jueves, 19 de octubre de 2017

Bastión Esperanza - "Captura decisiva".

(Fuente).
Seong no perdió tiempo en mover su golem. Puede que éste no consiguiera pasar por la puerta delante suyo, pero su brazo sí que podía hacer algo en contra de los tentáculos que salían desde el interior de la habitación. Su ayuda, en conjunto con los disparos de Brown y Escalante, pudieron hacer el milagro. Los tentáculos, que parecían ser la última resistencia de la nave arzawe, fueron cortados.

Brown y Escalante ingresaron, armas arriba.

Delante tuyo estaba Rantel, parado de manera hierática. Era un humanoide de estatua ligeramente superior al promedio de los seres humanos, sin llegar a ser un gigante. Su piel tenía un color entre azul y verdoso, y daba una cierta desagradable impresión de estar pudriéndose en vida, aunque por supuesto, tratándose de una biología alienígena, esto era un supuesto muy arriesgado.

– Soy Escalante, del Ejército de Esperanza. Tú vendrás conmigo – dijo Escalante, no demasiado seguro de sus propias palabras, porque en verdad, nunca antes le había tocado apresar a alguien en combate.

Rantel, ni dijo nada, ni pareció moverse.

– No vamos a sacar nada de él – dijo Brown, levantando su arma y apuntándola al alienígena.

– ¡Espere, Brown!

– Señor… Hilmarsson y Ashcroft están muertos por culpa de este desgraciado – dijo Brown, con su voz cargada de emoción, mientras su arma temblaba levemente.

– Contrólese, soldado – dijo Escalante. – Es el primer alienígena que capturamos. Si lo interrogamos…

– ¿Si lo interrogamos, señor…? ¿Qué le hace pensar que este bicho salido desde quién sabe qué infierno en el espacio, entiende siquiera nuestro idioma? ¡No es un humano! ¡Es una bestia, un animal!

– Brown…

– ¡A ver, bicho de porquería! – le gritó Brown a Rantel. – ¡Eres un prisionero de guerra! ¡Si tienes sesos en la cabeza para entender tu situación, entonces muévete, imbécil! ¡O te voy a perforar…!

– ¡Brown…! – gritó Escalante.

De pronto, Brown fue atacado y perdió el equilibrio; un disparo salió de su arma, pero impactó en cualquier parte, menos en donde se supone debía hacerlo, en Rantel. Era la mano del golem que lo inmovilizaba, guiado por Seong, que había decidido tomar cartas en el asunto.

Escalante miró a Rantel, y movió ligeramente el arma, dos o tres veces, señalando la puerta. Rantel siguió incólumne durante un segundo, pero luego empezó a caminar en la dirección señalada, hacia la puerta. Nada en él hacía presuponer miedo o temor; por el contrario, sus movimientos estaban llenos de una dignidad que entre los humanos hubiera pertenecido quizás a la realeza.

– ¡Suéltame! – gritó Brown, con el tronco apresado por la mano del golem. – ¡Suéltame, te digo!

Escalante se dio el tiempo para acercarse allí en donde el golem de Seong estaba reteniendo con la mano a Brown. Una vez frente a él, aprovechando que Brown estaba inmovilizado, Escalante le descargó un enorme puñetazo en la mandíbula a Brown. Este miró a Escalante, desconcertado.

– Señor…

– No creas que no entiendo lo que sientes, Brown – dijo Escalante, muy serio. – Pero es la primera vez que capturamos a un alienígena que no es una de esas arañas, o crustáceos, o lo que sea, y… lo de Hilmarsson fue lamentable, pero si este tipo se muere, entonces todas las muertes habrán sido por nada. Honra la memoria de tu camara en combate, y haz lo que debes hacer, aunque no te guste. Eres un soldado, Brown, y los civiles dependen de que hagas lo correcto. La familia de Hilmarsson incluida.

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A lo largo de Ciudad del Progreso, los últimos bolsones de decápodos estaban siendo exterminados por los golem; la ciudad podía considerarse como asegurada. Sin embargo, era una victoria pírrica. La sola presencia de los decápodos implicaba también que los patógenos potencialmente portados por éstos, habían sido esparcidos por Ciudad del Progreso. En consecuencia, el gobierno de Esperanza liderado por el Presidente Kulkov muy pronto había puesto a Ciudad del Progreso bajo cuarentena. Ningún civil o militar podía salir de la ciudad, y los que ingresaran, sólo podían hacerlo portando los pesados e incómodos trajes NRBQ. Y por supuesto, por desgracia… el gobierno estaba en Ciudad del Progreso.

En el Centro de Comando, el Presidente Kulkov y el General Luca conferenciaban sobre la situación. Las conexiones vía menterminal estaban siendo restauradas, aunque todavía existían caídas ocasionales en el sistema. Nadie entendía realmente qué había sucedido con las mismas, y las investigaciones sobre el particular se estaban volviendo frenéticas; había quedado muy clara la situación de indefensión en que habían quedado las tropas sin esa clase de soporte.

– Bien, General Luca – dijo el Presidente Kulkov. – La cuestión ahora es determinar cómo vamos a contender con esto. Los alienígenas no destruyeron nuevas ciudades, pero es como si lo hubieran hecho, porque sin la posibilidad de que las gentes entren o salgan de Ciudad del Progreso, la ciudad está lastrada, y del gobierno de Esperanza, ni hablemos. Además, es cuestión de tiempo antes de que en la ciudad estalle una epidemia, igual que a bordo de la nave Ganímedes.

– Los médicos a bordo de Ganímedes están trabajando en una cura, señor. Parece ser que Alba, aunque enferma, está recuperándose… de alguna manera.

– Debemos averiguar si esa cura es provisional o definitiva. Si Alba llega a experimentar alguna clase de recaída, estamos fritos. No importa cómo lo pongamos, al final del día siempre termina siendo Ganímedes nuestra carta de salvación en contra de los alienígenas, pero a la vez, sólo Alba controla a Ganímedes. Si le pasa algo a ella… todos los humanos de Esperanza estamos liquidados.

El General Luca hizo un gesto de desagrado, algo que por supuesto no podía ser visto a través de la menterminal. No le gustaba admitirlo, pero el Presidente Kulkov tenía razón. Todos los chicos a cargo del General Luca, lo único que podían hacer frente a los alienígenas invasores era apenas labor de contención. Habían librado dos batallas contra los alienígenas, y en ambas batallas, sólo Ganímedes había resultado ser la carta decisiva. Y Alba parecía estar por completo fuera de su control. ¿Cómo demonios podía planificarse una estrategia militar en esas condiciones…?

– Por cierto, General Luca… ¿Por qué Ganímedes no se teletransporta de inmediato a la órbita de Esperanza? Se teletransportó a la Luna Mayor de un salto único, ¿no?

Ante la pregunta, y su incapacidad para dar una respuesta acertada, el General Luca sólo consiguió atorarse.

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Ganímedes había en efecto dejado la órbita de la Luna Mayor, y había emprendido el viaje de regreso al planeta Esperanza. Algo que le iba a tomar unos cuantos días, por supuesto. Alba había declarado su incapacidad de teletransportar la nave de regreso, y los militares no podían presionarla mayormente, considerando que sin Alba, Ganímedes no era más que un trozo de chatarra flotando en el espacio.

Medio ayudada por los medicamentos inyectados por orden del doctor Wilkinson, Alba pudo levantarse, y caminó hacia la camilla en donde descansaba Numerio. Este descansaba, sedado en su lugar, con los ojos abiertos, pero sin estar plenamente consciente de nuestra realidad.

– Numerio…

– ¿Alba…?

– Oye, Numerio… derrotamos a los malos.

– ¿Sí? – preguntó Numerio, medio entumido por las drogas.

– Tendrías que haberlo visto. Ganímedes juntó energía, juntó y juntó, y… disparo. Recto a la base de los malos. ¡Ganamos la guerra, Numerio!

– ¿No más guerra? – preguntó Numerio, y había un hilo de esperanza en su voz.

– Bueno… las naves de los malos escaparon. Pero la base… La base fue destruida.

– ¿C… cómo?

– No lo sé, Numerio. Sólo… sólo… – dijo Alba, e hizo una pausa antes de seguir. – Quise que Ganímedes lo arreglara todo, y de pronto, estábamos en la órbita de la Luna Mayor. Juntando energía. Ganímedes disparó… supongo que yo la disparé, ¿no? Yo controlo a Ganímedes.

– ¿Disparaste… energía…?

– Algo así. Ganímedes recolectó un montón de energía, la disparó sobre la base de… ellos… Y la destruí. Destruí la base de los malos.

Ahora, la voz de Alba temblaba ligeramente. Numerio, aunque estaba medio sedado, no dejó de advertir esto.

– ¿No podemos… hacer la paz con ellos…?

– Ojalá supiera cómo, Numerio. Yo… no quiero más guerra, ni más destrucción. Ha sido mucho, para los dos bandos. Ojalá pudiéramos hacer la paz, y… bueno… si yo supiera cómo…

– ¿Es… calante…?

El rostro de Alba se ensombreció.

– No saben nada de él todavía. La menterminal falló en Ciudad del Progreso, y…

– ¿Ciudad del Progreso?

– Los malos la invadieron, Escalante fue a defenderla. Yo… espero… ojalá… que esté bien.

– ¿Por qué ustedes… no están… juntos…?

– ¡Numerio! – soltó Alba, soltando una risita algo nerviosa.

– Los grandes… hacen el amor algo tan complicado – dijo Numerio.

– Sí – dijo Alba, pensativa, mientras su mente viajaba hacia Escalante. En el supuesto de que él siguiera vivo, por supuesto. – A veces sólo deberíamos decirle a la persona que amamos, que la amamos.

El viaje de Ganímedes transcurría sin mayor novedad, en parte porque las naves arzawe retirándose de Esperanza no marchaban hacia la Luna Mayor, sino hacia la Luna Menor.

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Los milimétricos filamentos del zángano arzawe se infiltran a través de la roca, y las células de dicho filamento son rellenadas con líquido de manera instantánea. La expansión de las células, y con ellas del filamento mismo, acaban por destrozar la roca. El zángano se retira entonces. Un nuevo zángano aparece. Con diligencia, usa sus patas rígidas, salvo por algunas articulaciones, para sacar los restos de la roca, e impulsarlos hacia arriba, hacia el siguiente zángano, que la pelotea incluso más arriba… y así, una cadena entera de zánganos arzawe de casi un kilómetro de largo hacia lo hondo, trabaja de manera incansable. Su objetivo final: construir una nueva base de operaciones para el Cerebro Verde.

La base arzawe en la Luna Mayor puede haber sido destruida, pero eso no es ni de lejos el final. El primer Cerebro Verde ha sido aniquilado por la detonación enviada desde el cielo por Ganímedes, pero por supuesto, tratándose de los arzawe, pequeñas naves armadas con gametos de toda clase han sido enviadas de manera previa a la Luna Menor. Pronto construirán un nuevo Cerebro Verde, bajo la superficie de la Luna Menor, mucho más profunda de lo que ha estado la primera base en la Luna Mayor. Y pronto, a la vuelta de algunos días, las naves que vienen desde Esperanza, así como las salvadas desde la Luna Mayor, se reunirán en la Luna Menor. Los arzawe ya no van a subestimar a los humanos. En la siguiente batalla, los arzawe demostrarán de una vez por todas la totalidad de su propio poder. Y por el minuto, zángano a zángano, los millares de ellos en las profundidades de la Luna Menor siguen trabajando, incansables, preparándolo todo para la siguiente batalla…

つづく

martes, 17 de octubre de 2017

Medio milenio de Reforma Protestante (2 de 4).

Jean Calvino: A Dios le parece bien la ganancia económica capitalista, quiridi...
En la Europa del Renacimiento, el descontento en contra de las prácticas financieras de la Iglesia Católica había llegado a un punto culminante, lo detallábamos en la entrega anterior de esta serie de posteos aquí en la Guillermocracia, y en medio de todo esto cayeron las famosas 95 tesis de Martín Lutero. Por supuesto, el ataque luterano contra el indulgenciatráfico no iba a quedar sin contestar. El negocio era el negocio, después de todo. Un destacado teólogo alemán llamado Johann Tetzel, cuyas manos estaban metidas hasta el hombro en el tráfico de indulgencias, replicó con 110 tesis. Aunque en principio era apenas un debate académico, toda Alemania prestó atención al asunto; después de todo, si el tráfico de indulgencias seguía o se detenía, eso iba a cambiar en buena medida la estructura económica de Alemania, e incluso quizás de toda la Cristiandad. Lo chistoso del asunto es que el propio Lutero no deseaba en principio que el asunto fuera más allá del debate académico, ni tampoco romper con Roma; no fue él sino sus partidarios quienes esparcieron sus ideas, a través de panfletos impresos, porque la imprenta de tipos móviles, así como Internet, la carga el demonio. De manera que el debate fue subiendo de tono, y además se fue enconando cada vez más. Por supuesto, todo este asunto representaba un peligro mayúsculo para el Papado y una de sus principales fuentes de financiamiento. De manera que el entonces reinante Papa León X decidió dar un golpe de autoridad: lisa y llanamente, ordenó silencio a los monjes. Por supuesto, no contaba con que Lutero era Lutero.

Bien mirado, Lutero sólo estaba llevando a su extremo lógico una de sus propias tesis: si los seres humanos se justifican sólo por la fe, que a su vez es recibida como una Gracia de Dios... entonces la Iglesia Católica no es el único camino de salvación, ni tiene el monopolio de la interpretación de la Escritura, ni detenta la autoridad para ordernarle silencio a Lutero. Lentamente, la polémica por las indulgencias estaba transformándose en un debate sobre las bases mismas que pudiera tener la autoridad de la Iglesia Católica sobre la sociedad y el mundo. Lutero puso todas estas ideas por escrito en sendos panfletos: en El tratado sobre el Papado de Roma negó la autoridad del Papa, en El manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana desarrolla la idea del sacerdocio universal por donde todo cristiano por el hecho de serlo es automáticamente sacerdote y defiende que cada cristiano es libre para acceder e interpretar las Escrituras, y en La cautividad babilónica de la Iglesia niega por carecer de base evangélica todos los sacramentos que no sean el bautismo y la comunión. De todas maneras, no debemos exagerar: las ideas luteranas no eran realmente nuevas. Muchos de estos conceptos, ya habían sido desarrollados por Jan Huss, un siglo antes. Pero Huss, buena gente él, había acabado en la hoguera, y Lutero no estaba dispuesto a terminar igual de calefaccionado.

Ante la desobediencia de Lutero, León X respondió excomulgando a éste. En la Edad Media, la excomunión era quizás el arma más poderosa del arsenal católico. La persona excomulgada no puede recibir sacramentos, y por tanto, se supone, si muere en pecado mortal, se va al infierno. ¿Y si uno se las daba de librepensador, qué? Pues, estaba la presión social, porque la gente alrededor iba a tener todas las excusas del mundo para pasarle por encima al excomulgado, sin que nadie dijera nada al respecto. Así, el miedo a la excomunión hacía maravillas por alinear a la gente tras el Papado. Desgraciadamente para León X, no era la Edad Media sino el siglo XVI. Lutero estaba tan convencido de que la salvación viene a través de la fe, de la que él tenía mucha, que llevó a cabo un gesto decisivo: en público agarró la bula en que se proclamaba su excomunión, así como un ejemplar del Corpus Iuris Canonici, el compendio de Derecho Canónico, y los quemó. Ahora ya no era un tema meramente académico o doctrinal, sino que se trataba de rebelión abierta. Empero, no debemos olvidar una cosa. Si Lutero se encontraba en herejía respecto de la Iglesia Católica, entonces era posible entregarle al brazo secular. Y claro está, todo el mundo recordaba lo que un siglo atrás le había sucedido a Jan Huss, en idénticas circunstancias.

Hora de añadir un poco de contexto político a todo el asunto. Mientras Lutero se enfrentaba a la Iglesia Católica, el Emperador Maximiliano de Austria había fallecido; siendo el Sacro Imperio Romano Germánico una monarquía electiva, correspondía a los llamados electores nombrar a un nuevo monarca para Alemania. El elegido, subidos sobornos mediante, porque estamos en la era de Maquiavelo, y la que inspiró Game of Thrones, fue un joven de diecinueve años que ya era rey de España; Carlos I de España pasó a ser así también Carlos V de Alemania. Su programa político: una Europa políticamente unida, y regida de punta a cabo por el Imperio y la Iglesia Católica. Este trasnochadísimo proyecto político era más digno de la Edad Media que del siglo XVI, y acabó en el fracaso monumental en el que acabó. Pero estamos a inicios del reinado de Carlos V, no su final. Por el minuto, Carlos V se empeñó en consolidar la unidad católica lidiando con la herejía luterana. De manera que Lutero fue convocado para que compareciera en la Dieta de Worms, en 1.521.

Carlos V de Alemania, retratado por Lucas Cranach el Viejo: EIN VOLK... EIN REICH... EIN FÜHRER...!!!
En realidad, como era de esperarse por lo demás, no se trataba de un debate teológico en toda regla, sino de una monumental puesta en escena que sólo podía tener dos salidas posibles: la retractación de Lutero, o su condena. Fue un diálogo de sordos, por supuesto: tanto Lutero como los representantes eclesiásticos usaron mutuamente las Escrituras para arrojarse argumentos teológicos por la cabeza. El resultado de la comparecencia de Lutero en Worms fue previsible: Lutero fue condenado como hereje, sus obras proscritas, y se permitió matarle sin sufrir consecuencias de ningún tipo. En peligro personal, Lutero fue de pronto secuestrado por un grupo de caballeros. Todos se miraron las caras los unos a los otros, diciéndose que nadie fue... pero en verdad, Lutero no estaba secuestrado, sino por el contrario, bien protegido en los dominios de Federico III de Sajonia, su aliado, quien había orquestado toda la charada del rapto para mantenerlo a salvo sin exponerse él mismo a la persecución imperial.

En este tiempo, como suele pasar con la gente secuestrada, Lutero tenía bastante tiempo libre, de manera que se ocupó en una actividad trascendental: comenzó la traducción de la Biblia al alemán. Esto fue revolucionario. En la época, la única versión autorizada de la Biblia, era la Vulgata de San Jerónimo, escrita en latín en el siglo V d.C. Por supuesto, sólo la gente erudita podía leer latín, de manera que la Iglesia Católica interpretaba la Biblia a su parecer... y a su conveniencia. Lo que hizo Lutero fue básicamente poner la Biblia a disposición de todo el mundo que supiera leer y escribir en el idioma alemán vernáculo. Que no era tanta gente en la mismísima Alemania inclusive, de todos modos, pero aún así, menos personas eran quienes dominaban el Latín Eclesiástico, así es que seguía siendo una notable labor de divulgación intelectual. Guardando las distancias, por supuesto, no parece exagerado afirmar que Martín Lutero fue el Julian Assange de su tiempo, y que volcar la Biblia al alemán fue más o menos el Wikileaks del siglo XVI, con todo lo que eso significa. Por supuesto, los que no sabían leer alemán se iban a quedar tan ignaros como de costumbre, pero ya vendrían en el mismo siglo XVI, eruditos que seguirían el ejemplo y tomarían en sus hombros la labor de traducir la Biblia al francés, castellano, etcétera. Irónicamente, siglos después la propia Iglesia Católica que tanta guerra le hizo a la difusión de la Vulgata en otros idiomas, apoyó después traducciones de la Biblia a los más variopintos idiomas, para difundir la Palabra entre salvajes alejados de la civilización como los amerindios, los polinesios, los economistas, etcétera.

Mientras tanto, la idea de la Reforma iba calando entre los príncipes alemanes. Por la misma razón que habían aceptado o al menos tolerado las indulgencias en su tiempo: sórdido lucro monetario. No se les escapaba que si, tal y como predicaba Lutero, la única autoridad era la Santa Escritura, entonces la Iglesia Católica perdía el monopolio de la fe... y con ello, armas medievales tan efectivas como la excomunión, que prohibía comulgar a los pecadores, o el interdicto, que prohibía los sacramentos en un territorio determinado. En la Edad Media, me repito aquí pero para efectos de exposición no es malo insistir en las cosas, éstas eran graves porque significaba que una persona corría el riesgo de morir en pecado mortal, ya que nadie administraría la confesión de los pecados, la comunión, o la extremaunción. Y si los príncipes no eran creyentes en esas cosas, sus súbditos sí, de manera que éstos debían alinearse con la Iglesia Católica para no sufrir esa clase de castigo... hasta ahora, en que se abría la posibilidad de que quizás, sólo quizás, hubiera caminos de salvación por fuera de los curas pelotilleros.

Y hay más, por supuesto. Con la pérdida de su poder para chantajear a las almas, la Iglesia Católica acabó perdiendo el único gran cerco que para proteger sus bienes. Lutero, lo menciono de nuevo, predicaba que había sólo dos sacramentos válidos, por tener base bíblica: el bautismo y la comunión. Entre los sacramentos sin valor para Lutero estaba... la ordenación sacerdotal; por eso los protestantes no tienen sacerdotes propiamente tales sino pastores o ministros, por si no lo sabían. Pero respecto de la cuestión de los bienes, el caso es que si la ordenación sacerdotal no tenía valor como sacramento, entonces eso dejaba a las abadías y monasterios sin dueños válidos... lo que a su vez dejaba suelta y sin correa a una enorme y muy jugosa masa de bienes y tierras. Por lo que, dentro de esta línea de razonamiento, los príncipes no sólo podían secularizar los bienes, o sea, apropiárselos, sacarlos a remate, etcétera, sino que además debían dar por obligación ese incómodo paso, pobrecitos ellos, para corregir la anomalía de tantos bienes y tierras sin dueño, puestos ahí para el primero que se los apropiara, con el caos social subsiguiente. Y ahora que ustedes y yo sabemos, podemos entender lo durísimo que es ser príncipe.

Catalina von Bora, la señora Lutero, según Lucas Cranach el Viejo: Detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran monja arrancada de un convento en vías de disolución por una reforma religiosa.
Para Lutero, todo esto tuvo una consecuencia hilarante. El mismo Lutero se había hecho monje, recordemos, pero ahora, su monacato estaba en entredicho. Tenía algo más de cuarenta años, y por supuesto, como monje jamás se había casado. De pronto, le pidieron asistencia para ubicar a unas monjas que se habían fugado del convento. Por cierto, en la época, los conventos no eran necesariamente lugares de pía devoción, sino que eran el sitio en donde arrojar a mujeres incómodas en la familia, cuando no se trataba directamente de lenocinios más o menos encubiertos. La situación de las monjas era difícil porque acogerlas implicaba un delito contra el Derecho Canónico, pero por otra parte, siendo mujeres sin marido, lo iban a tener crudo para sobrevivir en la sociedad de ese tiempo y lugar. El caso es que Lutero se las arregló para conseguirles marido a todas ellas... excepto para una tal Catalina von Bora, que no estaba dispuesta a un marido que fuera menos que el mismísimo Lutero. Increíblemente, Lutero aceptó... y en 1.525, ambos contrajeron matrimonio. Parece ser que el matrimonio de ambos fue sólido y bien avenido, y duró hasta la muerte de Lutero, algo más de dos décadas después. Parece ser también que Catalina von Bora resultó ser una buena administradora de bienes, y con ello, pasó a ser un brazo derecho indispensable para Lutero. Las ideas son buenas para pelear una reforma religiosa, por supuesto, pero el dinero para los asuntos cotidianos sigue siendo el dinero para los asuntos cotidianos, después de todo.

En esos años, el movimiento reformista tomó un giro inesperado con la rebelión campesina de los anabaptistas. Hacia 1.521, el mismo año en que Lutero compareció ante la Dieta de Worms, aparecieron en Alemania predicadores con una doctrina apocalíptica: creían en la inminente llegada del Reino de Dios, en donde se acabarían las clases sociales y la propiedad privada, todos seríamos hermanos y juntos íbamos a trabajar... ya se conocen el discurso. El más importante fue un personaje llamado Thomas Müntzer. Esta clase de personajes no eran desconocidos en la Edad Media: aparecían de tarde en tarde, siempre en épocas de crisis social, y solían tener un mal final. Pero en medio de la agitación por el tema de las indulgencias y el poder de la Iglesia Católica, estas doctrinas prendieron entre las clases humildes. La nueva doctrina que surgió, o al menos se consolidó aquí, es el Anabaptismo. El nombre deriva de la creencia según la cual el bautismo administrado a los niños no valía, porque éstos carecen de razón, y por tanto, no tienen conciencia de sus actos, y por lo tanto, tampoco pueden tener fe. En consecuencia, los anabaptistas empezaron a administrar su propio bautismo. Y lo que es peor, se unieron en torno a sus propios líderes. El Anabaptismo prendió principalmente entre los campesinos de Bavaria, Turingia y Suabia, y se transformó en un movimiento social que puso en serio peligro a las estructuras sociales de su época.

Todo esto llevó a una rebelión armada abierta, que buscaba subvertir el orden feudal, e instaurar la igualdad entre las personas y la comunidad de bienes, siempre siguiendo el ideal de pobreza evangélica. Al enterarse de las nuevas, Lutero tronó en contra de ellos. ¿Cómo esos campesinos ignorantes se atrevían a interpretar las Escrituras de manera directa a su modo en vez de interpretar las Escrituras de manera directa al modo en que dictaba Lutero? Para Lutero, la rebelión contra Roma estaba bien en cuanto se tratara de él mismo, y así como un poquito mucho, de los buenos burgueses y nobles señores feudales; en cambio el campesinado era otra cosa, como gentes analfabetas e ignorantes que eran, y que por lo tanto, no podían ser dejados sueltos por ahí, por su propio bien, porque en qué podían acabar rematando si se les ocurría mandarse solos, faltaba más. El caso es que Lutero escribió un opúsculo llamado Contra las asesinas y rapaces hordas de campesinos, cuyo título creo que lo dice todo. Al final, los nobles y burgueses de Alemania dirigieron una serie de guerras contra esos herejes, que duraron algo más de una década completa; soldados con fortunas personales y entrenados que eran, no tuvieron problemas en masacrar a unos 100.000 campesinos y menesterosos pobremente armados, y eso siendo muy conservador con las cifras, que con toda probabilidad son muy superiores.

La escoria rebelde se subleva contra el Imperio, en 1.525: Que la Fuerza esté contigo, joven jedi...
Sin embargo, el Anabaptismo en cuanto tal, no desapareció; se mantuvo e incluso se consolidó poniendo énfasis en los aspectos más espirituales de su doctrina, abandonando el proyecto de reforma social, y por supuesto, recurriendo a un truco clásico de supervivencia religiosa, cual es rebajarle el perfil apocalíptico a su mensaje, porque para Dios "mil años son como un día", etcétera. Luego, vía emigración, se expandió hacia Estados Unidos; hoy en día, las congregaciones anabaptistas son una de las más importantes ramas de la religión en dicho país, sino la más importante de todas. La más pintoresca de todas, ustedes han escuchado hablar de ella: los amish, inmortalizados por la película Testigo en peligro. Las ideas anabaptistas parecen haber calado hondo en otra rama similar del Protestantismo, aunque algo posterior: los bautistas. Que también han dejado su legado en la Historia de Estados Unidos. Bautista fue Martin Luther King, el destacado líder de los derechos civiles en Estados Unidos, sin ir más lejos. Bautistas también fueron los que financieron Plan 9 del espacio exterior, de Ed Wood. Positivo o negativo... eso sigue siendo un legado, y así lo consignamos.

Pero volviendo al siglo XVI. Mientras en Alemania, Lutero y los nobles se entusiasmaban con eso de desposeer a la Iglesia Católica de su poder, y los campesinos y pequeños burgueses buscaban su propia porción del pastel y eran masacrados por ello, la Reforma se propagaba también a Suiza. En dicho país surgió un teólogo llamado Ulrico Zwingli. El mismo simpatizó sobremanera con las ideas de Lutero, y dirigió su propio movimiento reformista. Sin embargo, sucedió lo inevitable. Zwingli tenía algunas ideas propias y particulares acerca de la Escritura, que no calzaban ciento por ciento con Lutero. Es lo que tiene predicar el libre acceso a la interpretación bíblica, que luego cada uno la interpreta a su reverenda gana y no a la reverenda gana de uno. Por lo que ambos movimientos nunca llegaron a unirse. Pero estos debates doctrinales no fueron más allá por una sencilla razón: Zwingli debió preocuparse de la defensa militar de sus seguidores, que por supuesto fueron atacados. En 1.531, Zwingli pereció en batalla, destino algo inusual para un teólogo, por cierto, que tienden a morir en su cama si están en gracia de las autoridades, o en la hoguera si no lo están. Muerto Zwingli, la máxima figura de la Reforma en Suiza pasaría a ser el que probablemente es el segundo más importante teólogo del Protestantismo, después del mismísimo Lutero: Jean Calvino.

Este Jean Calvino era un francés, que por avatares de la vida acabó con sus huesos en la ciudad de Ginebra. Una vez en ella, se hizo fuerte dentro de su gobierno. Bajo la férula de hierro de Calvino, Ginebra se convirtió en una teocracia tan rigorista, que los ginebrinos lo echaron a patadas. Sin embargo, volvieron a llamarle después, y Calvino gobernó la ciudad hasta su muerte en 1.564. Llamar teocracia al proyecto calvinista para Ginebra no está fuera de lugar porque, en efecto, el gobierno civil y el religioso de la ciudad se fusionaron en una única autoridad, rígidamente jerarquizada, con sus propios tribunales para perseguir y censurar a una disidencia que era al mismo tiempo delito contra la sociedad y pecado contra Dios. ¿Interpretación bíblica personal para cada uno, a la manera de Lutero? Sí, por supuesto que sí, y en la hoguera para no agarrar frío. De nada.

Claro, échense la culpa entre sí, que por culpa de ustedes estamos todos metidos hasta el paracaídas en este fregado.
Muy en el fondo, el Calvinismo es el viejo Luteranismo, pero llevado a su extremo lógico. Para Lutero y Calvino, Dios elige a quienes les dará la gracia de la fe, y a través de esa fe, serán salvados. Pero para Lutero esa fe es una certeza en la salvación propia, mientras que para Calvino, ni siquiera esa certeza sirve de algo porque después de todo, Dios nos tiene predestinados a la salvación o condenación de antemano, y con toda su Omnipotencia, bien podría mantenernos engañados al respecto, y a ver quién es el guapo que va a decirle algo. La única manera de saber si uno está entre los salvos o los réprobos, es llevando una vida absolutamente intachable, lo que por supuesto sirve de base para su visión teocrática de la sociedad, en la cual se debe obligar a la gente a portarse bien, para facilitarles su propia salvación... por si fuere el caso que Dios los hubiera predestinado a la salvación. Si a eso siguen cosas buenas y positivas, entonces eso es señal de que Dios está de parte del rigorista en cuestión. Si no, entonces eso es señal de condenación.

A la luz de estas ideas, no es difícil entender por qué la ética calvinista es famosa por su rigorismo. Calvino prohibió en Ginebra el leer textos profanos, las fiestas con demasiados invitados, los vestidos suntuosos y los lujos. El Calvinismo se hizo muy popular entre los burgueses más inclinados a la tacañería, y que estaban ávidos de ahorrarse hasta el último centavo; ahora, ellos tenían una justificación religiosa para esto. También a diferencia de los teólogos medievales, que condenaban el interés en el préstamo como usura, Calvino la justificaba como una manera de hacer fructificar los bienes de los predestinados a la salvación, aunque siempre a un porcentaje moderado, eso sí. Dentro del Calvinismo, si una persona era rigorista y además le iba bien en lo económico, podía presumir de estar entre los predestinados a la salvación, lo cual siempre viene bien para la autoestima, y también para ser un petulante perdonavidas con la gente alrededor. Se ha argumentado, principalmente por parte de los sociólogos de la escuela de Max Weber, que la justificación religiosa del ahorro, del trabajo y del préstamo con intereses, conforma la famosa "ética del protestantismo" que explicaría el éxito del capitalismo moderno. Aunque esto es relativo y algo criticable, ya que el capitalismo moderno existía desde mucho antes que el Calvinismo. Sin perjuicio, por supuesto, de que el Calvinismo y el capitalismo basado en el ahorro y la inversión acabaron por potenciarse de manera mutua.

El Calvinismo en su versión teocrática de cuño ginebrino era imposible de aplicar en otras partes, so pena de acabar como los pobres campesinos alemanes que intentaron más o menos lo mismo, pero en una versión algo más aguada, sí que tuvieron éxito. De hecho, el régimen de Calvino sólo podía funcionar en Suiza, que no era un Estado centralizado sino una confederación de ciudades más o menos autónomas, y en las cuales podía implantarse un gobierno con la suficiente autoridad para imponer una teocracia, pero no tan grande que se hiciera inmanejable por la congregación misma. Pero algo así era imposible de trasplantar a países tan extensos como Francia o Inglaterra sin transformarse en extensísimas autocracias religiosas casi a nivel de Califato. Por esto, y por su marcado rigorismo, el Calvinismo parecía destinado a ser una curiosidad histórica, una página anecdótica dentro de la Reforma Protestante. Pero no fue así; por el contrario, el Calvinismo acabó transformándose en una importante fuerza religiosa y social durante por lo menos un siglo después y más, desde la muerte de su fundador, sea por sí mismo o sea mutando en Puritanismo... pero eso quedará para la siguiente entrega en esta serie de posteos que hemos dedicado a la Reforma Protestante, aquí en la Guillermocracia.

Puritanos en la Nueva Tierra Prometida.

domingo, 15 de octubre de 2017

"Madre": Una (probable) explicación sobre la película.

¡Oh, no! ¡Vamos para fracaso de taquilla! ¡Nuestro caché!
Desde la década de 1.960 con la irrupción a nivel más o menos masivo de lo que podemos llamar cine arte europeo, y con mayor intensidad desde la era de los blockbusters con Tiburón y La guerra de las galaxias, el cine pareciera ir entre dos aguas. Por un lado está la producción comercial, parece ser que cada vez más ligera y descerebrada, aunque de tarde en tarde surjan joyas con cierto calado filosófico, como la Trilogía del Caballero Oscuro, o simples películas de entretención que al menos cumplen con ser buenas películas de entretención, como Guardianes de la Galaxia. Por el otro lado está el cine de vocación más artística, o eso se supone a lo menos, que no llena salas ni intenta llenarlas tampoco, aunque a veces lo logre. Y en medio de todo eso, ciertos cineastas que intentan moverse entre dos aguas, creando un cine a veces más accesible y otras más hermético, con pretensiones artísticas, pero sin dejar de lado un cierto apelar al público masivo. Quizás el ejemplo moderno más exitoso en este rubro, en taquilla por lo menos, sea Christopher Nolan. Otro de los que llenan papeletas en ese rubro es Darren Aronofsky, quien ha intentado tomarse por asalto las pantallas con Madre, ahora en 2.017, tres años después de Noé, su producción inmediatamenta anterior. Y decimos que lo intentó, porque la película, aunque ha recibido aclamación crítica, se ha hundido como un plomo en la taquilla, y ahora a mediados de Octubre de 2.017, parecía ir camino a saldarse con pérdidas.

No cabe duda de que Darren Aronofsky es uno de los cineastas más polémicos de las últimas dos décadas. Su cine suele ser visceral, pesado, sin demasiadas concesiones a la audiencia. Lo que deja caer las reacciones habituales: quienes lo consideran un artista capaz de hacerte sentir cosas y con mensajes muy potentes, por un lado, y quienes lo consideran un pretencioso y un aburrido. Mi opinión, en este rubro estrictamente personal por supuesto, es que ambas opiniones son parcialmente correctas. Yo le aplaudo a Aronofsky que sea un cineasta decidido a contar sus propias historias en su propio estilo, y que las mismas sean en principio digeribles, y no una mera acumulación de cosas que se vean artísticas. Pero por otro lado... se le va la pinza, más que algunas veces. Siempre en mi opinión personal, creo que el cine de Aronofsky funciona mejor cuando deja un tanto de lado los aspectos más surreales del argumento y se centra en sus personajes y situaciones, sean cotidianas como en El luchador, sean en el cine de género como Noé. Por supuesto, la materia es opinable, seguro que cada lector de estas líneas tiene su propia opinión al respecto, y no seré yo quien intente adoctrinarlos sobre este particular.

Por todo lo anterior, no me parece raro que para vastos sectores de la audiencia, Madre sea una película casi impenetrable. Por supuesto, fácil no es, como lo sabe cualquiera que la haya visto. Pero las metáforas están ahí, y no carecen de sentido. Por otra parte, lo descoyuntado de la narrativa es consecuencia casi necesaria de que la referencia de base es también un libro... bastante descoyuntado. Por supuesto, no ayuda que la película fue vendida por la publicidad como lo que no es, o sea, una película de terror más o menos al uso, en el subgénero de invasiones domésticas, que ha tenido un cierto florecimiento en los últimos años. Los que la vieron con esa disposición, de ver la enésima película de burgueses dueños de casa invadidos por zombis, punkies, rednecks o economistas que vinieron del frío, seguramente se les descolocó todo lo que se llama el duodeno viendo la segunda muy surrealista mitad de la cinta. Y sin embargo, prestando un poquito de atención a la historia, no me parece tan difícil de entender. Por supuesto, ayuda tener una cierta dosis de cultura, lo que no suele abundar en las masas de hoy en día, víctimas de esas factorías de alumnos que vienen en llamarse escuelas por estos días. Es por eso que, acá en la Guillermocracia, vamos a prestar un pequeño servicio, y repasar la interpretación de esta película. O al menos, una posible interpretación de la misma, que a mi buen ver y honesto intelecto, me parece la correcta, o a lo menos, la que mejor se ajusta a lo mostrado.

Por supuesto, un par de acotaciones adicionales. En primer lugar, no pretendo decirles que la película sea buena o mala. En mi opinión es buena, pero mejorable, pero claro, ése soy yo; tratándose de lo que se cuenta aquí, es muy comprensible y justificable la diversidad de opiniones. Y en segundo término, creo que no necesito decirlo, pero debo hacerlo igual... la siguiente reseña viene plagada de spoilers, incluyendo el destripe completo y sin anestesia del final, que es bastante bruto, por cierto. Por lo que, lo de siempre. Si no has visto la película, mejor detente aquí y no sigas leyendo. El resto... sigamos adelante.

La "Madre" es la actual pareja del director. Sutil, Aronofsky, sutil.
Partamos con el argumento. La película se ambienta completa en una casona ubicada en medio de un bosque, una estampa clásica dentro de cierto cine estadounidense que la usa como metáfora del espíritu pionero de Estados Unidos. En ella vive una chica, que es la Madre aunque no tiene hijos, y que es interpretada por una Jennifer Lawrence a la cual el director y ahora su pareja Aronofsky la pasea de manera muy agradecida en camisones que dejan muy poco a la imaginación. Y su chico, el Escritor, que es Javier Bardem. Ella es dueña de casa y ha restaurado la misma por sí sola, mientras que él no puede escribir porque vive angustiado por un bloqueo creativo. De pronto, aparece un forastero primero, que es un Ed Harris mucho más viejo de lo que yo recordaba, seguido por su señora, que es una Michelle Pfeiffer a quien ni la tercera edad ha conseguido borrarle lo estupenda y lo dama. Lo que sigue es una historia del par de molestos invitados que no querían irse, con la complicidad del Escritor, a despecho de la Madre, que con toda lógica, quiere enviarlos a tomar los vientos allá afuera. Finalmente consiguen deshacerse de ellos, no sin antes de que el matrimonio haya roto una valiosa piedra, que uno de los hijos del matrimonio de lapas invasoras haya matado al otro, y que se hayan montado el funeral en la misma casa. Luego, la Madre y el Escritor tienen sexo, y sucede un pequeño milagro: ella queda embarazada, y él recupera la creatividad, escribiendo un libro. Todo pareciera ir bien, pero él, publicado el libro, se deja vencer por la fama, y la casa es invadida una segunda vez, ahora de manera definitiva, por hordas de fanáticos que idolatran al Escritor hasta el punto de matar y devorar al hijo recién nacido de la ahora sí Madre, y el Escritor. Ella no se lo toma bien, destruye la casa... pero en balde, porque descubrimos que él es incapaz de dejar de crear, y si eso significa recrearlo todo de nuevo a través de la magia, el surrealismo o como lo quieran llamar... lo hará. Con otra chica completamente distinta como nueva Madre.

He visto hasta la fecha tres grandes corrientes de interpretación sobre la película. La más convencional, es que sería una metáfora acerca del abuso doméstico por un lado, y del narcisismo propio de los artistas respecto de las musas que los inspiran. Esto, viniendo del cineasta que se llevó consigo a la chica abusada de la película, para que no falte ironía. Así, el Escritor sería un narcisista que, en palabras de la Madre, jamás la amó, sino que sólo ama que ella lo ame a él. Algo que conocemos de sobra todos los que hemos tenido la desdicha de habérnoslas con artistas, o que intenten hacer las veces de tal, aunque eso en mi caso particular signifique arrojar unas poquitas piedras arriba de mi propio tejado, supongo. Pero en fin. El caso es que esta interpretación, yo la considero correcta, pero no creo que la película sea una metáfora sobre dicha clase de abusos, sino que dicha clase de abusos funcionan a la vez como metáfora de otra cosa. ¿De qué? Sigamos adelante para verlo.

La otra corriente de interpretación, es que la película es una parábola ecológica. Así, la chica es la Madre Naturaleza, que es usada y abusada por los seres humanos. Al principio ella vive en armonía con un hombre, el Escritor, en lo que sería una metáfora del equilibrio ecológico. Luego vienen las sucesivas hordas de humanos invasores desde el exterior. Así, el reventón final en que la Lawrence lo hace saltar todo por los aires, sería la venganza de la Madre Naturaleza en contra de los seres humanos que la han violentado. El mismo Aronofsky, así como Jennifer Lawrence, han declarado que sustentan esta interpretación. La misma me parece correcta igualmente, pero incompleta, porque hay aspectos de la película que no tienen sentido dentro de esta línea. Todo lo relativo al hijo de la Madre y el Escritor, por ejemplo, que es justamente la razón por la cual la película se llama Madre, en primer lugar.

Y la última, que no es incompatible con la anterior, como veremos, es que la historia es una nueva versión de la Biblia. Así, la primera pareja invasora, la de Ed Harris y Michelle Pfeiffer, serían Adán y Eva, sus hijos en conflicto serían Caín y Abel, el niño que la Madre queda esperando sería Jesucristo, su muerte a manos de los fanáticos y luego el canibalismo que sufre el cadáver del bebé sería una metáfora y una parodia con bastante mala leche de la Crucifixión y la Eucaristía, el reventón final sería el Apocalipsis, etcétera. Esta es la interpretación que me parece más acertada, aunque muchos espectadores no han conseguido entender qué pinta la Madre en todo esto, ya que por un lado pareciera ser en efecto la Madre Naturaleza, por el otro pareciera ser la Virgen María e incluso el Espíritu Santo, todo lo cual deja esta interpretación un poco suelta.

Oedipus: The Movie.
Y ahora viene la mía propia. Lo diré de manera resumida primero, y lo analizaré después con algo más de detalle. Para mí, la película es en efecto el relato bíblico, completo con Génesis, Evangelios y Apocalipsis, pero narrado como una profunda deconstrucción de la misma, en términos de una parábola más o menos doméstica que no estaría fuera de lugar en un relato de Julio Cortázar, y desde una perspectiva que la Biblia original no incluye, porque los escritores bíblicos se preocuparon sobremanera de silenciarla, casi de manera orwelliana, aunque no lo lograron al ciento por ciento: la de la Gran Diosa Madre que existió en las primeras religiones del Medio Oriente. La parábola del abuso emocional sería así una deconstrucción muy crítica y cínica de cierta iconografía clásica de la Biblia, que usa el matrimonio como una metáfora de la relación de Dios con su pueblo, con Israel primero y con la Iglesia Católica después. La lectura ecológica también hace sentido así, considerando que muchos atributos que hoy en día le adjudicamos a la Madre Naturaleza en cuanto personificación antropomórfica del mundo alrededor, tienen su raíz en el antiquísimo culto a la Gran Diosa Madre, antes de que ésta fuera derrocada por cultos patriarcales como el de Zeus o Yahveh. No debemos olvidar que a varias mujeres de la Biblia, los escritores bíblicos les adjudican atributos propios de la Gran Diosa Madre, aunque muchas veces retorciéndolos, para desprestigiar estos cultos y entronizar a su propio dios patriarcal Yahveh. Esto explica también por qué la película parece tan deshilachada, desde un punto de vista narrativo: porque, admitámoslo, el relato bíblico en su globalidad no es mucho mejor. Lo que hoy en día llamamos la Biblia es en realidad el cosido y pegado de varios libros e incluso fragmentos anteriores que fueron escritos de manera independiente unos de otros, y después fueron unidos en una narrativa única, con todos los obvios problemas que esto acarrea: contradicciones, falta de ritmo, redundancias, y un plan general que se vuelve un tanto desorganizado conforme se desciende a los detalles de la narrativa.

La película se abre directamente con la Madre, buscando al Escritor por la casa; el Escritor en sí, sólo aparece después de esta búsqueda. Esto puede correlacionarse, en efecto, con que la Gran Diosa Madre fue primero, y los dioses masculinos eran apenas sus sidekicks, que aparecían bajo la forma de el dios que muere y resucita, lo que a su vez es una metáfora para el ciclo anual de las estaciones. Entre esos dioses están Adonis y Horus, por ejemplo, y por supuesto, la historia de Jesucristo en los Evangelios coge más que unos pocos aspectos de este relato mítico. También la película deja caer la diferencia entre los métodos míticos de creación masculino y femenino. Tradicionalmente, la Gran Diosa Madre crea a través de la concepción, sea virginal, sea a través de un dios, sea fertilizada por su propio hijo, mientras que los dioses masculinos, al no poder quedar embarazados ni dar a luz por regla general, Zeus y Semele exceptuados por supuesto, ellos vierten su poder creador a través de la Palabra ("Y en el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios..."). En la película vemos justo esto: la Madre crea nueva vida a través del embarazo y el parto, mientras que el Escritor sólo puede crear... preñándola a ella, o escribiendo.

Luego vemos la invasión por parte de la primera pareja. Esto es casi como una parodia maliciosa del relato de Adán y Eva. Mientras que en la Biblia se nos presenta a ambos como núbiles e ignorantes de cómo funciona el mundo, aquí son una pareja ya mayor, y abiertamente sexual. La película no ahorra subrayados: él presenta una herida en la costilla, y ella aparece después de que le hemos visto la herida en la costilla a él, porque ser sutil es para perdedores, me imagino. En esta parte, así como Aronofsky lo hacía en Noé, la película da vueltas a todos los conceptos bíblicos. Mientras que en la Biblia vemos una Eva inocente que es tentada por la Serpiente a comer la manzana, aquí es al revés: la Madre intenta convencer a Eva de que no husmee la piedra que el Escritor guarda con tanta devoción. Pero, ¡un momento!, dirán mis lectores más despiertos. ¿No es que acaso la Madre es una metáfora de la Gran Diosa Madre, por qué ahora iba a ser la Serpiente? Si saben algo de Historia de las Religiones, entenderán: la serpiente era un animal asociado a varias Grandes Diosas Madres, razón por la que, se sospecha, los machistas escritores bíblicos la incluyeron como la tentadora. Así, la Madre juega el rol inverso a la Serpiente en la Biblia... que a su vez en el Génesis jugaba el rol inverso de las serpientes en el culto de la Gran Diosa Madre, por tratar de explicarlo en sencillo. De manera curiosa, hay algo de musulmán en la manera de presentar a Adán y Eva. En el Corán, Alá crea a Adán y Eva y ordena a Iblis (Satán) adorarles, algo a lo que Satán se niega porque él es anterior y además está hecho de fuego, mientras que los humanos están hechos de barro. Esta misma dinámica la vemos reproducida aquí con un Escritor que se subordina sistemáticamente a sí mismo, y también a la Madre, al servicio de los invitados invasores. Por su parte, la película explica algo que la Biblia no: por qué ese objeto de tentación es tan importante y al mismo tiempo está prohibido. Volveremos sobre esto más adelante.

Hora de ponerle énfasis a uno de los principales puntos de la película. El principal rasgo de personalidad del Escritor, es su narcisismo. Así, acoge a la pareja que prácticamente invade su casa, luego de descubrir que ellos no están ahí por accidente, sino que son admiradores de su obra. El Escritor quiere escuchar sus historias porque le ayudarán a crear. Pero es en vano. Si uno acepta que el Escritor es una metáfora del Dios Bíblico, entonces esto se hace cargo y termina aceptando una de las críticas clásicas en contra del mismo: cómo, siendo todopoderoso y omnisciente, aún así se siente obligado a poner a prueba una y otra vez a sus elegidos, y obligarles a obedecer una serie de mandamientos, siendo que tiene el poder para crear seguidores fieles, y además debería saber de antemano cómo va a salir cada prueba. La película se alinea con los críticos en este punto: el Escritor es, en efecto, un narcisista patológico. Además, manipula a la Madre con un recurso clásico de los manipuladores: la trata como basura para destruirle la personalidad, pero cuando casi llega el punto de quiebre, cambia y se vuelve amable, atento, etcétera. Asimismo, la película explora y explota el talón de Aquiles del Dios Bíblico. El Escritor no puede crear sino a través de la Palabra. Una vez agotada la creación, que tampoco es suya porque le pertenece en realidad a quien la cuida, o sea, a la Madre, se ha quedado sin palabras, en un bloqueo creativo, porque ya no hay realmente nada nuevo que crear. El mensaje es bastante transparente: Dios podrá ser Dios, pero necesita de sus criaturas para seguir creando ad infinitum. Las repetidas veces en que el Escritor alega necesitar a la gente para escuchar sus historias e inspirarse, parecen ser ecos del relato bíblico en donde Dios convoca a los animales ante Adán para que éste les asigne sus nombres, o sea, para que el Primer Humano haga uso de la herramienta creadora divina que es la Palabra para así completar la Creación.

Adán y Eva: The Bible, Uncut and Unrated version.
Luego de una serie de acontecimientos, la Madre termina estallando y echando a todos los intrusos después de que rompen las cañerías de agua de la casa, una metáfora bastante transparente para el Diluvio Universal. Luego viene la escena de sexo en donde el Escritor y la Madre tienen sexo. Como resultado, la Madre queda embarazada, y por lo tanto lista para crear nueva vida, mientras que el Escritor encuentra nueva inspiración para escribir. No creo que sea coincidencia: la redacción de la Biblia comenzó después del Diluvio Universal, según la cronología bíblica. Porque la nueva novela que el Escritor redacta y termina es eso, la Biblia. También después del Diluvio Universal, saltándonos la Torre de Babel y la Tabla de las Naciones por supuesto, comienza la Historia del Pueblo Elegido, que según la lectura cristiana de los textos bíblicos es la praeparatio evangelica para el advenimiento de Jesús... cuyo equivalente alegórico en esta película es el hijo que ahora está esperando la Madre, por supuesto.

Ocurre lo inevitable. La nueva novela le gana seguidores al Escritor, quien se extasía con sentirse así de adorado, igual a como la Biblia le ganó a Yahveh un Pueblo Elegido. La editora de la novela, una Kristen Wiig bastante tétrica para lo habitual en ella, construye todo un culto alrededor del Escritor, una metáfora bastante clara de las religiones institucionalizadas. Es bastante interesante que pronto la editora degenera en una asesina de masas que ejecuta prisioneros sin piedad, antes de ella misma ser liquidada. Considerando que, detalle de pestañear y perdérselo, la editora es liquidada durante el ataque de un escuadrón SWAT que, se da a entender, llegó ahí luego de una llamada interrumpida de teléfono por parte de la protagonista al 911, es posible ver esto como un paralelo de la interpretación histórica sostenida por los escritores de la Biblia, según la cual los caldeos que destruyeron Jerusalén y acabaron con la independencia hebrea en 587 a.C., fueron en realidad peones de un plan divino para castigar la idolatría y la infidelidad de los hebreos, pero siempre visto desde la óptica subversiva de esta película, ya que aquí los SWAT no aparecen en base a un plan divino e incluso lo hacen en contra de éste. Recordemos también que en la época inmediatamente anterior a 587 a.C., la restauración bíblica promovida por el rey hebreo Josías fue acompañada por la destrucción de las aseras, los santuarios en que se adoraba a... la Gran Diosa Madre. No recuerdo si es aquí o más adelante cuando aparece un personaje imponiendo una marca a los seguidores del Escritor, lo que podría ser una metáfora de la circuncisión, o bien, de la marca de la Bestia del Apocalipsis. Como sea, lo que sigue es el caos y la confusión, con la casa literalmente tomada por los seguidores del Escritor... hasta que finalmente ella da a luz. Es una metáfora de María dando a luz a Jesús, por supuesto, y lo decíamos más arriba: en nuestra realidad histórica, el Cristianismo le asignó a la Virgen María varios rasgos prototípicos de la Gran Diosa Madre, incluyendo el título de "Madre de Dios" (ΘεοτόκοςTheotokos).

La Madre implora al Escritor que no se lleve al niño ni que lo presente a las masas, pero el Escritor, siendo el narcisista que es, hace precisamente eso. Sucede lo obvio: después de un poquito de stage diving, las masas lo matan. Y no conformes con haber perdido al hijo del Escritor, muerto por ellas mismas, las masas toman su cadáver y lo devoran, en una metáfora bastante cruda de la Eucaristía. No debemos olvidar que en los tiempos del Imperio Romano, los cristianos eran acusados de caníbales justamente por esto, por no entender el valor simbólico de la Eucaristía, y asumían que comer el cuerpo de Cristo no era engullir un pedazo de pan sino... ya me entienden. Por supuesto, luego de que le matan al chico, la ira de la Madre no conoce límites, y se venga en un enorme apocalipsis final en donde todo estalla. Una vez más vemos una lectura subversiva respecto de la Biblia: mientras que en el texto bíblico el fin de los tiempos marcha acorde a un plan programado de antemano por Dios, probablemente desde la eternidad de los tiempos, acá por el contrario Dios se muestra sorprendido por la acción de la Madre, engolosinado como está por la adoración que recibe, y por tanto no alcanza a reaccionar para detener el gran final, orquestado por la Madre como una muy catártica venganza por todos los agravios que ha sufrido a lo largo de la película.

Ya lo sabía yo: Nunca debieron dejar que Darren Aronofsky adaptara para el cine La pequeña casita en la pradera.
Y luego viene el puñetazo final en todo el vientre. La película ha ido desde una historia de invasión doméstica hasta un surrealismo digno de Cortázar, pero ahora entra directamente en el terreno de la cosmología fantástica, casi en plan Ciudad en tinieblas. Porque el Escritor es un creador, es lo que es, no puede dejar de serlo, y no va a parar de crear sólo porque la Madre lo ha hecho saltar todo por los aires. De manera que toma lo único que queda de la Madre, su corazón, y lo usa para recrearlo todo, en un ciclo sin fin. Nuevamente, una lectura subversiva de la Biblia: mientras que la misma plantea una creación ex nihilo, desde la nada, y un final en donde todo será el Reino de Dios para siempre, acá en cambio tenemos el relato fílmico encajado en un ciclo cosmológico de tintes hinduístas, en donde todo es creado y recreado una y otra vez, para que suceda en un ciclo sin principio ni final, un relato cosmológico de ciertas reminiscencias nietzscheanas. Por cierto, esto no hace sino reforzar la idea de que el Escritor es un narcisista patológico, porque si esta misma historia ha sucedido varias veces, entonces tenemos un personaje que prefiere dejarse seducir por la adoración popular una y otra vez, a despecho de la chica que lo ama, en vez de aprender de sus errores y construir algo nuevo y mejor. Lo que termina de transformar a esta película en una pieza de lo que sólo podemos calificar como de horror lovecraftiano en estado casi puro, si lo piensan bien.

Todo esto significa que del universo anterior ha quedado el corazón de la Madre... ahora convertido en piedra, sugiriendo así que la piedra atesorada con tanto cariño por el Escritor, y rota por la curiosidad de Adán y Eva, en realidad era el corazón de la Madre de un universo anterior. Lo que sigue arrojando sombras todavía más siniestras sobre toda la historia. La Madre ignora qué es la piedra en cuestión, y el Escritor la sigue manteniendo en esa ignorancia, casi como si del castillo de Barbazul se tratara. Al Escritor no le basta la veneración de la actual Madre: necesita además mantener el recuerdo de la Madre inmediatamente anterior. Lo dicho: Horror lovecraftiano a la vena. O kafkiano, si nos salimos de nuestra perspectiva como espectadores y la vemos a través de los ojos de la Madre.

Finalmente, podemos preguntarnos si toda la lectura anterior es intencional. En mi opinión personal, creo que no. La metáfora bíblica es bastante transparente, pero el rol de la Gran Diosa Madre en la película no tanto, y sólo se adivina poniendo las piezas en conjunto, y sabiendo un poquito de Historia de las Religiones. Sin embargo, aunque la historia y rol de la Gran Diosa Madre en las tempranas civilizaciones sea algo conocido más bien en los círculos académicos, eso no significa que sus proyecciones no hayan calado en el inconsciente colectivo, y se encuentren un poco aquí y allá, en toda la cultura popular. Tenemos un ejemplo reciente, en un contexto radicalmente distinto, en la película Moana, por ejemplo; si la vieron, me entenderán. De todas maneras, intencional o no, esta lectura es la única que, en mi opinión, le da un sentido completo a una película que es bastante más interesante, subversiva y provocadora de lo que esperaban o de lo que querían las audiencias masivas. Aunque, claro, si todo esto, la publicidad lo vendió como una historia de terror en plan invasiones domésticas, entonces yo no sé qué otra cosa esperaban todos que sucediera.

Los productores: ¿Le damos el pase a un afiche que se manda un spoiler gordo sobre la película? ¿Por qué no, quién dijo miedo...?

jueves, 12 de octubre de 2017

Bastión Esperanza - "La señal hexadecadimensional".


Por primera vez en la Historia Universal, el ser humano había usado tecnología de teletransporte. Lo había hecho la nave espacial Ganímedes, para saltar desde la órbita del planeta Esperanza hasta la cara oculta de la Luna Mayor, emplazándose exactamente encima del centro mismo de la gargantuesca base de cerca de mil kilómetros cuadrados que los arzawe habían construido y seguían construyendo ahí.

El Capitán Chu sintió que el sudor empezaba a correr por su rostro. En realidad era sumamente desagradable ser el capitán de una nave sobre la cual no tenía ningún control, porque Ganímedes sólo hacía lo que Alba le ordenaba que hiciera. De manera que el Capitán Chu abrió comunicaciones con el doctor Wilkinson, vía menterminal.

– Doctor. Me imagino que Alba recuperó la conciencia y está saludable y de lo más bien, ¿verdad?

– Sí, señor, ¿por qué la pregunta…?

– Ya no estamos orbitando sobre Esperanza, sino sobre la Luna Mayor. De alguna manera, Alba teletransportó la nave entera casi 400.000 kilómetros en el espacio profundo, en cosa de un segundo. Y si ella no hace algo al respecto, estamos como patos en una galería de tiro. Lo que sea que Alba haya hecho para ponernos acá, que nos lleve de regreso a Esperanza de inmediato, o usted, yo, la nave y todo el resto de la tripulación, o nos van a derribar o nos van a volar en el espacio.

En la enfermería, el doctor Wilkinson intentó hablar con Alba. En ningún otro minuto de la vida le hubiera gustado estar a piel descubierta y con el rostro al aire, en vez de protegido en el interior de un traje NRBQ, para que el contacto fuera más humano.

Alba, débil y todo, se las había arreglado para sentarse en su cama sin asistencia. Su rostro, por lo habitual dulce y gentil, se había transmutado en una expresión dura y pétrea, los labios muy tensos, la mirada hundida en un punto imaginario del espacio, toda ella en tensión extrema. Sus indicadores médicos volaban a niveles muy riesgosos para la salud.

– Alba… Alba… – dijo el doctor Wilkinson, pero era en vano: ella se negaba a escuchar a nadie.

Mientras tanto, desde la base arzawe empezaron los disparos en contra de Ganímedes. Y el Capitán Chu tenía razón: en esa posición, Ganímedes era un blanco increíblemente fácil.

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Escalante, siempre seguido por Brown y Seong, avanzaban por los pasillos. Los mismos eran en general bastante simples de seguir: parecía que la nave en su interior tenía una estructura radial, con corredores que conectaban de manera casi directa la superficie de la nave con su núcleo. Por el camino aparecían algunos decápodos, pero el trío ya estaba aprendiendo como lidiar con ellos, y se las arreglaba para despacharlos con facilidad bastante asombrosa.

– Y sólo nos costó las vidas de Hilmarsson, y quizás la de Lincopán – musitó Escalante, con amargura. – Y quién sabe la de cuánta más gente.

El trío avanzaba con dificultad creciente porque los pasillos se estrechaban. Por suerte, eso significaba que los decápodos también lo tenían más difícil. Los decápodos en general eran de tamaño mucho menor a los golem, aunque debido a sus patas muy aguzadas, cuando se incorporaban podían dar la sensación de ser muy grandes.

Finalmente llegaron hasta otra de esas válvulas húmedas y palpitantes. Esta era demasiado pequeña como para que pudieran pasar los golem. Pero era muy probable que al otro lado estuviera el centro de mando de la nave, o lo que hiciera las veces de tal.

Escalante decidió salir del Golem Mayor, rogando para sus adentros que ni los decápodos ni algún arzawe supiera cómo meterse y usarlos. Hizo señales a sus dos subordinados. Brown y Seong sacaron las cabezas.

– ¡Seong! Usa tu golem para abrir esa puerta, o lo que sea. Luego nos cubres. Brown, tú y yo entramos.

– Sí, señor – dijeron Brown y Seong casi al unísono. Seong volvió a meter su cabeza en su propio golem, mientras que Brown por su parte se salió completamente del mismo. Tanto Brown como Escalante sacaron sus armas de servicio, y flectaron los brazos, llevando las armas cerca del rostro, listos para usarlas. Brown se puso a un lado de la puerta, Escalante al otro.

Seong golpeó la válvula. Otra vez, y luego dos o tres veces más. Hasta que ésta cedió, se abrió…

Brown y Escalante entraron apuntando a lo que se moviera, pero no alcanzaron a disparar: desde el interior salieron tentáculos muy rápidos, que los golpearon y arrojaron al suelo.

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– ¡Capitán! – dijo Sadozai. – ¡Nuestros niveles energéticos se incrementan exponencialmente! ¡Se está saliendo de todas las escalas!

– Maldición, ahora qué – dijo el Capitán Chu.

La base arzawe en la superficie atacaba con disparos de energía en contra de Ganímedes, pero el escudo deflector estaba operativo, y ningún disparo estaba tocando a la nave humana.

Mientras tanto, siguiendo órdenes del Capitán Chu, Nakamura había ido con rumbo a la enfermería. Entre Nakamura y el doctor Wilkinson, todos trataban de que Alba les dijera algo, cualquier cosa. Pero Alba se había empecinado en aislarse de todos, de manera que estaba ahí, quieta, sentada en un rictus que casi, casi, podía ser leído como odio.

– Alba… piense en Numerio… si nos atacan acá, también Numerio… – dijo finalmente Marelize.

– ¿Cómo está Numerio? – preguntó Alba, sin abandonar su posición ni mirar a nadie.

– Se mantiene estable – dijo el doctor Wilkinson. – Alba, tenemos que…

– Voy a defender a Numerio, doctor – dijo el doctor Wilkinson.

– Jean – corrigió el doctor Wilkinson, con suavidad.

– Voy a defenderlo, doctor – repitió Alba. Y luego, no dijo nada más. Nakamura, el doctor Wilkinson, el resto de la gente intentó por todos los medios hablar con Alba, pero era inútil.

En el puente de mando de Ganímedes, Sadozai se dirigió nuevamente al Capitán Chu.

– ¡Señor! Ya no tenemos escala para medir esta concentración energética. Simplemente no hay energía en toda la nave para alimentar esto… pero sigue creciendo.

– Eso es imposible. ¿Ganímedes está extrayendo energía desde la nada? ¡Eso viola todas las leyes físicas conocidas! – restelló el Capitán Chu, sintiendo algo que sólo podía ser definido como una especie de terror cosmológico frente al vacío infinito.

Alrededor de Ganímedes se había creado una burbuja energética tan grande, que la mismísima nave se había vuelto invisible a cualquier detector; desde el exterior, sólo la burbuja parecía estar ahí.

Y de pronto, lentamente, la burbuja empezó a extenderse hacia abajo, hacia la Luna Mayor, recta en la vertical de la misma. La burbuja se extendió, se extendió otro poco, se extendió un poco más… y cuando se estabilizó, toda la energía se descargó de golpe.

Toda la energía recolectada por Ganímedes golpeó de inmediato la superficie como un martillo de un millón de toneladas dejándose caer sobre una película de hielo sobre un lago. La energía no sólo incineró cualquier cosa que hubiera en la superficie cerca del punto de impacto, sino que excavó hacia las profundidades, empujada por una fuerza incontenible, y penetrando varios kilómetros hacia abajo, empezó a ramificarse, en direcciones quebradas siguiendo las grietas en la roca, buscando y escudriñando. Las ramificaciones más energéticas consiguieron taladrar el recorrido completo de la corteza de la Luna Mayor, llegando hasta el manto mismo. Cuando cesó la energía, el líquido viscoso, metálico e incandescente del manto empezó a aflorar, y llegó hasta la superficie misma, saliendo burbujeante desde las entrañas de la Luna Mayor, y empezando a llenar lo que ahora era un gigantesco cráter. Allí en donde estaba la base arzawe, ya no quedaba prácticamente nada que pudiera ser detectado desde Ganímedes.

– Señor, los niveles energéticos están regresando a la normalidad – dijo Sadozai.

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En el Centro de Comando, el Comandante Luca había encajado muy mal las noticias de que Ganímedes se había simplemente desvanecido en el aire, como si nunca hubiera estado ahí. Por supuesto, estando en la cara no visible de la Luna Mayor, Ganímedes no era visible desde Esperanza, y como el teletransporte no era algo factible con la tecnología humana del momento, nadie hubiera pensado en buscar ahí. Por eso, las otras novedades le asombraron más.

– ¡Señor, hemos detectado una enorme… descarga de energía… en la cara oculta de la Luna Mayor! No conocemos el lugar preciso, pero… véalo por usted mismo. Es enorme.

Mientras evaluaban lo que eso significaba, otro de los subordinados del Comandante Luca hablaba:

– ¡Señor, las naves enemigas en la órbita se están retirando! ¡Están regresando a la Luna Mayor!

– ¿Y la nave en Ciudad del Progreso?

– No se mueve, señor. Cada vez más tropas nuestras están alrededor de ella, y estamos terminando de doblegar sus defensas.

– Eso quiere decir que ganamos la batalla – dijo el Comandante Luca, incrédulo, y al escuchar esto, los operadores estallaron en salvas instantáneas de júbilo. – ¡No sean estúpidos! ¡Verifiquen primero la información! ¡No queremos que nos den alguna clase de última sorpresa!

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A unos 3.600 años luz de la Tierra, un muy grueso cinturón de asteroides de varias horas luz de ancho, orbitaba alrededor del centro de gravedad provisto por una estrella doble. Aunque hubieran existido planetas, y no los había, ninguno hubiera tenido temperaturas estables para mantener vida biológica, o por lo menos, no la clase de vida biológica multicelular basada en el ADN conocida por los seres humanos. Y sin embargo, en el interior de los billones de asteroides había una intensa actividad energética. La misma giraba en torno a vórtices de energía invisible que orbitaban alrededor del centro de gravedad de la estrella doble, interactuando con ella con matemáticas demasiado avanzadas para que un cerebro humano pudiera comprenderlas por sí mismo.

A uno de esos vórtices afluyó una determinada corriente energética codificada para descifrado de los detectores. El mensaje era claro. Traducido a términos humanos, hubiera significado algo así como: “Actividad energética hexadecadimensional en el sector HHRN78G”.

Los vórtices empezaron a dialogar consigo mismos. La parte de ellos que estaba en nuestro propio universo se movían en términos anárquicos, pero la parte de ellos que se radicaba en el universo hexadecadimensional, generaba triángulos y cuadrados de geometrías que serían consideradas como imposibles en nuestro propio continuo espaciodimensional.

Esos triángulos y cuadrados hexadecadimensionales dialogaban consigo mismos, intercambiándose toda clase de ecuaciones matemáticas. Estaban evaluando la situación. Aquella señal de actividad energética hexadecadimensional procedía de un sector en donde no se había reportado tal. Un grupo de estrellas en el cual, los últimos reportes indicaban que no había civilizaciones de ninguna clase. Los vórtices ignoraban la existencia de una primitivísima raza de bípedos cuya información básica estaba codificada en moléculas de ácido desoxirribonucleico que, en ese sector, había bautizado a esos planetas con nombres tales como la Tierra, o Esperanza. Y a fortiori, ignoraban que esos bípedos estaban emprendiendo sus primeros tímidos intentos de colonización estelar.

Los triángulos y cuadrados hexadecadimensionales arribaron a la conclusión de que los datos eran insuficientes para determinar de manera inequívoca la naturaleza del fenómeno. Podía ser una señal de civilizaciones desconocidas en el lugar; se habían reportado choques entre los arzawe, los cervati y los menqualia en varios sistemas estelares del sector, aunque muchos años luz más cercanos al núcleo galáctico. Pero también podía ser un fenómeno natural, e incluso un fallo en los sistemas de detección, que nunca funcionaban al ciento por ciento en el universo de tres dimensiones espaciales y una temporal. De manera que los vórtices decidieron recopilar más antecedentes antes de tomar una decisión, aumentando la observación en la zona, en búsqueda de nuevos posibles destellos de energía hexadecadimensional, antes de que ellos, el Polígono, pasaran a la acción.

つづく

martes, 10 de octubre de 2017

Medio milenio de Reforma Protestante (1 de 4).

Martin Lutero: Su nombre es peligro.
El próximo 31 de Octubre de 2.017, se cumplen 500 años desde uno de los eventos más importantes de la Historia Universal: la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero. Evento desde el cual, y esto debería ser de cultura general, surgió todo el frondoso árbol religioso del Protestantismo. Aunque publicación en este caso, debemos tomárnoslo en un sentido especial. La costumbre de la época era agarrar el manuscrito, y clavarlo en la puerta de la catedral, como señal de que algún impertinente estaba dispuesto a abrir un debate doctrinal; en este caso, la elegida fue la Catedral de Wüttemberg en Alemania. Hoy en día lo hubiera posteado en Facebook y hubiera etiquetado a unos cuantos amiguetes, y con un poco de suerte, se habría vuelto viral. Podría haber sido un debate académico más, pero las famosas 95 tesis fueron el equivalente a arrojar un fósforo encendido al interior de esas habitaciones llenas de TNT de los cortos animados de Looney Tunes. El incendio fenomenal subsiguiente, ni se ha apagado ni tiene trazar de querer, incluso 500 años después. En su minuto ya recordábamos un aniversario número 500 en la Guillermocracia, a propósito del medio milenio de El príncipe de Maquiavelo, por allá por 2.013. y ahora ha llegado el turno de este otro aniversario número 500, al cual, por su importancia capital, le dedicaremos nada menos que una serie completa de posteos, para que a los amigos de la Guillermocracia nada les falte.

Martín Lutero es uno de los personajes más controvertidos en la Historia Universal. Se lo ha visto como un adelantado del individualismo moderno en contra de los discursos universales impuestos por la Iglesia Católica. O como un general dentro de la guerra de clases en contra del Feudalismo. O como la encarnación del espíritu alemán versus el internacionalismo eclesiástico. O como el demonio salido de los antros del infierno que destruyó la unidad cristiana de Occidente. O como un vampiro salido de las tinieblas del oscurantismo escolástico en contra de la ciencia moderna. Todas estas visiones tienen algo de correcto, y también algo de falso. Martín Lutero es un personaje sin lugar a dudas complejo y fascinante, y aunque es posible especular que, dadas las circunstancias, la Reforma Protestante iba a ocurrir más tarde o más temprano, se necesitó de un hombre con el temperamento de Lutero para llevarla a cabo.

Por supuesto, el nombre mismo de Reforma ha sido debatido. Todo depende de qué es lo reformado... y en qué bando se encuentra uno, por supuesto. Para los protestantes, la cosa estaba clara: ellos estaban reformando el Cristianismo. Según ellos, no para inventarse algo nuevo, líbrenos el Señor de tal cosa, sino por el contrario, para reinstaurar el viejo Cristianismo de toda la vida, el que existía en sus comienzos antes de ser secuestrado de manera ilegítima por la Iglesia Católica. Los historiadores católicos, en cambio, partiendo de la base de que la Iglesia Católica se la supone la única y verdadera depositaria de la fe en Cristo Jesús, proclaman que los protestantes no son verdaderos reformadores porque ellos al negar la autoridad de la Iglesia Católica se habrían puesto afuera del verdadero Cristianismo desde el día uno, y la única reforma legítima sería la llamada Contrarreforma, la impulsada a mediados del siglo XVI por el Concilio de Trento. En cuanto a nosotros... usaremos la nomenclatura tradicional de Reforma Protestante y Contrarreforma católica simplemente porque es la más usada, y por lo tanto, todo el mundo la entiende. Ya ustedes sacarán sus conclusiones acerca de si la terminología es adecuada o no.

Para hacer un relato lo más completo posible, iniciaremos nuestro relato en el siglo IV, todavía en tiempos del Imperio Romano, o sea, más de mil años antes de que naciera Lutero. En sus primeros siglos, el Cristianismo se había expandido por todo el Imperio Romano hasta tal punto, que la vieja política de perseguirlos e ignorarlos se había vuelto inoperante. Entró entonces en escena Constantino el Grande, Emperador que le dio un viraje a la política imperial tradicional, y protegió a los cristianos para cooptarlos en cuanto la fuerza política que eran. En el Concilio de Nicea del año 325, se fijaron una serie de doctrinas que conforman la base del Cristianismo desde entonces; por cierto, los obispos que formaron parte del Concilio fueron elegidos más o menos a dedo por Constantino, y por lo tanto, la doctrina cristiana fue utilizada como arma institucional en contra de lo que llamaríamos la disidencia. El resultado de todo esto fue una Iglesia Católica muy dócil y sumisa frente a los intereses imperiales; a este régimen llegó incluso a llamárselo Cesaropapismo. A finales del siglo IV, el Emperador Teodosio el Grande dio el paso definitivo que faltaba, y declaró al Cristianismo como religión oficial del Imperio Romano. Por cierto... los sobrenombres de "Grande" que llevan Constantino y Teodosio, se los adjudicaron los historiadores cristianos, adivinen ustedes por qué.

Buenas tardes, vengo a publicar 95 tesis para un simple debate académico acerca de cuestiones de Teología, nada que vaya a poner en peligro a la Iglesia Católica, o a Europa, o a los príncipes, o a los burgueses, o a...
En los siglos siguientes, luego del desplome del Imperio Romano, el Papado intentó recrear a éste de nuevo. El resultado fue el Sacro Imperio Romano Germánico. Entre los siglos VIII y XVI, la teoría política de Europa Occidental sostenía la existencia de dos autoridades supremas: el Papa por un lado, el Emperador por el otro. Las relaciones entre ambos nunca fueron excesivamente cordiales, porque como suele suceder habiendo dos poderes, cada uno quería mandar más que el otro. Sin embargo, en el Renacimiento surgieron poderes paralelos: las ciudades comerciantes por un lado, y el embrión de las monarquías nacionales por el otro. De pronto, debilitados, Papado e Imperio descubrieron que la única manera de mantener siquiera un rescoldo de orden feudal dentro del nuevo estado de cosas, era unir fuerzas. Esta alianza se vería incluso reforzada después de que Lutero clavara sus benditas 95 tesis, considerando algunas ramificaciones políticas que tenían las mismas.

Para contender con el Imperio, el Papa Gregorio VII (1.073 a 1.085) dotó a la Iglesia Católica de una estructura férreamente autoritaria. La idea era darle a la Iglesia Católica autonomía respecto del Imperio, y poder cumplir así su misión espiritual. Por supuesto, los sucesores de Gregorio VII interpretaron muchas veces esto como una especie de licencia moral, porque después de todo, eran los emisarios de Cristo en la Tierra, así es que, ¿cómo podía ser que hicieran algo mal, si todo era para mayor gloria del Señor? Así, a la vuelta de cuatro siglos, llegamos al famoso Papado Renacentista, un pozo de corrupción tan profundo, que era blanco más o menos abierto de las sátiras e invectivas de literatos como Giovanni Boccaccio o Erasmo de Rotterdam. Sería ingenuo explicar la Reforma Protestante sólo como una batalla de ideas. En la época, la Iglesia Católica era el mayor latifundista y banquero de Europa, y por lo tanto, cualquier cuestión doctrinal respecto de su autoridad iba a tener importantes repercusiones en la economía europea desde España hasta Polonia. Y por supuesto, mucho de la batalla de ideas alrededor de la Reforma Protestante tiene que ver con criticar el materialismo y la afición al lujo que la Iglesia Católica había ido adquiriendo de manera cada vez más acentuada a medida que iba terminando la Edad Media.

Un tempranísimo intento de construirse un orden espiritual que estuviera al margen de la Iglesia Católica, lo constituyó la herejía, o religión, a según el punto de vista, de los cátaros, a finales del siglo XII. La respuesta de los poderes establecidos fue brutal: con la venia del Papado, Felipe Augusto el rey de Francia lanzó la Cruzada Albigense en contra de los cátaros. De esa época datan inventos como la Santa Inquisición, o la costumbre de quemar a los herejes en hogueras. Y claro, así cualquiera aprende, así es que no hubo nuevos movimientos que buscaran escindirse de la Iglesia Católica, y que llegaran a tener alguna relevancia. Sin embargo, el descontento en contra de la Iglesia Católica no hizo sino crecer, de manera soterrada pero visible, conforme también crecía la burguesía. Siglos después surgió la figura de John Wycliffe, teólogo y predicador inglés que a finales del siglo XIV las emprendió contra la Iglesia Católica, con argumentos teológicos en la mano. Entre otras cosas, Wycliffe planteaba regresar a la modestia de los tiempos evangélicos, a renunciar a los lujos, etcétera. Hoy en día, lo hubieran llamado comunista o poco menos. Como sea, Wycliffe es considerado como el más temprano precursor de lo que después vendrá a ser la Reforma Protestante.

Wycleff tuvo sus lances con las autoridades eclesiásticas y civiles, pero salió más o menos bien librado. Murió calentito en su cama, por lo menos. Pero la prédica de Wycleff inspiró a otro predicador llamado Jan Huss, en Praga, Bohemia. Huss también murió calentito, pero en la hoguera como hereje. Huss llegó más lejos que Wycleff y llegó a predicar incluso que la Iglesia Católica y el Papado en sí estaban incurriendo en posible herejía, debido a que su afición al lujo y esplendor eran contrarios a la prédica evangélica. Huss fue llamado al Concilio de Constanza, en 1.415, para explicarse y justificarse en sus dichos. Sus amigos le rogaron que no acudiera a la cita porque temían que lo capturaran y ejecutaran. Pero el Emperador Segismundo le ofreció un salvoconducto, y Huss, aceptándolo como garantía, y siendo muy en el fondo el tipo amable y buena tela que parece haber sido, viajó de buena fe al Concilio. Era una trampa, por supuesto: con la excusa de que las promesas hechas a herejes eran nulas según el Derecho medieval, Huss fue condenado como hereje y apresado, luego de que el salvoconducto fuera anulado, de manera técnicamente legal, por cierto. Lo ya dicho: Huss fue ejecutado en la hoguera, como decíamos, ese mismo 1.415. No sobra incluir esta historia en nuestra relación: es muy posible que el trato traicionero dado por la Iglesia Católica a Huss, haya influido en la actitud más beligerante que tuvo Lutero, un siglo después.

Jan Huss en la hoguera: Con argumentos teológicos como éste, cualquiera entiende.
Aparte de lidiar con el Husismo y el entonces llamado Cisma de Occidente, el Concilio de Constanza declaró la voluntad de reformar a la Iglesia Católica, para eliminar algunos de sus vicios más graves. Declaraciones de buenas intenciones, pero que fueron quedando aplazadas, y al final no se cumplieron. En realidad, estamos ante lo que podemos llamar el signo de los tiempos. En el siglo XV, la burguesía se había transformado en la fuerza económica predominante de Europa, y numerosos jerarcas eclesiásticos se reclutaban entre sus filas. La mentalidad de la burguesía era hedonista, individualista y materialista, lejos del pietismo, la caridad y la espiritualidad que, se supone, deberían ser el sello de todo buen cristiano. Por supuesto, muchos se metían a la carrera eclesiástica, o eran enviados ahí por los poderosos, para escalar posiciones y hacerse de poder para sí y sus familias. Esto explica por supuesto el famoso Papado Renacentista, en el cual un tipo como Alejandro VI, de la familia Borgia, podía darse el lujo de tener hijos bastardos con concubinas, y además, convertirlos en príncipes, como el caso de su bastardo César Borgia. Y que además lo interprete Jeremy Irons, de entre todos los actores más o menos sórdidos disponibles.

Y sin embargo, la crisis ya estaba montándose. La nueva vida de derroches eclesiásticos exigía más recursos que nunca. Y el Papado se montó el negocio del siglo: poner a la venta la salvación del alma. La lógica es que la Iglesia Católica tenía, se supone, el poder de absolver los pecados y por tanto abrir las puertas de la salvación eterna... y estaba dispuesta a hacer esto a cambio de un módico precio en dinero, que el fiel pagaba a manera de penitencia y con mucha contrición, no se crea otra cosa vil. Era en definitiva un verdadero contrato por el cual se podía literalmente celebrar la compraventa con la salvación del alma como producto a ser vendido para el mercado consumidor. El pobre paleto se creía salvado de a saber qué infierno real o imaginario, el Papado se llevaba algunos pingües beneficios por aliviar la mala conciencia de la gente, y nadie regresaba del Más Allá para reclamar porque no le hubieran validado el seguro, así es que todos felices, ¿quién dice que el libre mercado con un productor monopólico acaparando la oferta, no funciona...? El documento por el cual se acreditaba el pago y por tanto la salvación, era la indulgencia. No es que las indulgencias no existieran antes del Renacimiento. Las primeras se vendieron en la época de las Cruzadas, como medio extraordinario para financiar las mismas. Pero sucedió lo que de costumbre, cuando un negocio resulta bueno: expansión.

Así, el negocio de venta de indulgencias alcanzó niveles grotescos, más propios de la maquinaria propagandística moderna que de una institución pía destinada a cuidar por el bienestar espiritual de su rebaño. Se crearon incluso eslóganes, el más famoso de los cuales es: "En cuanto el dinero cae en el cepillo, el alma vuela al cielo", el cepillo para recolectar limosnas, entiéndase... Aquí sólo falta el ruidito de caja registradora de los cartoons para ser más publicitario. El Papado por su parte incrementó la eficacia del negocio, externalizando el mismo a príncipes seculares para que cobraran las indulgencias, quedándose con una parte por supuesto, no como comisión, por favor, mal pensada que es la gente, sino sólo como... ¿gastos de corretaje y administración? Sí, digámoslo así. Mientras tanto se armaba esta estructura financiera, predicadores muy motivados recorrían los campos y subían al púlpito en busca de clientes dispuestos a dejarse algunos cuartos en la salvación del alma. Y la gente caía porque, después de todo, aún se creía que la Iglesia Católica tenía algún poder respecto de la salvación de las personas; hoy en día, la cosa se pone mucho más en duda, por supuesto. El negocio de las indulgencias era la máxima expresión de una Iglesia Católica que se había rendido al capitalismo puro y duro, al libre mercado, al lucro y la ganancia, para rechifla de los humanistas... y crítica despiadada de los protestantes que estaban por venir.

Debemos hacer un paréntesis aquí porque no puede entenderse la Reforma Protestante sin aludir a otro notable invento de la sociedad burguesa del siglo XV: la imprenta de tipos móviles. No es que las imprentas no existieran antes, pero solían consistir en planchas, habitualmente de madera, llamada xilografías, usadas para imprimir grabados o naipes. Lo revolucionario del invento del alemán Johannes Gütemberg en 1.453, fue haber descubierto una aleación lo suficientemente dura como para aguantar la presión de una prensa, y usar esta aleación para fabricar letras cuyos lugares podían intercambiarse entre sí: ahora, los mismos tipos móviles que servían para imprimir la página de un libro, podían ordenarse otra vez para imprimir la página siguiente, en vez de confeccionar una plancha entera nueva, con lo que el costo de imprimir libros disminuyó de manera brutal. Eso significó que a comienzos del siglo XVI, un tipo como el humanista Erasmo de Rotterdam podía permitirse el lujo de escribir un texto que satirizaba a toda la sociedad de su tiempo, Iglesia Católica incluida, llamada Elogio de la locura... y todo el mundo lo leía. Todo el mundo que sabía leer y escribir, por lo menos. De manera inadvertida, esto creaba para la Iglesia Católica un peligro adicional: si en vez de escribir sátiras, alguien decidía publicar panfletos con argumentos teológicos, toda Europa podría leerlos. O dicho de otra manera: si surgía un nuevo Jan Huss, sus ideas peligrosas y radicales podían llegar incluso más lejos y tener consecuencias mucho más catastróficas. Alguien como un tal Martín Lutero, por ejemplo.

Las balas del diablo. Les dan la tecnología, y luego la usan para lo que la usan...
Y llegamos finalmente hasta el gran personaje de la Reforma Protestante: el tantas veces mencionado Martín Lutero. Uno de los personajes más controvertidos de toda la Historia Universal, y el responsable de echar a andar un movimiento que acabaría por demoler la unidad espiritual de Occidente, sea que consideren ustedes esto algo como bueno o malo. Lutero no lo hizo en solitario, por supuesto, ya que vinieron otros pensadores, teólogos, predicadores e incluso hombres de armas que siguieron sus pasos. Incluso la sociedad misma ya tendía en esa dirección, como lo esbozábamos, aunque la Iglesia Católica, guardiana de la unidad espiritual de Occidente, no estaba tomando nota. Pero los inicios de la Reforma Protestante, y la manera en que se articularon las ideas protestantes en sus primeros días, se encuentran en íntima relación con la biografía y temperamento de Martín Lutero, el iniciador.

Martín Lutero nació en 1.483. Su infancia parece haber sido desgraciada. Aparentemente, su padre era un maltratador cuya idea de educar a los hijos era darle palizas. Es muy posible que esto haya influido en que Lutero desarrollara una personalidad un tanto neurótica, y también, ya tendremos ocasión de verlo, propensa al autoritarismo. El padre de Lutero era un burgués que aspiraba a que su hijo estudiara Derecho, y así pudiera seguir con los negocios familiares cuando él mismo ya no estuviera en condiciones de hacerse cargo. Pero sucedió un accidente: encontrándose el joven Lutero en un paseo campestre en 1.505, estalló una tormenta de rayos. Aterrorizado, Lutero prometió hacerse monje si se salvaba. Es posible que ayudara que por ese tiempo había muerto un amigo de Lutero, y esa es la clase de eventos que suelen llevar a hacerse preguntas: por qué se murió él y no yo, si acaso yo soy digno para la salvación, cómo puedo hacerle para ser mejor persona, si acaso soy el Ultimo Hijo de Krypton, etcétera. Cuando Lutero abandonó el Derecho para empezar sus estudios de Teología, su padre se llevó una enorme rabieta. Y no iba a ser el último, por supuesto. Hoy en día Lutero está muerto, pero más de alguien se lleva rabietas con los protestantes, y a la inversa, los protestantes también se llevan las suyas con el resto del mundo. Como sucede con toda religión, por lo demás.

En sus tempranos estudios de Teología, Lutero entrará en contacto con las tesis del Nominalismo, una rama tardía de la Escolástica que había florecido en el siglo XIV. El más famoso nominalista es probablemente William of Ockham, famoso por la Navaja de Ockham: entre dos maneras de afeitar una misma barba, deberías usar la que requiera menos cortes. O algo así. Pero los nominalistas eran mucho más que expertos en rasurado. De los nominalistas, Lutero tomará la idea de que la razón es débil e insuficiente para entender las leyes o ideas divinas, y que en realidad Dios, siendo el ser omnipotente que es, tiene arbitrio completo para decidir la moral, las leyes, lo que es bueno y lo que es malo. Esto va en dirección opuesta a la noción clásica tomista, según la cual la razón humana sí tiene poder para llegar a comprender el orden divino, ya que entrada existe algo que podemos llamar un orden divino, aunque no sin ayuda de la Revelación, por supuesto. La idea de que Dios es un ser al mismo tiempo arbitrario y omnipotente es terrorífica, a poco que lo piensen: hoy en día eso lo llamamos Horror Cósmico, y es un escenario digno de los escritos de Howard Phillips Lovecraft, sin ir más lejos. Pero para Lutero, curiosamente, esta idea le daba algún consuelo de ella: el arbitrio divino quiso que Lutero se transformara en el azote de la Iglesia Católica en vez de, digamos, acabar achicharrado en una tormenta de rayos, o devorado por Nyarlathotep. Casi como las ficciones de zombis: a nadie que le gusten éstas, piensa que va a ser un zombi en el apocalipsis zombi. Así, cualquiera se conforma con la Voluntad de Dios, por muy cthulhesca que ésta sea. Digo yo.

Entre 1.510 y 1.511, Lutero viajó a Roma. En aquellos años, Roma era una ciudad de lujo y esplendor. Los Papas de los últimos cincuenta años habían impulsado una vasta campaña de obras arquitectónicas para mayor gloria de la Santa Iglesia Católica. El Papa Sixto IV levantó la Capilla Sixtina, y uno de sus sucesores, Julio II, había contratado a Miguel Angel para que la decorara con sus famosos frescos, en los cuales trabajaba exactamente en la misma época de la estancia de Lutero en la Ciudad Eterna. En 1.506, por su parte, habían comenzado las obras para la erección de la Basílica de San Pedro, que se iban a prolongar durante el siguiente siglo y medio. Las piedras destinadas a la construcción salieron del Coliseo, que desde ese entonces está en ruinas; una letrilla hizo alusión a Bramante, el arquitecto a cargo, burlándose de esto: "Donato Bramante, maestro arruinante". Y estaba por supuesto, todo el lujo de la corte papal. Lutero fue testigo de esto, y se preguntó con toda su visceralidad: ¿en dónde está la pobreza evangélica, en todo esto? En años posteriores, Lutero pasará a considerar y acusar de manera literal a la Iglesia Católica como Babilonia la Grande, la Gran Ramera del Apocalipsis, y al Papado como el Anticristo. Cuando a Lutero le caía gordo algo o alguien, le caía gordo como pelota, como pueden ver.

Pobreza evangélica en Roma.
Después de su viaje a Roma, Lutero prestó atención mayor al Agustinismo, las doctrinas defendidas por Agustín de Hipona en el siglo V. El Agustinismo es inherentemente pesimista: sostiene que el ser humano es prácticamente incapaz de nada bueno si no está la Gracia de por medio, debido a la tiranía del Pecado Original. Gracias por nada, Adán. Pero Dios comunica la Gracia, y a través de ella, los seres humanos son salvados. Lutero llega al extremo de negar el libre albeldrío porque todo acto que procede del hombre es pecado mortal. La única posible justificación es la fe, la cual no viene de los hombres sino que es un beneficio divino. En carta del 1 de Agosto de 1.521 a Melanchton, otro famoso reformador, escribirá una frase famosa al respecto: "Peca fuertemente, pero cree con más fuerza aún" ("Pecca fortiter, sed fortius crede"). Creer lleva a la salvación, sin que importen las obras. Y Lutero era un tipo con mucha, realmente mucha fe. Pero, ¿qué pasa si una persona con mucha fe, elegida por la Gracia de Dios, realiza malas obras? En el esquema luterano, esto es imposible: la buena fe lleva de manera automática a las buenas obras. No será el primer caso de teólogo que se invente todo un sistema filosófico para sentirse un poco más a gustito con su propia neurastenia personal.

Por supuesto, la doctrina luterana no es inocua. El principal problema del Luteranismo es que una persona pasa a ser buena si cree en las cosas correctas. Ahora bien, las cosas correctas tienden a ser aquellas que la persona que cree, considera correctas. Piénsenlo. Un fulano que se dedica a degollar chicas un poco en plan Christian Bale en Psicópata Americano porque oye voces en su cabeza y cree estar cumpliendo la voluntad de Dios, muy en el fondo cree en Dios, y tiene una fe inquebrantable en Dios... y por lo tanto, según esta mentalidad, está destinado a la salvación. ¿Y la degollina de chicas, qué? ¿Debemos aceptarla como parte del Plan de Dios...? Puede parecer un ejemplo extremo y caricaturesco, y lo escribí así de manera intencional para resaltar el punto, pero podemos aplicar esto a situaciones más de la vida real. Recordemos la poquísima culpa con la cual los protestantes anglosajones exterminaron a hordas y hordas de nativos en Norteamérica, Africa, Asia y Oceanía... pero estaba bien, según ellos, porque estaban cumpliendo la Voluntad de Dios. Y eran hombres de fe. Y de los Neocon que consideran la devastación del tejido social y la depredación del medio ambiente como parte del Plan de Dios, mejor no hablemos. No todos los protestantes anglosajones eran luteranos, claro, pero todas las doctrinas protestantes arrancan, de una manera u otra, desde estos planteamientos luteranos, con todo lo que eso significa.

En esos años, Lutero dirigió su atención a la gran cuestión económica de su tiempo: el tráfico de indulgencias. La doctrina luterana según la cual la salvación está en la fe y no en las buenas obras, tenía una consecuencia práctica respecto de las indulgencias: las hacía inválidas. Dicho más claro: desde la perspectiva luterana, si se paga una indulgencia sin fe, la indulgencia es inútil para garantizar salvación alguna, y si se tiene fe, no es necesario pagar indulgencias en primer lugar. Lutero se posicionó así en contra de las indulgencias, y llevado por el celo evangélico, se ofreció a debatir sobre el asunto a la manera en que era costumbre por aquellos días: clavó un documento con 95 tesis en la puerta de la Catedral de Wüttemberg, el 31 de Octubre de 1.517. Y el primer martillazo sobre el clavo que sostenía el documento, fue también el primer martillazo que acabaría por destrozar la unidad católica de Occidente, en la llamada Reforma Protestante... como lo veremos en la próxima entrega de esta nueva serie de posteos, aquí en la Guillermocracia.

Lisa Simpson: ¡Uh! ¡He creado LUTERANOS! - ¡Uh, waffles!

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