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domingo, 31 de octubre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 09 - El horror que vino de Providence.


La literatura pulpesca en la América de comienzos del siglo XX se desarrolló en numerosas direcciones, tantas como filones potenciales para la aventura y la acción habían. Así, surgió literatura pulpesca de vaqueros, de detectives, de exploradores en tierras extrañas, de viajeros espaciales, y por qué no, más tarde o más temprano así habría de ser, hubo literatura pulpesca de terror. Si bien ésta muy significativa para el desarrollo posterior de la cultura popular, no tendría mayor relevancia para el de la Ciencia Ficción de no ser por un grupo de escritores que hicieron un extraño híbrido entre Terror y Ciencia Ficción: los Mitos de Cthulhu. Ellos fueron el llamado Círculo de Lovecraft.


Howard Phillips Lovecraft nació en el seno de una familia arcaizante y ultraconservadora de Providence, Nueva Inglaterra, en 1890. Su madre le enseñó desde pequeño a valorar su propia herencia cultural inglesa y a despreciar a los incultos, rudos y bárbaros yankis, antes de que sus neurosis remataran en locura abierta. A consecuencias de esta educación elitista y xenófoba, Lovecraft se sintió siempre desafecto y desalienado con respecto a su propia patria. De temperamento tímido y opaco, su refugio fue su biblioteca, repleta de libros antiguos y tratados científicos. Se dedicó a escribir relatos para las revistas pulp, particularmente para la fantástica y terrorífica "Weird Tales" en donde mezcló ambas influencias, la Ciencia y la tradición gótica, y creó una alquimia literaria que para su época fue nueva y sorprendente. Al cabo de un tiempo, un grupo de jóvenes escritores a su alrededor se interesó en su obra, lo que hizo nacer no sólo una fértil correspondencia, sino también una especie de trabajo colectivo de unos 130 cuentos y novelas cortas, que por azares de la etimología vino en llamarse los Mitos de Cthulhu, a pesar de no ser Cthulhu ni de lejos la principal "deidad" de aquel universo mítico.


La premisa básica de los Mitos de Cthulhu es la insignificancia del ser humano frente al universo. Este es un conjunto de fuerzas demasiado grandes y vastas para que la mente humana pueda entenderlas, y los humanos deberían sentirse afortunados de vivir en la ignorancia, porque de acceder aún a porciones mínimas de dicho conocimiento, serían (y son, de hecho) destruidos sin remedio alguno. El Bien y el Mal no son sino categorías humanas, inútiles para entender a esas todopoderosas criaturas que moran en los abismos del espacio y del tiempo, que pueden ser llamadas "dioses" a pesar de que claramente no lo son, y para las cuales destruir a la Humanidad tiene tan poca prioridad o interés como para un ser humano pisotear el hormiguero que haya surgido en el patio de su casa. Así como la hormiga no puede concebir al ser humano en toda su grandeza y poder, el ser humano no puede concebir a esos "dioses" tal y como verdaderamente son, o la extensión de su poder, y cualquier encuentro con ellos, por casual que resulte, no puede sino tener consecuencias fatales. Aún así, ciertos saberes circulan en forma de libros prohibidos, cuya sola lectura ocasionan la locura y destrucción de todo quien no esté preparado para entender semejantes secretos, lo que incluye a la abrumadora mayoría de la Humanidad incauta.


Hasta el momento, los Mitos de Cthulhu podrían ser otro ciclo gótico de fantasmas al uso, pero el ateísmo radical de Lovecraft le dio una dimensión distinta, ya que sus monstruos no vienen de lo sobrenatural, sino de las puras y simples leyes naturales (si bien éstas son incomprensibles para el ser humano). Es decir, ya no se trata del fantasma en el castillo gótico, sino de alguna repelente criatura que mora en los pliegues espaciodimensionales de un universo paralelo. De esta manera, Lovecraft y los suyos entroncaron la tradición gótica dieciochesca con el Psicoanálisis y la Teoría de la Relatividad, que en ese entonces era lo más avanzado en materia científica que podía encontrarse.


Los Mitos de Cthulhu tuvieron un gran desarrollo en las décadas de 1920 y 1930, aunque eran demasiado extraños para la mentalidad de su tiempo, y por ende nadie sino algunos cuantos les prestaron atención. Al prematuro fallecimiento de Lovecraft en 1937, su colaborador Augusth Derleth continuó su obra, terminó algunos relatos inconclusos, escribió los suyos propios, y contribuyó a difundir los Mitos fundando la Editorial Arkham House para dicho propósito (después, el manicomio de Ciudad Gótica, en el cómic de Batman, recibiría dicho nombre como un homenaje). Pero Derleth no era ateo y materialista como Lovecraft, sino cristiano, y por ende se propuso y consiguió introducir las categorías del Bien y del Mal en un universo que no las tenía ni las necesitaba tampoco. El legado derlethiano es sumamente discutido entre los fanáticos, pero nadie duda a estas alturas de que Lovecraft es uno de autores fantásticos más influyentes del siglo XX, y mucho de la cultura de la oscuridad y el terror de la segunda mitad de la centuria se basan en ideas que venían de este oscuro, retorcido y alienado escritor de Providence.

Próxima entrega: "La Era de Gernsback".

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