domingo, 3 de octubre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 05 - El escritor del acero.


Dentro de ese abuelito lejano de la Ciencia Ficción del siglo XX, que es el Romance Científico del siglo XIX, el nombre más destacado es probablemente Julio Verne. Alcanzó tanto relieve, que se lo asocia ya no sólo con la Ciencia Ficción, sino que muchos incluso le achacan la paternidad del género, afirmación discutible no porque fuera un escritor irrelevante o falto de calidad, que no lo fue, sino porque como hemos podido ver, al igual que Roma, la Ciencia Ficción no se construyó en un solo día. Julio Verne nació en Nantes, Francia, en el año 1828, pero no fue sino hasta la década de 1860, y después de haber pasado por distintas experiencias literarias, que devino en escritor de Ciencia Ficción.


La primera obra verniana que puede considerarse como Ciencia Ficción es "Cinco semanas en globo", publicada en 1863. Aquí presenta ya las características de lo que será el resto de su obra. Para Verne lo científico y tecnológico en realidad es una excusa para enriquecer una historia en principio desinteresada por ambas cosas, que en este caso es el género de aventuras en Africa, en boga por aquel entonces. Así, esta novela trata de aventuras en Africa, precisamente, pero con el añadido de un globo como implemento tecnológico para los héroes. Verne no mostraba demasiado interés en la prospectiva científica, tecnológica o sociológica, y muchos inventos que incorporaba a sus obras, ya existían alrededor suyo, si bien en estado embrionario (los submarinos que imagina en "20.000 leguas de viaje submarino", por ejemplo). Para esto, iba todas las mañanas a documentarse en la biblioteca pública, y en las tardes se dedicaba a escribir.


Con todo, Verne es probablemente el primer escritor que le dio vida propia a la tecnología, como objeto literario propio. El Capitán Nemo de la mencionada "20.000 leguas de viaje submarino" es inseparable de su fastuoso submarino, el célebre Nautilus. Lo mismo ocurre con el trío de aventureros que viajan a la Luna en "De la Tierra a la Luna" y su secuela "Alrededor de la Luna" (que hoy en día suelen publicarse juntos, ya que en el fondo son un único relato); en esta obra la despreocupada fantasía selenita de Luciano, Kepler o Cyrano da paso a Ciencia rigorista y exacta, tanto que anticipó muchos detalles técnicos de lo que después fue la misión Apolo XI.


Parte importante del éxito verniano se debe a su prolífica asociación con el editor Pierre-Jules Hetzel. Las obras que escribió para éste, son optimistas respecto del devenir científico y tecnológico. Si Verne compartía este optimismo, es materia de debate. En fecha reciente se supo que Hetzel rechazó una obra verniana de prospectiva, "París en el siglo XX", cuyo tono era decididamente más desencantado que otras obras suyas. Aparte de las mencionadas, otras obras del período hetzeliano que pueden considerarse como Ciencia Ficción, son "Viaje al centro de la Tierra", "La isla misteriosa" (secuela de "20.000 leguas de viaje submarino"), "Los 500 millones de la Begún", y "La casa de vapor", además de numerosas novelas de aventuras sin ingrediente científico o tecnológico de por medio.


Después de la muerte de Hetzel en 1886, e incluso de un atentado que el propio Verne sufrió, su obra se tornó más pesimista y sombría. En "Robur el Conquistador" (1886) y su secuela "El amo del mundo" (1904), el malvado científico loco Robur trata de apoderarse del mundo. "El castillo de los Cárpatos" (1893) colinda con la literatura de terror. En "Ante la bandera" (1896) esboza la idea de un arma tan poderosa que literalmente arrasaría a la Humanidad. En general, en las obras postreras de Verne, la tecnología ya no es aliada del progreso de la Humanidad, sino que su aplicación puede ser muy nociva, incluso letal para la raza humana. Verne falleció en 1905, a tiempo para no ver cómo algunas de sus más mortíferas predicciones encontrarían la senda para cumplirse.

Próxima entrega: "Desde Erewhon hasta el Talón de Hierro".

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