domingo, 19 de febrero de 2017

6 posibles directores para una película de James Bond.


En los últimos años, hemos afrontado un fenómeno inédito en las películas Bond: el director ha crecido en importancia. Un poquito. No demasiado. Pero algo. Tradicionalmente, en las películas Bond el director era apenas un paniaguado puesto ahí para la labor técnica y artesanal de rodar la película en sí, pero todas las decisiones que podríamos considerar como creativas, venían directamente desde el escritorio en la oficina de producción del señor Albert Broccoli primero, y su hija Barbara Broccoli después. ¿Alguien recuerda por ejemplo que la primera película Bond fue dirigida por Terence Fisher, que también se hizo sus pinitos rodando cine de terror para la Hammer? ¿O que todas las películas Bond de la década de 1.980 fueron rodadas por un tal John Glenn? ¿No? Eso es por un motivo.

Pero a partir de la resurrección casi literal de la franquicia con Goldeneye, la película que en 1.995 inauguró la era Brosnan, el director ha ido cobrando importancia creciente. Martin Campbell le infundió una energía a su dirección que después llevaría a Casino Royale, y fuera de la franquicia, a La máscara del Zorro y la por otra parte fallida Linterna Verde. Lee Tamahori venía de rodar El sonido y la furia en Nueva Zelanda, antes de rodar El mañana nunca muere. Michael Apted también tenía una carrera no diremos como buen director, pero sí como artesano respetable antes de rodar El mundo no es suficiente. Y así sucesivamente.

Con Skyfall y Spectre, vimos algo inédito desde la década de 1.980: dos películas Bond al hilo rodadas por el mismo director, en este caso Sam Mendes. Desde John Glenn, sólo Martin Campbell se había repetido el plato, y eso, en dos películas Bond no consecutivas, que fueron Goldeneye y Casino Royale, los inicios de las andaduras de Pierce Brosnan y Daniel Craig como James Bond, respectivamente. Se opine lo que se opine de las películas como resultado final, lo cierto es que Sam Mendes supo darle a su dirección una cierta aura de elegancia, trayendo consigo todas sus técnicas como cineasta artístico, que ya había mostrado en películas como Belleza americana o Camino a la perdición. El Bond de Craig sigue siendo un bruto en un mundo de increíble brutalidad, como en las dos películas inmediatamente anteriores a las de Mendes, pero esa brutalidad nunca se vio tan elegante como bajo su dirección. Lo que hace buena la cuestión de si realmente las películas Bond se beneficiarían de que las rodara un director con pedigrí, y no solamente un mercenario puesto ahí para ejecutar de manera mecánica las órdenes que lleguen desde la producción. En particular porque Sam Mendes ya declaró que no iba a repetirse el plato. Y que con Spectre ha vencido el contrato de Sony para distribuir las películas, por lo que MGM podría dirigirse a otra productora, lo que a su vez podría significar más cambios en la franquicia. Acá en la Guillermocracia haremos uno de esos posteos especulativos que nadie lee, pero que sirven de perillas para rellenar un poquito entre posteo serio y posteo serio, y nos preguntaremos qué pasaría si algún director de prestigio se sentara en el sillín de la dirección de las eventuales películas Bond por venir. Por desgracia, todo este posteo es una pura lista de deseos, sin que a la fecha de dejarlo programado en la cola de publicación hayan noticias al respecto. Pero soñar es gratis y bonito, así es que... adelante con esto.

Christopher Nolan.

No me cabe duda de que una película Bond dirigida por Christopher Nolan sería algo asombroso de ver. Por debajo de su pátina artística, Nolan ha demostrado comprender a la perfección los resortes narrativos de los héroes pulp. No sólo con la Trilogía del Caballero Oscuro, sino también con su experimento noir que fue Memento, con la extravagancia Steampunk que fue El gran truco, o con el homenaje al cine de ladrones en clave Cyberpunk que fue El origen. Y James Bond, no debemos olvidar, es en muchos sentidos heredero del héroe pulp, tal y como lo escribió Ian Fleming en un comienzo, a lo menos. Nolan tiene mucho sentido de la estética, que calza de manera espectacular con el universo Bond, muy en particular con la versión del mismo que hemos visto en las películas de Daniel Craig. Nadie mejor que él para mostrar a un Bond con esmoquin, en escenarios de elegancia modernista o postmodernista, viviendo trepidantes escenas de acción, y con cierto cinismo otoñal en la propuesta.

Clint Eastwood.

Esta es difícil, muy difícil. Si el rodaje de la nueva Bond fuera en 2.017, pillaría a Clint Eastwood con patriarcales 87 años. El señor Eastwood sigue dirigiendo, eso seguro, pero ni siquiera el Pistolero Sin Nombre es inmortal, y en cualquier momento podríamos encontrarnos con su obituario en los diarios. Pero digamos que aún así, lo contratan para rodar una película Bond. Eso sería algo digno de verse. Pocos directores han sabido plasmar en imágenes e historias lo que es la masculinidad tradicional como Clint Eastwood. Su cine es, lo diremos de manera directa, un cine para machos, y eso es justo lo que necesita Bond. Por supuesto, mucho del cine de Eastwood gira no sólo en torno a la glorificación del espíritu del macho, sino también en torno a una cierta deconstrucción, a cómo los valores tradicionales de la masculinidad pueden convertirse en una camisa de fuerza para los varones, muy en particular en sus últimos filmes. Películas como Gran Torino o Sully, por ejemplo, cada una en su propio registro narrativo, muestran lo que pasa machos tradicionales termina como náufragos en un mundo cuya propia mecánica social tiende a superarlos. No me cabe duda de que una película Bond rodada por Clint Eastwood, mostraría a un James Bond un tanto indulgente en su propio machismo, pero luchando a las patadas por ciertos valores superiores que parecen estar quedando en el olvido, en medio de un mundo cada vez más caótico y sin sentido. Es decir, sería la continuación natural del Bond de Craig, retratado en sus cuatro películas como un hombre en lucha no sólo contra amenazas terroristas exteriores al sistema, sino incluso con traidores dentro del mismo sistema, o que habiéndolo integrado, se han pasado al exterior.

Steven Spielberg.

Ya lo decíamos, soñar es gratis. Después del fiasco de El hombre de la pistola de oro en 1.974, como medida desesperada para salvar la franquicia de la extinción, se barajó el nombre de un tal Steven Spielberg, que había rodado un trepidante thriller llamado El duelo en 1.971, y que parecía ser justo lo que la franquicia necesitaba para inyectarle nuevas energías. Pero los productores decidieron esperar a ver qué pasaba con el actual proyecto de Spielberg, una cierta película sobre un escualo comiendo, nadando y criando escualitos, y... Tiburón resultó un éxito tan apoteósico, que Spielberg de pronto resultó demasiado caro como para ser contratado. La respuesta de Spielberg: aliarse con George Lucas para crear una especie de James Bond arqueólogo, que acabó siendo Indiana Jones. Ahora en el Diciembre de 2.016 que acaba de pasar, Steven Spielberg cumplió setenta años, pero si la salud le acompaña, podría seguir rodando películas durante un buen tiempo más. Y entre la marejada de proyectos que lo ocupan, ¿qué pasaría si le dedicara tiempo a 007? Si directores como Nolan o Eastwood podrían profundizar en las constantes del personaje en sus últimas películas, Spielberg por el contrario podría darle un golpe de timón. De pronto, podríamos encontrarnos con un James Bond de regreso a su época más ligera, la era de las películas de Roger Moore con su vena de entretenimiento para toda la familia. Considerando que parte clave de la supervivencia de Bond como personaje en el cine es su capacidad para irse transmutando con los tiempos, ¿vendría mal una película Bond rodada un poco con el espíritu de la aventura ligera de la década de 1.980? Spielberg es un especialista en esas materias, y podría darnos una sorpresa. El único lunar que se me ocurre: los villanos seguro que terminaría siendo una célula neonazi que ha conseguido sobrevivir desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente, o algo así. Y es que a Spielberg se le nota demasiado su herencia, al final del día.

Ridley Scott.

Otro que ya está casi en la ochentena: pasa la década en Noviembre de 2.017. Y uno cuyas últimas películas, todo hay que decirlo, y con la visible excepción de Misión rescate, han resultado algo decepcionantes. Pero Scott tiene en general buena mano para rodar acción, cuando no se le va el exceso de cámara en mano. Además, algunas constantes del cine scottiano calzan de maravillas con el Bond de Craig. Muchos personajes de Scott son metafóricamente huérfanos rechazados o abandonados por sus padres, lo que cuadra con el trasfondo de James Bond; además, muchos héroes scottianos se mueven en un mundo de fuerzas económicas y sociales que son ciegas y más allá de su alcance, lo que por supuesto es la premisa misma de que Quantum y Spectre ya no son terroristas fuera del sistema, sino que se han infiltrado en plan Heil HYDRA!!! hasta el punto de que han estado al borde de transformarse en el mismísimo sistema. Todos estos tópicos, Scott los maneja de maravillas, y además, el hombre es uno de los mejores cineastas en materia de usar fotografía y música para sus películas, por lo que una película Bond rodada por él, sería algo digno de verse. Si además de eso consiguiera que se hiciera cargo de la banda sonora algún viejo colaborador suyo como Vangelis, Hans Zimmer o por último Marc Streitenfeld, que no tiene tanto cartel pero lo hizo bien a las órdenes de Scott, ya tendríamos el full de ases completo para reventar la casa.

Denis Villeneuve.

Un director más joven que los anteriormente mencionados, en Octubre de 2.017 va a cumplir sólo 50 años. Su carrera ha sido de relativo bajo perfil hasta la fecha, y vino a dar de qué hablar en el mainstream recién con La llegada, estrenada a finales de 2.016, todo eso a la espera de ver cómo sale Blade Runner 2049, la secuela de la mítica película de 1.982. Villeneuve ha demostrado hasta la fecha un tacto único para crear personajes frágiles metidos en un mundo durísimo de vivir y enfrentados a situaciones que parecen irremontables sólo con decencia y un poco de buen espíritu individualista. Si quisieran profundizar en esa vena desesperanzada que tienen las películas Bond de Daniel Craig, entonces Villeneuve debería ser el director ideal. Además, parece ser que Villeneuve rueda las películas dentro de ciertos plazos y presupuestos, y además lo hace barato, lo que es otro punto a favor. No todo va a ser creatividad artística, después de todo. Curiosamente, rodar Blade Runner 2049 lo dejó sin tiempo en la agenda para dirigir Soldado, la secuela de su película Sicario que, a partir de la premisa, hubiera tenido un cierto aire de familia con el James Bond retratado por Craig...

Sylvester Stallone.

Esto puede parecer una sorpresa para muchos... pero no debería serlo. Stallone es más conocido por ser Rocky Balboa y John Rambo, pero a sus 70 años recién cumplidos en 2.016, es también un director bastante fino, al que no se le da todo el crédito que se merece. Su dirección en la década de 1.980 tendía a ser bastante camp, como lo vimos en las secuelas de Rocky, pero con el paso de los años se refinó bastante. Dirigió Rocky Balboa, que fue una estupenda despedida del personaje hasta CreedRambo: Regreso al infierno que es la mejor secuela de la Rambo original, y Los indestructibles que es un estupendo homenaje al cine de acción cochambroso de la década de 1.980, y muy superior a sus dos olvidables secuelas. Parte importante de la dirección de Stallone, o al menos del Stallone maduro, es beber de los clásicos. No tenerle miedo a las escenas con contenido emocional, ir directo al grano, ahorrarse florituras, todo ese estilo de cine simple, sencillo y directo que va contra la corriente de directores cada vez más manieristas y barrocos, como un Michael Bay que no puede rodar una vulgar batalla con robots aporreándose sin cargarse el disco duro de los computadores en donde está procesando el CGI (true story). Así, Stallone se ha mostrado un digno heredero de directores como John Ford y Howard Hawks. En lo que sí podría fallar Stallone, es en retratar la atmósfera de glamour de decadente aristócrata inglés que debería tener James Bond como personaje. Pero en todo lo demás, alguien debería pensar en darle una oportunidad. Después de todo, si le dieron un rol en la todavía por estrenarse Guardianes de la Galaxia 2, entonces... ¿por qué no?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Marbod el Bárbaro: Imago Dei - Episodio 3.


En el intertanto, Dragonópterix había llegado ya hasta el Monte Olimpo, hogar y residencia de los dioses. Los cuales, en los milenios anteriores, habían vivido aventuras entremezclándose con los hombres, luchando con monstruos, engendrando descendencia con desprevenidas y núbiles doncellas, etcétera. Pero en el último tiempo, se habían vuelto muy flojos y patanes, y casi no se dejaban ver.

En consecuencia, Dragonópterix estaba yendo de palacio en palacio, del Panteón al Trono de Zeus y de ahí a Pieria, y de vuelta al Panteón, sin que nadie le hiciera el mayor caso. Hasta que de pronto, escuchó a sus espaldas que alguien preguntaba: “¿Dragonópterix?”.

Al voltearse, Dragonópterix vio la figura de Hermes, el mensajero de las almas, y el dios de gente tramposa como los tahúres, los mercaderes, los ladrones y los economistas. Que este dios fuera también el encargado de las reencarnaciones y del pensamiento ocultista, algo debería decir acerca de la condición humana y del misticismo.

– ¡Oh, poderoso Hermes! – dijo Dragonópterix, recordando habérselo encontrado en una aventura anterior. – ¡Os vengo como humilde suplicante, porque hay un amigo en grande desgracia, y…!

– ¡Bah! ¡No fastidies, dragonzuelo de porquería! – estalló Hermes con irritación, pero moviendo la cabeza para mirar en todas direcciones, asegurándose de que lo estuvieran viendo muy enojado. Luego añadió, en voz más baja, casi inaudible: – No fastidies si no tienes… ya sabes… dinero…

Como dios de los mercaderes y ladrones, Hermes era también dios de los sobornos. Y juez de las almas en sus ratos libres, también, porque todas esas profesiones van conectadas unas con otras.

– Dinero no tengo, ¡oh, poderoso Hermes! Mas… bueno… creo que os quedaría debiendo un favor…

– Oh, bien. Veré que puedo hacer, para que consigáis una audiencia con Zeus y ayudéis a tu amigo.

– ¡Grande benefactor sois, oh, Hermes! – dijo Dragonópterix, conmovido.

Todo esto, mientras Calígula arribaba a Pompeya, la ciudad en que se escondía Marbod el Bárbaro, el hombre condenado a muerte porque Calígula estaba emperrado en considerar que Marbod el Bárbaro se creía más dios que él.

Este episodio se titula: “La bahía de Bayas”.

Entró Calígula en Pompeya con grande boato, montado en un carro de combate con delicada madera pintada de blanco, tirada por cuatro caballos también blancos e inmaculados, y escoltado por sus pretorianos con armaduras relucientes. Detrás de Calígula venía una litera de velos traslúcidos que dejaban adivinar la presencia de una dama. Todos ellos, escoltados a su vez por un importante contingente de legionarios.

Todo ello, frente a la enorme muchedumbre que, por supuesto, se había congregado para el espectáculo. No todos los días, un Emperador se dignaba de visitar la ciudad.

En la cumbre del Monte Vesubio, aparecieron unas fumarolas ciertamente de mal agüero.

– ¡Cesad, vosotras! – gritó Calígula a las fumarolas, de manera teatral.

Las fumarolas cesaron su actividad y desaparecieron. Hasta los volcanes parecían temer a Calígula.

Calígula se instaló en el trono ubicado en un podio colocado de manera previa para recibirlo. A su lado había otro trono, que fue ocupado por la dama de la litera; al bajarse de ella se reveló una mujer de formas voluptuosas, ataviada en un apretado bustier de cuero negro y la parte inferior de un bikini también de cuero negro, todo ello cubierto por una enorme túnica traslúcida de gasa roja, que la cubría desde el cuello hasta los pies. Con gracia y dignidad, y una sonrisa algo malévola, la dama se instaló al lado de Calígula, quien la recibió con un beso en la boca.

– ¿Acaso ésa, a la que le da un beso, no es Drusila, su hermana? – preguntó una voz en la multitud.

– ¡Calla! ¡No queréis que os ejecute por lesa majestad! – soltó otra voz cercana.

– La hermana del Emperador se llama igual que yo – suspiró Drusila, junto a Marbod, en medio de la muchedumbre.

Calígula extendió el brazo, elevando ligeramente el mentón, todo ello con calculada teatralidad. Luego, con voz altisonante, habló:

– Venid… Venid… Vuestro Emperador tendrá la gracia de impartir justicia. ¡Venid!

Un tipo se acercó, y se arrojó de bruces al suelo en señal de respeto, gesto que Calígula aprobó con un movimiento afirmativo de cabeza. El peticionario era un pobre desgraciado de ropas deshechas y aspecto muy pobre.

– ¡Mi Emperador Calígula, Mi Dios, Mi Sol!

– ¡Mi Sol, me llamáis! – dijo Calígula, y el peticionario se echó ligeramente para atrás, sin saber si había enojado al Emperador. Calígula notó esto, y dejó pasar un par de segundos antes de seguir hablando. – Mi sol. Mi sol… me gusta. Sí, buen hombre, me gusta. Mi sol. Suena bien, ¿no, mi querida y bienamada hermana Drusila?

Drusila, por toda respuesta, sonrió y le dio un suave beso a Calígula en los labios.

– Pero… ¡hablad, hombre, hablad! ¡No me hagáis perder el tiempo!

– ¡Mi señor, mi Sol…! Sucede que soy un pobre jornalero, trabajo construyendo una casa, y la persona que me ha hecho el encargo, ya me debe varios pagos, y yo entretanto no tengo con qué comprar harina para que mi mujer haga pan, y…

– ¡Ah, mira lo que decís! – dijo Calígula, exagerando sus gestos. – Miren a este pobre hombre… ¿Y vuestro deudor, es muy rico?

– Bueno… tiene cinco o seis casas ya… creo que no le faltarán dineros para ponerse al día.

– Sí, buen hombre – dijo Calígula. – Ese es un mal hombre. No paga sus deudas. Ya he tomado mi decisión. ¡Arrestadle, cortadle las orejas, la lengua y las manos, y luego matadle! Y por supuesto… – dijo Calígula, y añadió con voz más baja y una risilla siniestra: – Confiscadle sus cinco o seis casas, confiscadle todo.

– ¡Pero, mi sol…! ¡Tened clemencia! Yo solo quiero lo que es justo, que se me pague. Eso es todo. Si acaso no queréis pensar en él, al menos pensad en su mujer e hijas, que quedarán en el desamparo…

– ¡Lo sé, lo sé, buen hombre, y tendréis vuestro pago, eso os lo garantizo! Pero no puedo permitir malos ciudadanos, en particular que sean ricos, y muy en particular que sean malos ciudadanos y sigan siendo ricos en vez de ofrecerme sus dádivas y negando así que yo soy un dios. Así es que, en pie queda mi edicto. ¡Id a por ese hombre, y haced como he dicho con él! Y… bien pensado, buen hombre, bien pensado en la mujer e hijas de ese desgraciado. ¡Id también a por ellas, reducidlas a esclavitud, y si son de buen ver, dadles alojamiento en el lenocinio de mi palacio! Serán consagradas a mi placer, y yo, siendo un dios, con el placer de ellas perdonaré los pecados de su pater familias.

Poco después, un hombre de clara posición social era paseado y arrastrado por un par de soldados, mientras chillaba. Detrás de él iba una mujer de edad regular, más unas damas de edad núbil, todas ellas a medias desnudadas, y arrastradas por los soldados.

El siguiente peticionario reclamó porque era un campesino pobre y un vecino le había matado al gato, que era la gran defensa que tenía contra las ratas que invadían el granero. Calígula condenó al vecino felinocida a la pena capital, y a la confiscación de sus bienes. El tercer peticionario quería que se resolviera una cuestión de herencias; todos los otros herederos fueron condenados a muerte, y sus respectivas porciones de herencia, así como todos los otros bienes, fueron confiscados. Vino un cuarto peticionario que se quejó porque se negaban a pagarle la apuesta por un juego de gladiadores; el que se negaba a pagar fue condenado a muerte, y a la confiscación de sus bienes. Otro se quejó de su esposa porque ella quemaba el pan; Calígula hizo un comentario despectivo acerca de que la esposa seguramente no tenía bienes propios, y se limitó a condenarla a diez latigazos. Otro que era cojo y atendía un puesto de frutas, se quejó de unos pilluelos que se la pasaban robándole; Calígula meditó un instante, y luego ordenó reducirlos a la esclavitud y venderlos para sacar algún dinerillo, y además de eso, la medida servía de castigo. Así, en una tarde, el tesoro de Calígula aumentó unas cuantas veces, y además de eso, se impartió algo más o menos parecido a lo que de manera muy lejana podría llegar a llamarse como justicia. No el concepto de justicia aristotélica, por supuesto, pero algo es algo.

Mientras Calígula se dedicaba a mejorar los equilibrios fiscales, e impartir justicia de paso, sus gentes trabajaban de manera diligente en la bahía. Finalmente, un legionario apareció ante Calígula, y saludando con el brazo derecho extendido y la palma de la mano abierta, dijo:

– ¡Ave César! ¡Los trabajos en la bahía han culminado!

– ¡Ah, qué bien! Qué bien – dijo Calígula, levantándose con ímpetu y ampulosidad. – ¡Ven, ven, mi adorada Drusila! ¡Ahora veréis lo que valía ese astrólogo que decía que era más fácil cruzar a caballo sobre la Bahía de Bayas, que yo llegara a ser Emperador.

Sobre la Bahía de Bayas, una flota entera de naves había sido puesta de manera alineada, de manera tal que se había conseguido clavar tablones entre nave y nave. De esta manera, la flota entera de naves conformaba una especie de puente flotante de madera que iba de una punta a otra de la bahía.

Calígula se montó en un caballo inmaculado, y dirigiéndose a la población de Pompeya, les dijo:

– ¡Mirad! ¡Mirad el cumplimiento de la profecía! ¡Porque… YO… SOY… CALÍGULA!!!

– Huh… ¿Botita? ¿En serio? – preguntó alguien entre la multitud. Los legionarios miraron enseguida entre la gente para buscar al insolente, pero ninguno llegó a descubrir quien era. Un leve gesto de fastidio ensombreció el semblante de Calígula, pero luego recuperó el manejo escénico, y levantando su brazo derecho extendido a manera de saludo, emprendió el trote con su caballo, subiendo al primer tablón y comenzando así el cruce por su pintoresco puente.

Marbod el Bárbaro, quien había contemplado el espectáculo junto con Drusila, su esposa Drusila y no Drusila la hermana de Calígula por supuesto, habló en voz baja mientras llevaba su mano a su espada.

– Calígula se ha puesto a sí mismo en un lugar sin escapatoria, y en donde no caben muchos soldados que puedan defenderlo. Drusila… ha llegado el momento de vengar a tu padre.

Y luego de darle un suave beso de despedida a su esposa, Marbod el Bárbaro emprendió una caminata implacable en dirección hacia los barcos. Los legionarios, al verle decidido, intentaron interceptarlo. Pobres diablos. La palabra “quebrado” describe lo que sucedió con ellos: brazos quebrados, piernas quebradas, cuellos quebrados, miembros viriles quebrados… ¿Y por qué es esto posible? Porque él es… ¡¡¡MARBOD EL BÁRBARO!!!

Finalmente, Marbod el Bárbaro estaba encima del puente. Y con voz estentórea, gritó:

– ¡¡¡CALÍGULA!!! ¡¡¡LLEGADA ES TU HORA!!!

Calígula, oyendo esto, dio vuelta a su caballo para mirar al insolente. Y entonces vio como Marbod el Bárbaro se acercaba a toda carrera en su contra. Calígula palideció. Una cosa es estar parapetado detrás de un montón de legionarios como guardaespaldas, y otra muy distinta que los legionarios y pretorianos disponibles tengan algunos pequeños problemas traumatológicos por culpa de un guerrero bárbaro de fortaleza monumental que tiene una cuenta pendiente y que se avecina ahora a toda carrera para cobrársela.

De manera que Calígula juzgó más seguro emprender la cabalgata, y espoleó a su caballo. El mismo empezó a correr a toda prisa, pero se frenó a sí mismo un resto porque el miedo de caer al agua nubló la conciencia del pobre equino. Marbod el Bárbaro alcanzó así a Calígula.

Marbod el Bárbaro tiró de la capa de Calígula. Este rodó contra la cubierta de un barco. El mismo había sido despejado, en prevención de que algún asesino pudiera infiltrarse, de manera que no había nadie que defendiera al Emperador. Marbod el Bárbaro levantó su espada y la clavó con fiereza, hundiéndola casi hasta la empuñadura en el maderamen de la nave. Pero Calígula esquivó el golpe rodando sobre sí mismo, aprovechando el movimiento para levantarse.

– ¿Crees que vivirás, Marbod? ¿Crees que no morirás, y que tu esposa no será violada por una legión entera de legionarios? – gritó Calígula. – ¡¡¡YO SOY EL EMPERADOR!!! ¡¡¡YO SOY UN DIOS!!!

Marbod el Bárbaro desenterró su espada y, ciego de rabia, cargó contra Calígula. Este volvió a esquivarlo, mientras sacaba su espada. Calígula adivinó que contaba con un punto de ventaja: Marbod el Bárbaro podía ser más fuerte, pero estaba enceguecido por la ira. De manera que Calígula, con un movimiento de espada, rasgó un pedazo de vela y se hizo una capa con ella. Marbod el Bárbaro cargó, y Calígula lo toreó de manera diestra. Marbod el Bárbaro se detuvo, mirando a Calígula con ira, mientras resoplaba con ambas fosas nasales, decoradas por venas muy hinchadas.

– Marbod el Bárbaro… Nuestra nueva celebridad – se burló Calígula.

Pero ahora Marbod el Bárbaro, siempre con los ojos inyectados en sangre, se movió de manera lenta e implacable hacia Calígula. El terror se aposentó en los ojos del Emperador. Marbod el Bárbaro levantó su espada. Calígula, desesperado, arrojó su capa, tratando de enredar a Marbod. Ambos movimientos se mezclaron de manera maligna, y los dos contendientes terminaron enredados en la capa, rodaron por la cubierta, salieron por un tablado, y cayeron al agua.

El peso de la armadura arrastraba a Calígula de manera inexorable hacia el fondo de las aguas, pero el Emperador, espoleado por el instinto, se aferraba a la pierna de Marbod el Bárbaro, arrastrándolo consigo. Pero… vamos. Es Marbod el Bárbaro. El protagonista de esta historia. No es como que se va a morir, ¿verdad? Por supuesto, Marbod el Bárbaro se zafará y volverá a la superficie, mientras que Calígula seguirá hundiéndose y morirá ahogado, pagando por sus mald…

No. Calígula se hunde demasiado rápido y está demasiado aferrado a Marbod el Bárbaro, y éste, para zafarse, debería doblarse sobre sí mismo, lo que no puede hacer por la velocidad con la cual se hunde en el agua. Además, ya lo decíamos en el episodio anterior, Marbod el Bárbaro no sabe nadar. ¡Pero no importa! ¡Miren! ¡Ahí viene el delfín a quien Marbod el Bárbaro devolvió al agua en el capítulo anterior! Seguramente yo, su Cronista, incluí al delfín bajo la apariencia de estar contando una gracieta, pero en realidad el objetivo era sorprender al lector con este rescate de última hora, y así, todos dijeran con un “¡guau!” de exclamación, lo bueno que soy creando suspenso…

Tampoco. Porque el delfín, acordándose del puñetazo con el cual Marbod el Bárbaro lo sacó del agua en primer lugar, se acercó a éste, pero para pegarle un fiero aletazo, y después reirse en la cara de él, haciendo “hyi-hyi-hyi-kikrikrikirikirí” como hacen los delfines, lo que en su idioma significa algo así como: “¿Te gusta, desgraciado? ¿Ah? ¿Te gusta? ¡Jajajá! ¡Me río de ti mientras te ahogas, bastardo!”.

Pero todavía quedan los dioses. Para ellos nada es imposible, ¿no? Y Dragonópterix está intercediendo por Marbod el Bárbaro, ¿no? ¡Sí! ¡Los dioses lo salvarán! ¡Hurra por Marb…! Eh… no. Porque mientras tanto, en el Monte Olimpo, Dragonópterix está esperando su audiencia, mientras de fondo suena una versión lounge de Spanish Flea como música de espera. Y de los dioses germanos ni hablar, ellos están más lejos todavía, y ni siquiera se han enterado de todo este lío.

Diablos. Ahora ni siquiera los dioses podrían salvar a Marbod el Bárbaro. ¿Es que acaso ha llegado el final de sus aventuras? ¿Perecerá nuestro héroe de una manera tan miserable? ¿Habrá triunfado Calígula, que morirá ahogado, por supuesto, pero al menos habiéndose cargado a nuestro héroe…? La respuesta a esta y otras interrogantes…

Discúlpenme hasta el próximo episodio. Necesito ir al supermercado y comprarme una buena botella de licor. Mañana voy a amanecer con una resaca de Olimpo y Asgard mío, pero con un poco de suerte, hasta se me ocurre cómo sacar a Marbod el Bárbaro de este atolladero…

Próximo episodio: “Diálogos de los dioses”.

domingo, 12 de febrero de 2017

12 canciones románticas para agarrar a patadas al amor.


Para la gente antirromántica, la película Alta fidelidad tiene una de las mejores líneas de la Historia. Al inicio, el protagonista reflexiona, en off como corresponde a una película con ínfulas: "¿Qué vino primero, la música o la miseria? La gente se preocupa acerca de los niños jugando con armas, o viendo videos violentos, ese tipo de cultura de la violencia que se apoderará de ellos. Nadie se preocupa por los niños escuchando miles, literalmente miles de canciones acerca de corazones rotos, rechazo, dolor, miseria y pérdida. ¿Me puse a escuchar música pop porque era miserable? ¿O era miserable porque escuchaba música pop?". Es un buen punto. Después de todo, el grueso de las canciones de amor en realidad son canciones de desamor: relaciones que se rompen, advertencias al futuro o la futura pareja del o la ex, añoranza, infidelidad, venganza, negación de los verdaderos sentimientos, te amo pero debo marcharme, metí la pata pero es demasiado tarde para arreglarlo... Por su parte la otra vereda, la del amor sereno y tranquilo, no inspira demasiado. ¿Cuántas canciones recuerdan ustedes acerca de la felicidad de estar juntos, compartir de la vida y casarse? ¡Por algo las películas románticas terminan con la boda! La excitación del "lo harán o lo harán" es muy superior a la excitación del "a ver a quién le toca lavar la vajilla esta noche".

Por eso, ahora que se acerca la edición 2.017 del Día de los Enamorados, y siguiendo la que a estas alturas del partido es una tradición dentro de la Guillermocracia, en la honorable senda de posteos memorables como 10 historias románticas que terminan muy mal, y 12 horripilantes mitos románticos y sexuales griegos, este año nuestra publicación en torno a dicha efeméride se centrará en canciones románticas que hablan acerca del lado más oscuro del amor. Por supuesto que elegir doce canciones fue un parto, no por falta de material sino por todo lo contrario, por la desbordante cantidad de temas musicales dedicados a los corazones rotos, desgarrados, sangrantes, aplastados, pasados por la trilladora, molidos y convertidos en comida para gatos, etcétera. Seguro que los lectores podrán aportar más ejemplos a porradas, porque todo el mundo tiene su canción antirromántica favorita. Incluso, si se animan y juntan la masa crítica suficiente, hasta podemos hacer un posteo adicional. O dos. O cinco. Porque canciones románticas que hablan acerca del veneno del amor, hay para dar y regalar.

De manera que, sin más preámbulos, ha llegado el tiempo de una nueva entrega de esta serie no oficial de posteos del Día de los Enamorados, para gente que no está enamorada. O que está enamorada sin esperanzas de que ese amor les llegue de regreso. O que vive en una relación que es un infierno. Adelante entonces: seguro que entre estas canciones, hay algo para ustedes.


1.- Marina and the Diamonds - How To Be A Heartbreaker (2.012).


Vamos a partir con la pista suave. Inofensivo pop a cargo de Marina and the Diamonds. Con un videoclip cargado de fanservice para el lado femenino, para que no se quejen de que a ellas nunca les toca. La melodía por otra parte no parece tener nada del otro mundo: guitarra marcando un ritmo alegre, una melodía que consigue enmascarar su tono en escala menor... Hasta que uno se pone a repasar la letra. Cómo ser un rompecorazones, ése es el título de la canción en castellano, es justo lo que dice: un manual de instrucciones para aplastar, oprimir, aniquilar y erradicar los corazones. Porque el amor es un juego, y el juego lo gana quien raja el corazón ajeno en dos y lo deja llorando y tirado en la calle gimoteando y en posición fetal mientras hace un miserable y fallido esfuerzo por soportar el dolor bajo la lluvia. Y el pobre idiota que quiere jugar el juego de otra manera, que quiere construir una relación basada en el amor, la confianza y la entrega... lo acabo de decir. Pobre idiota. Destruye corazones o el tuyo será destruido. El amor como darwinismo social llevado a su máxima expresión. Casi como cuando el Papa hizo un llamado a la paz mundial, y Stalin retrucó en tono de burla: "¿Y cuántas divisiones me dicen que tiene el Papa?". Porque amar es para perdedores; ser amado y vampirizar sentimientos ajenos sin amar a cambio, es el boleto al bienestar psicológico y al triunfo social.


2.- Toni Braxton - Un-Break my Heart (1.996).


Un clásico cortavenas absoluto. En la década de 1.990 hubo una breve epidemia de Rhythm and Blues clásico, como suele haberla en promedio una vez cada diez años, y en medio de ella se coló Toni Braxton, una cantante con una voz tan potente como... su figura, digámoslo así. No fuimos pocos los que la vimos bastante guapa en el videoclip, sufriendo por su amor ya ido, y hubiéramos hecho cola para consolarla y decirle que, muy en el fondo, la vida no es tan mala con un nuevo amor, guiño de ojo incluido por si algo cae. Pero refiriéndonos a la canción... es una clásica balada del subgénero "te ruego que vuelvas a mi vida". El título tiene truco para traducirlo al castellano, pero vendría siendo algo así como Arregla mi corazón que se rompió, o algo así. Decir un-break en inglés, en el modo imperativo del verbo, vendría siendo algo así como haz lo contrario de romper, y eso no es traducible al castellano con exactitud 5x5. La letra va de ella cantando acerca de lo mucho que sufre luego de que él la ha dejado, y de cómo lo único que la volverá a hacer feliz, es que su amado vuelva. Un clásico absoluto de las letras de canciones románticas. O antirrománticas. Aunque en este caso, admitámoslo, Toni Braxton se las arregla para vender bien la canción. Lo suficiente como para no hacer recomendable el escuchar la canción en un estado de verdadera depresión sentimental. Porque... vamos, todos hemos pasado por eso. Más de una vez. Y ni ustedes ni yo queremos volver a vivir ese infierno. En particular luego de que descubrimos de que esa persona a quien echábamos tanto de menos... al final no valía tanto la pena como para echarla así de menos. El amor es así.


3.- Reba West - It's You (1.985).


El primer aporte del anime a la lista, porque vendrá otro más. Es muy posible que el nombre de Reba West no les diga nada, pero si tienen ya una cierta edad, sabrán de que hablo si menciono que ella le dio voz a Lynn Minmei en Robotech. Serie que fue tan influyente en su tiempo, que la hemos tocado de una manera u otra en varios posteos de la Guillermocracia, incluyendo Robotech: Diez errores de continuidad que no habías notado antes, y relacionado, el posteo acerca de si Macross partió como una parodia de Mobile Suit Gundam y Space Battleship Yamato. Las canciones de Minmei tendían a ser llenas de esperanza y optimismo, pero también ahí está It's You, acerca de un tema clásico en materia de canciones antirrománticas: la relación sentimental que se ha terminado, pero de la cual parece imposible moverse hacia adelante. Parte suave, con la chica mencionando que siempre se acuerda del chico, en particular tarde en la noche (ejem). Y luego viene el plato fuerte: "Eres tú a quien extraño / Eres tú quien está en mi mente / Eres tú a quien no puedo dejar atrás / Soy yo la que está perdida / La que perdió su corazón / Contigo quien desgarró mi corazón" ("It's you I miss / It's you who's on my mind / It's you I cannot leave behind / It's me who's lost / The me who lost her heart / To you who tore my heart apart"). Y al final termina diciendo que desearía ser ella a quien él extraña. Por supuesto, lo sabemos quienes vimos Robotech, al final y luego de juguetear con ambas, el inmaduro de Rick Hunter la dejó a un lado y se quedó con Lisa Hayes, y a Lynn Minmei le tocó cantar en la boda de los dos. Lo decíamos en el posteo 10 historias románticas que terminan muy mal: el amor en Robotech apesta. Y este programa era para los niños. Educación sentimental para la vida a tope aquí.


4.- Blondie - X-Offender (1.976).



Que me cuelguen si Blondie no es una de las más grandes bandas rockeras que ha parido Estados Unidos. Pocas bandas han conseguido mezclar influencias tan dispares como el Punk, la New Wave, el Rap, la Música Disco, el Reggae y la electrónica para crear un sonido que es propio y original de ellos, y que no suene forzado, ridículo o hipster. Su mismísimo primer single ya apuntaba maneras con su título: X-Offender. Cambiado desde el más provocativo Sex Offender. La letra iba inicialmente de un chico de dieciocho al que lo arrestaban por tener sexo con su novia menor de edad. Porque si la edad para tener sexo consentido es de dieciocho, entonces podemos llegar al absurdo de que un chico de dieciocho años y dos días podría ir a la cárcel por tener sexo con una chica de diecisiete años y trescientos sesenta y cuatro días. Y todo, en una época en la cual hay chicas de once años que se embarazan, presumiblemente del Espíritu Santo, porque todos los menores son inocentes e ignorantes de la vida hasta que pasan a la mayoría de edad, ¿verdad? Pero volviendo a la canción, resulta que luego cambiaron la letra por algo... más salido. Un fragmento: "Nos sentamos en la noche - Con mis manos esposadas - A mi lado - Miré a tu vida - Y tu estilo - No quise nada más" ("We sat in the night - With my hands cuffed - At my side - I looked at your life - And your style - Wanted nothing more"). Una chica que goza con que le esposen las manos, ¿puede ser algo más pervertidillo? Sí, si se puede. En el contexto de la canción, la chica es una prostituta enamorada del policía que la ha arrestado. El amor es así de extraño. Y no me pregunto sobre si alguna vez ha sucedido algo como eso en la vida real, porque si hay algo que me han enseñado mis años de circo, es que todo puede suceder en la vida real, si le das el tiempo suficiente. Incluso que un policía arreste a una chica por prostituirse, y que ella se enamore del policía y de su... ¿cómo decía la letra? Su vida y su estilo. Por qué no.


5.- The Police - Every Breath You Take (1.983).


¿Alguna vez, chicas, han tenido un galán que les ha dedicado Every Breath You Take de The Police? Romántico, ¿verdad? Jajá. ¿Alguna vez, chicos, le han dedicado Every Breath You Take de The Police a una chica? Espero por el bien de ustedes que ignoren lo que dice la letra, porque de lo contrario, háganselo ver que lo suyo es de psiquiátrico. Muy en serio. Porque esta hermosa y sentida balada romántica... no es una hermosa y sentida balada romántica. O mejor dicho, sí lo es... pero cantada desde una óptica muy... especial. Veamos la letra: "Cada vez que respiras / Y cada movimiento que haces / Cada cadena que rompas, cada paso que des / Te estaré vigilando / Cada día en particular / Y cada palabra que digas / Cada juego que juegues, cada noche que te quedes / Te estaré vigilando" ("Every breath you take / And every move you make / Every bond you break, every step you take / I'll be watching you / Every single day / And every word you say / Every game you play, every night you stay / I'll be watching you"). Si consideran que el vampiro de Crepúsculo vigilando a Bella mientras ella duerme es algo romántico, entonces no verán nada fuera de tiesto aquí. Pero si piensan que el amor para crecer necesita de respeto por el espacio personal, entonces verán que en el fondo tenemos a un tipo muy obsesivo y probablemente enfermo. La clase de enfermo que podría sacar un cuchillo y llegar a matarte porque "eres mía". O de cómo Every Breath You Take tiene menos que ver con el amor de noviazgos y bodas, y más con los pensamientos de un futuro candidato a acabar formalizado por femicidio o algo similar. Todos los días aparecen notas de ésas en la prensa. Romántico, ¿no?


6.- REM - The One I Love (1.987).


En alguna ocasión, Michael Stipe el vocalista de REM, declaró lo perturbador que era encontrarse con The One I Love como banda sonora de matrimonios, como otra canción romántica más. El título parece venderlo: "Aquella a quien amo". El punto es que la canción se titula de esa manera como sarcasmo puro y duro. Veamos la letra: "Esta va para aquella a quien amo / Esta va para aquella a quien dejé atrás / Un simple apoyo para ocupar mi tiempo / Esta va para aquella a quien amo" ("This one goes out to the one I love / This one goes out to the one I've left behind / A simple prop to occupy my time / This one goes out to the one I love"). Muy cínico, y difícilmente romántico. La superficialidad en relaciones de saltar de cama en cama, llevada a su máxima expresión. O de cómo llamar amor a la calentura pasajera. ¿Todavía quieren dedicarle esta canción al tórtolo o la tórtola de sus vidas? Ya saben por qué yo mismo no lo hago.


7.- Lacrimosa - Siehst du mich im Licht? (1.997).



El Metal Gótico es una fuente inagotable de canciones acerca de dolor y sufrimiento, y lo muy bello que me veo cuando siento dolor y sufrimiento. Ya el propio nombre de la banda Lacrimosa es poco alentador, en cuanto a valores tales como el optimismo y la felicidad. La canción Siehst du mich im Licht?, que en alemán vendría siendo ¿Puedes acaso verme en la luz?, tiene un tono bastante espeluznante. La canción tiene algo de esperanza y optimismo hacia el futuro. Tanta esperanza y optimismo como se puede predicar de la banda de Tilo Wolff, pero ya me entienden. Es acerca de cómo el cantante se da cuenta finalmente de que la persona frente suyo no vale la pena, sólo que dicho de una manera menos prosaica: "Dos ojos en tu cabeza / Y los oídos a izquierda y derecha / Y tan ciega como un pez muerto / No puedes entenderme / No - tu nunca me entenderás / Sólo puedes hablar de ti / No te importa un carajo si es verdad o no / Porque nunca te afecta al final / Eres la última autoridad / Eres la medida de la balanza / Eres la asesina de cada esencia de la verdad" ("Zwei Augen im Kopf / Und die Ohren links und rechts / Und so tot wie ein blinder Fisch / Du kannst mich nicht verstehen / Nein - du wirst mich nie verstehen / Nur reden kannst du uber mich / Dir ist es scheissegal ob es wahr ist oder nicht / Denn am Ende trifft es niemals dich / Du bist die letzte Instanz / Du bist die Regel der Instanz / Du bist der; order jeder Wahrheitssubstanz"). Y claro, él, dolido porque el amor duele, se va, o eso se da a entender. Supongo que la intención es que simpaticemos con el cantante porque al final ha superado esa relación dolorosa y marchita, pero siempre que escucho esta canción, no dejo de sentir cierta piedad por esa desgraciada que se quedó atrás por su incapacidad para amar. Pero claro, qué más da. Lo importante es que Tilo Wolff está bien, así es que, a aplaudir por ello. ¿Egocentrismo a la vena? Hablamos de Metal Gótico aquí; para valores sociales, mejor escuchar Congreso o Los Jaivas...


8.- Paw - Jessie (1.993).


Aparte del Metal Gótico... el Grunge, esa otra fuente inagotable de canciones acerca de lo mucho que sufro y me duele vivir. Pero sin la belleza estética del dolor y el sufrimiento del Metal Gótico. Lo que es predecible: el Metal Gótico fue inventado por los europeos, y el Grunge por los estadounidenses, y ya sabemos de qué lado cayó el Renacimiento, el Barroco y el Surrealismo. Por debajo de las bandas grandes como Nirvana, Pearl Jam o Alice In Chains, surgieron varias otras que nunca lograron hacerse conocidas, y Paw es una de ellas. Sí, la palabra inglesa que se traduce como Garra, o Pata. Garra-pata, espero que no. En Jessie nos encontramos con una clase de amor diferente: la de un pobre y humilde quiltro para con su amo. Veamos qué dice el quiltro: "Haz doler al perro, agarra al perro, agarra al perro / Rasca mi oído, rasca mi oído, rasca mi cabeza / Por favor juega conmigo, juega conmigo, juega conmigo" ("Hurt the dog, grab the dog, grab the dog / Scratch my ear, scratch my ear, scratch my head / Please play with me, play with me, play with me"). Y el amo, que por supuesto es un joven angustiado por la vida porque es de una banda Grunge que hablamos, responde: "Pero Jessie / Hace frío afuera, y no regresaré a casa / No sé en dónde estaré, o cuándo llegue la mañana / Y Jessie eres un buen perro, por favor no me sigas / Sólo vete al hogar" ("Oh but Jessie / It's cold outside, and I'm not coming home / I don't know where I'll be, oh when the morning comes / and Jessie you're a good dog, please don't follow me / Just go on home"). Si la letra no les rompe el corazón, es que nunca han tenido la bendición de que una mascota los reciba en el hogar, gozosos porque ustedes vuelvan. Pobre Jessie. Amar duele, incluso si eres un perro y amas a tu amo. En fin. La canción es de 1.993, así es que no hay manera alguna en que Jessie, con la breve expectativa de vida que tienen los perros, esté vivo ahora en 2.017. Que en la muerte encuentre la paz y el sosiego que no tuvo en su abandonada vida...


9.- Chris Cornell - You Know my Name (2.006).


La canción Bond clásica estándar habla acerca de lo muy macho que es 007, y de lo entretenido que es andar jugando con pistolas por ahí. Usando la palabra pistola en todo el doble sentido del término, por supuesto, porque es 007. Pero andando el tiempo, cuando el machismo carpetovénico del agente secreto al Servicio Secreto de Su Majestad se ha ido haciendo cada vez más inaceptable en términos valóricos, las canciones Bond empezaron también a mutar. Al final acabé decantándome por esta, porque es la canción acerca de por qué James Bond jamás le dará su corazón a ninguna chica. Apropiado para ser el tema principal de Casino Royale, el reboot que vivió la franquicia en 2.006. La canción no podría ser menos romántica si se lo propusiera: "Armate a ti misma porque nadie vendrá a salvarte / El azar te traicionará / Y yo te reemplazaré / No puedes negar el precio, quizás nunca te llene / Lo que tome matarte / ¿Acaso deseas morir? / La sangre más fría corre por mis venas / Tú conoces mi nombre" ("Arm yourself, because no-one else here will save you / The odds will betray you / And I will replace you / You can't deny the prize, it may never fulfill you / It longs to kill you / Are you willing to die? / The coldest blood runs through my veins / You know my name"). Traducido en corto: chica mala, yo soy más malo y luego de que te pille... adios y muérete, de manera metafórica o literal, tanto más da. O de cómo un montón de chicas se hubieran ahorrado corazones rotos y balas en el cráneo por culpa de James Bond, si Vesper Lynd no hubiera sido tan desgraciada, o al menos, si el MI6 tuviera psicólogos más competentes para tratar a sus agentes secretos de la división Doble Cero. Y hablando de canciones Bond, por el camino nos dejamos la muy potente Tomorrow Never Dies de Sheryl Crow, porque la debilucha interpretación de la cantante no le hace justicia al tema, o Skyfall, porque explicar esa canción implica mandarse un par de spoilers bastante potentes, aunque me pregunto si a estas alturas queda alguien que no sepa acerca de qué es Skyfall o cómo termina el asunto, o Writing's on the Wall porque aparte de que la canción es quizás demasiado bombástica en cuanto a sus arreglos, el falsete que se manda Sam Smith termina de matar el encanto que pueda tener. Hasta las canciones antirrománticas deben tener algo de dignidad, después de todo.


10.- Jean-Jacques Burnel - We Were Lovers (2.004).


El segundo aporte del anime a la selección, y ahora uno sin tamizar por la respectiva macekre estadounidense, como fue el caso de Robotech. Porque el anime suele ser también otra fuente masiva de canciones para romper el corazón. Muchos años atrás, acá en la Guillermocracia, comentamos acerca de un anime llamado Gankutsuou, que era una adaptación de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, pero en clave de Ciencia Ficción. El opening y ending son reflejo el uno del otro, ya que ambos están cantados desde el punto de vista del mismo personaje, pero en un caso como Edmundo Dantés, y en el otro ya como el Conde de Montecristo. El ending es así un tema rockero acerca de cómo el Conde se ha endurecido por la vida y ha regresado para cobrarse su venganza, pero, ¿el opening? El opening es acerca de cómo, muy en el fondo, Edmundo Dantés sigue amando a su añorada Mercedes por sobre todas las cosas. Creo que todos conocemos la historia, así es que no necesito dar detalles. La canción se abre con el cantante declarando su amor a pesar de las mentiras y los silencios que los han separado, con la esperanza de que todavía puedan estar juntos, pero lo que de verdad vende la letra es luego, cuando dice que "tú y yo fuimos amantes / Nuestros sueños no iban a ser amargados por la vida / Y entonces la traición de mis amigos / Hizo que ya nunca puedas ser mi esposa" ("You and I were lovers / Our dreams were not soured by life / And then my friends' betrayal / meant you never would be my wife"). Porque esa es la verdadera tragedia de la historia del Conde de Montecristo: que la felicidad perfecta de Edmundo Dantés y Mercedes no fue arruinada por culpa de ninguno de los dos, sino por gente envidiosa que destruyó su vida más allá de toda posible reparación, y el único crimen que cometió Dantés para merecerlo, fue ser demasiado ingenuo, amistoso y buena gente. O de cómo Hobbes tenía razón: el hombre es el lobo del hombre. Luego, la canción repasa su primer párrafo, pero después de lo anterior, la misma letra cobra un sentido diferente, ya no como una expresión de esperanza en que las cosas se arreglen, sino como la constatación y aceptación de que, en efecto, su amor se ha terminado y todas las esperanzas yacen rotas y pisoteadas en el suelo, sin que valga la pena recogerlas de nuevo. El material con el que se confeccionan las pesadillas, y si no, piensen ustedes, si tienen una relación romántica, en cómo ésta podría ser destruida de un día para otro por cualquier malentendido que se maneje mal.


11.- Eric Clapton - Tears in Heaven (1.991).


Una de amor paternal, para cambiar un poco de registro. Eric Clapton tiene una cierta mala fama entre los rockeros, porque partió como un tipo muy potente en la década de 1.970, con temazos como Layla, que era otro potencial candidato para esta lista, para luego adocenarse hasta el punto de grabar un unplugged en MTV, muy apto para adultos aburridos y aversos al riesgo. Eso no quita que Tears in Heaven es una de las canciones más tristes de todos los tiempos. Las lágrimas en el cielo a que alude la canción, son las que podría derramar el cantante si se encuentra con alguien querido luego de la muerte... y ese alguien querido, por un motivo u otro, no lo reconoce: "¿Conocerías mi nombre / Si te viera en el cielo? / ¿Sería acaso lo mismo / Si te viera en el cielo? / Debo ser fuerte / Y seguir adelante / Porque sé que no pertenezco / Aquí en el cielo" ("Would you know my name / If I saw you in heaven? / Would it be the same / If I saw you in heaven? / I must be strong / And carry on / 'Cause I know I don't belong / Here in heaven"). Y ahora es cuando viene el puñetazo en la panza. Aunque oficialmente la canción pertenece al soundtrack de la película Hasta el límite de 1.991 (Rush es su título original, no confundir con la película de Demi Moore), lo cierto es que Eric Clapton la compuso refiriéndose a la que quizás es la peor desgracia personal de su vida. El 20 de marzo de 1.991, el hijo de Clapton, Conor, de apenas cuatro años de edad, cayó por accidente al vacío desde un piso 53. Si no lo sabían, entonces prueben a escuchar esta canción de nuevo, ahora entendiendo que se refiere al miedo de reencontrarse con su hijo en el Más Allá, y que éste no lo reconozca, sea porque murió siendo demasiado niño para entender, o sea porque el propio cantante ha quedado tan destrozado por la pérdida, que ya ni siquiera la Felicidad Celestial es suficiente consuelo para él. No creo que ustedes necesiten que yo les preste mi nudo en la garganta, que para eso ya están desarrollando el suyo propio gracias a esto.


12.- Victoria Justice y Elizabeth Gillies - Take a Hint (2.012).


Terminemos de manera un poquito más liviana, para no acabar tan aplastados contra el suelo que no necesitemos abrir la puerta cuando tengamos que pasar a la habitación de al lado. Entre las múltiples series producidas por Dan Schneider estuvo Victorious, la que lanzó al estrellato a la muy guapa Ariana Grande. Y en la que también actuaba, parece, una tal Victoria Justice, que hasta donde llegan mis noticias, era la protagonista, pero eso a quién le importa, porque... Ariana Grande. Ejem. A través de la vida, pasión y milagros de una aspirante a cantante, el programa usaba la siempre vendedora ecuación de adolescentes y canciones; entre ellas se infiltró el hilarante dueto de Victoria Justice y Elizabeth Gillies, en donde ellas se quejan de los pretendientes que les salen al camino. La letra de Take a Hint (más o menos traducible como capta el mensaje, o bien pesca la indirecta, o bien pégate el alcachofazo) refiere cómo las chicas adolescentes guapas les toca lidiar no sólo con galanes guapetones, que a esa edad son demasiado pavos como para hacer sus avances, sino también con esos patanes que, grados alcohólicos mediante, se envalentonan para tratar de hacerse los conquistadores. Vale para los dos lados, eso sí. Yo no seré un galán ni mucho menos, pero me ha tocado mi cuota de chicas a quienes se aplica la letra "Me tenías al decir 'hola', y entonces abriste la boca, y todo empezó a irse al demonio" ("You had me at 'Hello' / then you opened up your mouth / And that is when it started going south"). El estribillo es para aplaudirlo: "Saca tus manos de mis caderas / Antes que te pegue en los labios / Deja de mirarme las t... ¡hey! / Pesca la indirecta, pesca la indirecta / No, no puedes comprarme un trago / Déjame decirte lo que pienso / Pienso que podrías usar una menta / Pesca la indirecta, pesca la indirecta" ("Get your hands off my hips, 'fore I'll punch you in the lips / Stop your staring at my... Hey! / Take a hint, take a hint / No you can't buy me a drink, let me tell you what I think / I think you could use a mint / Take a hint, take a hint"). ¿Y por qué incluí esta canción? Porque aunque sea muy risible, por debajo hay una verdad muy triste: aunque creamos lo contrario, incluso la gente guapa tiene problemas con eso del galanteo, por dos razones. En primera, la persona más atractiva intimidará a los o las pretendientes de buen carácter que por lo tanto sean demasiado apocados para hacer su movida, pero atraerá como imán a los patanes confianzudos o a las cretinas prepotentes, y en segunda, la persona más atractiva por definición, habrá de conformarse con alguien que sea menos atractiva que ella. En esto del romance, hasta la gente bonita la pasa mal, quién lo hubiera dicho.


Y ahora ha llegado el turno de los lectores. Que hagan memoria en su propio repertorio musical, y comenten esas canciones que también son para agarrar a patadas al amor. Yo mismo me he dejado algunas bajo la mesa, incluyendo Angel Queen de Kitaro porque comentarla significa mandarse un spoiler grueso sobre cierto anime hoy en día por desgracia en el olvido. O ABBA, que tiene su buena cuota de canciones aptas para picar cebolla en cuadraditos finos. O la lacrimógena Love of my Life de Queen porque ésa le gustaba a una chica con la que mantuve una relación sentimental, cuyo actual marido salió de mi lista personal de amigos de Facebook, y eso es todo lo que voy a decir al respecto. O la música instrumental que acompaña a las rupturas sentimentales en el cine y la televisión, otra fértil mina de oro para quienes buscan esta clase de cosas. The Beatles cantaban que "All you need is love". Y al final va a ser que no. Todo lo que uno necesita, es tener una vida serena y tranquila. Si eso significa una vida sin amor... que así sea. En el peor de los casos, una vida sin amor significa ahorrarse los centavos de tener que comprar algún peluche diabético para el Día de los Enamorados, lo que es una ganancia para el bolsillo, y además ayuda al medio ambiente porque los envoltorios de regalo siempre se convierten en basura. Por eso, este Día de los Enamorados, enamórate del medio ambiente: no compres ningún regalo para empezar...

miércoles, 8 de febrero de 2017

Infra Terra: Entronización - Episodio 3.


Después de quizás una o dos semanas, el tiempo sin Sol ni Luna era difícil de medir en el mundo subterráneo, la dupleta de científicos consiguió por fin descifrar el misterio de la luminiscencia de las paredes de las grutas. Bacterias quimiosintéticas, según Paulette Vignard, la bióloga de la expedición.

– ¿Qué… cosa…? – preguntó Wolfgang Spengler.

– Acá en el mundo subterráneo, las bacterias no pueden fotosintetizar luz solar, porque… no hay, ¿cierto? Pues bien, evolucionaron para alimentarse de los compuestos químicos de las paredes de roca. Hay ciertas vetas de mineral que son muy abundantes acá en el mundo subterráneo, minerales…

– Sulfuros – complementó Jerry Marshall.

– Bueno, el caso es que las bacterias engullen esos minerales por quimiosíntesis, y como resultado del proceso, se vuelven bioluminiscentes: irradian luz. Es una luz débil, y hace difícil la fotosíntesis a una escala como la de la superficie bajo la luz solar, lo que explica que hayan menos vegetales acá que sobre la superficie, pero… al menos tenemos luz.

Por supuesto, no era la única fuente de luz. También estaba un mineral de extraordinarias propiedades energéticas, que tenía una multiplicidad de usos en el mundo subterráneo. Debido a su extraordinario poder energético, Jerry Marshall lo había llamado teranergio, usando la palabra energía más el prefijo griego tera-, que usan los científicos para designar un billón. La luz artificial venía de lámparas alimentadas por teranergio. También se usaba para fabricar armas de rayos; los habitantes del mundo subterráneo conocían la tecnología para fundir metal y fabricar balas, pero dicho método era más caro. Existían plantas eléctricas, pero las mismas se usaban para alimentar factorías y otros centros que requirieran grandes cantidades de energía; para los usos domésticos, las cápsulas de teranergio, que cumplían la función de baterías, parecían ser suficientes.

A su vez, los habitantes del mundo subterráneo habían encontrado la manera de alimentar las bacterias con concentrados de rocas con sulfuros, y así conseguían más luz en lugares determinados. En edificios con habitaciones en donde hacían crecer vegetales, por ejemplo. Gracias a eso, tenían más vegetales de los que podrían obtener cultivándolos al aire libre. Incluso habían conseguido hacer crecer árboles de los cuales obtener madera, aunque la misma era un artículo de lujo, porque los árboles en sí seguían siendo bastante enanos. En cuanto al resto de la dieta, más allá del cultivo de vegetales… extraían productos cárneos principalmente de los peces que vivían en lagos y charcas del mundo subterráneo, el grueso de los cuales solían ser ciegos. Y el resto era una especie de musgo que podía ser cultivado hasta el punto de extraer verdaderos bloques de ladrillo de ellos; la pasta de musgo tenía una consistencia gelatinosa y tenía gusto a… bueno, a musgo, y era increíblemente insípida, pero al menos era abundante, y eso ayudaba a impedir que el mundo subterráneo se muriera literalmente de hambre.

– De todas maneras… el mundo subterráneo… por un lado, viven en condiciones que serían casi el Tercer Mundo en la superficie… pero aún así se las arreglan para tener tecnología muy avanzada: monorrieles, esas especies de pistolas de rayos… Si son capaces de sacarle tanto provecho a lo poco que tienen… no quiero imaginar lo que podrían llegar a hacer si consiguieran aprender demasiado de la tecnología en la superficie terrestre – dijo Wolfgang Spengler, y lo dijo con un escalofrío: él mismo les había estado enseñando las bases para entender la civilización de la superficie.

Este episodio se titula: “Cerca del ojo del huracán”.

– ¿Por qué ya no nos enseñáis como antes, señor Spengler? – preguntó la princesa Yaliana.

De manera que lo había notado. Wolfgang Spengler había comenzado a centrar sus lecciones cada vez más en el idioma, y cada vez menos en los detalles de la vida en la superficie. Miró a los restantes alumnos. Había cerca de una decena de ellos, incluyendo a algunos de los hermanos del príncipe Kriegsweltz. Inicialmente, la asistencia a las clases era obligatoria por mandato del Kaiser Lama, pero andando el tiempo, sólo el príncipe Kriegsweltz, la princesa Yaliana, su asistente Darma y otros dos o tres aristócratas y miembros de la familia real, se habían mantenido constantes. El resto se habían comportado como críos caprichosos, e iban y venían de las clases según se les antojara. Ahora que Wolfgang Spengler había decidido retrasar el ritmo de enseñanza, esto era una bendición: siempre podía volver más lentas las clases con el pretexto de explicarle a los rezagados.

– No… entiendo qué queréis decir, princesa – dijo Wolfgang Spengler, turbado.

– ¡Vamos! ¡Habladnos más de las ciudades en la superficie, de los aviones, de los… los…! ¿Satélites artificiales? Habladnos de esas cosas.

– No quiero ilusionaros, princesa, hablándoos de un mundo que quizás nunca veréis, porque…

– ¡Oh, no os preocupéis por eso! – dijo la princesa Yaliana. – Cuando mi prometido sea mi esposo, y cuando mi esposo sea el Kaiser Lama, de seguro para esas fechas ya habrán relaciones diplomáticas con el mundo exterior, y podremos hacer una gira a la luz del Sol. ¿Seguro que sí?

– No hay nada en el mundo exterior que pueda importarnos – dijo el príncipe Kriegsweltz, hostil. – El mundo exterior tiene más luz, pero nosotros nos hemos adaptado a la vida acá abajo. El mundo exterior tiene más trastos, pero para qué los usan. Para el sibaritismo.

El príncipe Kriegsweltz se levantó del sillón en donde estaba sentado, y avanzó de manera amenazadora hacia Wolfgang Spengler.

– Digas lo que digas, plebeyo, al final hay una sola verdad que prevalece. En tu mundo, tu gente ama sus casas, sus automóviles, sus vacaciones, su música favorita, su… Disneywelt o como se llame… todo lo que es suyo y nada más. Acá abajo puede que no tengamos tantas de esas cosas, pero a cambio, nosotros amamos a nuestro país, a nuestro mundo y a nuestro Kaiser Lama.

Y con el rostro descompuesto, pero con la dignidad suprema que corresponde a un príncipe, el príncipe Kriegsweltz se retiró de la clase, dejando a todo el mundo congelado en su sitio.

Pasaron las horas. Quizás había alguna clase de conexión entre el mundo exterior y el interior, porque las bacterias quimiosintéticas aumentaban y disminuían su luminosidad en ciclos casi circadianos; de todas maneras, no era suficiente como para hablar de día y noche, por lo que la vida era muy similar a cómo debían ser seis meses seguidos de Sol más allá del círculo polar de la superficie. Wolfgang Spengler estaba en su habitación, tirado en la cama, tratando de dormir un poco, y sin conseguirlo, cuando de pronto sintió golpes suaves en la puerta. Acudió a abrir.

Era Darma. A diferencia de otras ocasiones, parecía agitada, y miraba en todas direcciones. Pero no parecía haber nadie mirando. Wolfgang Spengler la hizo pasar, y la invitó a tomar asiento en un sillón.

– Wolfgang… – dijo ella, y cuando empezó a tratar de buscar las palabras adecuadas, sus ojos se humedecieron. – Mi señora me envía con una misión. Un mensaje. Yo…

– Decidme, decidme sin temor – dijo Wolfgang Spengler, intentando tranquilizarla.

– Wolfgang… debéis tratar de ayudarla… ayudarnos. Yo… – dijo Darma. Era raro que luciera tan perturbada; Darma tenía un carácter amable y gentil, pero de todas maneras seguía siendo una aristócrata, y se suponía que mantuviera un perfecto dominio de sí misma, para sobrevivir entre las intrigas palaciegas propias de cualquier corte.

– Darma… Mi señora… El extranjero en tierra extranjera soy yo… bien, vos también lo sois, vos y vuestra señora la princesa Yaliana vienen del país de Malkava, pero… yo vengo de la superficie terrestre. Y además soy un plebeyo, y un prisionero de palacio desde… el incidente ése. Soy yo quien debería tener miedo, no vos… – dijo Wolfgang Spengler, y como sus palabras no parecían surtir efecto, añadió, sopesando muy bien sus palabras. – No puedo confortaros más porque vos tenéis un rango que yo jamás podré alcanzar, por mucho que así lo quisiera.

Ambos se miraron mutuamente, por primera vez de manera abierta, ya no como la dama aristócrata y el plebeyo profesor, sino como seres humanos. Entre ambos estaban los libros que habían leído, las investigaciones que habían hecho, las cosas que se habían enseñado mutuamente de sus respectivos mundos, y los comentarios más o menos livianos que sobre tales cuestiones se habían permitido. Ahora, eran cómplices intelectuales, de eso qué duda cabía. Pero… Wolfgang Spengler apartó la mirada. Darma seguía estando irremisiblemente por encima de su nivel.

– Mi ama os pide que la ayudéis a ir al mundo exterior.

– ¡Estáis loca! – saltó Wolfgang Spengler, y luego, dándose cuenta de la enorme falta de protocolo que había cometido con una imprecación tan insolente, hizo algunos gestos estúpidos con las manos y algunas muecas idiotas con el rostro, intentando disculparse. – Yo… no puedo hacer eso. Yo soy un plebeyo. No conozco nada del mundo inferior más allá de Kriegsburg. Y además soy un prisionero del palacio, junto con toda la gente de mi expedición. Y vuestra señora, la princesa Yaliana es… es la prometida del más poderoso príncipe de toda la civilización subterránea. ¿Qué creéis que sucederá si es que yo intento llevármela conmigo? Nos cazarán con todos los recursos del mundo subterráneo. Si ella tiene suerte, la perdonarán. Y yo… yo me puedo dar por muerto. Y además, ¿qué ocurriría con la misión de la que formo parte? Fracasaría de manera absoluta en su objetivo de conseguir una alianza entre la OTAN y el Kaiser Lama, si es que no ocurre algo peor.

– Mi ama no es feliz – dijo Darma. – ¡Oh, por supuesto que debe parecerlo! Debe parecer siempre en control de la situación, claro. Pero… ella está amarrada a un futuro matrimonio de convivencia con el príncipe Kriegsweltz, uno que cierre décadas de hostilidades entre Freilande y Malkava, pero… habéis visto al príncipe. Es malcriado, petulante, y… además…

– ¿Además…?

– Vos lo habéis notado. El príncipe está prendado de mí – dijo Darma. – Quiere que yo sea su amante.

Un aguijonazo caliente se clavó en el corazón de Wolfgang Spengler. Algo había notado, en efecto, pero prefería no pensar en ello.

– Quizás deberíais aceptar – dijo Wolfgang Spengler. – Si vos aceptáis…

Darma se paró como un resorte, caminó recta hacia Wolfgang Spengler, y cuando éste intentó pararse, sin saber qué hacer, recibió una severa bofetada por parte de ella. Los ojos de Darma ahora estaban al borde de las lágrimas. No se veían en esos ojos las pupilas de una aristócrata, sino las de una mujer.

Wolfgang Spengler encajó la bofetada de la manera más graciosa que pudo, y habló:

– Lejos de mí, querer deciros qué debéis hacer o no con vuestra vida, y si os he ofendido, por favor, perdonadme. De todo corazón os suplico que me perdonéis. Lo único que quiero decir… es que… si vos aceptáis… Estaréis en posición de… influir en el mismísimo príncipe. ¿Acaso él no va a ser el Kaiser Lama, algún día? ¿Acaso no sois vosotras las mejores amigas, la princesa Yaliana y vos? Sería por los mejores intereses de Malkava, y también por vuestra seguridad.

Darma bajó la cabeza. Retrocedió un par de pasos, y se dio la vuelta, dándole ahora la espalda a Wolfgang Spengler.

– Si lo que os ruegue un miserable plebeyo como yo pueda tener alguna cabida en vuestro gentil corazón, mi dama, os quiero pedir… – dijo Wolfgang Spengler, e hizo una pausa para elegir las mejores palabras posibles. Luego, un poco a tropezones mientras elegía cuidadosamente qué decir, añadió: – Por favor, no volváis a acercaros así a mí, ni siquiera para abofetearme. Como volváis a hacer eso, un riesgo más grande corréis, porque vuestras atenciones y delicadezas han hecho que os ganéis mi afecto sincero, y no quiero que tales afectos me lleven algún día a faltaros de manera irreparable en vuestra modestia, la modestia que os debo, siendo vos alguien que está por encima de lo que me cabe aspirar.

Darma se vio la media vuelta, y estuvo a punto de replicarle a Wolfgang Spengler. Pero vaciló por un instante, se contuvo, y luego, asumiendo una máscara y adoptando un tono de frialdad glacial, dijo:

– Mi ama también os tiene un afecto sincero y profundo, señor Spengler. Ni yo le comentaré aquello que acabáis de decirme, ni vos tampoco deberíais hacerlo – dijo Darma.

Wolfgang Spengler tragó saliva.

– Vacilaba en deciros esto – dijo Darma, con el mismo tono diplomático que había adoptado. – Esto es el palacio. Aquí, como en cualquier palacio, nunca se puede confiar plenamente en una persona u otra. Pero quizás, dadas las circunstancias, deberíais saberlo.

Ahora fue Darma quien hizo una pausa, para elegir mejor las palabras. Luego, habló:

– Por supuesto, no cabe que sea de otra manera, el príncipe Kriegsweltz y mi señora conversan, no sólo de romance y cosas tontas, sino también de asuntos de palacio. El príncipe Kriegsweltz no habla sino cosas vagas sobre sus planes: quizás sería bueno esto, quizás sería bueno esto otro… Pero mi señora es hábil y sabe leer entre líneas. El príncipe no quiere estar a la sombra de su padre, tiene sus propios planes, y en ellos no parecen estar incluidos ni vos ni los miembros de la expedición de la OTAN, de la que vos sois parte. Pensadlo bien por un minuto, señor Spengler. Vosotros sois prisioneros porque uno de vosotros enloqueció y empezó a disparar. ¿Quién dice que eso no fue parte de un intento frustrado por dar un golpe de estado, de capturar con un pequeño piquete militar nada menos que al mismísimo Kaiser Lama, así como decís que lo hicieron con… con… con Ataúlfo los españoles?

– Atahualpa – corrigió Wolfgang Spengler, con suavidad. – Los españoles capturaron a Atahualpa. Pero… no sé… no creo… Es una misión diplomática, al menos hasta donde yo sé, y…

– ¿Vos sabéis eso? ¿O eso es acaso lo que os han dicho? – preguntó Darma. – Vos sois un civil, no se supone que sepáis más de lo que os digan. Vuestra expedición no os necesita para hacer planes porque no necesitan un traductor para hablar entre ellos. Y… ¡no protestéis! No pongáis ese gesto. Yo os creo. Vos tenéis un corazón sincero, señor Spengler, a veces sois demasiado ingenuo, eso puedo verlo, pero no importa si eso es cierto o no. Sólo importa que se vea de esa manera. Así es que… basta un incidente, un incidente cualquiera más, uno aislado, que remate en disparos o algo así, y entonces… todos los miembros de la expedición de la que vos sois parte acabarán en las mazmorras, o algo peor.

Wolfgang Spengler sudó frío. Un incidente cualquiera podía ser el resultado de algún expedicionario haciendo algo muy estúpido, por supuesto. Pero también podía ser el resultado de lo hecho por algún agente del príncipe Kriegsweltz, provocando un incidente de bandera falsa.

– Si eso llega a suceder, y queréis escapar con vida de Kriegsburg y Freilande, señor Spengler, entonces quizás no deberíais ser tan desdeñoso con la oferta de mi señora – dijo Darma. Y luego, abandonando el modo señorial y bajando un poco el tono de voz, añadió: – Nuestra oferta.

– Sabéis que todo lo que acabáis de decirme, tengo que reportarlo a la gente de mi expedición, ¿verdad? – dijo Wolfgang Spengler, a la defensiva.

– Si lo reportáis, reportadlo pero no me digáis ni a mí ni a nadie que lo haréis – dijo Darma, imperiosa otra vez. – Esto es un palacio. Nunca dejéis que los demás conozcan vuestras intenciones o planes, y menos aún, los digáis vos. Esa lealtad mal entendida sólo os llevará a la ruina, señor Spengler.

Wolfgang Spengler asintió.

– Os deseo el mayor de los bienes, señor Spengler – dijo Darma, con la voz algo trémula. Luego de lo cual, caminó hacia la puerta. Wolfgang Spengler intentó caminar hacia la manilla para abrirla y así obrar como un caballero, pero Darma fue más rápida, hizo el trabajo por sí misma, y salió de la habitación. Wolfgang Spengler se quedó solitario, rumiando sus pensamientos.

Parecía como si estuviera despertando de un largo sueño. En todo el tiempo transcurrido en el mundo subterráneo, Wolfgang Spengler se había conducido a sí mismo intentando no mezclarse para nada en asuntos que, según veía, no eran de su incumbencia. El estaba ahí sólo para obedecer órdenes, y prestar los servicios propios de su experticia como especialista en idiomas, y más en general, en ciencias humanas. Pero ahora se daba cuenta de que estaba en mitad de un enorme campo minado. Lo que sucediera ahí en Kriegsburg, en particular la potencial alianza entre la OTAN y Freilande, podían cambiar la geopolítica del mundo entero, y él mismo estaba muy cerca del ojo del huracán. Y lo que es peor: Darma estaba absolutamente en lo cierto cuando decía que, desde arriba, sus propios jefes podían tener una agenda en la que él, en última instancia, podía ser desechable. De pronto, por primera vez desde su llegada al mundo subterráneo, Wolfgang Spengler se sintió increíblemente solo.

Próximo episodio: “Situación desesperada en el Palacio de Kriegsburg”.

domingo, 5 de febrero de 2017

"Arpeggio of Blue Steel": Una de guerra naval con chicas.


Lo que voy a decir cuenta como uno de esos momentos en los cuales se escapa desde mi interior el carcamal reaccionario que tengo bien alimentado en mi corazón. Pero lo voy a decir de todos modos: ya no se hace anime como antaño. Afirmar que el anime siempre ha sido creativo, diferente y original es una muestra de crasa ignorancia, considerando que los buenos animes tienden a generar hordas de clones, pero mirando el panorama actual, no siento que haya animes tan revolucionarios o que marquen tanto una época como Mazinger Z, Macross, Dragon Ball Z, Sailor Moon o Death Note, por mencionar casos más o menos al azar y con independencia de calidad o gustos. Mi teoría personal es que por un lado la industria del anime se ha ido encasillando cada vez más en fórmulas probadas, lo que lleva a la proliferación de los shonen de pelea o de los animes de instituto. Por el otro, gracias a Internet, ya no existen audiencias cautivas para el anime así como ya no lo existe para nada en realidad, y por lo tanto, cualquier impacto potencial que pueda tener un anime, termina diluido en el enorme ruido de fondo de películas, canciones, etcétera. Parece ser que la condición de ciertas obras, de ser referentes generacionales masivos, actualmente es Historia.

En medio de este panorama, me da un poco de pena que Arpeggio of Blue Steel haya pasado sin pena ni gloria, y no haya desatado ningún ruido mediático por ninguna parte. Porque Arpeggio of Blue Steel no es una joya ni una maravilla, y peca de no explotar bien a fondo una premisa maravillosa, pero por lo menos cumple con lo que esperamos de cualquier obra, cuando la abordamos por vez primera: tener rasgos originales, sorprendernos, incluso emocionarnos si es que cabe. Si hubiera sido diez o quince años anterior, quizás no se hubiera transformado en un referente generacional, pero con toda probabilidad hubiera dejado una huella más profunda. Incluso, quizás, hubiera podido generar imitadores. Lo que no ocurrió porque el anime fue emitido en 2.013.

Tuve oportunidad de ver Arpeggio of Blue Steel así como tantas otras cosas, gracias a la existencia de la consabida alma caricativa que se tomó la molestia de agarrar sus doce capítulos, fansubtitularlos, y subirlos a YouTube. Por lo mismo, ignoro si tiene título o traducción oficial al castellano; el título original en japonés es 蒼き鋼のアルペジオ, que viene siendo Aoki Hagane no Arupejio para los que se sientan tirados para atrás por la escritura kanji. Por eso me voy a referir al anime como Arpeggio of Blue Steel, título que en realidad tiene... algo de sentido. De partida, el argumento no tiene nada que ver con música, por si se preguntan acerca de la inclusión de la palabra arpegio en el título. En cuanto a Blue Steel, Acero Azul sería en castellano, no se refiere a la clásica mirada de Zoolander, sino que es el nombre del grupo de rigor, compuesto de adolescentes renegados que se lanzan a salvar al mundo. A bordo de un submarino. Que al mismo tiempo es una chica con algunas, no demasiadas, características de lolicon. No se preocupen, esto no es ecchi ni hentai, y si bien hay algo del fanservice inevitable tratándose de esta clase de productos, el mismo es mantenido en dosis justas, en beneficio de la historia y los personajes.


Repasemos el argumento. Estamos a mediados del siglo XXI, y el calentamiento global ha elevado el nivel de los mares, y se ha llevado por delante a numerosas ciudades costeras. Pero eso es lo de menos. La parte realmente cruda es que ha surgido desde la nada un grupo de naves, llamada la Flota de la Niebla, que se ha dedicado a la tarea de cortar y destruir absolutamente todo el comercio marítimo mundial, objetivo que han cumplido de manera exitosa e implacable gracias a una tecnología superior, que utiliza incluso cañones de gravedad para destruir a sus blancos. Si es por jorobar a los habitantes de la Tierra, la Flota de la Niebla incluso cortó las comunicaciones a larga distancia, disparando y derribando desde la superficie marítima a los satélites en órbita. Como resultado, algo más de una década después del surgimiento de la Flota de la Niebla, el mundo entero ha quedado paralizado, y los países insulares como Japón, que dependen del comercio marítimo para sobrevivir, son lisa y llanamente un desastre económico.

Entra en escena entonces el consabido joven y entusiasta que va a ser, sorpresa, el protagonista. El mismo se está entrenando para combatir como soldado, cuando de pronto aparece una chica misteriosa que lo busca porque la han programado para que el joven en cuestión sea su amo. Efectivamente: la chica no es una chica sino una especie de proyección de la inteligencia artificial de un submarino de la Flota de la Niebla. Porque, se revela, las naves y submarinos de la Flota de la Niebla no tienen tripulaciones humanas, sino que en realidad son inteligencias artificiales. Piensen en algo así como la chica que era la nave espacial en la serie televisiva Andrómeda, si la recuerdan, pero con una presencia corporéa en vez de ser un holograma, porque en este futuro se disponen de nanomateriales con los cuales se pueden crear y transformar objetos, incluyendo las proyecciones femeninas de las naves y submarinos. ¿Por qué este submarino ha sido enviado para servir a los humanos en contra de la Flota de la Niebla, quién lo ha enviado, y por qué a este chico en particular? Misterio. Pero como sea, este joven y sus amigos aprovechan la oportunidad, desertan del Ejército, y se lanzan a su propia cruzada particular para, sea combatir a la Flota de la Niebla, sea alcanzar alguna clase de acuerdo con el enemigo.

Eso es más o menos el trasfondo de la serie, cuya exposición ocupa todo el primer capítulo. Es a partir de este punto que comienza la verdadera historia. Porque el grupo Blue Steel a bordo del submarino en cuestión, recibe un encargo por parte de las altas autoridades de Japón. Los japoneses han desarrollado un arma que podría acabar potencialmente con la Flota de la Niebla, pero debido al estado de la economía, carecen de la capacidad industrial para manufacturarla en masa. La única posibilidad por lo tanto es enviarla a Estados Unidos, país que ha salido mejor librado de todos estos avatares, para que allá puedan por fin montar un frente de ataque contra la Flota de la Niebla. Por supuesto, la misma no se quedará tranquila. Un grupo de naves, cada una de las cuales también tiene su propia chica como proyección de sus respectivas inteligencias artificiales, se aboca a la labor de cazar y ojalá hundir al submarino, para así mantener su predominio en los mares. El resto de la historia será más o menos el periplo en cuestión, que se verá complicado porque las relaciones entre los humanos y la Flota de la Niebla son mucho más complicadas de lo que parece a primera vista.


Ahora bien, describiendo de manera muy sucinta a Arpeggio of Blue Steel, me atrevería a asegurar que se trata de una historia de Ciencia Ficción militarista, aunque no tan cruda como otros ejemplos del género, y combinada con elementos de anime de harén, de entre todas las posibles cosas que podían haber arrojado a la mezcla. La trama recuerda mucho a esa Space Opera deudora de clásicos seminales como Space Battleship Yamato o Super Dimension Fortress Macross, en donde una tripulación a bordo de una nave debe cruzar el espacio para alcanzar un punto de destino, con el enemigo acosando por todas partes, sólo que ahora la ambientación es el mar y no el espacio profundo. Por supuesto, esto encierra una ironía sutil, porque obras como Yamato o Macross partieron justamente como adaptaciones en el espacio de las clásicas historias de acorazados marítimos tiroteándose con alegría unos con otros en el mar, hasta el punto que el protagonista de Space Battleship Yamato era justamente el acorazado japonés Yamato, hundido en el Mar del Japón durante la guerra en el frente del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, pero reacondicionado para volar hacia el espacio. O de cómo Arpeggio of Blue Steel cierra el círculo y vuelve a los orígenes marítimos de la Space Opera, pero ahora en clave de Ciencia Ficción futurista y decididamente Post Cyberpunk, elemento este último a cargo de las proyecciones de las inteligencias artificiales de las naves, y de la posibilidad de éstas de interactuar en un espacio virtual.

Parte importante del encanto de la serie radica en la devoción extrema mostrada por su tema. Los barcos se ven y se sienten muy reales, y las batallas marítimas lo mismo. Muy en el fondo, lo que estamos viendo aquí es una adaptación muy trabajada de lo que eran las batallas marítimas entre acorazados durante la mencionada Batalla del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, pero con armas tipo supercañones como... Space Battleship Yamato una vez más. En ese sentido, los fanáticos de la Ciencia Ficción bélica no saldrán decepcionados en lo absoluto con la parte militarista del argumento. El resto, todo el cuento de las inteligencias artificiales... esa parte por desgracia está un poco menos trabajada y resulta un tanto más cansina y cliché. En particular porque, y supongo que cuenta como spoiler pero es mi deber advertir... al final de los doce capítulos que componen este anime, seguimos sin tener respuestas acerca de qué es la Flota de la Niebla, quién la creó o cuál es su propósito. El argumento del viaje, eso sí, se resuelve de manera adecuada. Pero esto no debería ser una sorpresa. El anime de doce capítulos es la adaptación de un manga que ha seguido su ruta más allá en Japón. De hecho, después del anime se han lanzado un par de OVAs siguiendo la historia, pero como no los he visto, no opino de ellos.

En definitiva, Arpeggio of Blue Steel es un anime de ideas interesantes, aunque podía haber sido un poco mejor en ciertos respectos. Ignoro si los tópicos que aborda, el manga los trata en mayor profundidad. Con todo, la parte militarista del asunto, que se supone es la gran baza de una historia de barquitos cañoneándose a gusto, funciona muy bien. En cuanto a los personajes, al final resulta que los miembros de Blue Steel resultan ser un tanto planos y poco interesantes, pero a cambio, las naves y sus inteligencias artificiales son un espectáculo muy agradable de ver... por no hablar del inevitable episodio de playa en donde las mentadas inteligencias artificiales se toman un descanso de manejar brutales armas de destrucción masiva para disfrutar de un día de relajo en traje de baño. Sé lo que acabo de escribir, y créanme, en el anime esto sí tiene sentido. Algo, por lo menos. Lo que dije, es esa clase de anime. Si les gusta la Ciencia Ficción militarista, dénle una oportunidad. No es lo mejor del género, no es quizás una historia que los mantendrá mordiéndose los nudillos de suspenso entre capítulo y capítulo, pero estoy seguro de que nunca han visto una historia que se parezca a ésta.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Corona de Amenofis: Arquitectura Oculta - Episodio 3.


– Ustedes, espérenme aquí – ordenó Annabelle a Irina, Injiel y Carmiel, los guardaespaldas de Arquitectura Oculta, vestidos los tres de rigurosa camisa blanca y terno negro, que la escoltaban desde Misselburgo, la capital de Misseldavia, y que venían en calidad de agentes ejecutores.

Annabelle ingresó a la oficina de Almendra Caballero, quién sonrió con la mayor amabilidad posible, aunque en su fuero interno le disgustaba que Annabelle estuviera metida de por medio. Una de las ventajas de haber sido enviada a Chile, era estar lejos del foco de Arquitectura Oculta. Pero Ibis Blanco formaba parte del plan de Annabelle, y Annabelle a su vez tenía agarrado por las bolas a Goran, el Ministro de Relaciones Exteriores de Misseldavia, de manera que no había muchas alternativas. Además, el espinoso asunto de las ruinas precolombinas en Corona de Amenofis lo ameritaba.

– ¿Un café, Annabelle…? – preguntó Almendra Caballero.

– No – dijo Annabelle, con sequedad. Y luego de una brevísima e incómoda pausa, descargó: – Almendra… lo has hecho bien por acá. Así es que… vas a subir. Te vas a hacer cargo de Ibis Blanco.

– Bien, gracias, pero… ¿Y Leandro? ¿Qué va a pasar con él?

– Mientras menos sepas de eso, mejor. Y… Almendra… una vez que estés a cargo, haz todo lo posible por mantener en secreto el asunto de las ruinas precolombinas en Corona de Amenofis.

– No puedo hacer eso para siempre, Annabelle – dijo Almendra Caballero. – Más tarde o más temprano, o las reporto, o la construcción sigue adelante. ¿Y entonces, qué…?

– Todo va marchando como tiene que marchar, Almendra – dijo Annabelle, sin dignarse de darle mayores explicaciones a alguien que, en estricto rigor, era su subordinada. – Sólo asegúrate que las ruinas vayan a estar algún tiempo más ahí, y todo marchará como corresponde.

Almendra Caballero asintió, mientras empezaba a hacerse preguntas para su capote. Hasta el minuto, el cometido de Annabelle parecía claro. En su día, se le había dicho, Annabelle le había propuesto a Goran el tomar posesión de empresas constructoras en todo el mundo, para edificar condominios y edificios en los cuales alojar a agentes de Arquitectura Oculta. Era la mejor manera, en su concepto, de seguir influyendo en los acontecimientos mundiales, país por país. Pero ahora, con la fijación que Annabelle mostraba por las ruinas descubiertas en Corona de Amenofis, Almendra Caballero empezaba a preguntarse si acaso no había algo más de por medio…

Este episodio se titula: “La intervención de Arquitectura Oculta”.

Anochecía, y ya casi no quedaba luz natural. Las dos camionetas llegaron hasta las cercanías de la residencia de Leandro. Era una casa enorme, con amplios jardines, ubicado en el sector nororiente de Santiago de Chile. De las dos camionetas bajaron Annabelle y sus tres agentes; los cuatro usaban lentes oscuros, a pesar de la hora.

Irina miró a Annabelle con expresión interrogante. Annabelle se limitó a asentir con sequedad. Irina entonces le hizo una señal con la mano a Injiel. Este, asintiendo a su vez, sacó un sobre desde el interior de su terno, y del mismo a su vez extrajo alguna clase de dispositivo electrónico, ubicándolo encima de la cerradura del portón de la casa de Leandro. Lo activó. La cerradura eléctrica chirrió, frita, y se abrió. No se tomaron ni siquiera la molestia de lidiar con la cámara que observaba toda la escena.

El cuarteto ingresó, y cruzó el jardín hasta la puerta. Allí, Carmiel extrajo unas llaves maestras, y con éstas abrió la puerta principal. En el interior se oían voces; era evidente que la familia estaba ahí.

– Carmiel, Irina, por la familia. Injiel, los dispositivos electrónicos y los discos duros. Vamos – dijo Annabelle.

El grupo ingresó con la rapidez propia de hombres entrenados para la acción. En el comedor estaban cenando una dama y una niña; Carmiel e Irina los encañonaron con sendas 9x19mm Parabellum. Irina abrió los ojos y se llevó el dedo índice de la mano libre a los labios, pidiendo silencio. La dama se levantó. Injiel, por su parte, abrió un laptop, le conectó un detector electrónico de alguna clase, y echó a andar un software que le reveló la totalidad de la red electrónica de la casa. A continuación, empezó a ingresar comandos para achicharrar sistemáticamente todos los dispositivos de la casa, incluyendo los sistemas de seguridad electrónica.

Annabelle, por su parte, caminó por un pasillo. Vio una puerta entreabierta, la de un dormitorio, y en él, a un veinteañero; Annabelle levantó su arma con silenciador y le clavó dos certeros disparos, que lo dejaron tirado en el suelo, en un charco de sangre. Luego siguió avanzando, y se encontró con una puerta cerrada, tras la cual podía verse luz artificial. Annabelle trató de abrirla, pero sin resultados; estaba cerrada con pestillo. Iba a llamar a uno de sus agentes, cuando de pronto la puerta se abrió.

– ¿Se puede saber qué mierda pasa con Internet…? – salió como una tromba Leandro, antes de detenerse en seco, mirando a Annabelle parada frente suyo. – ¿A… nnabelle…? – preguntó, extrañado, perdiendo de pronto casi toda su dignidad; su cuerpo graso malamente embutido en pantalones de tela y una camisa desajustada y por encima de los mismos. – ¿Estás… en Chile?

Annabelle no perdió tiempo en palabras: puso su arma en la barriga de Leandro, y disparó varias veces a quemarropa. Leandro se desplomó como un saco de patatas en el suelo, boqueando y desangrándose.

Luego, Annabelle salió del pasillo, y se dirigió a Injiel con una señal. Este asintió, dejó su equipo, se metió al escritorio, y cargó el laptop de Leandro, que estaba en el interior del escritorio. Ambos fintaron alrededor del cuerpo gordo tirado en el suelo, apenas moviéndose, sin prestarle atención, como si fuera una roca o un tronco abandonado ahí por la Madre Naturaleza. En realidad, el laptop de Leandro carecía de toda importancia; la única razón para robárselo era inducir a la Policía de Investigaciones para que creyeran que dicho robo podía haber sido el móvil del asalto y asesinato.

Una vez a bordo de una de las dos camionetas, Irina sentada al volante, ella preguntó a Annabelle sobre el siguiente destino.

– Corona de Amenofis – dijo Annabelle.

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Era ya de noche. En Corona de Amenofis podía verse el resplandor de un par de linternas. Por lo visto, después del incidente en el día, habían decidido reforzar un poco la seguridad. Pero Vicente y Llacolén sabían que esto no sería mayor problema. Los guardias de seguridad en las construcciones trabajan en turnos de doce horas, lo que sumado a los tiempos de viaje, y a que les pagan apenas el salario mínimo más horas extraordinarias legales, para cuidar maquinaria que vale decenas de veces su remuneración mensual… todo eso merma en bastante su eficiencia. Vicente y Llacolén contaban con esto.

En el camino, Llacolén le había explicado a Vicente que había traído una cámara fotográfica hecha y derecha, en vez de confiar en las fotos del smartphone, debido a que era de noche.

– Vicente, yo tomo las fotos. Tú, vigila – dijo Llacolén. Vicente asintió. Llacolén se dirigió a Vicente con mayor firmeza. – ¡Pero vigila, bien vigilado! Nos agarran acá de noche, y estamos jodidos por el resto de la vida, ¿está claro?

– Lo sé – dijo Vicente, con aplomo.

Luego de ajustarse sus mochilas, más como un gesto simbólico y para espantar los nervios que por necesidad real, Llacolén y Vicente saltaron la verja. Habían mejorado un poco la iluminación nocturna, pero no demasiado: no iban a gastar demasiada energía, después de todo. Ambos espías improvisados miraron hacia la caseta. Se veían tres cabezas, moviéndose como si estuvieran conversando; a la distancia en que se encontraban, de todas maneras, era imposible escuchar alguna conversación.

– Ahora, a esperar.

Y esperaron un buen rato. Lo mejor era tener tiempo para trabajar, y lo que menos querían era ser interrumpidos por la guardia nocturna. De manera que dejaron pasar el rato, hasta que uno de los guardias, en efecto, salió armado linterna en mano para dar una ronda alrededor. Pasaron largos y enervantes minutos. De manera involuntaria, Vicente sonrió a Llacolén, y era una sonrisa llena de confianza y aplomo; Llacolén se sorprendió a sí misma sonriendo de vuelta, sin siquiera proponérselo. Ambos miraron entonces por encima de la maquinaria, discretamente. El haz de linterna se había ido; el guardia por tanto había terminado su ronda. Tendrían una media hora hasta la siguiente ronda, quizás una hora entera, para buscar la excavación, tomar las fotos, y largarse. Una vez lograda su tarea, las ruinas precolombinas podrían ser denunciadas, y todo caería en su lugar.

Llacolén y Vicente se movieron a través del sitio en el cual estaban excavando para construir los cimientos de lo que a futuro iba a ser el condominio Corona de Amenofis, con mucho cuidado porque el terreno de una construcción siempre es traicionero. Llegaron hasta el lugar.

Vicente ayudó a Llacolén a descender por el agujero de la construcción, en el cual a su vez se encontraba el agujero que llevaba a la cámara precolombina subterránea. Una vez en el agujero de la construcción, Llacolén avanzó hacia el agujero en el agujero con mucho cuidado, rogando porque el suelo no cediera bajo sus pies; si llegaba a hacerlo, bien podía fracturarse algo, por no hablar de que los guardias de la caseta los descubrirían. Vicente por su parte estaba en el borde, nervioso.

Llacolén llegó hasta el borde del agujero que daba hacia la habitación subterránea. Sacó una linterna y la encendió, cuidando mucho de apuntarla bien hacia abajo, hacia el interior de la habitación, para que el haz de luz no los delatara. Lo que vio fue un espectáculo hermoso: un suelo embaldosado, paredes de piedra, adornos sobrios pero elegantes en las paredes. Y en lo que parecía ser un altar, había un sol de claro arte precolombino, tallado en la piedra. Y en lo que parecía ser la frente del sol, podía verse un símbolo de alguna clase, con algunos rastros de lo que parecía ser alguna clase de pigmento desteñido por el paso de los siglos: era un círculo amarillo con borde rojo, dentro del cual había un triángulo equilátero también rojo, mirando hacia arriba.

Llacolén abrió su mochila, y sacó una gran porción de tela negra, con la que se cubrió la cabeza y los hombros, cuidando de dejar su rostro al descubierto; eso ayudaría a que, tomando las fotos con un flash, disminuyera el reflejo del mismo hacia el exterior. Terminada esta operación, Llacolén empezó a tomar las fotos.

OxxxOxOOOxOxxxO

En el exterior de la construcción, se detuvo una camioneta. De la misma bajaron tres hombres, dos de ellos flacos y el tercero más o menos corpulento.

– Yoni, Bráyan… quédense acá el par de mierdas. Voy a que me abran – dijo Braulio.

– ¿Y cómo lo va a hacer usté, ca’allero? – preguntó Yoni, desconfiado.

– El hueón me va a abrir, pero me va a abrir a mí – dijo Braulio, con seriedad, más una cierta casi insultante displiscencia.

Braulio empezó a caminar con toda la tranquilidad del mundo, y llegó hasta la caseta. Una vez ahí, miró de reojo a la camioneta; ni Bráyan ni Yoni parecían haberse movido de la misma. De manera que se llevó la mano debajo de la chaqueta, para sacar una pistola, cuando de pronto oyó voces. Braulio entrecerró los ojos. Por alguna razón, había más de un guardia. Había contado con sólo uno, al que sería fácil clavarle un par de balas y luego meterse a la construcción, pero si había más de uno, iba a tener que tomar medidas más drásticas.

De manera que Braulio se devolvió a la camioneta.

– ¿Y? No abrió el hueón, parece – dijo Yoni, con un tinte burlesco en la voz.

– Parece que el hueón está con alguien más – dijo Braulio. – Hay más de un guardia ahí.

– Entonces se funó la hueá – dijo Yoni. – Ya, vámonos nomah.

– Por hueones como tú es que no progresa este país – dijo Braulio. – Ya, van moviendo el poto el par ‘e hueones. Ayúdenme a pasar la verja.

Yoni y Bráyan se miraron mutuamente; ambos eran delgados, y Braulio tenía un estómago agradecido por innumerables parrilladas y litros de cerveza.

– ¡Ya, muévanse el par de hueones! – dijo Braulio, con voz de autoridad que no admitía dudas. De manera que Yoni y Bráyan se bajaron de la camioneta, lo mismo que Braulio.

Una vez en la verja, ambos auparon a Braulio por encima de la misma. Yoni y Bráyan se quedaron ahí, nerviosos, preguntándose qué hacer. En realidad no podían irse; la camioneta había sido traída por Braulio, éste se había llevado las llaves, y el lugar de la construcción estaba a bastante distancia de cualquier otro territorio habitado. De manera que decidieron esperar.

Rato después, hubo una explosión, allí en donde se suponía que estaba la caseta. Bráyan y Yoni, asustados, miraron en esa dirección. Por fuera de la construcción, apareció caminando Braulio, con su oronda barriga. Sin darse mayor prisa, éste caminó la distancia hasta la camioneta, se subió a la misma, y sin mediar palabra, con sus dos compinches congelados de terror, manejó hasta la entrada.

Lo que había hecho Braulio, era muy sencillo: una vez en la construcción, había ido a un lugar en el cual Leandro le había informado que habían explosivos. Había sacado una pequeña carga, se había acercado a la caseta, en donde estaban los guardias, y la había detonado.

Una vez en la entrada, Bráyan y Yoni vieron un espectáculo inenarrable. Habían tres cuerpos humanos tirados, mutilados, con pedazos de los mismos por aquí y por allá. Ambos se miraron mutuamente, espantados. Una cosa era robar reliquias arqueológicas, y otra muy distinta, matar gente, y además, hacerlo con una carga explosiva.

– No… no… hueón, nos vamos de aquí – dijo Yoni, al borde de la histeria. – Hueón, nos vamos. Nos…

Braulio sacó rápidamente su pistola desde el interior de su chaqueta.

– Ya… ya… rapidito, el par de hueones. Bájense.

Una vez abajo, Braulio miró a Bráyan.

– Ya, hueón. Amárralo a esa retroexcavadora – le ordenó, sin dejar de apuntarle con la pistola.

Asustado, Bráyan amarró a Yoni tal y como Braulio le decía, mientras el segundo gemía suplicando. Una vez terminado el amarre, Braulio se acercó a Yoni y le cayó encima a patadas en el estómago.

– ¡Por favor, no más! – sollozó Yoni, y luego, buscando todas sus fuerzas para poder hablar por encima de su propio llanto, añadió: – Por favor, no voy a huevear más, lo prometo. Por favor, por favor...

– No, hueón, si eso no me interesa – dijo Braulio. – Estoy viendo si el ahueonao de tu amigo te amarró bien. Con esas patadas, si estuvieras mal amarrado te habrías soltado.

Luego, Braulio se volvió a Bráyan. Antes de que éste dijera nada, Braulio le disparó tres tiros. Bráyan cayó en el suelo, tirado cuan largo era. Yoni, al ver esto, ya ni siquiera se esforzó por controlarse.

– Puta, hueón, por qué, por qué… hueón, por qué…

Braulio no se dignó de contestar, aunque la respuesta era sencilla: Leandro le había pagado por volar las ruinas, y nada mejor que incriminar a dos pobres giles que, según lo declararía la Policía, se habían puesto a tontear con explosivos y se habían muerto volando las ruinas de paso. No sería la culpa de nadie más que del par de tarados, y en particular, de nadie relacionado con Leandro o Ibis Blanco.

Braulio avanzó hacia el borde del agujero, con una linterna. Ahí, en el interior del mismo, vio agazapado a Vicente. Asombrado porque no esperaba encontrar a nadie ahí, lo apuntó con la linterna. Vicente, asustado, se levantó lentamente, con las manos arriba. Braulio meditó un instante, y luego, maldiciendo su mala suerte por tener que cargarse todavía a otro infeliz más, disparó.

Próximo episodio: “Antiguamente el Imperio Inca...”.

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