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domingo, 5 de diciembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 14 - La Ciencia Ficción llega al cine.


Una característica particular de la Ciencia Ficción como género literario, es que casi desde su origen tuvo un enorme apoyo gráfico. Y es que en la primera mitad del siglo XX, en que cristalizó y se consolidó como género, se produjo también una enorme revolución multimedia. Los antiguos géneros literarios debían bastarse con el poder de la palabra para crear sensaciones en el público, porque la creación de imágenes no sólo era costosa y al alcance sólo de los más adinerados, sino que además, no habían métodos de reproducción de imágenes, como no fuera el grabado, o la copia directa y a mano de una pintura. En ese sentido, a diferencia de la Novela de Caballerías, la Novela Gótica o la Novela Histórica, la Ciencia Ficción tuvo casi desde sus orígenes un profundo apoyo visual (no es que las anteriores no tuvieran sus propias expresiones plásticas, pero la diferencia es cuantitativa: la Ciencia Ficción la ha tenido en un grado comparativamente abrumador). En primer lugar, se hizo posible imprimir a escala masiva revistas con ilustraciones: todos hemos visto esas portadas sugerentemente ilustradas con bellas y turgentes chicas amarradas y/o enfundadas en trajes espaciales medio desgarrados, a merced de algún malvado monstruo interplanetario de ojos saltones, mientras el héroe rubio y de torso broncíneo lo combate con su pistola de rayos. En segundo lugar, dos artes que nacieron precisamente en el siglo XX, al alero del desarrollo tecnológico que también dio carta de naturaleza a la moderna Ciencia Ficción, se retroalimentaron poderosamente con la expresión literaria del género: el cine y el cómic o historieta.


Ya en 1902 se rodó la que podríamos considerar como la primera película de Ciencia Ficción. Es "De la Tierra a la Luna", y fue dirigida por Georges Mélies. Mélies mismo revolucionó el cine, ya que antes de su llegada, el cine era puramente documental, o de ficciones que podemos catalogar como "realistas". Mélies, mago de profesión, descubrió el potencial del cinematógrafo para crear todo un nuevo campo de ilusiones, y desarrolló la industria de efectos especiales, creando trucos que hoy en día son básicos en el manual: el fotomontaje, la sobreimpresión, la cámara rápida, la cámara lenta... "De la Tierra a la Luna" es supuestamente una adaptación de la novela de Julio Verne, pero el argumento no es sino una excusa para presentar una serie de deslumbrantes efectos especiales, que son de una ingenuidad desarmante para la sensibilidad moderna, pero que en su tiempo resultaron un espectáculo más allá de todo lo concebible por el público de aquel entonces. La escena del cohete espacial clavado en el ojo de la Luna es fantasía poética en estado puro, y se ha transformado con el tiempo en iconográfica dentro de la historia del cine.


De todas maneras, no habiendo todavía claridad respecto de qué era la Ciencia Ficción y cuáles eran sus posibilidades, el cine de Ciencia Ficción no remontó demasiado. Habrá que esperar hasta 1927 para que venga el primer esfuerzo serio por crear una verdadera obra maestra fílmica de Ciencia Ficción. La novelista Thea von Harbou había escrito una ambigua novela de Ciencia Ficción llamada "Metrópolis", y su marido, el gran cineasta Fritz Lang, la adaptó en una película. Para los estándares de la época, "Metrópolis" era una apabullante superproducción, con enormes capitales invertidos, y si nos atenemos a los ajustes por inflación, sigue siendo uno de los filmes más caros de la historia. La película utilizó al máximo los recursos estéticos procedentes del Expresionismo alemán, para crear una opresiva fantasía futurista con aeroplanos circulando entre enormes rascacielos, en una megápolis con fuertes tensiones sociales entre los escasos aristócratas dueños del capital, y las grandes masas de desposeídos siempre al borde de la sublevación.


La historia tiene como protagonista al hijo del Amo de Metrópolis, quien se enamora de María, una dirigente obrera, y a través de ella descubre que en los cimientos de Metrópolis, los obreros padecen lo indecible en horribles factorías subterráneas (hasta aquí es una premisa similar a "El Talón de Hierro", pero cambiando los roles de los enamorados: él es el aristócrata y ella es la obrera). Para su desgracia, María es secuestrada por un científico loco que ha creado a una robota, que toma la personalidad de María y promueve a través de ella una sublevación violenta de los obreros. En un final muy ambiguo desde el punto de vista del mensaje, los obreros revientan las factorías, y amenazan con destruir completa a Metrópolis, y la salvación sólo vendrá cuando ambos estratos sociales decidan unir fuerzas para cambiar a la sociedad (debe decir algo que, años después, al subir el Tercer Reich a Alemania, los esposos se separaron: la novelista von Harbou apoyó entusiastamente a Hitler, y Lang huyó a Estados Unidos).


La película rompió varios hitos. Es la primera superproducción de Ciencia Ficción, es la primera megápolis presentada en el cine, y la robot que toma la identidad de María es también el primer robot en la Historia del Cine. Su estética, por otra parte, resultó enormemente vanguardista para la época. Sin embargo, la película no fue comprendida en su tiempo, no sólo por el público en general, sino incluso por los propios aficionados a la Ciencia Ficción (Isaac Asimov rememora como unos diez años después los Futurianos que veían la película, la consideraban como mediocre y pretenciosa, aunque después hidalgamente hubo de rectificar su opinión). El fracaso de "Metrópolis" como temprano blockbuster del cine, trajo como consecuencia que los productores posteriores consideraran a la Ciencia Ficción como un mal negocio, y no se produjeran otros grandes estrenos en el género (o si lo hacían, era abordándolo de manera muy tangencial, enfatizando elementos diferentes a la Ciencia Ficción, como por ejemplo el "Frankenstein" de James Whale de 1931). El gran espacio para la Ciencia Ficción en aquel período fueron las seriales de matiné, que se plagaron de científicos locos, robots o emperadores espaciales dispuestos a invadir la Tierra (las adaptaciones de Flash Gordon, por ejemplo). Recién en la década de 1950, el horror atómico puso de moda otra vez a la Ciencia Ficción, llegando la hornada de "El día en que la Tierra se detuvo" o "La guerra de los mundos". Pero aunque los productores se aventuraron nuevamente en la Ciencia Ficción de alto presupuesto, la pesada losa del género como un tipo de "cine menor" o "cine para público poco exigente" sólo sería levantada definitivamente 41 años después de "Metrópolis", con el estreno en 1968 de "2001: Odisea del espacio".

Próxima entrega: "Entra el cómic de Ciencia Ficción".

2 comentarios:

NEXUS_6_FEDE dijo...

Hombreee!!, si de los años '30 es esa maravilla llamada "La vida futura" de William Cameron Menzies...¿cómo se le ha pasado por alto?, al menos yo no he visto la referencia....... por lo demás, unas crónicas excelentes, muy bien documentadas y muy bien desarrolladas (tremendamente amenas)..enhorabuena..(las sigo a través del sitio www.ciencia-ficcion.com)

Guillermo Ríos dijo...

Como escribí en el "capítulo cero" de las Crónicas CienciaFiccionísticas, éstas pretenden ser una visión panorámica de la evolución de la Ciencia Ficción, y por lo tanto es inevitable que se quede una enorme cantidad de cosas afuera, además de pecar de simplismo en algunos análisis. No es por negligencia sino por una cuestión de opciones (la panorámica por sobre el detalle), así es que espero que mis amables lectores sabrán perdonarme. De todas maneras se agradecen los comentarios y aportes que ayudan a redondear el contenido de los artículos.

Como podrá notarse, acá en la Guillermocracia ya estamos inmersos plenamente en la época de la Nueva Ola. Muchas gracias por las felicitaciones, y seguimos adelante.

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