domingo, 10 de octubre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 06 - Desde Erewhon hasta el Talón de Hierro.


En paralelo a la irrupción del Romence Científico, otra línea de escritores del siglo XIX encontraron que el futuro podía ser un interesante campo literario para verter sus ideas sociológicas. Debido a la firme convicción imperante en el siglo XIX, de que el progreso científico era imparable (algo que sería bien válido para el siglo XX, al menos), todas esas elucubraciones sociológicas estaban teñidas, cómo no, de un fuerte cientificismo y tecnologicismo. En realidad, dichas novelas eran una actualización del viejo tema de la sociedad ideal, tan caro a Platón y su "República" o a Tomás Moro y su "Utopía", pero ahora transpuestos al futuro en vez de a alguna isla geográficamente distante. Sin embargo, había un matiz novedoso. Algunas obras podían ser utopías optimistas, claro está, pero otras entregaban una visión harto más sombría y siniestra de lo que se venía en el futuro. De esta manera quedó abierto el camino hacia las distopías, la descripción de sociedades completamente alienadas y deshumanizadas, que sería una constante de la literatura del siglo XX.


En la densa pléyade de escritos de este tipo, lugar especial ocupó "Erewhon", del británico Samuel Butler. Así como "Utopía" podía leerse como "Lugar en ninguna parte" en griego, "Erewhon" es la trasliteración de la palabra inglesa "nowhere" ("ningún lugar", "ningún sitio"). De este carácter ficticio, Butler se aprovecha para satirizar muchos aspectos de la sociedad victoriana de su tiempo (la obra fue publicada en 1872). Pero no se agota en la sátira: un capítulo de la obra se centra en la posibilidad de que algún día surjan máquinas con inteligencia propia, algo que es moneda corriente en la ficción de nuestro tiempo, pero un sinsentido tan grande para su época, que muchos lo consideraron como una especie de sátira contra las por entonces muy de actualidad teorías sobre la Evolución que propugnaba Charles Darwin.


En Estados Unidos, el escritor Edward Bellamy escribió un pesado mamotreto utópico titulado en castellano "En el año 2000" (por ese entonces el futuro distante, porque fue publicado en 1888). La obra describe una sociedad futura en donde los problemas sociales derivados de la maquinización han sido domesticados, sometiendo la tecnología a un régimen socialista de Gobierno. A ella respondió William Morris, un verdadero artista renacentista incrustado en el siglo XIX (era pintor, arquitecto, confeccionador de tapices, y escribió abundantes poemas y obras de fantasía medieval, antecesoras lejanas de la actual Fantasía Heroica a lo Tolkien). Morris era socialista como Bellamy, pero se mostró desencantado de la obra, y escribió su propia utopía futurista, "Noticias desde ninguna parte" (1890). A diferencia de Bellamy, que podría ser calificado de tecnooptimista, el texto de Morris es de índole más bien tecnófoba, y plantea un futuro en donde la tecnología haya sido reducida al mínimo, y ojalá simplemente pudiera hacérsela desaparecer.


Mucho más inmediatista resulta ser la obra de Jack London, también socialista, y espíritu rudamente aventurero. Su famoso díptico de aventuras y supervivencia "La llamada de la jungla" y "Colmillo Blanco" opacan inmerecidamente al resto de su apreciable (por cantidad y calidad) producción literaria, que incluye varias obras también encuadrables dentro de la Ciencia Ficción de aquel entonces, prediciendo entre otras cosas el desarrollo de la guerra biológica ("La invasión sin precedentes"). En "El Talón de Hierro" describe la llegada a comienzos del siglo XX (el futuro cercano, considerando que la obra es de 1908) de un régimen totalitario en el cual los oligarcas capitalistas (el Talón de Hierro, precisamente) aplastarían la democracia y destruirían el movimiento obrero, para implantar una dictadura fascista a nivel planetario. El tono es escalofriantemente pesimista, y aunque se ha descrito como una anticipación del Fascismo mussoliniano o el Nazismo hitleriano, es poco probable que se haya agotado ahí su poder oracular.


Todas estas fantasías utópicas o distópicas presentan para el lector del siglo XXI el denominador común de ser un tanto aburridas, porque lo literario es muchas veces sacrificado en pos de un valor didáctico y moralizante que se relaciona mucho con las preocupaciones de su tiempo, y no tanto con las del nuestro. Así, como que estas obras se han marchitado un tanto al pasar los años. Pero el desafío de escribir una especie de "Ciencia Ficción con conciencia social" estaba lanzado, y sería recogido brillantemente en Inglaterra, en la persona de otro escritor socialista de Ciencia Ficción: Herbert George Wells.

Próxima entrega: "Espacio y tiempo contra el victorianismo".

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