fiscalizar. La mala educación era algo que a nadie le importaba porque se prefería un alumno que pasara con buenas notas aunque no hubiera aprendido nada en el camino, que un alumno de pensamiento crítico e independiente. Incluso el creciente número de fracasos matrimoniales y de divorcios debería haberlos alertado de que algo andaba mal con ellos mismos y su manera de relacionarse con el mundo, pero como eran personas carentes de valores que se intoxicaban con fútbol, alcohol, tiendas de ropa y gimnasios para acallar su propia voz interior, eran incapaces de cuestionarse y por lo tanto siempre le echaban la culpa a otro, a su pareja, por el fracaso de los dos. Si hubieran visto las cosas como estaban, se habrían dado cuenta de que algo iba muy mal en la sociedad chilena del Bicentenario. Pero simplemente no podían ver.



-- O sea, que la bancarrota social de Chile después del Bicentenario es algo que no podía ser evitado de ninguna manera.

-- Eso no lo sabemos porque implicaría hacer una especie de historia contrafáctica de los últimos cien años antes del Tricentenario. Pero la palanca que quizás hubiera servido, es que un grupo de hombres y mujeres hubieran tenido el valor de tomar el toro por las astas, y con civismo y espíritu de servicio, lo hubieran sacrificado todo para salvar a Chile de los mismos chilenos que lo estaban hundiendo. Pero eso no sucedió. Y no puedo culparlos, porque yo no sé si habría tenido el valor. ¿Lo habrías tenido tú?

-- No lo sé... Creo que no, profesor.

-- Por eso ahora en el Tricentenario, Chile está en el Tercer Mundo, y ésta es una de las escasas escuelas que puede funcionar con normalidad. Pero se nos ha hecho tarde, vámonos antes de que se oscurezca y salgan los guerrilleros, drogadictos, infectados, hambrientos y leprosos.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 02 - Los pioneros de la Ciencia Ficción.


A pesar de que las primeras fantasías literarias netamente científicas pueden datarse en el siglo XVII, la Ciencia Ficción permaneció arrumbada en los cajones durante al menos dos siglos, y eso por poderosas razones. Por un lado, el siglo XVII fue predominantemente el de la sensibilidad barroca, con un recargado sentimiento de la religiosidad (católica o protestante, pero religiosidad al fin), un cierto pesimismo existencialista, y una gran decepción por la vida terrenal. La Ciencia del siglo XVII, por su parte, tampoco conseguía emanciparse completamente de ciertas nociones místicas y precientíficas. Los cuatro elementos fueron reemplazados, sí, pero por una sarta de fluidos cuyas cualidades eran concebidas a veces de manera científica, y a veces de manera vergonzosamente cuasimística: el magnetismo, el calórico, el flogisto... Además, la Ciencia no era excesivamente valorada por los monarcas ni financiada por la empresa privada, y para dedicarse a ella, los científicos debían por lo general contar con ingresos externos, lo que retrasaba el avance científico, y por tanto, a la fuerza, su divulgación.


No es raro que en las fantasías más "realistas", si se permite la contradicción en los términos, sea posible encontrar más conceptos geográficos que de otras disciplinas científicas. No en balde, gracias a las exploraciones europeas, la Geografía había dado pasos de gigante, y aunque aún había varios lugares del mapamundi rotulados como "terra incognita", el encuentro con otras culturas y civilizaciones estimuló el alma cultural europea. Un elemento fantástico constante de los siglos XVI, XVII y XVIII fue la descripción de fantásticas sociedades extraeuropeas: la "Utopía" de Tomás Moro, la "Ciudad del Sol" de Tomasso di Campanella, la "Nueva Atlántida" de Francis Bacon, los "Viajes de Gulliver" de Jonathan Swift, el "Cándido" de Voltaire... Esto en una apretada y muy incompleta reseña.


Aún así, hubo lugar para al menos un escritor de Ciencia Ficción en este período. Se trata del prominente, y no sólo por su nariz, la más legendaria desde Cleopatra, el prominente Cyrano de Bergerac (1619-1655). Cyrano era tan hábil manejando la pluma en el papel como la espada en los duelos, y su temperamento le llevó a ser un poderoso crítico de su época. Sus obras claves para la Ciencia Ficción son "Historia cómica de los Estados e Imperios de la Luna", y su "Historia cómica de los Estados e Imperios del Sol". Al igual que Kepler y Luciano, Cyrano recrea otro viaje espacial, pero en vez de emplear el ya clásico velero, recurre a un método científico: un cañón que lo disparará para enviarlo a la Luna. Cyrano anticipa así la brillante idea de Newton según la cual una bala de cañón disparada con suficiente fuerza debería quedar en órbita alrededor de la Tierra. Estos principios inspiran hoy en día tanto a los satélites artificiales como a los cohetes orbitales.


En la misma vena irónica que Cyrano, un siglo después, el filósofo y escritor ilustrado Voltaire escribe una deliciosa fantasía astronómica: "Micromegas". En esta obra, un gigante llamado Micromegas viaja desde Sirio a Saturno, y desde allí a la Tierra, encontrándose con una nave llena de filósofos que, como es costumbre en la obra voltairiana, hacen el ridículo más absoluto cuando tratan de explicar sus ideas. "Micromegas" no pretende ser en realidad una fantasía científica, sino que es un dislate de pura imaginación, pero aquí Voltaire ya concibe la posibilidad de que un visitante de otros mundos pueda llegar hasta la Tierra.


Pero Cyrano y Voltaire, y otros autores más ("La descripción de un nuevo mundo" de Margaret Cavendish en 1666, las "Memorias del siglo XX" de Samuel Madden y otros escasos ejemplos) estaban casi solos en su idea de utilizar conceptos científicos como vehículo literario. Jugaba en su contra el optimismo del siglo XVIII, de que la Ciencia todo lo iba a resolver. Sería en el siglo XIX, cuando la Ciencia empezara a probarse como una potencial fuente de peligros desconocidos para la Humanidad, que los literatos le prestarían nueva y renovada atención. Y en la primera línea estaba una novela clásica del género: el "Frankenstein" de Mary Shelley...

Próxima entrega: "La rebelión de Frankenstein".

miércoles, 8 de septiembre de 2010

"Una más profunda paz".


Redacté este poema en el año 2007, y sin saber muy bien en dónde compilarlo, en aquella época, acabé por publicarlo en Tribu de Plutón. Lo reproduzco acá para los lectores de la Guillermocracia. Esto es "Una más profunda paz":

Muerto al fin, el mundo marcha sin ti.
Entibia tu alma el perenne crepúsculo de abril.
Todas las sombras te saludan yendo hacia la lejanía,
Lejos de los terrores de la religión y las filosofías...
Ahora eres uno con el canto de las aves
Y en ti se mueve el sol atrapando su sombra;
Han desaparecido los señores y margraves
Y tu templo interior al fin completa su obra.
Transcurren los tiempos, ha pasado tan solo un segundo,
Y tu pequeño pedazo de tierra, tan pequeño como el mundo
Te acoge con paz, con benevolencia, con melancolía,
Saludándote ese duendecillo que iba y luego volvía.
Sin ti, prosiguen imperturbables los vivos en su procesión
Y otros habrán de tomar tu lugar con completa devoción;
Queda la existencia para los prisioneros de la existencia,
Los misterios de la vida para quienes conservan su esencia.
Estás libre, caminando en la playa sombría,
Bañado al fin por la corriente más fría...
Ya nadie podrá perturbarte,
Has salido por la vía triunfante
Y ahora todos tus días son días de gloria
Con el negro yéndose poco a poco de tu memoria.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 01 - Entra la Ciencia Ficción.


Ciencia Ficción es todo lo que la Ciencia permitió o alguna vez permitirá imaginar. Lo anterior, parafraseando a Carl Sagan. La Ciencia Ficción es un tipo de fantasía, aquella que se basa en el progreso y los avances de la Ciencia para concebir universos diferentes al nuestro propio. Lo puramente maravilloso, aquello que escapa a las leyes naturales es, por tanto, ajeno a la Ciencia Ficción, salvo que usemos un concepto muy amplio de la misma. Decidir en qué parte de la Historia comienza por tanto el derrotero de la Ciencia Ficción es muy difícil, ya que todas las culturas civilizadas, de un modo u otro, han conocido la Ciencia, aunque sea en estado embrionario. Quizás considerar a obras literarias como la "Epopeya de Gilgamesh", la "Ilíada", la "Odisea", la "Biblia" , el "Ramayana", o más modernamente la "Divina Comedia" como Ciencia Ficción sea un tanto exagerado, puesto que siendo vastas cosmologías y reflejar por tanto una visión global del universo, ésta se basa en el poder de los dioses y los demonios, no en la razón y las leyes naturales o aún de la simple lógica.


Aún así, muchas obras fantásticas, como que quieren intuir la posibilidad de abjurar de los entes sobrenaturales y centrarse en lo lógico, en lo racional y en lo científico. Incluso obras como el "Viaje fantástico", conocido también como la "Vera Historia" (esto es, la "historia verdadera") de Luciano de Samosata (escritor grecosirio del siglo II d.C.), concebidas como un ejercicio de pura fantasía, ponen ésta al servicio de la sátira más escéptica, y con ello se ponen en la senda de lo que después será la Ciencia Ficción. En su obra, Luciano describe en primera persona como es arrebatado él y la nave en que viajaban, por un torbellino, que después de siete días los deja varados en la Luna. La Luna que Luciano imagina es un cuerpo celeste vulgar y corriente como cualquier otro, si bien poblado de algunas muy imaginativas criaturas. Si Luciano no es el padre de la Ciencia Ficción, al menos sí que es antecedente lejano del Romance Planetario, aquél género pulpesco del siglo XX que usaba el viaje espacial como pretexto para poner a los protagonistas en un contexto de aventuras exóticas, y al que llegaremos en su minuto.


Durante la Edad Media, en que la Iglesia Católica pretendió ser la depositaria final de todas las verdades divinas y reveladas, había bien poco espacio para la Ciencia, y esto repercutió en una literatura llena de asuntos maravillosos y no demasiado racionales: hagiografías o vidas de santos milagrosos, caballeros errantes luchando contra hechiceros y gigantes, espadas místicas y dragones... La descendencia de tales relatos no está integrada por la moderna Ciencia Ficción, sino por las fantasías épicas de capa y espada tales como Conan el Bárbaro o "El Señor de los Anillos", que aunque respetables como obras literarias en sí, no deben ocuparnos en estas líneas porque escapan a lo que es la Ciencia Ficción propiamente tal.


Pero con la llegada del Renacimiento, un nuevo espíritu de análisis científico y pensamiento racional invadió a los eruditos. Ya no era aceptable tan solo creer por fe, o aceptar la palabra del Maestro ("magister dixit") para tener la verdad. Ahora había que explorar el libro abierto de la naturaleza. En el decisivo año 1543, dos obras crearon sendas revoluciones: en su lecho de muerte, Nicolás Copérnico puso la Astronomía al revés al publicar su obra sobre la Teoría Heliocéntrica (la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés, contradiciendo la enseñanza católica y bíblica), y Andreas Vesalio hizo lo propio con la Medicina publicando un tratado bellamente ilustrado en que demostraba los errores larvados en la enseñanza tradicional de la Medicina según el magisterio del médico romano Galeno. Lo novedoso no era tanto la innovación en el saber, sino el desafío a la autoridad intelectual, y ya con esto, el espíritu científico podía surgir. Y allí donde crecía la Ciencia, se abonaba el terreno para la Ciencia Ficción.


Entre 1620 y 1630 (aunque publicado de forma póstuma en 1634) surgió una peregrina novela: el "Somnium", de Johannes Kepler. Este era un astrónomo que hizo carrera en Austria, y se labró un lugar en la Historia al enunciar las Tres Leyes del Movimiento Planetario. Pero también era un místico pitagórico convencido, y un espíritu bastante fantasioso. En el "Somnium" describe su propio viaje a la Luna, un poco en la línea de Luciano. Pero Kepler no se propone satirizar como Luciano, sino elucubrar libremente. Kepler incorpora todo el más bien escuálido conocimiento científico de su época, incluyendo los suyos propios. En Kepler, los selenitas viven en el fondo de valles en donde se amolda el aire para respirar, adelantando así una vaga noción de la Ley de Gravedad. La obra tiene hoy en día un valor puramente histórico, pero aún así, es un importante puntal para lo que vendrá, ya que probaba que lo científico no era incompatible con la fantasía.

Próxima entrega: "Los pioneros de la Ciencia Ficción".

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Fin del Cuarto Ciclo en "Corona de Amenofis".


Más novedades sobre el final del Cuarto Ciclo de "Corona de Amenofis". La cronología de los capítulos finales es la siguiente:

LUNES 6 DE SEPTIEMBRE (4-22): "Ημίθεος".

LUNES 13 DE SEPTIEMBRE (4-23): "La conexión apontónica".

LUNES 20 DE SEPTIEMBRE (4-24): "Rojo sobre blanco".

De manera que están cordialmente invitados para este evento literario en la blogósfera. Los nuevos capítulos de la blogoserie se publican en el blog Corona de Amenofis (http://coronadeamenofis.blogspot.com). Y recuerden que también pueden consultar la wiki de Corona de Amenofis. Saludos a todos.

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