jueves, 4 de noviembre de 2010

Mi visita a "Bodies".

Como los días han estado un poco ajetreados por mi lado, no he tenido demasiado tiempo para dedicárselo a la Guillermocracia (curioso, el artículo que publico parte así... ¿será mi vida?). De manera que los dejo con una republicación. El año 2008 me di un atracón de exposiciones en un solo día, que fueron la de "Bodies" y la de Leonardo Da Vinci, que llegaron a Santiago de Chile en marzo de dicho año. Este fue el reporte que publiqué en su día, en el blog Tribu de Plutón. Y el próximo domingo, una nueva entrega de Crónicas CienciaFiccionísticas. A continuación, el artículo "Mi visita a Bodies".

Este artículo debería haberlo redactado mucho antes, mas el tiempo pasa, las responsabilidades nos drenan... así es la vida. Pero como la exposición de "Bodies" se alargó, aún hay pretexto para referirse a ella. O mejor dicho, a mis andanzas de viaje por allá. Porque "Bodies" tiene el valor de ser una gran exposición, por supuesto, pero también hay minutos que pueden destinarse al apunte sociológico. El último fin de semana de Mayo pasado visité "Bodies", y ésta es la crónica de mi visita.

"Bodies" llegó en Marzo pasado a Chile. Levantó revuelo, tanto como hacía tiempo no lo hacía una exposición. Supongo que en otras partes del mundo es lo mismo, pero en Chile todo lo que huela a cultural está en franca retirada. Hay muchas responsabilidades en ello. No puede culparse a las masas, ya que han sido formadas en sistemas educativos que tratan de extender la cultura a toda la gente sin discriminación, lo que no está mal, obviando a menudo el hecho, y esto sí que está mal, que hay gente mejor preparada que otra por la biología o el entorno para hacer vida cultural, de la misma manera que hay personas mejor preparadas por su constitución física o por su dieta de la infancia para ser buenos atletas que otras. Mayor responsabilidad le cabe a las élites culturales, que en el siglo XX se aislaron como nunca detrás de sus experimentos vanguardistas, que a menudo escondían la vacuidad de sus propuestas estéticas y artísticas. La era de las comunicaciones globales (TV, cable, Internet) le dio el espaldarazo definitivo, surgiendo un montón de tribus culturales mutuamente en guerra (intelectualoides a la europea, frikis, alternativos, costumbristas nacionalistas, comunistas, etcétera), por lo que a fuerza de descreer en uno, el baturro termina por descreer de todos, la mayor parte de las veces con razón.

De esta manera, "Bodies" hubiera sido una exposición condenada desde el inicio al fracaso, de no conseguir, bajo la pátina del culturalismo, suscitar algunas más sombrías y bajas pasiones en las personas. Hace algunos meses o años atrás, ya no me acuerdo, algún pseudoartista cuyo nombre tampoco recuerdo metió pájaros en licuadoras, y el objeto artístico era algo así como una especie de exploración de la crueldad. Que se aplauda a imbéciles como ése, que so pretexto de arte suscitan las más bajas pasiones del populacho (¡y no me refiero por "populacho" exclusivamente a quienes viven en barrios de baja extracción social!), algo ilumina el camino.


Concretamente, "Bodies" se trata de un conjunto de cuerpos y partes de cuerpo disecados con técnicas que permiten visualizar los detalles anatómicos con enorme rigor... máxime si se considera que los especímenes son de verdad. Es decir, no son muñecos de cera ni mucho menos, sino verdaderos seres humanos sometidos a procesos químicos para que sus sistemas vitales sean preservados, para aprendizaje de algunos, y gozo morboso de la mayoría. Es decir, la idea enganchó entre la gente, no porque quisieran ir a aprender Anatomía en vivo, sino por el morbo de "uh, ¿eso estuvo en un ser humano?". El boca a boca y la moda hizo el resto.

Porque, y esto nos lleva a otro aspecto del asunto, "Bodies" fue presentada con criterio de imponer la moda en materia de exposiciones durante la temporada 2008. El precio de la entrada (8000 pesos por persona, cerca de 15-20 dólares al tipo de cambio en el 2008) hacía imposible que un proletario cualquiera fuera a meterse allá. Por lo que mucha socialité decidió que era buena idea barnizarse de cultura en la exposición, para comentar después entre los amigos también socialités, sobre tal o cual parte de la muestra, sin haber aprendido el más minúsculo gramo de Anatomía por el camino. Resulta triste ver como se desperdicia cultura en esas gentes que no serán capaces de apreciarla sino por su valor social, y alejársela de manera tan cruel respecto de gentes de extracción más modesta (con esos precios, no necesariamente gente "de barrio" o "de pobla", sino también estudiantes universitarios, gente de clase media...), que podrían sacar mejor provecho de una visita como ésta.

Nos pusimos de acuerdo la persona que me acompañó y yo, para ir en una determinada fecha a inicios de Mayo. Llegamos cerca de las seis de la tarde, confiando en que según la información de la publicidad por Internet, estaba abierto hasta las nueve. No contamos, por supuesto, con la enorme cola que había para comprar la entrada (unos 20-25 minutos de espera), ni menos con una segunda cola, esta vez para entrar, que era de unos 45 minutos. Bueno, frente a eso los organizadores no pueden hacer mucho, que digamos, así es que no hay nada que decir. Nosotros debimos retirarnos, por supuesto, lo que era una lástima, porque entre Viña del Mar, nuestra ciudad nativa, y el Mall Alto Las Condes, hay tres horas cabales de camino para ir y otras tres para volver, incluyendo el viaje intercomunal y el lidiar con el Transantiago. Lo postergamos casi cuatro semanas, hasta que a finales de Mayo pudimos regresar. Ahora elegimos no ir en un fin de semana, sino en día de semana, y llegar al mediodía, para no lidiar con las colas. Además, así podríamos dedicar el día entero al asunto, porque entretanto, de nuestra anterior aparición por el Espacio Kennedy, nos habíamos enterado de que al lado había otra exposición, la de Leonardo da Vinci ("Da Vinci el genio" o algo así), y que hacían un precio especial por comprar las dos entradas para el mismo día. Lo de precio especial era una rebaja de miserables 1500 pesos, desde 13000 pesos a 11500 en total, pero como ocasiones como ésas no abundan, decidimos dar el paso, con dolor de nuestros bolsillos de estudiante.

En primer lugar, déjenme decirles esto. Dicen que la exposición dura hasta las nueve de la noche, pero admiten gente hasta las ocho, porque basta una hora para verlas. Eso es una maldita y asquerosa mentira, propagada por mercantilistas interesados en cortar la mayor cantidad de entradas hasta lo más tarde que se pueda. La verdad es que se requiere a lo menos una hora y media para ver de manera fugaz cada exposición, y para verla en plena forma y con calma, nosotros invertimos en cada una nada menos que tres horas completas. Salimos mareados, sí, pero valió la pena.


Entramos a "Bodies", y lo que encontramos fue un espectáculo único. Para un estudiante de Medicina, el asunto debe ser algo quizás aburrido, pero para nosotros el resto de los mortales, es hermoso. Se abría todo con unas muestras de articulaciones, en donde podían verse nítidamente las glándulas sinoviales. Esto era el aperitivo para la sección del aparato locomotor, con varios esqueletos en donde se marcaban los cartílagos y los tendones. Había también una muestra de patología ósea, a cargo de cómo se ve un hueso con osteoporosis, seccionado a lo largo. De esta sección, lo más impresionante sin duda era un esqueleto al que habían adherido una buena cantidad de músculos motores, pegados sólo por el punto en que ejercen la fuerza. Pasamos un buen rato contemplando esta maravilla, que ahorra toda una larga y prolija serie de explicaciones sobre la mecánica corporal.

La sección del sistema nervioso era interesante ante todo por el encéfalo, incluyendo las inevitables muestras de cráneos seccionados en láminas, como si de bistec de sesos se tratara. Había también cuerpos con su sistema nervioso completo, pero como anatómicamente el sistema nervioso no es tan interesante (al menos a nivel macroscópico, que cuento distinto es el tema de las sinapsis, los axones, las dendritas, etcétera), bien podemos hacer caso omiso de acá. El trago de lujo aquí era ver un encéfalo con derrame cerebral, y otro con microinfartos cerebrales, con sus respectivas manchitas negras (sangre coagulada, por supuesto). En lo del sistema circulatorio, lo imponente era ver cómo se las habían apañado para montar la entera circulación de la sangre, con arterias, venas y capilares, disolviendo todo el resto del cuerpo. También podían verse la circulación de un brazo, de un pie...

Más allá estaban los sistemas metabólicos. Tenían el detalle macabramente divertido (para nosotros que no fumamos, claro está), de tener montado un pulmón podrido por el cáncer, y al lado un tacho en donde podías echar la cajetilla de cigarrillos, si es que portabas alguna. Y parece que un buen montón de gente había caído en la tentación de deshacerse del veneno nicotínico. La visión del aparato digestivo, por su parte, tenía algo de divertido porque recordaba grandemente a las mollejas, guatitas y otras vísceras comestibles de los rumiantes, cosa que a mi acompañante no le hizo demasiada gracia, en particular cuando se lo hice notar. Creo que no comerá vísceras ni chunchules por un tiempo.


La siguiente sección era la del aparato reproductor, que constituía un lunar negro en la hasta entonces magnífica exposición, porque la verdad es que aparte de ver algunos testículos, escrotos y vulvas, en el cuerpo diseccionado para mostrar el aparato reproductor femenino no se entendía absolutamente nada. Y no soy yo. Habíamos unas diez personas apiladas alrededor mirando, y todas contemplábamos el asunto con perfecto aire bovino, tratando de decidir si esto o aquello era una trompa de Falopio o no. Más allá estaba la sección de fetos, con un enorme cartelón advirtiendo a las personas hipersensibles sobre entrar a un lugar tan horrible. Los fetos mismos eran una serie de embriones de entre dos o tres semanas y ya varios meses, a los cuales habían extraído los huesos, y habían teñido para que se apreciaran sus cuerpecitos. Después de ver tan bellos ejemplares, estaba por convertirme a la religión de pro-vida, pero después recordé que así como Albert Einstein y Wolfgang Amadeus Mozart habían partido siendo así, también ésos eran los orígenes de Adolf Hitler y Genghis Khan, lo que me llevó de regreso a la casilla 1 en el viejo tema de "¿despenalizar o no el aborto?".

Al final, ya medio pillados por el tiempo, cansados y con hambre, recorrimos un poco a la rápida los segmentos finales, que tenían como gran final un cuerpito entero diseccionado lonja por lonja, como un jamón acaramelado pasado por la máquina. Sin lugar a dudas que eso cambia un poco la manera en que se ve el cuerpo humano, bastante distinta y lejana a la tradicional, propia de los álbumes de estampitas con tonos que tratan de parecerse al original, pero que si lo pueden mejorar un tanto, pues mejorémoslo para que sea más didáctico.


A la salida descubrimos por qué se prohibe tomar fotos en el interior de la exposición. No tiene nada que ver con los flashes y las ondas electromagnéticas que pudieran perpetuar el sacrosanto descanso de los especímenes en exhibición. Se trata de que, a la salida repito, te venden un librito de lujo con fotos de la exposición, por la módica suma de 5000 pesos, lo que no sólo te sirve para recordar ese momento de comunión que tuviste, tú, pobre iletrado que pasó por el sistema educacional chileno, con un hito capital de la cultura (comunión con la que después podrás pavonearte con tus amigos), sino que además te permitirá llevarte un objeto material que podrá servir como prueba empírica frente a los incrédulos, de que tú en verdad fuiste uno de aquellos fieles que peregrinó a La Meca 2008 de la cultura chilena. Nosotros, como llevamos la cultura en el alma y no en un portafolios, decidimos pasar (eso, y nuestros bolsillos de estudiante). Después, cuando salimos a comer algo para mantenernos en pie sin almuerzo (habíamos entrado cerca de la una de la tarde, sin almorzar, y ya eran las cinco), lo agradecimos. Porque los precios eran de asalto a mano armada. Cobraban cerca de 1100 a 1200 pesos (aproximadamente 2 dólares) por un completo que era un pan vulgar y corriente con una salchicha también vulgar y corriente, algo que en cualquier punto decente de Chile vale no más de 500 o 600 pesos a lo sumo (aproximadamente un dólar a dólar y medio).

Repuestos con un buen café y un chocolate, vituallas por las que fuimos exprimidos en 1400 pesos (bueno, si los precios del Espacio Kennedy son demasiado caros para uno, siempre queda la opción de regresar con el proletariado, pero ¡ah!, para ellos no va la exposición de "Bodies", recordemos), ingresamos a la Exposición Da Vinci. Nada más entrar, entendí por qué cobraban menos por ésta que por aquélla, la de los cuerpos disecados. Los que traten de darse un baño de cultura sin tener una idea más o menos clara de qué es cultura, porque no salen de sus matemáticas económicas o de su revista "para mujeres", sin duda valorarán la mente genial de un adelantado a su tiempo, o así por lo menos se vende mundialmente a Da Vinci, pero más aún valorarán ver a unos cuantos NN reducidos a maniquíes de polímeros en un museo, por el morbo que tiene el reality show extremo. Aún así, para quienes apreciamos las cosas en su justa medida, Da Vinci nos pareció casi tan interesante como "Bodies", aunque por supuesto en un registro distinto.


La exposición sobre Da Vinci se basaba fundamentalmente en dos puntos fuertes. En primer lugar, se trataba de mostrar al Da Vinci inventor. Excluido el hecho de que las maquetas de inventos no tienen tanta fuerza como un cuerpo humano pasado por el bisturí del cirujano, las máquinas davincianas eran simplemente maravillosas. Claro está que algunas no iban a funcionar, o de hacerlo eran tremendamente ineficientes, como queda en claro de ver la sección de inventos de guerra de Maese Da Vinci. Pero por otra parte, debe considerarse que el pobre Da Vinci trabajaba solo, y si llegaba a publicar estas cosas, iba a suscitar la envidia ajena. En nuestros tiempos, los inteligentes pagamos la envidia de los mediocres con el ninguneo consecuente, lo que puede parecer un castigo grande, pero en los tiempos de Da Vinci, ser inteligente era aún más difícil, porque esos mismos mediocres iban con calumnias a los tribunales y te acusaban de un montón de estupideces, entre las cuales la brujería no era la menos peligrosa de todas, por cuanto si resultaba que ejercitabas ciertas prácticas satánicas, acababas en la hoguera. De esta manera, las máquinas con la que Da Vinci soñó se quedaron las más de las veces en su imaginación. Quizás influyó también un carácter aparentemente tímido y más preocupado de la planificación y los detalles, que de la ejecución concreta de obras, aunque con esto me estoy saliendo de la exposición en sí. La mejor parte de esta exposición, era la reconstrucción de varias máquinas, artefactos e investigaciones davincianas, en las que uno como público puede impunemente meter mano y ver cómo funcionan en vivo y en directo. Es un placer ñoño, sin duda, pero aún así, sumamente grato. Un adulto preocupado por el qué dirán, seguramente se abstendría de jugar con esos maravillosos aparatitos, pensando en que los tomarían por niños chicos, pero un niño chico, libre de esas preocupaciones, habría estado a sus anchas.

La otra parte de la exposición se basaba en las últimas investigaciones y restauraciones de la Mona Lisa. Esto sí que resultó una sorpresa. Todos hemos visto la Mona Lisa en libros, y es una especie de mujer musgosa en un paisaje musgoso, que tiene una gran técnica artística y es una pintura icónica dentro del repertorio plástico occidental, pero que uno difícilmente podría considerar como algo que cause arrobo o delirio, hasta el punto de querer secuestrarla, o bien apropiársela como lo intentó Francisco I de Francia (rey entre 1515 y 1547). Pues bien, después del intenso trabajo de investigación a que la pintura fue sometida, el resultado es absolutamente opuesto: una imagen llena de vida, de luz, de color, de texturas... La Mona Lisa aparece, ahora sí, como un verdadero prodigio de arte, casi viva, y es comprensible que Da Vinci se comportara como un pigmalión cualquiera gritando desesperado "¡Vive, vive!", según reza la leyenda que el Pigmalión original hizo, frente a su obra. Esta parte de la exposición es notable, aunque probablemente tengamos al poco tiempo la imagen resultante en Internet y difundida por todo el mundo.

Salimos cerca de las ocho y media de la exposición sobre Da Vinci. Fue un día entero invertido, cansados, casi con dolor de cabeza, pero con la satisfacción de haber vivido una experiencia única. ¿Mis recomendaciones? Ir descansado, y con una tonelada de dinero. Informarse un poco sobre lo que van a ver, para disfrutarlo mejor. E ir con tiempo, con mucho tiempo, para detenerse en cada vitrina, apreciando y paladeando lo que están mirando. La exposición lo merece. A pesar del criterio mercantilista con la que fue diseñada. Tengo entendido que Da Vinci ya no está, pero que "Bodies" va a estar por todo Julio. Si pueden, disfrútenla.



ARTÍCULO ORIGINAL EN TRIBU DE PLUTÓN: "MI VISITA A BODIES (PUBLICADO EL 1 DE JULIO DE 2008)".

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