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domingo, 14 de noviembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 11 - A la sombra de los totalitarismos.


Hasta la Primera Guerra Mundial, el desarrollo de la Ciencia Ficción marchaba más o menos parejo entre Estados Unidos y Europa. Sin embargo, en la década de 1920 se produjo el gran divorcio. Hay varias razones para esto. En primer lugar, Europa siguió fiel a la cultura del libro, mientras que en Estados Unidos, el negocio editorial descubrió el filón rentable de las revistas pulps, con todos los trastornos demográficos que esto trajo consigo. Además, Estados Unidos había vivido la Primera Guerra Mundial (1914-1918) desde lejos y miraba el futuro con optimismo, mientras que Europa había sufrido casi todos los estragos de la conflagración, y por lo tanto se hundió en un lodazal de nihilismo decadentista que, a la vuelta de algunos años, ayudaría al ascenso de los distintos totalitarismos que terminarían decantándose en la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, es lógico que la Ciencia Ficción europea se volviera más intelectual, pero también más pesimista, negra y nihilista.


Previo a la guerra, la obra de J. H. Rosny aîné ya es un preludio de lo que vendrá. Rosny es el seudónimo de dos hermanos belgas de apellido Boex, que se separaron (literariamente hablando, claro está) en 1909, y el mayor siguió con el seudónimo de Rosny aîné (o sea, "Rosny el Mayor"). Rosny aîné escribe en francés, y es la gran figura literaria de la Ciencia Ficción francófona inmediatamente posterior a Verne. En "Los Xipehuz" (1907), describe (describen, en plural, mejor dicho) cómo una antigua civilización anterior a los sumerios debe luchar contra la invasión de unas misteriosas criaturas extraterrestres; a pesar de encuadrarse aún dentro de ciertos clichés del Romance Científico, este relato tiene hasta el día de hoy un sabor único, muy alejado del patrón de los "invasores como hombrecitos verdes del espacio" popularizado por el cine de serie B. En cuanto a "La muerte de la Tierra" (1910), es uno de los más duros relatos postapocalípticos jamás escritos, en el cual la Humanidad libra su última e inútil guerra para evitar su desaparición, a manos de unas criaturas ferromagnéticas que los reemplazarán, en medio de un planeta progresivamente más árido e inhóspito para los humanos.


Algo más tarde florece la figura del checo Karel Čapek (1890-1938). Aparte de sus evidentes méritos literarios, Čapek se ganó un lugar en el género por haberle dado nombre a los robots. Aunque la idea del autómata obrero es vieja como los mitos griegos, sino anterior, fue en su obra teatral "R.U.R." (1921), en que los bautiza. R.U.R. es la sigla de Rossum's Universal Robots, una empresa dirigida por el señor Rossum, que fabrica obreros artificiales para las labores de manufactura; "robot" viene precisamente de "robota", que en checo significa más o menos "trabajador" o "sirviente" (con todo, ironía del destino, los robots presentados en "R.U.R." no son entes mecánicos como los entendemos hoy en día, sino seres biológicos fabricados a partir de protoplasma). La idea de utilizar a criaturas sintientes no humanas como esclavos es también explotada en "La guerra de las salamandras" (1936). Čapek explota estas ideas de una manera muy moderna para su época, utilizando al robot o a la salamandra como una metáfora de la explotación obrera por parte del capitalismo, tema muy caro a la sensibilidad cultural europea de la época.


Más contemplativo resulta el británico Olaf Stapledon (1886-1950). Formado fundamentalmente como pensador, las obras de Stapledon son riquísimas en conceptos filosóficos, pero a cambio tienen un estilo literario terriblemente seco. Podemos mencionar obras como "Juan Raro" (1935) o "Sirio" (1944), pero las más decididamente comprometidas con el género podrían ser "Ultimos y primeros hombres" (1930), "Los últimos hombres en Londres" (1932) y "Hacedor de Estrellas" (1937). La primera refiere el portentoso ciclo de dieciocho especies humanas que se suceden a lo largo de dos mil millones de años, lo que la convierte en uno de los universos míticos más extensos creados en la Ciencia Ficción, sino el que más. "Los últimos hombres en Londres" prosigue en el mismo universo narrativo, ampliando las ideas respecto de las especies humanas venideras. Y "Hacedor de Estrellas" resulta una especie de non plus ultra de la Ciencia Ficción (y de cualquier creación humana), puesto que condensa la historia evolutiva completa del universo y de muchos universos, con un protagonista que sale en una especie de vuelo espiritual desde la Tierra, para recorrer otros mundos e integrarse con otras mentes hasta que todas ellas conforman una única conciencia cósmica: el Hacedor de Estrellas, el Creador del Universo, una superinteligencia suprema que lo rige todo a través de múltiples universos de impensables leyes naturales.


A diferencia de Stapledon, cuya grandiosidad cósmica le hizo ser autor de culto para minorías, pero no demasiado popular más allá, la obra maestra de Aldous Huxley sí que se transformó en un referente indispensable para la cultura del siglo XX. En su novela "Un mundo feliz" (1932) describe una sociedad futura, emplazada en el Año 660 de la Era de Ford, que utiliza la selección genética (curiosamente no la ingeniería genética misma, a pesar de que la cultura posterior a equiparado a esta novela con aquélla) y la hipnopedia, esto es, la inducción de ideas subliminales durante el sueño de los bebés, para crear una sociedad en que cada persona está programada para ocupar un lugar predeterminado en la sociedad, sin libertad ninguna. La procreación es un proceso clínico realizado en laboratorios, y los sentimientos han sido abolidos gracias a una droga, el soma, que funciona como un opiáceo. A pesar de estar inmersa en la sensibilidad de la década de 1930, con el temor de las democracias occidentales al auge de los totalitarismos, "Un mundo feliz" llegó más allá y se convirtió en un referente ineludible de la cultura contemporánea, en que la ingeniería social es llevada al extremo de anular al individuo y crear un mundo sin arte, sin sentimientos, y en definitiva sin mucha vida. Y aunque nunca ha tenido una adaptación oficial para el cine, el listado de películas que se han inspirado con más o menos libertad aquí incluye a "Fuga en el siglo XXIII", "Gattaca", "Blade Runner" y numerosas otras, lo que es una muestra de lo profundo que esta obra y sus conceptos golpearon a la civilización del siglo XX.

Próxima entrega: "Hacia la Revolución Campbelliana".

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