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domingo, 7 de noviembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 10 - La Era de Gernsback.


A comienzos del siglo XX se hacía cada vez más evidente que los relatos y novelas con trasfondo científico y tecnológico estaban desarrollando lenguajes y códigos propios, lo suficiente como para ser considerados como algo nuevo y distinto a la literatura tradicional. En este tiempo emergió la figura de Hugo Gernsback (1884-1967), un escritor a quien la Historia conoce como "el Padre de la Ciencia Ficción", aunque irónicamente su propia producción literaria era de calidad mediocre a lo sumo, y ha sido más citado que leído por la posterioridad. Pero entre las décadas de 1920 y 1930, la visión de lo que debía ser la Ciencia Ficción, incluyendo su bautismo como tal, se correspondía con los conceptos gernsbackianos, y por eso es imposible escabullirse de él, en cualquier crónica de la Ciencia Ficción que se precie de tal.


Sus conceptos están claramente establecidos en la novela "Ralph 124C41+", publicada en 1911. Aparte de su título, muy sugestivo por tratarse de un código (es el código del protagonista Ralph en una sociedad futura, por una parte, y por la otra significa en inglés algo así como "uno debe prever por uno mismo"), la novela no es sino una larga, mecánica y aburrida serie de descripciones e inventos. Gernsback era un científico de tomo y lomo (murió habiendo registrado unas ochenta patentes para inventos), y veía a la Literatura como algo secundario, razón por la que su obra no era más que una prolongada exposición de inventos futuristas, sin pretensión literaria alguna. A este engendro literario, que no pretendía ser entretenido sino didáctico, lo llamó "scientifiction" ("cientificción", sería en castellano). Para Gernsback, la "cientificción" no debía ser escrita para entretener o perder el tiempo con fantasías sociológicas, sino para ayudar a los inventores a concebir nuevas creaciones e inventos para el glorioso siglo XX que estaba principiando.


Con estas ideas, Gernsback no habría llegado lejos, pero en 1926 desató una revolución, al fundar la revista pulp "Amazing Stories". Que se publicara Ciencia Ficción en los pulps era ya cosa vieja ("Argosy" llevaba cerca de un cuarto de siglo circulando, y en paralelo "Weird Tales" estaba publicando historias de los Mitos de Cthulhu), pero que se dedicara un pulp íntegramente al género, sí que era novedoso. Naturalmente que con la idea tan espartana que Gernsback tenía de la Ciencia Ficción, habría sólo un escritor que llenara el molde, y ése era él mismo, de manera que para sacar sucesivos tirajes, debió darle salida a escritores de Romance Científico, que él jamás habría sancionado como "cientificción pura", por decirlo así. Así, el primer número, de Abril de 1926, promocionaba en la portada contener relatos de Julio Verne, Herbert George Wells... ¡Y Edgar Allan Poe!


Pero el movimiento magistral de Gernsback, que contribuyó a modificar para siempre a la Ciencia Ficción, fue publicar la dirección de los lectores fanáticos que le escribían cartas. De esta manera, casi como una especie de Facebook primitivo, Gernsback creó un círculo de corresponsales que no sólo interactuaban con la revista, sino también podían cartearse entre sí. Poco a poco, estos fanáticos (todos ellos de edad infantil a juvenil) fueron uniéndose en clubes de fanáticos, creando así la que con justicia podría ser llamada "la primera tribu urbana". A la larga, esto tuvo una poderosa influencia demográfica, porque si antes un escritor podía pasarse impunemente de la Ciencia Ficción a la "literatura realista" o "literatura normal" e incluso al ensayo y la investigación científica, a partir de "Amazing Stories" los fanáticos fueron recluyéndose en su propio ghetto, escindiéndose del resto de la vida cultural de Occidente. De este modo, contribuyó poderosamente a la imagen del fanático de la Ciencia Ficción como alguien alienado de otras formas culturales, creando el cisma entre "gente de alta cultura" y "frikis" que, con altas y bajas, sigue siendo un esquema demográfico hasta el día de hoy.


El destino fue suavemente crepuscular con Gernsback. En 1929, de manera nunca demasiado aclarada, "Amazing Stories" acabó en quiebra; aunque la revista siguió publicándose (de hecho, su último número fue editado en 2005), Gernsback fue obligado a salir. Siguió Gernsback en el negocio editorial por una década más, además de proseguir como inventor, pero con bautizar a su monstruito como "cientificción", había abierto la caja de los vientos. Los nuevos escritores que llegarían, ampliarían las fronteras del género hasta un punto que el propio Gernsback no sería capaz de reconocerlo. Años después, en su honor, se crearon los Premios Hugo, y se le invitaba a las convenciones, aunque con más respeto señorial que por verdadera intención de escuchar sus (obsoletas) ideas sobre el género. Con todo, ha recibido homenajes de tarde en tarde: uno de los primeros relatos del escritor William Gibson, padre del Cyberpunk, es "El Continuum Gernsback", en el cual juega con los motivos literarios clásicos de éste, y Steven Spielberg se inspiró en "Amazing Stories" para crear en los ochentas su serie televisiva "Cuentos asombrosos". No es un mal legado, después de todo, aunque el propio Gernsback, el escritor del género literario del futuro, fuera considerado como "el pasado" en sus últimos treinta años de vida.

Próxima entrega: "A la sombra de los totalitarismos".

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