miércoles, 7 de diciembre de 2016

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta - Episodio 1.


AMARNA, ANTIGUO EGIPTO. AÑO 1.334 A.C.

La corona de Amenofis IV, Faraón de las Dos Tierras, rodó por los suelos mientras su titular resbalaba, intentaba sostenerse en una columna, y después acababa tendido cuan largo era, boqueando horriblemente en un vano intento por encontrar aire con el cual llenar sus pulmones. Sus ojos ahora medio vitrificados, miraron con expresión de espanto hacia la mujer de contextura menuda, piel de tono moreno sin ser negro como los nubios, que parecía levitar en el aire con sus vestiduras ligeras y semitransparentes de lino.

– Tu maldición no será la plaga del hombre – dijo la mujer, mientras levantaba la copa que acababa de beber el monarca, sonriendo con sonrisa leve y algo taimada. – Debemos derrotar al Unico Dios.

– Nefer… mi esposa…

– ¿Nefertiti? – preguntó Neferneferuaten, y agachándose de manera ampulosa al lado del faraón agonizante, murmuró en su oído: – No te preocupes. Para ella será sólo el exilio, no la muerte.

Los ojos del faraón comenzaron a tornarse opacos. Su respiración se hizo más breve, siempre agitada, pero ya sin fuerzas para dar verdaderas bocanadas, o siquiera una inhalación regular.

– Salve Amón – dijo Neferneferuaten, levantando la cabeza con arrogancia, mientras Amenofis IV, que había tomado el nombre de Akenatón en honor a Atón, el Unico Dios, y había recibido el sobrenombre de Faraón Hereje y Faraón Maldito, cerraba finalmente los ojos.

Más atrás, casi como deslizándose, apareció un eunuco detrás de una columna.

– Ya está hecho, Ahmes – dijo Neferneferuaten. – Las Dos Tierras ahora están libres de la tiranía del Unico Dios. Atón ya no es más. Ve y dile a Horemheb que comience la purga. Y dile que ahora es… GENERAL Horemheb.

Este episodio se titula: “Construcción”.

SANTIAGO DE CHILE, CHILE. AÑO 2.016 D.C.

“BIENVENIDOS A CORONA DE AMENOFIS”, rezaba un cartel promocional puesto en la entrada de un terreno baldío en los faldeos precordilleranos, en el cual existía como única construcción, una verja de vigas de madera y alambre de metal, más una caseta de guardia en el portón principal. El cartel describía lo que, después de la construcción, terminaría siendo Corona de Amenofis: un condominio en donde las familias felices llegarían a iniciar una vida nueva y radiante.

En el lugar habían varios operarios manejando retroexcavadoras. Pero de pronto, algunos obreros comenzaron a hacer señales para detenerlo todo. El capataz, un hombre rechoncho y con un rostro que recordaba vagamente al de un bulldog, se acercó con pasos furibundos, dispuesto a hacer valer su autoridad como encargado de la obra.

– ¡A ver, qué está pasando aquí! ¡Aquí no me vienen a parar nada sin mi…!

– ¡Don Mariano, es que…!

– ¡Vicente, a ti te tengo aquí, mierda! – gritó don Mariano, llevando el dedo a la parte superior de la nariz, apuntando al espacio entre los ojos. – ¡Te estás yendo de patitas a la calle por…!

– ¡Don Mariano, por favor, mire eso! – gritó Vicente.

Don Mariano, siempre con el gesto agrio, se tornó hacia donde le señalaba Vicente. En el enorme socavón, había aparecido de pronto un agujero… un agujero dentro del agujero, dicho con exactitud.

– De pronto estaban cavando con la máquina aquí, y… mire. Se fue la máquina con todo abajo, y se cayó el Peyuco también por ahí… – explicó Vicente.

– Mierda, la Dirección del Trabajo nos va a hacer mierda con esto – farfulló don Mariano. – ¡Ya, bajen al agujero! Traten de ver si pueden sacarlo. Y por favor, ¡no se queden parados como tontos y vayan a llamar a una ambulancia! ¿Y dónde está la ingeniera?

La mencionada apareció. Era una chica de piel morena, ojos achinados y negros, que caminaba con seguridad, pero que al tratar con otras personas, parecía inclinar levemente su cabeza hacia adelante.

– Don Mariano, ¿qué pasa aquí?

– Que estaban metiendo retroexcavadora, y de pronto se hundió con todo. Ahí están tratando de ver si pueden encontrar al conductor, que parece que se fue mucho más abajo en el hoyo. Doña Llacolén, ¿no se supone que ustedes estudiaron el terreno aquí…? ¿Ah?

– Sí lo estudiamos, las características geológicas del suelo no hacen pensar en que podría ocurrir…

– Mire, doña Llacolén, con todo respeto, sita… Yo tengo que dirigir a este montón de imbéciles a hacer su pega, y cualquier accidente laboral, me llega a mí. Puedo hasta ir a la cárcel por esto, ¿me entiende?

– ¡Don Mariano! – gritó alguien desde el agujero. – ¡Mire esto! Parece como… losas… paimento

Mariano y Llacolén bajaron al agujero y miraron por su interior.

– Ahí tiene su respuesta, don Mariano – dijo Llacolén. – No es el suelo, es lo que había en él. Acaban de dar con un yacimiento arqueológico enterrado en el suelo.

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En el centro de Santiago, en el piso 27 de la Torre Dos Aguilas, se celebraba una importante reunión por parte de la plana mayor de la Constructora Ibis Blanco.

– Quien diría que los indios de mierda construían esas cosas – dijo un hombre mayor, de pelo ralo y cano, e increíblemente gordo, mientras intentaba acomodarse en el sofá. – Yo pensaba que lo único que hacían era ponerse plumas en el trasero y… qué se yo.

– En realidad son ruinas del período incaico. Fines del siglo XV o comienzos del XVI, don Leandro – dijo otro hombre, alto y esbelto, de pelo negro algo revuelto y mirada triste, vestido impecablemente de terno y corbata. – Los incas eran una gran civilización que…

– Ya, ya, Joaquín, eso qué importa, indios de mierda todos – dijo Leandro, mientras se movía en su sofá de manera tal, que parecía que con su gordura, iban a saltársele uno o dos botones del terno.

– Javier. Me llamo Javier – corrigió el hombre delgado, con suavidad.

– Javier, Joaquín, qué más da – dijo Leandro. – ¡Almendra! Dime, a ver qué hacemos.

Almendra Caballero era una mujer que parecía haber pasado la treintena. Tenía ojos cafés, pelo negro cortado en melena, el rostro alargado, y facciones duras que le daban un aspecto ligeramente masculino. Estaba sentada en el escritorio, de manera más casual que seductora, pero era un movimiento calculado: sabía que Leandro era un viejo verde, y suscitar su lujuria era una sutil manera de mantener un grado de control sobre quien era teóricamente su jefe.

– Javier… – dijo Almendra Caballero. – Tú eres el abogado. Dime cuál sería el procedimiento.

– Ajustándose a la ley… Tenemos que denunciar el hallazgo a la Gobernación Provincial, para que ésta mande a Carabineros a custodiar el lugar, hasta que lo entreguen al Consejo de Monumentos Nacionales para que lo excaven.

– ¿Están locos? – bramó Leandro. – ¿Vamos a parar esta inversión millonaria sólo porque unos indios de mierda se les ocurrió construir en el sitio que es nuestro? ¿Ah?

– Es lo dice la ley – dijo Javier. – De lo contrario… Multa de 5 a 200 UTM, más indemnización de perjuicios solidaria entre empresarios y contratistas por los daños que se ocasionen.

– Almendra – dijo Leandro, con expresión de enorme fastidio. – Sabes que no podemos permitir eso. Corona de Amenofis es uno de nuestros proyectos inmobiliarios más importantes. Dale la orden a… a… Mario… para que siga las obras. Que pasen máquinas por encima no más. A la mierda los indios.

– Mariano. El capataz se llama Mariano – dijo Almendra Caballero, con calma.

– Como sea. Pagamos la multa. Subimos las UFs de las casas, y con eso arreglamos las finanzas.

– No – dijo Almendra Caballero. – Es demasiado exponerse. Vamos a parar las obras por algunos días. Y… Javier… me dijiste que hay que hacer la denuncia al Gobernador Provincial, ¿no?

Javier asintió con la cabeza.

– Creo que no lo tenemos en la nómina. Pero no importa. Voy a consultar entre la gente, a ver quién puede mover tuercas con eso.

– Almendra, por favor. Si hablas con un juez, estamos cagados – dijo Leandro. – Pasemos máquina y…

– Don Leandro, pensaba en el Senador Luque. Ibis Blanco se puso con una cantidad de plata para su campaña, así es que es hora de cobrar. Además, el senador y el gobernador, creo que pertenecen al mismo partido, así es que todo va a ser mucho más fácil.

– Si ese hueón se da una voltereta, cagamos – dijo Leandro. – Ten mucho cuidado con lo que haces, Almendra, o todo el proyecto de Corona de Amenofis se viene abajo… y si eso pasa, tú te vas a la mierda con él. ¿Entiendes?

– Entiendo, don Leandro, dijo Almendra Caballero, con una mirada fría e inexpresiva.

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Cerrando las obras, Vicente y un grupo de obreros miraban en dirección a Llacolén.

– Está rica la huashaloma – dijo uno de ellos. – Mira ese culito, por Dios...

Vicente suspiró, y comenzó a caminar hacia Llacolén.

– ¡Güena, Bicho! – le gritaron los compañeros, y uno de ellos añadió en tono de burla: – A ver si se la va a engrupir este hueón.

Vicente se puso al lado de Llacolén, quien estaba abriendo su camioneta.

Sita Llacolén, si… me permite un minuto…

– Si, Vicente, dígame – dijo ella, con fría amabilidad.

– Oiga, mire… no quiero faltarle el respeto, pero… Mire… Resulta que yo soy medio mapuche, ¿sabe? Por parte de mi mamita. Y, bueno… igual no sé qué va a pasar con todo esto, pero… ¿no cree que deberían venir los del Gobierno, no sé, a ver esto, a excavar? Quiero decir, esto es lo que somos, y…

– Mire, Vicente. Usted siempre está metiéndose en problemas, y así es como don Mariano lo único que quiere es mandarlo de una patada afuera – dijo Llacolén, con dureza. Luego, bajando un poco el tono de voz, e inclinando levemente la cabeza hacia abajo, añadió con más calma: – Yo… igual he visto lo que hace. Es un buen compañero, defiende a los otros trabajadores, pero… esto es Chile. Yo, igual que usted, tengo sangre mapuche. Y por eso mismo, mucha gente me ha pasado por encima y me ha humillado en este país clasista de mierda en donde te miran por la plata y el color de piel. A mí me costó el triple sacar mi título de ingeniera porque siempre los profes y otros compañeros estaban tratando de tirarme para abajo, por ser mujer, mapuche, y pobre. Así es que… yo le digo, Vicente, y tómelo como un consejo de amiga, si quiere. No se meta en problemas. Si de arriba dicen que la cosa no va más por algunos días, no va más. Si usted sigue de conflictivo, va a quedar marcado de por vida.

Llacolén se subió a la camioneta, cerró la puerta, y luego abrió el vidrio.

– Vicente… Me parece admirable su actitud, muy admirable. Pero esto es Chile. Aquí nunca triunfan los buenos. Aquí nunca triunfa la justicia. Así es que… déjelo así.

Vicente vio el rostro de Llacolén desaparecer mientras ella subía de nuevo el vidrio de la camioneta. Pero en el rostro de ella no había ira ni desdén, sino por el contrario… ¿amargura, frustración?

Mientras la camioneta partía y desaparecía camino abajo por el despoblado precordillerano con rumbo al Valle del Mapocho, Vicente se acercaba al bus que se iba a llevar a los trabajadores. Allí, lo recibió el resto de la gente.

– Ahí te cagaron, Bicho, ¿no? Hueón… ella es una ingeniera. Es mucha mina pa’ ti. Vámonos, hueón.

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MISSELBURGO, MISSELDAVIA.

El teléfono celular sonó. En la oscuridad de la noche, una mujer de mediana edad, nariz algo aguileña y ojos grandes, lo agarró y lo contestó mientras se levantaba de la cama. En dicho mueble, un hombre de mediana edad y un tanto rechoncho se dio un par de vueltas entre las sábanas, y después levantó la cabeza y una parte del cuerpo, mientras la mujer, después de una breve conversación, cortaba.

– ¿Quién diablos era a esta hora, Belle?

– Almendra Caballero, desde Chile. Hay un problema con Ibis Blanco.

– OK. Ahora, vuelve a la cama, Annabelle – dijo el hombre, con el tono imperativo de quien acostumbra a no ser desobedecido.

– Lo siento, Goran, tengo que ver esto – respondió Annabelle. Luego, mirando la hora en el celular, añadió: – Va a amanecer en un par de horas más. Mejor me levanto y empiezo a prepararme para viajar.

– Annabelle, te necesito aquí. Ya sabes que ahora que faltan un par de meses para que Trump asuma la Presidencia, los rusos están más pesados que nunca. Para los misselianos, Chile puede esperar – dijo Goran, fastidiado. – Belle… Belle… ¿para dónde vas? ¡Belle, te estoy hablando, obedéceme! ¡Mierda! Maldita malagradecida, la saqué de ese agujero en Malta, y así me lo paga…

Annabelle, mientras tanto, se había ido a hablar por celular a otro lugar del departamento.

De manera inadvertida tanto para Annabelle como para Goran, otra criatura observaba todos sus movimientos. No se trataba de un ser humano, sino de una cucaracha; no de una estúpida y movida sólo por el instinto, sino de una con capacidades aumentadas vía cibernética. Escuchando la segunda conversación telefónica de Annabelle, abrió su propio canal de comunicaciones.

– Klunn, te estoy enviando un audio. Annabelle acaba de hablar con Almendra Caballero. Acaban de encontrar ruinas arqueológicas allí en donde se supone que van a construir Corona de Amenofis, y ahora está llamando a los agentes de la división de Arquitectura Oculta de Misseldavia para viajar con ellos a Chile.

– Bien, Flenn. Manténme informado. Acá me encargaré de mantener a Ibis Blanco bajo vigilancia. Klunn fuera.

Próximo episodio: Utendi et fruendi.

martes, 6 de diciembre de 2016

Doce preguntas sobre "Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta".


Mañana Miércoles 07 de Diciembre de 2.016, se publicará aquí en la Guillermocracia el primer episodio de la miniblogoserie "Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta". Como lo comentábamos en su minuto, CdA:AO es un reboot de la blogoserie Corona de Amenofis. Sin embargo, es posible que los lectores tengan muchas dudas acerca de lo que viene. Después de todo, no demasiada gente leyó Corona de Amenofis en su día, o está familiarizado siquiera con su universo mitológico. Además, considerando que se trata de un reboot, muchos podrán preguntarse qué va a pasar con el universo mitológico de CdA después de que CdA:AO termine. Por lo mismo, es que publicamos algunas explicaciones sobre CdA:AO, en formato de preguntas frecuentes o FAQ, para mayor comodidad de los lectores e interesados. Y sin más preámbulos, he aquí lo esencial sobre la miniblogoserie que viene.

1.- ¿Qué es "Corona de Amenofis"?

“Corona de Amenofis” fue una blogoserie que publiqué entre 2.007 y 2.012. Su argumento refería la vida en Corona de Amenofis, un condominio en apariencia como cualquier otro, pero en torno al cual intrigaban diversas fuerzas humanas, extraterrestres, e incluso desde más allá del tiempo. Se extendió a lo largo de 123 episodios, y se cerró de una manera relativamente inconclusa. En lo personal, aunque una subtrama quedó abierta, y algunas cuestiones quedaron sin respuesta, considero que el episodio 120 es el final de la historia, porque en el mismo se cierran las tramas de varios personajes al mismo tiempo.

2.- ¿Qué es “Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta”?

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta” es un reboot de “Corona de Amenofis”. O sea, partiendo de la misma premisa inicial de “Corona de Amenofis”, CdA:AO desarrollará su propia continuidad. La idea es que en CdA:AO, así como en las eventuales secuelas que puedan venir, los principales acontecimientos y arcos argumentales de “Corona de Amenofis” puedan ser recreados, ahora con un sesgo más moderno, y corrigiendo algunos problemas de continuidad.

3.- ¿Por qué un reboot en vez de una secuela?

Por dos razones. Por un lado, la continuidad original de “Corona de Amenofis” se había hecho demasiado compleja de seguir, y además, tenía unos cuantos errores lógicos de fondo, por lo que un nuevo comienzo era una manera de partir con los elementos mitológicos de la franquicia desde cero, con el beneficio de ir insertando los mismos de manera más orgánica desde el minuto uno. Y por otro lado, “Corona de Amenofis” nunca tuvo una cantidad de lectores suficiente como para justificar seguir esa continuidad. Las múltiples ideas que hubieran venido en los capítulos siguientes, espero poder incluirlas en las secuelas de CdA:AO.

4.- ¿Por qué el título tiene dos puntos en medio, no podría haberse llamado “Corona de Amenofis” o “Arquitectura Oculta” a secas?

En primer lugar, para distinguirla de la blogoserie original, porque ambas se encuentran en dos continuidades distintas. En segundo término, ante la posibilidad de que haya secuelas o spin-offs, que podrían tener títulos distintos, pero siempre conservando el título “Corona de Amenofis” para guiar a los lectores.

5.- ¿Por qué se llama Arquitectura Oculta?

Arquitectura Oculta es el nombre de un elemento mitológico de CdA:AO. Este no se encontraba presente en la blogoserie original, o sea, es una adición para esta continuidad. La inclusión de Arquitectura Oculta dentro de esta nueva continuidad redondea un concepto inherente a la mitología de la franquicia, que en la blogoserie original había quedado quizás un poco suelto o sin desarrollar. ¿Qué o quién es Arquitectura Oculta? Para saberlo, tendrán que leer CdA:AO...

6.- ¿La historia se ambientará en el presente, o en algún otro momento?

Una de las características de la blogoserie original, fue ceñirse a la marcha del tiempo de la publicación, de manera que la misma fue publicada entre 2.007 y 2.012, y en la cronología interna del universo de “Corona de Amenofis”, también pasaron cinco años, en los cuales los personajes crecieron y evolucionaron de manera congruente. Es decir, evitamos el famoso comic book time en el cual personajes como Superman están siempre en la veintena o treintena a pesar de llevar casi ochenta años de historias a sus espaldas. En un caso particular, un personaje que partió la blogoserie siendo una niña, al final de la misma era ya una preadolescente, mientras que un gato que era adulto al comienzo de la blogoserie, al final de la misma ya ha envejecido. CdA:AO seguirá el mismo concepto, de manera que será publicada entre finales de 2.016 y comienzos de 2.017, y los eventos que en ella se describen, transcurren más o menos en la misma época, no en un presente atemporal.

7.- ¿Qué cosas se mantienen desde la blogoserie original hasta CdA:AO?

En general, la premisa básica y el tono de la misma. Los personajes serán casi todos distintos, ya que el punto de partida es diferente, pero si hay secuelas, es de esperar que se incorporen los personajes clásicos de la blogoserie, reformulados en cierta medida para encajar mejor dentro de la nueva continuidad.

8.- ¿Qué cosas son diferentes entre la blogoserie original y CdA:AO?

Ambas tienen puntos de partida diferentes. La blogoserie original partía con la llegada de los primeros residentes al condominio Corona de Amenofis, mientras que CdA:AO parte con la construcción del mismo. Por lo mismo, sólo algunos personajes de la blogoserie original aparecen, entre ellos Almendra Caballero. En el evento de que se publiquen secuelas de CdA:AO, es de esperar que en ellas aparezcan más personajes antiguos, o mejor dicho, sus versiones respectivas en la continuidad de CdA:AO.

9.- ¿De qué manera vendrán las secuelas?

Probablemente como blogoseries aisladas. “Corona de Amenofis” se publicó un poco siguiendo el formato de las series televisivas de la época, a razón de temporadas de 24 capítulos semanales. Con el paso del tiempo, dicho formato de publicación se hizo insostenible, principalmente de cara a la continuidad, y a que se incorporaran nuevos lectores. La idea es que las potenciales secuelas sean más breves, y cuenten historias más autocontenidas, lo que permitirá por un lado que los lectores enfrenten una continuidad más liviana, y por el otro, expandir el universo narrativo vía potenciales spin-offs, en caso de que los lectores reciban la blogoserie con agrado.

10.- ¿Qué pasará con la blogoserie original, será republicada también?

No hay planes para ello por el minuto. Todos los esfuerzos en lo referente a la franquicia, están concentrados en CdA:AO, y si la miniblogoserie llega a tener éxito, en las potenciales secuelas que podrían llegar. Podría considerarlo si se formara una masa crítica de lectores, pero como no es el caso por el minuto, la idea ha sido descartada de momento.

11.- ¿Qué son esos pocos episodios de "Corona de Amenofis" que vi publicados en la Guillermocracia por allá por 2.011?

Son justamente eso, los primeros episodios de "Corona de Amenofis". Los mismos intentaron ser el inicio de un proyecto para republicar "Corona de Amenofis", en una versión levemente corregida para solucionar algunos problemas de continuidad interna, y por qué no, aprovechar de pulir la narrativa un poquito, en aquellos puntos que estuviera algo débil. Una especie de "Corona de Amenofis" en versión remix, si lo quieren poner así. Pero el ingente esfuerzo que esto significaba, más el escaso interés de los lectores en su día, llevó a que tal iniciativa quedara parada después de los primeros episodios. Por el minuto, como decía más arriba, no habrán más publicaciones de la blogoserie original, aunque los tres episodios ya publicados seguirán ahí, para los curiosos que deseen echarle un vistazo.

12.- ¿Puedes adelantar algo respecto del argumento?

Preferiría que no, para no soltar spoilers, pero algo esbozaré. En Santiago de Chile se está construyendo el condominio Corona de Amenofis, y durante la construcción, aparecen ruinas anteriores a la llegada de los españoles. Esto que parece un descubrimiento arqueológico, y que complica las cosas para la empresa Ibis Blanco, en realidad tiene ramificaciones mucho más complejas, en particular porque Ibis Blanco es una empresa que sirve de pantalla para los misselianos, los habitantes del país eslavo de Misseldavia, que a su vez tienen planes que abarcan, de una manera u otra, a toda la Humanidad...

Y no lo olviden. Mañana Miércoles 7 de Diciembre de 2.016, el primer episodio de "Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta", aquí en la Guillermocracia. Quedan cordialmente invitados a leerlo.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Por qué aprender castellano es un infierno.

Todas las reglas que usted necesita conocer para hablar correctamente castellano, en uno dos tres tres tomos y medio.
He escuchado a varias personas quejarse por tener que aprender inglés. No sólo gente mayor de mentes encallecidas por los años, lo que sería explicable, sino también incluso jóvenes que, teóricamente, deberían tenerlo más fácil porque vivimos en la era de Internet, el grueso de la información circula en inglés, y por lo tanto, es casi el idioma virtual por defecto de los nativos digitales. O por lo menos, porque el inglés da un cierto pedigrí, un pedigrí snobbish, por supuesto, pero pedigrí. La queja principal en este rubro es que "el inglés es muy difícil". Ya saben: gente que se hace un lío con la pronunciación, o que odia tener que aprenderse un listado de falsos amigos. Por si no han oído el concepto: los falsos amigos son las palabras que se parecen traicioneramente en dos idiomas, pero que significan dos cosas completamente distintas en uno u otro. Como to translate en inglés, cuyo falso amigo en castellano es trasladar, pero no significa eso sino traducir, por ejemplo.

Pero no, señores. El inglés no es difícil. En realidad, comparado con el castellano, el inglés es un paseo de campo. Aprender castellano es jodido. Tanto, que mucha gente ni siquiera sabe hablarlo con propiedad; ahí tienen a los flaites, chómpiras y poligoneros hablando una triste parodia de nuestra bienamada lengua cervantina. Pero incluso ustedes, estimados lectores que se expresen de manera adecuada en castellano oral u escrito, la única razón por la que no les ha costado aprender a hablar la magna lengua de Nebrija, Quevedo y Corín Tellado, es que se trata de su idioma nativo, y por lo tanto, lo han ingerido sub pectus lac. O eso debería suponer, considerando que la mayor parte de los lectores de la Guillermocracia viene del mundo hispanoamericano en vez de Moscú o Kuala Lumpur, contador de visitas de Blogger dixit. Y es por eso que, acá en la Guillermocracia, vamos a probar que el castellano es un idioma muy difícil de aprender para los pobres angloparlantes que llegan a tierras hispanoamericanas armados de sus "mi hambrientou, ¿usted dandou almuerzou?". Prepárense a compadecerlos, y además, prepárense a maravillarse con las cosas que ustedes pueden llegar a aprender sin siquiera tener noción de ello.

1.- Ser y estar.

Cuando ustedes describen una situación, ¿se ponen a pensar en si usan el verbo ser o el verbo estar? Si ustedes quieren definirse a sí mismos como hambrientos, por ejemplo, ¿dudan entre decir "soy hambriento" o "estoy hambriento"? Probablemente no, mi estimado hispanohablante, porque es algo que lo tiene usted tan internalizado, que lo aplica de manera automática. Pero esa peculiaridad del castellano, no existe en inglés. Ellos, todo lo solucionan con el inefable "to be". ¿Resultado? Un angloparlante debe aprender a discriminar entre el verbo ser y el verbo estar. Y se pone mejor: no sólo ambos verbos son de los más importantes en todo el vocabulario castellano, prácticamente irreemplazables por otros, sino que además... ambos son irregulares. Y conjugar el verbo estar es más o menos fácil dentro de su traicionera irregularidad, pero conjugar el verbo ser es un parto por vía natural. Es tan irregular, de hecho, que algunas conjugaciones parecen palabras salidas de cualquier otra parte, menos derivadas del infinitivo ser: yo soy, tú eres, nosotros éramos, vosotros seréis...

2.- El castellano puede jugar malas pasadas con los géneros.

Los géneros en castellano en general son fáciles. Esto no es el alemán, que además de un género masculino y uno femenino tiene uno neutro, con su propia cohorte de artículos para sazonar. Y además, a veces los alemanes hacen gracietas como utilizar palabras y conceptos patentemente masculinos, y feminizarlos por vaya uno a saber qué razón. ¿Hay algo más masculino que el radiante, poderoso y salutífero Sol? Quizás no, pero su equivalente alemán Sonne es, en dicho idioma, femenino. En ese sentido, el castellano es un idioma relativamente obvio... Hasta que se descubren excentricidades como que mar puede ser masculino o femenino (el mar, o la mar), quizás porque los primeros gramáticos pensaban en el mar en calma y en la mar tormentosa. Además, ciertas terminaciones son masculinas, como -ón... hasta que dejan de serlo. Por ejemplo, tenemos el corazón, pero también la colación. O a la inversa, si termina en -a es femenino, salvo cuando no lo es, como por ejemplo el águila. Lo que explica cómo en la película Ghost Rider de 2.006, el pueblo que aparece se llamaba San Venganza en vez del más correcto castellano Santa Venganza; piénsenlo por un minuto y lo verán. Y eso por no hablar de que los angloparlantes más brutos simplemente le meten una letra o final a todo, para hacerlo sonar más castellanou. Como Bart Simpson cuando firmaba sus tropelías como El Barto.

3.- La condenada conjugación de los verbos.

Una de las partes sencillas de aprender inglés, es que los verbos apenas se conjugan. Los verbos regulares en infinitivo apenas se conjugan para la tercera persona con una -s final; por ejemplo, "yo te amo" es "I love you" con love sin -s final, y "él te ama" es "he loves you" con love usando -s final. ¿En castellano? Aquí viene lo bueno. Tratándose de los verbos regulares, en el puro y simple modo indicativo, debemos distinguir entre seis personas: el famoso yo - tú - él - nosotros - vosotros - ellos. Y cinco tiempos verbales simples: presente, pretérito imperfecto, pretérito perfecto simple, futuro y condicional. Lo que resulta de eso es que en el modo indicativo existen seis personas multiplicadas por cinco tiempos, o sea, treinta conjugaciones distintas... que a su vez se multiplican por otras tres, porque debemos considerar un juego de treinta para los verbos terminados en -ar, otro para los terminados en -er y otro para los terminados en -ir, hasta alcanzar sus prodigiosas noventa conjugaciones en total. Todos recordamos del colegio, la conjugación de amar, temer y partir, ¿verdad? Traten de enseñarle eso a un angloparlante sin que le reviente alguna vena del cráneo. Y eso es hablando únicamente del indicativo. Además tenemos el modo subjuntivo. Buena suerte con eso.

4.- Además cada país hispanohablante conjuga los verbos a su modo.

Lo que decíamos más arriba, vale para el castellano estándar. Pero todavía se pone mejor. Porque hay países hispanohablantes que reman al revés, y se han sacado de la manga sus propias conjugaciones verbales. Los campeones en esto son problamente los argentinos, ¿viste, ché...? Su manera de conjugar la segunda persona es tan característica, que se ha transformado en stock imperecedero para material de parodia. Porque ellos no dicen "tú tienes que aprender castellano" sino "vos tenés que aprender castellano", seguido de un "¿viste?", probablemente. Y por supuesto, cómo olvidarnos de que en Chile, la segunda persona plural ha desaparecido prácticamente por completo, porque el chileno ha reemplazado el pronombre respectivo ("ustedes" por "vosotros") y, en un alarde de ingenio para simplificar el idioma, ha subsumido la conjugación respectiva en la de la tercera persona plural. Así, un castellanohablante dice "vosotros leéis la Guillermocracia", pero un chileno de raza dirá: "ustedes leen la Guillermocracia". Un angloparlante, así, no sólo debe aprender a conjugar el castellano estándar, sino también complicarse la vida con las múltiples variantes regionales que el alarde de creatividad latinoamericano ha desatado con toda su furia sobre un planeta lingüísticamente virgen.

5.- El modo subjuntivo: El horror que mora más allá de la Gramática.

Todo hablante de castellano que tenga la cordura suficiente como para no ir a por un sillón en la Real Academia Española de la Lengua, puede preciarse de ignorante, tratándose del modo subjuntivo. Todos lo usamos como si tal cosa, pero pregunténle a alguien, o pregúntense ustedes mismos, qué es, y cómo se distingue del indicativo. Y si no pueden hacerlo... entonces traten de explicarle eso mismo a un angloparlante naufragando en la cuchilla que distingue a ambos modos. Una manera tradicional de explicarlo, es que el subjuntivo expresa deseos o expectativas y el indicativo expresa realidades concretas, pero si bien esto no es incorrecto, es también bastante inexacto. Porque el subjuntivo sirve para expresar voluntad, causa, dirección, valoración, frecuencia, etcétera. Si quieren detalles, consulten el punto 25.3.2 de la Nueva Gramática de la Lengua Española, y echen un vistazo a los puntos siguientes si les queda cordura para ello. Pero si lo hacen, por favor, se los suplico encarecidamente... no lo lean en voz alta. Hay rumores de que tales parrafadas, leídas en voz alta, son invocaciones dejadas por el Arabe Loco a su paso por Sevilla, para que Cthulhu despierte en su morada de R'lyeh, y el mundo ya está bastante mal con los acólitos de Cthulhu gobernándonos como para que además tengamos que aguantar al jefe. Los angloparlantes tienen, en cierta medida, el problema inverso: como no tienen un modo subjuntivo aparte, todo lo resuelven con el modo indicativo de toda la vida. ¿Cómo enterarse entonces de que se habla de algo concreto o de una expectativa? Simplemente del puro y simple contexto. Sí, señores, puede que estudiar el castellano sea complicado, pero el inglés tiene también sus propias trampas.

6.- Y para colmo están los verbos irregulares.

Todo lo anterior vale para los verbos regulares. El apellido mismo lo dice, son regulares, o sea, que siguen las reglas. Y luego vienen los verbos irregulares. Que son las palabras punk del castellano: no siguen tus condenadas reglas, asqueroso cerdo consumista capitalista. Estos peligrosos terroristas del lenguaje se conjugan a sí mismos como se les viene la real gana, porque son rebeldes contra el sistema. En algunos casos, se trata de ciertos cambios en la pronunciación, pero que mantienen la raíz del verbo reconocible. Por ejemplo, está más que justificado que el verbo pedir sea irregular, porque suena mucho mejor "yo pido" que "yo pedo", que es como deberíamos conjugarlo si fuera regular, aunque conjugarlo de manera regular ayudaría a mantener a raya a los pedigüeños y sanguijuelas varias con las cuales hay que lidiar en la sociedad. Pero luego están los verbos irregulares que se saltan a la torera incluso su propio infinitivo. ¿Primera persona singular del verbo "ir"? "Yo voy". Ninguna de las tres letras de "voy" se corresponde con el infinitivo "ir", salvo por un único fonema que se escribe con letra distinta ("y" por "i"). Y se pone incluso peor cuando descubrimos que son irregulares algunos verbos sin los cuales es simplemente imposible pasarse en castellano. El verbo ser, por ejemplo, y repetimos lo ya dicho más arriba, es irregular, y además, irregular de cargarse a su propio infinitivo: por ejemplo, la tercera persona singular de ser es él es.

7.- La maldición de la fonética.

En este caso, los angloparlantes sí juegan de local. Porque para un angloparlante es más sencillo aprenderse los casi treinta fonemas que usa el castellano, que para un hispanoparlante aprenderse los cerca de cuarenta y cinco fonemas distintos que usa el inglés. Recordemos, fonema no es lo mismo que letra. Las letras son los símbolos que usamos para escribir, y en castellano tenemos los mismos que el inglés, salvo por la adición de la muy distintiva letra eñe (ñ). Pero en castellano usamos una correspondencia casi de uno a uno entre letras y sonidos, mientras que en inglés... Todos sabemos la pesadilla que es afrontar una palabra en inglés y descubrir que tales o cuales letras pueden pronunciarse de una u otra manera, y para peor, el cómo se pronuncie distingue las palabras en el lenguaje hablado, cuando en el lenguaje escrito se escriben igual. En ese sentido, el angloparlante sí podría sentirse aliviado de aprender castellano... hasta que aparece la temible pesadilla que son los dialectos regionales. Porque el mismo maldito juego de veintisiete letras del castellano, lo pronuncian de una manera los argentinos, de otra los venezolanos, de otra los colombianos, de otra los mexicanos, de otra los bolivianos... Y ya en la península ibérica ni hablemos: gallegos, andaluces, catalanes... Ahí es donde tenemos la clásica caricatura del angloparlante pronunciado bien cerrado el castellano y terminando todo con u: "Jelóu, yo queriendou servirme un cafecitou, por favour"...

8.- Los modismos.

Todo idioma que crece lo suyo, termina desarrollando ciertos modismos regionales. Es inevitable. Y cuando hablamos de modismos regionales en el castellano, no nos referimos al castellano de cada país. Nos referimos casi, casi, al castellano de cada ciudad. Piénsenlo bien. Casi cada ciudad de todo un condenado continente que va casi desde el Trópico de Cáncer en el Hemisferio Norte hasta poco antes del Círculo Polar Antártico en el Hemisferio Sur, lleno de modismos propios, únicos e irrepetibles. Para ejemplo, uno dentro de un solo país: cierto tipo de pan, en Chile usted lo puede pedir como pan batido, pan francés, marraqueta... Y hablamos de un tipo de comida en un único país. En el mundo angloparlante, si usted habla un inglés más o menos de Oxford, puede hacerse entender un poco aquí y allá y en todas partes, salvo en el Bronx posiblemente. Pero, ¿hablar castellano de España para hacerse entender en Latinoamérica...? Buena suerte con eso. Además, en castellano, incluso hasta para pedir comida debe conocer algunos términos locales. Porque llamar melocotones o duraznos a una misma fruta, palidece frente a llamar frijoles, judías, alubias, habichuelas o porotos a una misma legumbre. Un doblaje al famoso castellano neutro que sea ciento por ciento neutro, terminaría siendo un doblaje de película muda, a fuerza de eliminar modismos regionales.

...por lo tanto...

...después de leer el presente posteo, ya se pueden sentir más sabios. No importa qué tan ignorantes sean ustedes, el caso es que ustedes pueden hablar castellano. Y además, pueden hablarlo sin pensar y sin usar un diccionario de traducción al lado. Siéntanse hercúleos por un instante, por la proeza.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Fidel Castro: El legado color verde olivo.

Fidel Castro en 1.984.
Se dice que cuando en 1.821 falleció Napoleón Bonaparte, en su exilio de la isla de Santa Helena, el incombustible Talleyrand habría dicho con el cinismo elegante que era tan propio de él, algo similar a: "Eso ya no es un acontecimiento; es apenas una noticia". Talleyrand algo debía saber al respecto; no en balde es uno de los personajes históricos que mejor ha sabido jugar el Game of Thrones y la House of Cards. Hablamos de un diplomático que se las arregló para servir a regímenes tan antagónicos entre sí como el Absolutismo, la Convención, el Directorio, el Consulado, el Imperio y la Restauración, y que además de todas esas piruetas, se las arregló en el Congreso de Viena para que la Francia postnapoleónica conservara indemnes las fronteras militares de 1.792, a pesar de haber quedado derrotada y exhausta de hombres y recursos luego de más de dos décadas de guerra, y tener en contra a Inglaterra, Austria, Prusia y Rusia; las tropas aliadas no desfilaron por París en 1.815 como el Eje lo hizo en 1.940, para decirlo más fuerte y claro, en buena medida gracias a Talleyrand.

El pasado 25 de Noviembre de 2.016, tuvimos una noticia de similares alcances. Porque noticia habría sido la calificación talleyrandiana, y no acontecimiento. Nos referimos por supuesto al fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz, a los noventa años de edad. Acontecimiento habría sido que Castro hubiera sido derrocado por el ejército invasor de Bahía Cochinos en 1.961, o que hubiera caído luego de la Crisis de los Misiles en 1.962; en vez de ello, pereció en su cama, y alejado muchos años, parece ser, de las actividades políticas y revolucionarias. Por eso, resulta interesante observar que su muerte ha reavivado muchas viejas pasiones; ahí me ha tocado en lo personal ver a furibundos castristas despedir con honores al hombre, versus a furibundos anticastristas que no pierden el tiempo en fustigarlo a él y sus partidarios. En lo personal, no tengo una opinión formada. En primer lugar, no estoy tan interiorizado de la historia de la Revolución Cubana, más allá de lo que puede considerarse como conocimiento general de la materia, y en segundo término, jamás he estado en Cuba, por lo que no me considero la persona idónea para ser el historiador que condene o absuelva al Comandante, dicho esto por recordar aquella frase pronunciada por Castro según la cual "la Historia me absolverá". Pero sí, creo que la ocasión amerita hacer un par de reflexiones.

Hay dos hechos que sí me constan de Fidel Castro y de Cuba, así como a cualquiera, y que en realidad, sí que puedo evaluar haciendo uso de un poquito de sentido común. El primero de ellos, el más obvio, es que Fidel Castro fue en la práctica un gobernante absoluto, sea que lo llamemos dictador o no. A partir de su triunfo en la Revolución de 1.959, gobernó de manera ininterrumpida hasta que la salud no se lo permitió más, en un régimen de partido único en donde las elecciones tenían un carácter más simbólico que otra cosa. Castro se entronizó, más que como un cabeza de Poder Ejecutivo, como una especie de dios secular para los cubanos y para toda Latinoamérica, en lo que podemos considerar la versión caribeña del culto al líder de corte estalinista que parece inherente al ADN comunista. Fidel Castro es el Batman de Cuba: logró ser más que un hombre, consiguió transformarse en un símbolo. Pero en términos prácticos, cuando no hay alternancia en el poder, se extingue la democracia, y debemos recordar, siguiendo a Winston Churchill, que la democracia es el peor de los regímenes políticos, con la visible excepción de todos los demás; hasta la fecha no hemos conseguido inventar un mejor sistema para gestionar el egoísmo y la mezquindad que parecen inherentes a la naturaleza humana... y Castro desde luego que no era un demócrata.

Por supuesto que quienes defienden al Comandante, tienen su batería de argumentos. Uno de ellos es el empate: puede que Castro haya sido un dictador, pero era un dictador de los nuestros, no de los contrarios, y además, ¿por qué los contrarios no llaman dictadores a sus propios dictadores? Por supuesto, como cualquier argumento de empate, esto es espúreo: una democracia sigue siendo mejor que un gobierno autoritario para gestionar la cosa pública... o menos peor, a según el punto de vista. Otro más insiste en las obras: un poco acreditando que a lo mejor, quizás, Fidel fue un poquito autoritario, en realidad era la única manera de conseguir tener una mejor medicina, salud, derechos sociales, etcétera. Sobre si tales alabanzas al régimen cubano son atinadas, o no pasan de ser propaganda interesada, no tengo constancia, y por tanto no opino, como ya dije más arriba. Pero lo cierto es que ese argumento sigue la línea de "el fin justifica los medios", y ya sabemos la enorme flaqueza lógica y moral que tiene dicho argumento. Además, hay otro argumento adicional, que nos lleva al segundo hecho sobre el gobierno castrista, del que todos tenemos constancia.

Camilo Cienfuegos y Fidel Castro en vísperas del triunfo de la Revolución Cubana.
Ese segundo hecho, es que los balseros en el Mar Caribe iban o van desde Cuba a Miami, y no desde Miami a Cuba. Esto es un hecho acreditado y absolutamente indesmentible. Y la cuestión lógica aquí es que la gente que emigra, tiende a marchar desde un país en donde está mal, a otro país en donde espera estar mejor. Si la gente se lanzaba en balsas precarias, con riesgo de naufragar y ahogarse, para alcanzar la costa de Estados Unidos, no parece probable que se trate de masoquistas tan irritados con un paraíso socialista, que prefieran ir al malvado mundo capitalista a ponerse cilicios e infligirse latigazos de autocastigo. La diáspora deseosa de deponer a su gobierno está conformada por cubanos exiliados en Miami queriendo derribar al Castrismo, no por alguna colonia de estadounidenses enclavada en La Habana conspirando en contra de Washington D.C.

Por supuesto, aplicando un poco de lógica y sentido común, esto también ayuda a despejar el misterio de la supervivencia del Castrismo. Asumamos que la Revolución es tan penosa de vivir, que muchos cubanos disidentes de hecho se van. Esto quiere decir que quienes se quedan atrás, son quienes o les gusta el gobierno y la vida bajo el Castrismo, o al menos, lo encuentran un mal tolerable o soportable. De lo contrario, hacía mucho que se habrían coaligado para derrocar al Gobierno. Eso es, de hecho, más o menos lo que le pasó a Fulgencio Batista, el dictador cubano que sí fue derrocado por las tropas castristas en 1.959. No sé si las tropas guerrilleras de Castro habrán tenido más o menos apoyo popular en su día, pero lo cierto es que si el pueblo cubano no se movilizó por Batista, al menos no le importó demasiado el cambio de amos. Si todos los cubanos disidentes se hubieran quedado en Cuba, es muy probable que las cosas hayan ido bastante peor para el gobierno.

Otro famoso argumento para defender el Castrismo, tiene que ver con el famoso bloqueo económico, que sólo en los últimos años parece haberse relajado un resto. El argumento señala que las deprimidas condiciones económicas de los cubanos en realidad no se deben a que el Castrismo como régimen económico sea ineficiente, sino al bloqueo económico de Estados Unidos. O sea, el Castrismo lo haría bastante mejor, se argumenta, si Estados Unidos no usara toda su influencia militar para impedir el libre tráfico de mercancías entre Cuba y el resto del mundo. Este argumento ignora por supuesto algunos hechos básicos. En primer lugar, el Comunismo en general ha probado ser una manera increíblemente ineficiente de gestionar los recursos económicos, y casi todas las naciones comunistas, o se han ido a lo que en la empresa privada llamaríamos una bancarrota, o han caído a condiciones increíbles de precarización. Se puede argumentar, por supuesto, que el Comunismo tenía menos recursos en la línea de salida que el mundo capitalista, que consiguió enquistar a dicho sistema en naciones asiáticas y de Europa Oriental, y en algún que otro enclave latinoamericano y africano, Cuba incluido; a lo mejor las cosas habrían sido al revés si el mundo capitalista hubiera sido el asediado, y el mundo comunista hubiera dominado al resto del mundo. No lo sabemos; eso ya no es Economía ni Política sino lisa y llanamente Ucronía y ficción. Pero los porfiados hechos son que la vida bajo el comunismo tiende a ser más miserable que bajo el capitalismo. Volvemos a lo ya dicho: los balseros en el Caribe viajan de La Habana a Miami, no al revés.

Fidel Castro y el Politburó de Alemania Oriental, en Berlín (1.972).
Pero este argumento, el del bloqueo económico, tiene un error más profundo. Los sistemas económicos no existen en el vacío. Lo que llamamos sistema económico en el fondo es un manual de recetas acerca de qué leyes creamos para que, una vez aplicadas, permitan la mejor asignación posible de recursos, atendidas todas las circunstancias existentes. Y entre esas circunstancias no sólo debemos contar los recursos, la población y la organización internas, sino también el panorama internacional. Aunque argumentemos que el Comunismo tenga una posibilidad de éxito económico, si lo aplicamos a una nación que está a tiro de piedra de la mayor potencia naval y nuclear del planeta, que da la casualidad de que vive bajo un modelo económico distinto y que además se siente amenazada... no es de buena política seguir insistiendo con ese modelo. Puede que Estados Unidos sea responsable por el bloqueo económico, pero el mismo es casi una consecuencia natural de cómo funciona la política internacional.

En este punto, el lector puede enarcar las cejas. ¿Esto quiere decir que los propios cubanos son responsables en parte del bloqueo económico? ¿Acaso esto no es algo similar a culpar a la víctima? En términos morales... sí que lo es. Esto es un argumento similar a acusar a la víctima de un robo en la calle, por el robo de que acaba de ser víctima. Todos sabemos que el responsable de un robo es siempre el ladrón... pero también la propia víctima debería tomar algunas medidas de autocuidado. No podemos exonerar al ladrón porque la víctima anduviera vestida de manera elegante y luciendo patrimonio, y además metida en callejones oscuros a altas horas de la noche, pero por supuesto, la propia víctima debería tomar al menos ciertas providencias mínimas para impedir el hecho. Eso no es justo, por supuesto, pero el mundo no está construido de manera justa. En las relaciones internacionales, tres cuartos de lo mismo: no es justo que Cuba deba renunciar a su propia autodeterminación nacional sólo porque a Estados Unidos no le gusta su camino hasta el punto de aplicar un bloqueo económico, pero las relaciones internacionales no se construyen sobre la base de la justicia. Ojalá que sí fuera de ese modo, pero en la práctica, el más poderoso siempre va a sentir la tentación de abusar de su poder con el más débil. En la vida no es racional esperar que los demás se comporten de manera justa con uno, y por lo mismo es que se necesitan tomar precauciones mínimas a la hora de tomar una decisión tan suicida como adscribir a un sistema económico diametralmente opuesto al de un vecino demasiado poderoso que pueda sentirse amenazado con ello.

Y ya que llegamos al punto de la justicia versus la realidad. Un punto importante de la Revolución Cubana, prácticamente la razón por la que consiguió venderse en toda Latinoamérica en la década de 1.960, es justamente la promesa de que iba a ser el ejemplo a seguir, para construir una sociedad más justa. No me voy a meter en el tema de si el Castrismo hizo buena su promesa o no, como debaten sus defensores y detractores; lo repito, no sé tanto de la realidad interna cubana como para opinar al respecto. Pero vale la pena mencionar este discurso justiciero porque, creo yo, es la clave de su proyección internacional. Se diga lo que se diga, y aunque mucho más desprestigiado que en sus días de mayor vigor, el Castrismo sigue teniendo una cierta popularidad entre a según qué grupos. Los debates entre castristas y anticastristas por estos días en que el Comandante ha dejado atrás las penurias terrenales, así lo testimonian. Y mucho de esa popularidad deviene en eso: la promesa de justicia.

En este sentido, el Castrismo hace bueno el legado del Comunismo soviético, que en sus primeros días se presentó como un primer paso antes de extender el Comunismo al resto del mundo. La Constitución soviética de 1.924 incluso invita de manera explícita a otros Estados, a incorporarse de manera voluntaria a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una república más, si así les place; hasta donde tenemos noticias, ninguna otra nación del mundo parece haber ponderado la posibilidad, pero constitucionalmente hablando, ésta existía. Luego, ya en la década de 1.930, el Estalinismo dio un giro al respecto, y el Comunismo soviético se afianzó dentro de las fronteras de su zona de influencia; los intentos posteriores de expandir el Comunismo en Africa, Asia y Latinoamérica tienen un aroma más pragmático, de expansión de la zona de influencia, que idealismo justiciero por cambiar la paz del planeta.

Fidel Castro en La Habana (1.978).
Pero el Castrismo tomó dicho legado, y lo hizo propio. Y no sólo en el discurso. Es célebre la visita que hizo Fidel Castro a Salvador Allende, visita que parecía tener por objeto afianzar el proceso por el cual Chile se podría haber convertido potencialmente en una nueva Cuba. También es famosa la intervención militar de efectivos cubanos en Angola. Lo que hizo bueno el chiste clásico según el cual Cuba, en los días de apogeo del Castrismo, era "un país peculiar: tiene el Gobierno en La Habana, la administración en Moscú, el Ejército en Angola, y la población en Miami"... Por otra parte, una vez instalado el poder, Castro parece haber tenido una opinión pragmática acerca de extender la Revolución al resto de Latinoamérica, no demasiado diferente a como el Estalinismo transformó el sueño universal de 1.917 en otro nacionalismo más. En un caso, ese nacionalismo tenía gusto a vodka, en el otro a ron, pero sigue siendo nacionalismo a fin de cuentas. El verdadero espíritu internacionalista que alguna vez predicó el Comunismo, en esos años estuvo mejor encarnado en el Che Guevara, que en Fidel Castro; todos sabemos en qué sumidero acabó la cruzada guevarista, por supuesto, pero eso es otra historia.

De todas maneras, el discurso justiciero del Castrismo, le ha dado al régimen una popularidad inesperada en el resto de Latinoamérica. Ayudado irónicamente por Estados Unidos, que al implementar el bloqueo económico, lo único que consiguió fue crear una atmósfera de romanticismo alrededor de un David cubano luchando contra el Goliat capitalista. No es que otras naciones se hayan entusiasmado tanto como para importar el Castrismo; no en balde, la infortunada experiencia de Salvador Allende algo enseñó, aunque nadie a ciencia cierta sepa cuánto quería Allende que su régimen se pareciera al de Castro. Hoy en día, el único heredero serio del Castrismo en Latinoamérica parece ser Nicolás Maduro en Venezuela, sucesor de Hugo Chávez; los parecidos entre ambos regímenes, más allá de sistemas políticos ligeramente diferentes, no han pasado desapercibidos para partidarios y opositores. Que las cosas no van bien para Maduro por estos días, es un sobreentendido, aunque una vez más, no me meteré en el debate acerca de qué tan bien o mal lo está haciendo el Chavismo, o si éste ha arrostrado todas sus dificultades por la injerencia de Estados Unidos o por culpa de su propia inepcia interna. Pero algún día, alguien más informado que yo debería escribir la historia paralela del Castrismo y del Chavismo, ojalá de manera desapasionada y no como un panegírico hagiográfico o como literatura apocalíptica; para eso, ya están los miles de comentaristas que bombardean Internet con opiniones cargadas de sesgos y prejuicios, tanto a favor como en contra.

Lo que sí es cierto, es que la muerte de Fidel Castro tiene un cierto carácter simbólico. No es el fin de una era, la cual ya venía terminando desde por lo menos la década de 1.990. Además, Castro ha muerto pero el Castrismo sigue, y con Donald Trump al mando de Estados Unidos, parece poco probable que la política de apertura promovida por Obama siga adelante, con lo que el Castrismo va a tener todavía más pretexto para enquistarse en su posición... Salvo que Trump decida emprender una invasión militar a gran escala, como Putin contra Ucrania en 2.014, lo que a estas alturas del partido no me atrevería a descartarlo. Pero hay un elemento simbólico en que desaparece probablemente el último gran estadista del siglo XX, uno de los pocos latinoamericanos que pueden ser considerados en la primera línea de la política mundial de toda la centuria, quizás no al nivel de Napoleón Bonaparte, cuya muerte también fue apenas una noticia en vez de un acontecimiento, pero eso en realidad porque Cuba, con todos los respetos, no es Francia. Fidel Castro es uno de los pocos latinoamericanos del siglo XX que consiguió dejar su impronta a nivel mundial, eso para bien o para mal, uno de los personajes más inspiradores de la segunda mitad del siglo XX, eso también para bien o para mal, y además se transformó en un ícono, con su habano y su uniforme color verde oliva. Hace mucho que Fidel Castro es parte de la Historia Universal; lo que hecho por estos días es sólo ir a acompañarla. El Comandante se ha ido, pero quedan Cuba y los cubanos, una nación para la cual, ya lo decíamos más arriba, la llegada de Donald Trump a la Presidencia del país que es su enemigo número 1, augura... tiempos interesantes, seamos prudentes y digámoslo así.

Sabes que has pasado a la Historia Universal cuando has aparecido en un capítulo de Los Simpsons.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Cómo se navegaba en la edad heroica de Internet en doce viñetas.


¿Es verdad que todo tiempo pasado fue mejor? Por un lado, hay cosas que sí eran mejores antaño. Se diga lo que se diga, en la sociedad de la segunda mitad del siglo XX había mucho menos lugar para el individualismo y el narcisismo, factores ambos que con la moderna sociedad de la información vía Internet, con su maldita cultura de las selfies, no han hecho sino exacerbarse. Pero por otra parte, aunque hoy en día, ir al dentista sea un suplicio, al menos posibilita que usted mantenga su dentadura más o menos completa al medio siglo de vida, mientras que en la era preindustrial, la pérdida de piezas dentales lo habría condenado a alimentarse de sopas y papillas, supuesto de que hubiera llegado a tan provecta edad. Y por supuesto... está Internet. El de ahora, que es excelente, versus el de antes, que apestaba.

En esta era en donde usted se puede conectar a Internet vía su smartphone de manera rápida y sencilla, los jóvenes adolescentes cubiertos de manera genérica bajo la etiqueta de millennials, lo que antes vino a llamarse la Generación Y, para ellos resulta causa de asombro el constatar como esa conectividad que dan por sentado, hace apenas veinte años atrás ni siquiera existía. O mejor dicho, de existir existía, pero de manera paralítica: usted podía conectarse a Internet, por supuesto, e incluso podía conectarse desde su propio domicilio, pero dicha conexión era cualquier cosa, menos cómoda. Es por eso que, acá en la Guillermocracia, siguiendo el espíritu de clásicos como Doce cosas grandiosas de los noventas que hoy ya no tienen gracia, echaremos un vistazo a lo que era navegar en Internet por esos prosaicos tiempos. Lo que es más o menos comparar la navegación moderna en cruceros de lujo, versus cruzar el Océano Pacífico en una frágil canoa polinésica. Si ustedes tienen la edad para recordar, aprovechen para volver a visitar con nostalgia esos tiempos heroicos de Internet; si no tienen edad suficiente, vengan entonces a asombrarse y horrorizarse con las oprobiosas pruebas y fazañas que debíamos afrontar los navegantes de aquellos años cosmogénicos para abrirnos paso en esos tiempos primigenios de Internet.

1.- No siempre existía un equipo para la conexión.

Primero que nada, no solamente la telefonía celular no servía para navegar en línea, sino que además los celulares eran en primer lugar artefactos de lujo que usted debía pagar a precio de abrigo de piel de tigre de Bengala legítimo, y en segundo término, eran unas cajas de zapatos aptas para ser enviado a la cárcel por intento de homicidio en grado de tentativa si usted lo usaba para darle en la cabezota a alguien. La única manera de conectarse entonces a Internet era a través de un PC. Y con eso queremos decir, a través de lo que era un PC en esos años. Que no eran notebooks de doblar la pantalla y meter en un maletín, sino esos mastodónticos equipos compuestos por la enorme caja que era la tower en donde estaban los procesadores, y que en su mayor parte eran espacio vacío para que circulara el aire, y el monitor, que no era una pantalla ultraplana como en la actualidad sino un cacharro de cargarlo con ambos brazos, y con una malsana tendencia a caerse y romperse en caso de mudanza. Eran equipos lo suficientemente aparatosos y caros como para tener apenas uno por hogar, ubicado en una zona céntrica del mismo, y ese sitio como único foco de Internet. Por supuesto, la frase clásica "el Internet es para buscar porno" tenía connotaciones muy distintas entonces que ahora. En esa época era más bien: "el Internet es para buscar porno, cuando todos los otros miembros de la familia hayan desocupado el computador y ojalá estén fuera de casa, o bien sea la una de la mañana para que todos estén durmiendo menos yo". Pero fue la época en la cual actrices pinturitas como Pamela Anderson o Carmen Electra pusieron de moda los implantes mamarios exhuberantes, así es que la espera valía la pena. O eso me han dicho, por lo menos. Porque yo usaba Internet para buscar letras de canciones en inglés. Por supuesto que sí.

2.- Las conexiones no eran inalámbricas.

Hoy en día no existe ningún bar o restaurante decente, que no tenga su propia conexión inalámbrica a Internet, para que todos los contertulios se dediquen a guasapear en vez de, digamos, entablar alguna amena conversación con el personaje o la personaja con el cual o la cual hayan decidido salir de copas o de almuerzo. Pero hace veinte años atrás, las cosas eran muy diferentes. En esa época, la tecnología inalámbrica pertenecía al futuro, a nivel masivo por lo menos, y una conexión a Internet significaba una conexión a Internet vía cable. Lo que por supuesto originaba su propia nube de problemas. Por supuesto, aparte de que eran mastodónticos, no había posibilidad alguna de mover el computador por la casa y seguir disponiendo de conexión, por lo que algo tan básico como mudar el computador de habitación, significaba llamar al técnico de la compañía proveedora de Internet para que sacara el bendito cable y la bendita caja, y la reinstalara allí en donde tuviera que ir. Y por supuesto, era un clásico que el lugar del suelo por donde pasaba el cable, tendía a acumular más polvo doméstico que cualquier otro rincón de la casa que no fuera el cuarto de los trastes. Porque nadie quería pasar a llevar el cable de marras, y arriesgarse a quedar sin una conexión por la cual, en la época, se cobraba un ojo de la cara y porciones selectas de cuero capilar como adicional.

3.- La conexión a Internet era por el teléfono.

Por supuesto, en una época en donde tener un computador era además tener una maraña de cables entre la torre, el monitor, los parlantes, la impresora, el ratón y otros potenciales periféricos, no era cosa de ir metiendo nuevos cables a mansalva. Además, considerando que las señales electrónicas son muy similares, podía aprovecharse un cableado que por lo general ya existía en la casa: el teléfono. Lo repito: en la época no es que no existieran smartphones, es que ni siquiera había telefonía celular masiva, por lo que el teléfono era un artefacto de línea fija, instalado por lo general, o en un lugar céntrico de la casa para que todos se enteraran de lo que usted conversaba, o en la pieza de los padres para fastidiar a los hijos que quisieran un uso algo más democrático del aparato. Y eso significaba, por supuesto, decirle adios a la posibilidad de hablar por teléfono y navegar por Internet al mismo tiempo. Solía ocurrir entonces que un desprevenido levantara la bocina del teléfono, y fuera saludado con una salva de chillidos de rata electrónicamente sintetizados, que eran el ruido producido por las señales de Internet, porque cuando diseñaron la tecnología, seguramente sus ingenieros estaban pensando más en musique concrète que en los venerables Bach o Mozart. Lástima de Edgard Varèse murió en 1.965, y por lo tanto no alcanzó a componer una Sinfonía Internet o algo así. También podía ocurrir a la inversa: cuántas conversaciones de chat se vieron bruscamente cortadas sólo porque algún desgraciado se le ocurría socializar por teléfono justo en ese minuto, levantaba la bocina, y la conexión se interrumpía.

4.- Hablar de velocidad para la conexión era hacer humor negro.

Hoy en día, cualquier plan por menos de 40 megabaudios de conexión puede ser considerado como una basura, en particular si se considera el tema de los videos en high definition. Pero, ¿hace veinte años atrás? Usted se podía dar con una piedra en el pecho si tenía una conexión de 56 kilobaudios por segundo. Porque la norma era incluso menos, de unos ridículos 28 kbps. ¿Recuerdan el episodio de Los Simpsons en donde Homero monta su propio negocio de Internet, y aparece el Pesado de la Tienda de Cómics preguntando si la compañía de Homero puede hacerle un upgrade de una conexión de 28 kbps a una de 1,5 megabits? Ese episodio fue El autobús de la muerte, y es de 1.998. Un clásico de la época era encontrar una foto, abrirla, y que la misma empezara... a... desplegarse... muy... pero... muy... lenta... mente... en... pantalla... a... velo... cidad... de... impre... sora... mientras... usted... tomaba... un... sorbo... de... lo... que... fuera... usted... estu... viera... bebiendo. ¿Cargar una foto de manera instantánea? Eso pertenecía al mundo de los genios de las lámparas de Las mil y una noches. Y hablamos de fotos de una resolución tan roñosa, que cualquier cosa superior a 480x360 pixeles podía producir un cuelgue del navegador.

5.- Instalar el navegador significaba usar un CD-Rom.

Instalar el navegador era otro cuento chino. Hoy en día, el navegador se instala descargándolo desde Internet, lo que le ha dado a Internet Explorer y su sucesor Edge, los navegadores que suelen venir instalados por defecto, la triste reputación de ser "el navegador que se usa para descargar Firefox o Chrome". Pero antes de Windows 98, el navegador ni siquiera venía incorporado en el sistema operativo. Y por supuesto, la opción de descargarlo desde Internet usando otro equipo y luego llevarlo usando un dispositivo portátil como un pendrive, en la época ni siquiera existía, como no hablemos de los míticos disquetes de 1,44 megabytes de capacidad. Por lo tanto, lo que debía hacerse era ir a la tienda más cercana, y adquirir el CD-Rom respectivo. Que venía con un librito de instalación, que a su vez parecía escrito para gentes que no necesitaran leer el famoso librito en primer lugar para hacer correr el programa de instalación. Y luego venía la instalación en sí, que solía constar de diez o doce pasos, cada uno de los cuales era una mina dentro de un campo minado, porque fallar en cualquiera de esos pasos, hacía que el navegador quedara mal configurado y se expusiera a una cantidad significativa de cuelgues, incluso más que en condiciones normales. Por supuesto, en la época ni siquiera existían los quemadores de CD, de manera que el CD-Rom por regla general debía ser original. La parte positiva del asunto es que no se habían inventado los sistemas de seguridad, por lo que un mismo CD-Rom podía ser usado para instalar el navegador en varios computadores. Por supuesto, Microsoft no tardó demasiado en corregir ese pequeño problemilla en su modelo de negocios. Y por supuesto, los usuarios tampoco tardaron demasiado en volverse a los quemadores de CD, en otro paso dentro de la cansina carrera armamentística entre usuarios que lo quieren todo gratis, y proveedores que lo quieren todo con sangría de sanguijuelas.

6.- Era la edad de oro de los cuelgues de Internet Explorer.

Es posible que los más pequeños entre ustedes no lo recuerden, pero antes de Mozilla Firefox y Google Chrome, el navegador Internet Explorer proporcionado por Microsoft, imperaba supremo. Incluso antes que eso surgió un navegador alternativo, el mítico Netscape, que era muy bueno, según me han dicho, porque al final nunca lo probé; Netscape era para hipsters, eso sí, y cuando Microsoft recurrió a la práctica monopólica, después sancionada como tal por los tribunales de la Unión Europea, de vender Internet Explorer y Microsoft Windows como un único paquete, eso significó el certificado de defunción para Netscape. De manera que las alternativas eran Internet Explorer, o... Internet Explorer. En esa época no existía la navegación por pestañas, de manera que cada nueva ventana se abría justamente así, como una nueva ventana. Uno podría pensar que, entonces, de caerse una ventana, el resto seguiría ahí... y no era así. Porque de alguna manera, la caída de una ventana significaba el cuelgue de todo Internet Explorer, con la consiguiente pérdida de información. Que no era mucha, por la baja velocidad de navegación, pero estaba ahí. Y la caída no venía luego de abrir la ventana quince o veinte, como con las pestañas en la actualidad, sino con apenas cuatro o cinco ventanas. Hoy en día, cuando el usuario promedio tiene abierta por base diaria una pestaña para Facebook, otra para Twitter, otra para lo que esté haciendo en el trabajo, otra para YouTube, y otra para la Guillermocracia o eso esperamos, dicha posibilidad sería simplemente aterradora.

7.- No existían ni música ni videos.

Por supuesto que siempre es grato trabajar con sonidos que inciten a la paz y a la armonía, como los de una buena banda de Blackened Industrial Death Metal estilo MartYrium. Pero hace veinte años atrás, era imposible usar Internet para eso. Porque en la época recién veníamos saliendo de la era de los míticos 8-bits, hasta el punto que los nuevos computadores se promocionaban a bombo y platillo como multimedia. Efectivamente, cobraban un adicional por los computadores si traían... parlantes. Así como suena, pequeñuelos que no vivieron esos días heroicos. En ese estado de atraso tecnológico, y sin protocolos estandarizados para la reproducción de música, reproducirla vía Internet era no diremos un imposible, pero sí un lujo supremo. Los archivos de audio, de hecho, se limitaban a unos pocos segundos, y mejor aprovecharlos bien. Y de videos, eso ni hablar. YouTube no existía, y por una buena razón: porque descargar un video completo, aunque fuera un videoclip de Nirvana de tres minutos y algo, incluso en miserables 240p de calidad, hubiera reventado la conexión. Pero eso tenía su parte positiva. En la época no existía la peste de las postcads, ni la plaga de los youtubers, y por lo tanto, debíamos recurrir a actividades más constructivas y edificantes como ver crecer la hierba, por ejemplo. ¿O ustedes creen que la hierba de mi jardín se va a ver a sí misma crecer por sí sola? No, ¿verdad?

8.- Era un mundo de fotos y animaciones GIF.

En comparación a la actualidad, las páginas de Internet eran increíbles desiertos de aridez. Muchas de ellas eran puro texto plano en letras Times New Roman, o Comic Sans en los casos más depravados, negras tamaño 12 sobre un fondo de blanco inmaculado, más la solitaria foto de 240x360 pixeles que por supuesto, no se podía ampliar porque la tecnología de zoom pertenecía todavía al futuro. Algunos creativos ampliaban esas fotos hasta dimensiones ciclópeas como por ejemplo 480x640, usando el mítico Photoshop, y el resultado era una foto más grande, sí, pero tan pixelada que podría ser el sueño húmedo de Seurat o algún otro maestro del Puntillismo. Y entonces, los más audaces recurrían a las animaciones GIF. Por lo general, dibujadas con Paint, y por lo tanto, en un estilo que podía recordar a un híbrido entre un Joan Miró lobotomizado y un Dadá pasado por la juguera. Y que no aportaban absolutamente nada a la página, salvo hacerla más pesada y lenta de cargar. Lo que era un pecado capital, por supuesto, si recordamos lo que hemos repetido cincuenta millones de veces: la lentitud gasterópoda de las conexiones. Los creadores de contenido las introducían para hacer más graciosas las páginas, pero solían ser una gracia que no tenían ninguna gracia.

9.- Armarse un sitio significaba ir a GeoCities.

Hoy en día, existe una multiplicidad de opciones para armarse un sitio. Existen los proveedores de páginas web puras y duras. Existen los blogs. Existen los híbridos como WordPress, a medias blog y a medias sitio web. Existe Twitter, si lo único que se desea es piar al aire como un canario. Y existe Facebook, que combina lo mejor de ambos mundos porque tiene la mayor penetración en conjunto por un lado, y un diseño efectuado por patanes que, resulta claro, jamás estudiaron composición pictórica con las obras de Leonardo da Vinci al frente. Pero hace veinte años atrás, los servidores eran carísimos, los tenían sólo el gobierno, las grandes empresas o los establecimientos educaciones, y lo más cercano al concepto de página personal, era el enchufado en alguna universidad que usaba los correspondientes servidores para postear cosas sobre series de culto o juegos de rol, que se agradecían porque en ese tiempo no existía Wikipedia para consultar acerca de esas cosas. GeoCities fue el primer intento por ofrecer un servicio gratuito y masivo de servidores para la gente, previa creación de una cuenta, por supuesto. Andando el tiempo, GeoCities fue adquirido por Yahoo!, lo que resultó en su condena segura a muerte, por supuesto, lo que no augura nada bueno para el futuro de Tumblr, que veinte años después está repitiendo la historia. Como sea, el caso es que GeoCities tenía una política realmente obtusa de barrios, en donde usted debía elegir un barrio según sus intereses, luego una dirección, y por supuesto, como pasa con los barrios en la vida real, todos los sitios buenos ya estaban ocupados. Y comenzó a pasar con GeoCities lo mismo que años después con la explosión de la blogósfera: muchos se montaron su sitio, escribieron un par de páginas, cargaron un par de fotos... y adios. En GeoCities quedaron cientos y miles de sitios huérfanos, prometiendo novedades en un futuro... desde 1.998 y contando. Eutanasiar a GeoCities ha sido así uno de los actos más misericordiosos en la trayectoria de Yahoo! como empresa.

10.- Hacer vida en línea significaba soportar los obtusos chats.

Hoy en día, todo el mundo guasapea. Si no tienes WhatsApp, puedes considerarte como fuera del mundo. Es tan fácil como crearte tu cuenta, y enviciarte hablando estupideces con tus amigos mientras envías caritas felices y tecleas LOL. Toda una revolución desde los antiguos chats, que eran un fastidio. Primero había que ingresar y colocarse un nick, la abreviatura de nickname por supuesto que hoy en día nadie parece usar porque el nickname cayó en desuso versus el perfil, que es mucho más personalizable para usted, y más fácil de hacerle seguimiento y minería de datos por parte del proveedor. Luego, ingresar. A encontrar gente que estuviera despierta a la misma hora que usted, porque nadie se ponía a chatear a las cuatro de la tarde. Por supuesto, un chat relativamente bueno era estable, pero uno apuntalado con cuatro servidores malamente ubicados en a saber qué escondrijo de la Amazonia brasileña, era uno que se caía cada dos por tres. Pero la gente quería comunicarse, y eso llevó a que incluso los míticos portales y proveedores de conexión, crearan sus propios chats corporativos. Pero no hay nada menos cool que una gran corporación tratando de hacerse la cool, de manera que en esos chats no se metía nadie, y terminaron muriendo de muerte natural. Luego, ICQ le asestó el primer golpe a los chats, y luego, Internet Messenger se comió tanto a ICQ como a los chats. Luego, el chat de Facebook le asestó el primer golpe a Internet Messenger, y WhatsApp que también es propiedad de Facebook, se comió a Internet Messenger. Lo que suscita la pregunta de qué va a comerse a WhatsApp cuando le llegue su día. Porque en Internet, a todo el mundo le llega su día.

11.- El inmisericorde viaje por la jungla que era buscar en la era anterior a Google.

Por supuesto, el crecimiento explosivo de lo que el actualmente medio olvidado Al Gore llamó en su día la autopista de la información, hizo necesario buscar medios rápidos de indexar esa información. Las revistas de electrónica de la época se llenaron de secciones dedicadas a listar webpages y más webpages de los más diversos tópicos, porque en esa época daba tono hablar de webpage en vez del más prosaico y castizo página. Muchos de esos sitios carecían de la más mínima profesionalidad, y eran, ya lo dijimos, puro texto plano en letras Times New Roman, o Comic Sans en los casos más depravados, negras tamaño 12 sobre un fondo de blanco inmaculado, más la solitaria foto de 240x360 pixeles que por supuesto, no se podía ampliar porque la tecnología de zoom pertenecía todavía al futuro. Con algún GIF gracioso que en realidad no era gracioso, no dejemos en el olvido a los GIF graciosos que en realidad no eran graciosos. Pero era lo que había cuando el tema era lo suficientemente oscuro o nerd, y por lo tanto, material para las revistas. Los más valientes entre los diseñadores incluso metían en sus páginas algunos breves listados de "recursos", enlaces a otras páginas sobre temas similares, o incluso apenas de gusto del webmaster. Pronto, la filosofía del listado hizo que los portales lo hicieran de manera profesional. En la época, créanlo o no, Yahoo! era lo máximo, porque indexaba miles de páginas, con el conocido sistema de las carpetas, o sea, ir clasificando los sitios en larguísimas listas envueltas en carpetas dentro de carpetas dentro de carpetas. Y el sistema, créase o no, funcionaba, aunque fuera porque era lo mejor que existía. Incluso, si uno se sentía de humor, podía probar a usar un buscador alternativo como Altavista o Lycos. Fue la era dorada de los portales en cuya página de inicio se incluían un montón de cosas que, se supone, eran de interés de la comunidad de Internet. Aunque para el nerd promedio, los avatares sentimentales de la realeza hispánica o la británica, incluyendo a la princesa Diana que todavía estaba viva, o los tips de cocina o jardinería, lo dejaran más bien frío. Por supuesto, después de que un par de sabidillos tuvo la idea de automatizar todo el proceso de indexado, e inventó el célebre algoritmo de búsqueda, nació Google, y el resto es historia. Literalmente: fue saltar desde la Prehistoria iletrada y analfabeta, hasta la época de los registros escritos. Todo lo anterior... es leyenda.

12.- El primitivo correo electrónico.

Hace veinte años atrás, todavía había depravados que usaban lápiz y papel, o máquinas de escribir, y las usaban para practicar el arte arcano de escribir correspondencia. Era una época en la cual los carteros caminaban sobre la faz de la Tierra, y eran una amenaza real para la fidelidad matrimonial, después de que los lecheros fueran reemplazados por el supermercado. Comunicaciones a larga distancia eran sinónimos de teléfono y chat, y tratándose de la palabra escrita, de un artefacto que funcionaba con polvo mágico de hadas y que los más jóvenes entre ustedes a lo mejor han oído mentar a sus padres, y se llamaba fax. En medio de todo eso, alguien tuvo una idea genial: "Si podemos chatear en línea, ¿por qué no almacenar las palabras enviadas?". Es decir, correo electrónico, mejor conocido por la sigla que se puso de moda: e-mail. Porque en esa época, todo era e-algo: e-mail, e-commerce, e-business, etcétera. A diferencia de hoy en día, en que todo es i-algo: iPad, iPod, iMac, etcétera. Por supuesto, habían millones de proveedores de correos electrónicos gratuitos, incluyendo los dichosos portales e incluso los proveedores de Internet, uno de los cuales ofrecía hasta cinco casillas gratuitas si uno se afiliaba con ellos. Me pregunto si esas casillas seguirán existiendo hoy en día. Por supuesto, el naufragio generalizado de los portales en el cambio del milenio significó la aniquilación de todas esas casillas de correo electrónico, con la consiguiente pérdida de toda esa información. Hoy en día, sabemos que eso no podría pasar. Aunque Gmail, Yahoo! y Hotmail se acaben, sabemos bien que las empresas se las van arreglar para guardar esa información bien guardadita. Porque el Gran Hermano te vigila. Ahora. Siempre. Y puede que en cien años más, académicos y eruditos estén publicando "Guillermo Ríos: Su correspondencia completa", así como se publica la correspondencia completa de Maquiavelo o la de la Reina Victoria, a partir de los archivos rescatados desde Google.

Y después de este breve recuerdo nostálgico acerca de la edad heroica de la navegación por Internet, podemos especular... ¿qué dirá la siguiente generación, respecto de lo que era navegar por Internet en 2.016? ¿Se sorprenderán de que usemos WhatsApp en vez de interfaces neuronales directas? ¿Que la batería del smartphone dure menos de 24 horas, después de habérsela pasado reproduciendo videos de gatitos? ¿Que consumir porno sea ver fotos o videos de chicas de Victoria's Secret o Playboy en pantalla, en vez de una experiencia en realidad virtual 3D? Sólo podemos especular...

La industria del porno, a la cabeza del progreso de la civilización.

sábado, 26 de noviembre de 2016

"Marbod el Bárbaro: Imago Dei": La miniblogoserie.


La trifecta de miniblogoseries que comenzaremos a publicar acá en la Guillermocracia, de las cuales ya hemos comentado Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta e Infra Terra: Entronización, se completa con Marbod el Bárbaro: Imago Dei, la secuela de Marbod el Bárbaro.

¿De qué se trata Marbod el Bárbaro: Imago Dei?

Han pasado los años desde sus grandes aventuras de antaño, y Marbod el Bárbaro ahora vive una vida relativamente oscura en la ciudad de Roma, capital del Imperio Romano, trabajando en la herrería de Tulio, escondiéndose de ciertos sectarios y fanáticos que, oyendo sobre los sucesos de años atrás, han comenzado a adorarle como a un dios. Sin embargo, el mundo no cesa de moverse. El Emperador Tiberio ha fallecido, y ahora Calígula es el amo del Imperio Romano. Calígula se considera a sí mismo un dios, pero hay un obstáculo para su poder: Marbod el Bárbaro, el hombre que se resucitó a sí mismo, en Palestina, años atrás. Ahora, nada menos que el mismísimo Emperador del Imperio Romano va tras Marbod el Bárbaro, y no se detendrá ante nada para exterminarlo, y quedar él como el único dios viviente.

¿Qué pasa con la continuidad antigua?

Marbod el Bárbaro: Imago Dei es técnicamente una secuela de Marbod el Bárbaro: Roma prevalecerá, pero no retomará elementos de ésta más allá de alguna referencia casual. En vez de eso, entroncará con la blogoserie original, haciéndose cargo de las consecuencias de la misma, y muy en particular del episodio Sonnenmensch. Eso sí, al estar ambientada varios años en el futuro, MEB:ID funciona como una historia autocontenida, de manera que los nuevos lectores pueden acercarse a la misma sin necesidad de tener un conocimiento acabado de la mitología alrededor del personaje. MEB:ID también ignorará los eventos de Tecnófilo: Conquistador de Marte; no es que dicho spin-off ahora esté fuera de la continuidad, sino que los eventos de T:CdM no se relacionarán con los sucesos de MEB:ID. En cualquier caso, el relato ha sido escrito de manera tal, que los elementos de la continuidad necesarios para entenderlo, han sido incluidos, de manera que los nuevos lectores no quedarán colgados sin entender nada.

¿Cuándo lo podré leer?

Los nuevos episodios de Marbod el Bárbaro: Imago Dei serán publicados el tercer miércoles de cada mes, a partir de Diciembre de 2.016.

¿Es posible leer un adelanto, para ir preparándonos?

No faltaba más. A continuación, algunos fragmentos de los dos primeros episodios de Marbod el Bárbaro: Imago Dei, para tomarle el pulso a la historia:

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– ¡No, tú eres Marbod! ¡Tu fuiste crucificado en Palestina, y te resucitaste a tí mismo! ¡Todo el mundo habla de eso allá! Bueno, no todo el mundo. En realidad, una secta. Ya sabes. Pero… ¡Oye, mira lo que te traemos! ¡Oro! ¡E incienso! ¡Y mirra! ¡Venimos a adorarte! ¡Salve, mesías!

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– Me voy, Tulio. No lo aguanto más. Tener que vivir escondido, y… Además, los pongo en peligro a ustedes, estando aquí. Tengo mis enemigos, después de todo, y…

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– ¡Ah, Zeus! ¿Eso es todo lo que tienes para mí? ¡¡¡MUESTRA TU PODER, O TEME EL MÍO!!! – gritó Calígula. Y como los rayos cesaran, añadió, jadeando de placer: – Sí. Sí… ¡¡¡SÍ!!! Ahora YO soy el Emperador. Y soy más que un Emperador. ¿Acaso esperaban encontrarse con un loco, y se encontraron con un dios…? Porque eso soy, eso he sido y eso siempre seré.

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Y así, en medio de la oscuridad de la noche, embozada en una capa negra para ser irreconocible, Drusila escapó. Justo a tiempo: los pretorianos aparecieron por la calle, y comenzaron a avanzar. Y delante de ellos, nada menos que el mismísimo Calígula hizo acto de presencia.

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– Yo te prometo, Calígula. Yo te prometo… – dijo Marbod el Bárbaro, y luego, gritando con toda la fuerza de sus pulmones, añadió: – ¡¡¡YO TE PROMETO QUE AHORA ES PERSONAL!!! ¡¡¡Y NO HABRÁ FORTALEZA CON SUFICIENTES SOLDADOS, O LATIFUNDIO A SUFICIENTE DISTANCIA, O ISLA CON SUFICIENTE AGUA DE POR MEDIO, QUE ME IMPIDA BUSCARTE, ENCONTRARTE, Y TERMINAR CONTIGO PARA SIEMPRE!!!

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Así es que, recuerden: a partir de Diciembre de 2.016, comienza Marbod el Bárbaro: Imago Dei, aquí en la Guillermocracia.


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