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domingo, 5 de septiembre de 2010

Crónicas CienciaFiccionísticas 01 - Entra la Ciencia Ficción.


Ciencia Ficción es todo lo que la Ciencia permitió o alguna vez permitirá imaginar. Lo anterior, parafraseando a Carl Sagan. La Ciencia Ficción es un tipo de fantasía, aquella que se basa en el progreso y los avances de la Ciencia para concebir universos diferentes al nuestro propio. Lo puramente maravilloso, aquello que escapa a las leyes naturales es, por tanto, ajeno a la Ciencia Ficción, salvo que usemos un concepto muy amplio de la misma. Decidir en qué parte de la Historia comienza por tanto el derrotero de la Ciencia Ficción es muy difícil, ya que todas las culturas civilizadas, de un modo u otro, han conocido la Ciencia, aunque sea en estado embrionario. Quizás considerar a obras literarias como la "Epopeya de Gilgamesh", la "Ilíada", la "Odisea", la "Biblia" , el "Ramayana", o más modernamente la "Divina Comedia" como Ciencia Ficción sea un tanto exagerado, puesto que siendo vastas cosmologías y reflejar por tanto una visión global del universo, ésta se basa en el poder de los dioses y los demonios, no en la razón y las leyes naturales o aún de la simple lógica.


Aún así, muchas obras fantásticas, como que quieren intuir la posibilidad de abjurar de los entes sobrenaturales y centrarse en lo lógico, en lo racional y en lo científico. Incluso obras como el "Viaje fantástico", conocido también como la "Vera Historia" (esto es, la "historia verdadera") de Luciano de Samosata (escritor grecosirio del siglo II d.C.), concebidas como un ejercicio de pura fantasía, ponen ésta al servicio de la sátira más escéptica, y con ello se ponen en la senda de lo que después será la Ciencia Ficción. En su obra, Luciano describe en primera persona como es arrebatado él y la nave en que viajaban, por un torbellino, que después de siete días los deja varados en la Luna. La Luna que Luciano imagina es un cuerpo celeste vulgar y corriente como cualquier otro, si bien poblado de algunas muy imaginativas criaturas. Si Luciano no es el padre de la Ciencia Ficción, al menos sí que es antecedente lejano del Romance Planetario, aquél género pulpesco del siglo XX que usaba el viaje espacial como pretexto para poner a los protagonistas en un contexto de aventuras exóticas, y al que llegaremos en su minuto.


Durante la Edad Media, en que la Iglesia Católica pretendió ser la depositaria final de todas las verdades divinas y reveladas, había bien poco espacio para la Ciencia, y esto repercutió en una literatura llena de asuntos maravillosos y no demasiado racionales: hagiografías o vidas de santos milagrosos, caballeros errantes luchando contra hechiceros y gigantes, espadas místicas y dragones... La descendencia de tales relatos no está integrada por la moderna Ciencia Ficción, sino por las fantasías épicas de capa y espada tales como Conan el Bárbaro o "El Señor de los Anillos", que aunque respetables como obras literarias en sí, no deben ocuparnos en estas líneas porque escapan a lo que es la Ciencia Ficción propiamente tal.


Pero con la llegada del Renacimiento, un nuevo espíritu de análisis científico y pensamiento racional invadió a los eruditos. Ya no era aceptable tan solo creer por fe, o aceptar la palabra del Maestro ("magister dixit") para tener la verdad. Ahora había que explorar el libro abierto de la naturaleza. En el decisivo año 1543, dos obras crearon sendas revoluciones: en su lecho de muerte, Nicolás Copérnico puso la Astronomía al revés al publicar su obra sobre la Teoría Heliocéntrica (la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés, contradiciendo la enseñanza católica y bíblica), y Andreas Vesalio hizo lo propio con la Medicina publicando un tratado bellamente ilustrado en que demostraba los errores larvados en la enseñanza tradicional de la Medicina según el magisterio del médico romano Galeno. Lo novedoso no era tanto la innovación en el saber, sino el desafío a la autoridad intelectual, y ya con esto, el espíritu científico podía surgir. Y allí donde crecía la Ciencia, se abonaba el terreno para la Ciencia Ficción.


Entre 1620 y 1630 (aunque publicado de forma póstuma en 1634) surgió una peregrina novela: el "Somnium", de Johannes Kepler. Este era un astrónomo que hizo carrera en Austria, y se labró un lugar en la Historia al enunciar las Tres Leyes del Movimiento Planetario. Pero también era un místico pitagórico convencido, y un espíritu bastante fantasioso. En el "Somnium" describe su propio viaje a la Luna, un poco en la línea de Luciano. Pero Kepler no se propone satirizar como Luciano, sino elucubrar libremente. Kepler incorpora todo el más bien escuálido conocimiento científico de su época, incluyendo los suyos propios. En Kepler, los selenitas viven en el fondo de valles en donde se amolda el aire para respirar, adelantando así una vaga noción de la Ley de Gravedad. La obra tiene hoy en día un valor puramente histórico, pero aún así, es un importante puntal para lo que vendrá, ya que probaba que lo científico no era incompatible con la fantasía.

Próxima entrega: "Los pioneros de la Ciencia Ficción".

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