viernes, 19 de julio de 2019

Los años de Chile (7) - Una colonia pobre y militarizada.

El Gobernador Alonso de Ribera: Desde Flandes con amor...
El año pasado iniciamos Los años de Chile, una serie de posteos en la cual, a lo largo de seis entregas, cubrimos la Historia de Chile hasta la Destrucción de las Siete Ciudades en 1.602, evento que solidificó la frontera entre españoles y mapuches, y por tanto, tuvo un efecto decisivo en el devenir de los acontecimientos. Fue una apuesta arriesgada. Hay buenos textos de Historia de Chile allá afuera, y existiendo ésos, no hacía sentido que yo me fuera a meter ahí. Y sin embargo, ¿por qué no? ¿Cuántos lectores de la Guillermocracia que no son chilenos, podrían interesarse por conocer un poquito más de los petulantes ingleses de Sudamérica? El caso es que este nuevo proyecto funcionó incluso mejor que mis expectativas iniciales, si he de creer a los indicadores de Blogger. De manera que con el presente posteo, le estamos dando curso a una nueva traca de posteos, en los cuales cubriremos el devenir de Chile hasta poco después de la Guerra de Sucesión Española, es decir, algo más de un siglo de narrativa. Este es el tiempo en que Chile cambió desde ser poco más que un gran campamento militar glorificado, a una sociedad agraria, estratificada, y bastante estancada, todo sea dicho. Además de crear los primeros tipos humanos que son clásicamente chilenos.

El siglo XVII chileno, a diferencia del XVI, no fue una época de nadar a brazo partido contra la corriente para en definitiva quedarse en el mismo lugar, sino una de ligero crecimiento. Enfasis en lo de ligero: En realidad, la sociedad chilena del siglo XVII, agraria y señorial, una vez que adquirió sus características definitivas, se caracterizó por su soñolienta estabilidad. El aislamiento geográfico chileno jugó un rol crucial en esto. El mismo tuvo un doble efecto en el desarrollo chileno. Por un lado lo facilitó: Chile se vio relativamente libre de influencias externas que complicaron a otros países. Pero también lo retrasó, porque Chile fue siempre el pariente pobre del resto de Sudamérica. Era tan pobre, de hecho, que durante la mayor parte de la Colonia, Chile no se financiaba a sí mismo, y sólo en la segunda mitad del siglo XVIII, los ingresos del fisco chileno llegaron a un nivel que le permitía más o menos cubrir lo que costaba. Con la diferencia debía ponerse, por supuesto, la Corona Española, lo que no le hacía ninguna gracia ni a dicha Corona, ni al Virreinato del Perú, que durante la mayor parte de la Colonia obró como intermediaria entre Madrid y Santiago de Chile.

Este aislamiento está tan bien descrito por los historiadores Collier y Sater en su Historia de Chile 1808-1994, que prefiero citar un párrafo de ellos, de manera textual: "Exceptuando Filipinas, Chile era la más remota de las posesiones españolas. Cuando en marzo de 1796, una flotilla hizo su entrada en la bahía de Talcahuano, al sur de Chile, tras un viaje de noventa y cinco días desde Cádiz, se consideró que esta travesía había sido excepcionalmente rápida. Antes de que se empezara a usar la ruta del cabo de Hornos, en la década de 1740, el viaje era mucho más largo (vía Panamá o Buenos Aires). Por otra parte, el aislamiento de Chile no era sólo cuestión de distancia desde la metrópoli imperial. Incluso dentro de América del Sur, la «larga y angosta faja de tierra» estaba aislada: separada del Virreinato del Perú al norte por cientos de kilómetros de inhóspito desierto, y de las pampas del río de la Plata al este por la imponente cordillera de Los Andes; al oeste, el más vasto de los océanos del mundo representaba una temible extensión que no debía ser navegada intrépidamente, sino circundada con prudencia". Sin embargo, había una excepción a este aislamiento: Por el sur, Chile colindaba con los territorios mapuches, oficialmente parte del Imperio Español pero en la práctica independientes, en los cuales vivían las tribus más aguerridas de cuantas habían tenido que afrontar los españoles. No por nada, el sacerdote Diego de Rosales, de quien hablaremos más adelante, le puso a Chile el mote de el Flandes Indiano...

Durante el siglo XVI, los españoles habían emprendido una sostenida lucha por expandirse hacia el sur, ojalá ocupando el máximo de territorio posible, en una estrategia que los más sesudos analistas en las más provectas academias militares del mundo, conocen con el nombre técnico de quien golpea primero, golpea dos veces. Sin embargo, tales tierras estaban ocupadas por el pueblo mapuche, que no iban a dejar a los españoles salirse con la suya así como así. Y dieron una guerra bastante enconada. Tanto, que en 1.602 lograron destruir todas las ciudades españolas al sur del río Biobío. La frontera militar retrocedió hasta dicho curso fluvial, y con algunas idas y venidas más o menos discreta, se quedó instalada ahí durante el siguiente cuarto de milenio. Recién durante la segunda mitad del siglo XIX, serían los chilenos quienes emprenderían una nueva ofensiva, y esta vez, las tierras mapuches serían por completo conquistadas y anexadas a la entonces ya existente República de Chile.

Escultura mapuche, en una feria de Villarrica. Esta es una ciudad chilena; antaño fue territorio mapuche.
Durante mucho tiempo se sostuvo que la Frontera era una especie de línea trazada sobre la geografía del territorio, un poco a semejanza del limes romano, la cadena de fuertes que defendía al Imperio Romano de los germanos al norte. Sin embargo, historiadores como Sergio Villalobos han revisado estos planteamientos. Para Villalobos no cabe tanto hablar de una frontera lineal, como de una zona fronteriza en donde, en torno a las fortificaciones españolas, se creó una cultura de intercambios entre mapuches y españoles, a veces pacíficos y a veces no tanto, una especie de micromundo con características propias y distintivas, tanto respecto de la cultura mapuche profunda del sur, como de los asentamientos regidos por el Imperio Español al norte. La construcción de dicha zona empezó justamente cuando, después de 1.602, la geopolítica de la región alcanzó un cierto grado de estabilidad, en que se combinaban las campañas militares españolas, las expediciones españolas para cazar mapuches y reducirlos a la esclavitud, las incursiones mapuches de represalia, el intercambio comercial, y también algunas ofensivas mapuches de aliento épico, que las hubo también.

Después de muerto el Gobernador Oñez de Loyola en 1.598, no hubo un gobierno firme hasta la llegada de Alonso de Ribera, quien asumió su cargo en 1.601. Fue un buen nombramiento, al menos teniendo en cuenta sus antecedentes: Había luchado en Flandes y Francia a las órdenes de Alejandro Farnesio, y había integrado la famosa Armada Invencible que intentó atacar Inglaterra y acabó vencida, aunque no por culpa de Ribera, claro está, que si no explico esto, habrá quien piense mal del pobre hombre. El caso es que Alonso de Ribera había ganado buena reputación militar, y parecía el hombre adecuado para contender con el peligro mapuche al sur. Llegado a Chile, Ribera se dio rápida cuenta de que el sistema militar español en Chile estaba colapsado. Dicho sistema militar, o la fantochada que de manera misericordiosa podía recibir tal nombre, se basaba en vecinos que eran civiles, y que eran reclutados en tiempos de guerra para ir a la batalla. Por supuesto, esto significaba falta de profesionalismo, algo fatal para contender con mapuches más que decididos a defender lo suyo. Ribera como Gobernador dio entonces un paso de gigante: La institucionalización del primer ejército permanente chileno.

Como de costumbre, el principal problema era financiero. El asunto se resolvió creando el llamado Real Situado, una partida presupuestaria que debía ser enviada desde el Virreinato del Perú a Chile, para que dichos fondos financiaran el pago de los sueldos a los soldados. Por supuesto, resolvió es un término quizás algo excesivo. En primer lugar, al Virreinato maldita la gracia que le hacía distraer recursos en el lejano territorio de Chile, en vez de gastárselo en la bella y señorial Lima. En segunda, ya asomaba su fea cabeza el fantasma de la corrupción. Una de las mañas clásicas era no enviar el Real Situado completo en dinero contante y sonante, sino usarlo en comprar especies, a los productores peruanos por supuesto, en particular a los mejor conectados con el Virreinato mismo, y remitir dichas especies desde Perú a la Frontera, y entregándolas a los soldados como parte e incluso todo el salario. Creo que no necesito mencionar las corruptelas y dineros perdidos entre transacción y transacción mercantil, que el sistema creó consigo, por no hablar de que los soldados, obligados a comprar con sobreprecio, no solían salir de pobres. A mediados de siglo, Chile consiguió que el Real Situado se pagase íntegro en dinero, y la respuesta del Virreinato fue empezar a retrasar los pagos, con uno u otro pretexto, a veces dos o tres años completos. En consecuencia, fue una constante en la Colonia que las remuneraciones a los soldados se pagaban tarde y mal, lo que no hacía demasiado por elevar la moral de la tropa, por supuesto.

Una morcilla folclórica chilena es sacar a colación el "pago de Chile" o "la paga de Chile", para referirse a una ingratitud; así, si una persona se comporta bien y presta servicios útiles, y a cambio es ignorado, ninguneado o francamente humillado, se dice que "recibió el pago de Chile". Parece que tal dicho tiene su origen en esta situación, aunque hay dos explicaciones, no necesariamente antagónicas entre ellas. Una se referiría al mencionado problema del pago de los sueldos a los soldados apostados en la frontera de la Araucanía. El otro, a una cierta costumbre según la cual los destacamentos chilenos se transformaron en algo así como un castigo por faltas disciplinarias o de otra clase. Así, por ejemplo, si a un soldadito en Perú se le ocurría fijarse demasiado en alguna bella dama limeña de alcurnia, su familia bien podía mover hilos para que dicho soldadito fuera enviado tan lejos como fuera posible, lo que significaba, adivinaron, apostarlo con una carabina vigilando mapuches en el río Biobío; o sea, la paga de Chile en este caso sería la recompensa obtenida por botarse a hipérgamo.

Profesora de Chile, protestando contra el pago de Chile.
Volviendo a Alonso de Ribera. Aunque este gobernador fue muy eficiente en su labor de reforzar militarmente la colonia chilena, los criollos no estaban demasiado contentos con él. En lo principal, Alonso de Ribera se había acostumbrado a una vida refinada y de lujos durante su estancia en Flandes, e importando esta vida un tanto sibarítica a la austera colonia chilena, causó escándalo entre los siempre pacatos criollos. Tampoco se privaba de amores, en particular con María Lisperguer y Flores, quien después, parece ser que intentó envenenarlo por despecho, en complicidad con su hermana Catalina, en 1.604. El asunto que motivó una investigación criminal, que terminó sin culpables porque los Lisperguer estaban muy bien conectados. La hija de Catalina y por tanto sobrina de María, es una señorita que aparecerá algunos capítulos más adelante, por cierto. El caso es que todos estos escándalos y roces del Gobernador con la alta sociedad colonial, sumados a sus resultados positivos pero apenas discretos en lo militar, dieron pie a su deposición, en 1.605. Se le siguió juicio de residencia, y fue relegado a Córdoba, ciudad actualmente argentina, pero entonces chilena. Pero no se despidan demasiado rápido él: Alonso de Ribera volverá a aparecer más adelante.

Luego de la deposición de Alonso de Ribera, asumió como Gobernador don Alonso García de Ramón, otro veterano de Flandes, que ya había sido gobernador interino entre 1.600 y 1.601. El suceso más trascendental, durante el gobierno de García de Ramón, fue un decreto de 1.608, que estaba destinado a cambiar bastante las relaciones con los mapuches, y al último, transformar el equilibrio demográfico de la todavía naciente colonia. Dicho decreto, lo que hizo fue autorizar para reducir a la esclavitud, a cualquier mapuche que fuera sorprendido con las armas en la mano. Era una manera de contender con posibles rebeliones mapuches, y además, era una manera de que los españoles se hicieran de mano de obra barata.

Por supuesto, hecha la ley, hecha la trampa. A partir de dicho decreto, se hicieron frecuentes las incursiones españolas en tierras mapuches. Por supuesto, si eran atacados, lo que hacían los mapuches era justamente defenderse ellos y sus tierras con las armas en la mano, y eso daba pretexto para capturarlos y esclavizarlos. Y aunque no fuera el caso y los mapuches se dejaran saquear con docilidad... aún así eran esclavizados, y luego los españoles mentían alegando que los habían sorprendido en pie de guerra. ¿Quién iba a defenderlos alegando lo contrario? ¿Ante qué tribunal, alguien iba a reclamar? ¿Y con qué testigos? De esta manera, el decreto de 1.608, lo que hizo en esencia fue privatizar en parte las hostilidades contra los mapuches... y los privados se mostraron mortíferamente eficientes en esto. El decreto iba a estar en vigor más o menos un siglo, lo suficiente como para que al final, el daño estuviera hecho: Los mapuches fueron gravemente mermados en su población, por las incursiones españolas, y de paso, con más esclavos mapuches dando vueltas al norte de la Frontera, el mestizaje se aceleró.

Dentro de la historiografía chilena, la política de expansión demográfica y militar hacia el sur suele llamarse la Guerra Ofensiva, porque justamente la idea era atacar a los mapuches en sus tierras, ojalá esclavizarlos y matarlos, y repartir las tierras y las féminas sobrevivientes entre los conquistadores. La misma llegó a un alto después de la Destrucción de las Siete Ciudades, por supuesto; los mapuches habían demostrado que no iban a ser conquistados así por las buenas. En general, se abandonó la idea de una expansión militar directa hacia territorios cuya anexión sería demasiado onerosa, y sus beneficios demasiado escasos. El único beneficio era usar a los mapuches como mano de obra, y en realidad, con la real cédula de 1.608, eso funcionaba de maravillas. En términos prácticos, hablando de expansión territorial, casi no hubo nuevas fundaciones al sur del Biobío después de 1.602, por parte de los españoles. La única excepción significativa fue Valdivia, arrasada por los mapuches, pero vuelta a fundar después, por razones que mencionaremos algunos capítulos más adelante.

Salvajes y bárbaros mapuches, como los calificaron los historiadores coloniales y decimonónicos, practicando sus ritos paganos en medio de violentas borracheras.
La renuncia a seguir conquistando tierras en el sur tuvo importantes efectos en la vida colonial posterior. Desde que Pedro de Valdivia fundara Santiago de Chile en 1.541, la insaciable ambición de tierras, indios y minas por parte de los europeos que arribaban a Chile, intentaba satisfacerse con nuevas conquistas; las tierras que despertaban la ambición, eran aquellas con buena irrigación y libres de pedregales, pero luego de establecida a hierro la Frontera en el sur, obligados a pelearse lo que quedaba, prácticamente todo el territorio fue repartido en fincas particulares, concedidas a título de demasías si se trataba de ampliar fincas ya existentes, o de mercedes si se creaba una nueva. Esto fue reforzado por la misión de Ginés de Lillo, un agrimensor que entre 1.603 y 1.605 levantó catastro e informes sobre las tierras entre el río Choapa y lo que actualmente sería Cauquenes. La labor de Ginés de Lillo fue fundamental en sanear los títulos de inmuebles sobre los valles más ricos de Chile, enturbiados por la ignorancia geográfica, las declaraciones maliciosas de los peticionarios para conseguir mejores mercedes, y a veces, por qué no, por la inevitable corrupción funcionaria, mal endémico de la Colonia en Chile que se las ha arreglado para llegar hasta nuestros propios días.

Por supuesto, tener tierras era tener poder, y la Corona no ignoraba esto. La misma tenía un interés supremo en que no se crearan haciendas demasiado extensas, cuyos dueños se transformaran en verdaderos señores feudales. Para efectos, se prohibió que una misma adjudicación cubriera más de doscientas cuadras. En cuanto a las encomiendas, es decir, las asignaciones de trabajadores forzosos, verdaderos siervos de la gleba en la práctica aunque no en Derecho, se estableció que las mismas se adjudicarían por dos vidas, es decir, por la del encomendero y por la de su sucesor inmediato, para que luego de terminadas las mismas, se volvieran a adjudicar a quien la Corona considerase como de mayor mérito. Esto eran maneras de impedir que ningún encomendero se hiciera demasiado poderoso y se constituyera en verdadero señor feudal de hecho. En la práctica, las corruptelas clásicas dentro del sistema permitieron que las encomiendas se mantuvieran más o menos dentro de las mismas familias, hasta que las mismas acabaron perdiendo valor, en beneficio del sistema de hacienda y de inquilinato, que empezó a asentarse ya más avanzado el siglo XVII; con todo, aunque de manera un tanto agónica, las encomiendas sobrevivieron en Chile hasta finales del siglo siguiente.

Respecto de la adjudicación de tierras, cada vez más intensiva, sumado a la repartición del trabajo en las encomiendas, todo esto tuvo un efecto social lento, pero acumulativo. A la vuelta de dos siglos de vida colonial, esta diferencia en la manera de repartir y explotar las tierras, llevó a una diferencia cada vez mayor entre las tierras dominadas por los españoles, cada vez más ricas y productivas, y también integradas en la entonces todavía muy embrionaria globalización mercantil y financiera, y las controladas por los mapuches, que en lo esencial siguieron viviendo una existencia más bien propia de la Edad de los Metales. Esto tiene su correspondiente reflejo en la estructura geográfica y económica del Chile actual, en donde el grueso de la producción y actividad mercantil y financiera se da entre las regiones IV y VIII, o sea, entre Coquimbo y el río Biobío, que es justo el territorio que controlaron y explotaron los españoles durante la Colonia.

Con todo, pequeña disgresión aquí, el territorio chileno seguiría siendo un segundón en el concierto internacional. En la época de la conquista española, la nación más avanzada de Latinoamérica era el Imperio Inca; cuando los españoles le dieron el bajo, se beneficiaron de heredar toda la infraestructura administrativa que ellos habían desarrollado, cooptando a los orejones, los funcionarios del Imperio Inca, para que trabajaran ahora al servicio del hombre blanco. Desde este punto de vista, no es demasiado inexacto afirmar que, desde el punto de vista de la estructura social, el Imperio Español en Latinoamérica fue la continuación del Imperio Inca por otros medios. Y como resultado, el Virreinato del Perú, sucesor geopolítico del núcleo incaico, siguió manteniendo su enorme influencia.

Las minas de Potosí, de alguna parte deben sacar el cuero y las cuerdas, necesarias para cargar los animales, alguna parte como Chile, por ejemplo...
Un inesperado giro de acontecimientos no hizo sino profundizar esta brecha entre el Virreinato del Perú por un lado, y los dominios ahora españoles ubicados en la periferia. En la década de 1.560 fue descubierto y empezó la explotación a gran escala de los minerales de plata en Potosí, en lo que actualmente es Bolivia. El Virrey Francisco de Toledo, quien ejerció el cargo entre 1.569 y 1.581, resucitó el entonces más o menos agónico sistema de servicio personal incaico llamado la mita, y lo aplicó a una escala sin precedentes, con el objeto de enviar abundante mano de obra a Potosí, a extraer la plata. La mita de Potosí sólo vino a ser abolida formalmente en 1.825, es decir, en conjunto con la independencia de Bolivia. La combinación de todo esto, es decir, la herencia administrativa incaica, la explotación de Potosí, y la reinstauración de la mita, hicieron maravillas por mantener al Virreinato del Perú en una posición de supremacía económica que iba a durar por siglos.

Considerando todo lo anteriormente dicho, resulta claro que Chile no era sino apenas un lejano y un tanto molesto apéndice colonial, que causaba más quebrantos que alegrías al Imperio Español. Y lo sería durante toda la Colonia, en realidad. El grueso del comercio latinoamericano durante el siglo XVII iba de Potosí y el Virreinato del Perú a España, y por el interior, seguía las rutas de Bolivia y Paraguay hasta el Río de la Plata. Los territorios chilenos entre Coquimbo y el río Biobío estaban así fuera de todas las rutas comerciales latinoamericanas de relieve, y en realidad, si el Imperio Español hubiera perdido tales dominios por cualquier circunstancia, no hubiera sido realmente un golpe de importancia. La única razón por la que valía la pena seguir conservando a Chile, era por el beneficio bastante marginal de su producción agropecuaria, algo de minería... y mantener un territorio que sirviera de tapón contra las incursiones de piratas y corsarios extranjeros en el Océano Pacífico, las cuales se harían más frecuentes y fastidiosas durante el siglo XVII.

Naturalmente, todo lo que hemos dicho respecto de Chile en el siglo XVII, debemos inscribirlo dentro de la decadencia generalizada que afrontó el Imperio Español bajo los postreros monarcas Habsburgo: Felipe III (1.598 a 1.621), Felipe IV (1.621 a 1.665) y Carlos II (1.665 a 1.700). Los tres fueron reyes mucho más débiles que sus fuertes predecesores Carlos I y Felipe II, y se apoyaron en validos, o sea, favoritos, que solían ser más hábiles para la intriga palaciega que para el buen gobierno. Además, reyes y validos españoles consideraron que España necesitaba meterse en las guerras continentales, empresas que le significaron una horrible sangría financiera, pérdidas de tierras en Europa, y todo para nada, puesto que en la segunda mitad del siglo XVII, la hegemonía europea había pasado a la Francia de Luis XIV. Los aduladores apodaron El Grande a Felipe IV, y sus detractores soltaban entre dientes que si era de verdad Grande, lo era como los agujeros, más grandes mientras más tierra se les saca... No es raro entonces que los gobernadores chilenos en el siglo XVII, con alguna excepción por ahí, hayan tendido a oscilar entre lo aceptable sin demasiados vuelos por el lado positivo, y los incompetentes e incluso corruptos sin remisión, por el negativo. Pero veamos el lado amable del asunto. Ver tanta incompetencia y corrupción, nos dará motivo para algunas buenas risillas, porque estamos en donde estamos, en Los años de Chile, aquí en la Guillermocracia, y ustedes ya saben cómo nos las gastamos por estos lares...

Felipe III de España, con el caracho que profetizaba la degeneración endogámica de los últimos Habsburgo...

Próxima entrega: La Guerra Defensiva.

martes, 16 de julio de 2019

El desafío de los Masacroides (1) - "Un Masacroide va allí donde va su corazón".

(Fuente).
En el asteroide Nuevo Chipre, que surgió cuando la antigua Chipre de la Tierra fue desprendido de la corteza terrestre y jalado al espacio por un rayo tractor, y que ahora está en órbita a unos poquitos cientos de miles de kilómetros de Saturno, en las profundidades del Sistema Solar, apareció una nave hiperlumínica desde el hiperespacio. Y era hipergrande, e hiperarmada, porque muchas cosas en el espacio son “hiper” por estos días.

– ¡Capitán! – gritó Cardigan, el oficial a cargo del puente de mando en Nuevo Chipre. – ¡Ha aparecido una nave hiperlumínica desde el hiperespacio! ¡Y es hipergrande, e hiperarmada, porque muchas cosas en el espacio son “hiper” por estos días!

El capitán estaba sentado de espaldas a las pantallas, de manera que sus subordinados sólo veían el respaldo de su asiento. Con tanta lentitud como se lo permitían las reglas del melodrama, el capitán empezó a darse vuelta en su sillón, hasta quedar enfrentado por completo a la cabina de mando.

– Abra comunicaciones con la nave hiperlumínica, Bubi – le dijo el capitán Blackheart a su oficial de comunicaciones.

– Bulb, señor – corrigió la oficial de comunicaciones, con su cabeza ligeramente por detrás de su prominente delantera.

– Cierto, Bulb. Perdóneme usted por la confusión.

– No se confundirá usted más, cuando junte dinero para la operación de reducción mamaria – acotó Bulb, con mala leche en el tono de voz.

– ¡Comunicaciones, Bulb…! ¡No tenemos tiempo que perder!

En la pantalla central, apareció el rostro de Schwarzmann. Al verlo, el Capitán Blackheart apretó ligeramente los puños en los reposabrazos de su asiento de mando.

– Schwarzmann – dijo el Capitán Blackheart, con voz grave.

– Blackheart – dijo Schwarzmann, con un tono de voz siniestro. Luego añadió, de manera melodramática: – Ha sido un largo tiempo. Hubiera sido más largo si fuera mi gusto, pero…

– Veo que ahora llevas galones de Almirante de la Escuadra del Gobierno Unido de la Tierra – dijo el Capitán Blackheart, entre cauto y hostil.

– ¡Oh! – dijo Schwarzmann, dándose cuenta de lo que eso significaba. A continuación, se llevó las manos al hombro, y se limpió sus charreteras de residuos de paloma, porque parte de su misión era transportar palomas genéticamente modificadas desde el Laboratorio Genético Central de Neptuno, al tiempo que se volvía para gritarle a un subordinado: – ¡Corvus! ¿Quieres asegurar de una maldita vez esas palomas genéticamente modificadas, para que no se escapen de sus jaulas?

– Perdón. Vicealmirante – se corrigió el Capitán Blackheart a sí mismo, al darse cuenta de que una de las franjas en la charretera no era parte de la charretera misma, sino residuos de paloma.

– Capitán Blackheart… Iré directo al grano. Maldita sea si quiero tratar con un grupo de antiguos oficiales de la Escuadra del Gobierno Unido de la Tierra, que han devenido en malditos piratas espaciales como ustedes, pero…

– Masacroides – corrigió el Capitán Blackheart. – Somos Los Masacroides, no piratas espaciales.

– Como sea. El caso es que nuestro viejo enemigo, el planeta Borges, ha regresado. En la periferia del Sistema Solar, a un año luz de distancia desde el Sol, han comenzado a construir una Esfera Wisney.

– Lo hemos detectado con nuestros detectores que detectan cosas detectables – respondió el Capitán Blackheart. Luego, se levantó de manera lenta, calculada y melodramática desde su asiento, para que todos a su alrededor, incluidos nosotros, yo quien escribo y ustedes los lectores, nos demos cuenta de cuán grave y desesperada es la situación.

– Oficialmente, la Federación Unida de Planetas no puede aprobar que la Tierra, como miembro federado, ataque a la Esfera Wisney. La misma, la están construyendo no en territorio del Gobierno Unido de la Tierra, sino en el espacio interestelar común. De manera que atacarla sería un acto de guerra, y precipitaría un conflicto armado de toda la Federación en contra de Borges. Pero cuando la Esfera esté montada… El Sistema Solar quedará aislado de todo el resto del espacio.

– De manera que necesitan un grupo de renegados como nosotros, Los Masacroides, para que ataquen la Esfera Wisney, y así, si nos capturan o ejecutan, la Federación puede alegar desconocimiento de nuestras acciones, ¿no es así? – soltó el Capitán Blackheart, con un dejo de amargura en la voz.

– Capitán Blackheart. En el pasado, tú y yo hemos sido rivales de amores, pretendiendo los favores de la bella Izzia. Además, yo fui exonerado de cargos luego de la Batalla del Planeta Emmerich, mientras que tú y tu grupo de Masacroides fueron enviados al exilio. Pero ahora, necesitamos el talento y habilidades de tí y de tu gente – dijo Schwarzmann.

– ¿Un grupo de renegados en el exilio, que son llamados para luchar contra una amenaza imparable?Me parece haber leído eso antes en una historia de Guillermo Ríos – soltó el Capitán Blackheart, con una pizca de ironía. – ¿Cuál era? “Culto más allá de la muerte”, parece que era.

– Debemos dejar nuestras diferencias a un lado, y luchar por el bien común de la Tierra. Así es que… Capitán Blackheart… Te lo pido, de honorable rival a honorable rival. Acepta la misión. Ataca la Esfera Wisney, antes de que los borgianos la completen y aislen a la Tierra. Es nuestra última esperanza.

El Capitán Blackheart se lo pensó por un instante, siempre de pie. Su capa, mientra tanto, ondeaba de manera melodramática al viento. ¿Cómo es posible que una capa ondee de una manera melodramática al viento, considerando que en el clima controlado en el interior de una base asteroidal, por lo general no hay viento? Miren, no me pregunten estupideces, la historia venía así, de manera que… asumámoslo, ¿OK? La capa ondeaba de manera melodramática al viento, punto.

– Acepto – dijo finalmente y con sencillez, el Capitán Blackheart.

Las comunicaciones se cerraron, y la nave hiperlumínica que transportaba a Schwarzmann, se alejó lentamente para efectuar un salto al hiperespacio. En ese minuto, en el puente de mando, Corvus, el subordinado de Schwarzmann, se acercó a éste, y le susurró de manera muy sugerente al oído:

– Filthor ha regresado a bordo, señor, y reporta éxito completo en su misión.

– Bien – respondió Schwarzmann, sonriendo de manera siniestra. – El Capitán Blackheart se ha tragado el anzuelo con todo y seda dental.

– Sedal, señor – corrigió Corvus. – Las cañas de pescar tienen sedal…

– ¡Basta! El plan maligno está funcionando, Corvus. Pronto nos reportaremos con nuestros jefes supremos, que como bien sabes, son la Hermandad de la Injusticia. Pero primero… – susurró Schwarzmann, y luego gritó, con orden y voz de mando: – ¡Capitán Enchúfez! ¡Rumbo a la Tierra!

¿Será realmente Schwarzmann así de malvado, malvado a nivel de villano de opereta, o…? Quién sabe. Por lo pronto, volvamos nuestra atención al asteroide Nuevo Chipre, en donde el Capitán Blackheart congregaba a sus Masacroides en el Estadio de la Justicia.

– Señores… Hace aproximadamente una hora, he recibido una comunicación por parte del Vicealmirante Schwarzmann. La Tierra se encuentra en un grave predicamento. So pretexto de estar obrando en espacio neutral, el planeta Borges ha iniciado la construcción de una Esfera Wisney alrededor del Sistema Solar, a un año luz de distancia desde el Sol. A pesar de que nosotros no le debemos lealtad alguna al Gobierno Unido de la Tierra o a la Federación Unida de Planetas, de la cual el Gobierno Unido forma parte, de todas maneras somos la última esperanza de la Tierra, y si no tomamos un curso de acción, entonces el Sistema Solar estará condenado. Nosotros somos los Masacroides, no los… Cobardoides o algo así, y afrontamos la lucha cuando llega el minuto, y el minuto… llegó hace como una hora atrás, cuando Schwarzmann nos pidió su ayuda.

El Capitán Blackheart hizo una breve pausa, mientras aparecía al centro del Estadio de la Justicia, una proyección holográfica del Sistema Solar, en un espacio de un año luz alrededor del Sol.

– Aunque la posibilidad teórica e ingenieril de su existencia fue probada por el ingeniero loco Dalt Wisney, esta es la primera vez que una civilización cósmica construye una Esfera Wisney. Una Esfera Wisney es como una Esfera Dyson, una corteza hueca que cubre completamente un cuerpo solar, pero la llamó Esfera Wisney para poder inscribirla en el Registro de Marcas y Patentes. Cuando esté construida, tendrá un diámetro de dos años luz de parte a parte, con el Sol en el centro, a un año luz de cada punto de la esfera en sí, y englobará a todos los planetas del Sistema Solar. Una vez construida, nada entrará o saldrá del Sistema Solar, ni naves, ni comunicaciones, nada. La Tierra y el resto del Sistema Solar quedarán completamente aislados del universo.

El Capitán Blackheart hizo un gesto. La imagen holográfica fue reemplazada: Ahora se podía ver el planeta Borges.

– Los borgianos han sido uno de los peores enemigos de la Tierra. A diferencia de quienes venimos de la Tierra, que somos brutos e ignorantes que nos enorgullecemos de resolverlo todo con prepotencia y fuerza bruta, a ellos les gusta leer, y por lo tanto, son gente culta y aficionada a la ciencia, y eso los hace peligrosos en grado sumo. Para derrotarlos, deberemos viajar hasta el exterior del Sistema Solar, enfrentarnos a las naves de Borges, y arrasar la Esfera Wisney hasta sus cimientos.

El Capitán Blackheart hizo una pausa. Su capa volvió a ondear de manera melodramática, porque… la proyección holográfica calienta el aire y genera corrientes de convección… digamos que así es como la capa ondea de manera melodramática, por qué no, esto es una de Ciencia Ficción después de todo.

– Este es el desafío más peligroso que hayamos emprendido los Masacroides jamás. Si alguien no quiere embarcarse en la misión, lo entenderé. No habrán castigos, no habrán represalias. Pero yo iré. Y sólo quiero valientes conmigo. Pero en cualquier caso, aunque no voy a obligarlos en caso alguno, aún así los exhorto, y les recuerdo: ¡Un Masacroide va allí donde va su corazón!

– ¡¡¡UN MASACROIDE VA ALLÍ DONDE VA SU CORAZÓN!!! – respondieron todos los Masacroides a coro, conmovidos, porque aunque condenados como criminales de guerra y perseguidos por su antiguo Gobierno, los Masacroides son héroes, y… van allí donde va su corazón, eso es.

Poco después, el Capitán Blackheart fue a su cuarto particular. Se preguntaba si Izzia lo recibiría con el vaporoso babydoll rosado que había usado la noche pasada, o con su ceñidísimo uniforme espacial que remarcaba sus suaves y bien tonificadas curvas. Sí, escribí “noche”, a pesar de que Nuevo Chipre es un asteroide ubicado en órbita alrededor del Sol a la altura de Saturno, y “noche” no es un término muy significativo en estas circunstancias. Pero la iluminación artificial sigue un ritmo circadiano, ¿estamos claros? Por las barbas de Buda, qué lectores más quisquillosos tengo.

Al llegar al camarote, Izzia estaba vistiéndose. El Capitán Blackheart entró con lentitud, para aumentar el melodrama. Izzia, vestida desde el cuello hasta los talones con un traje dos tallas menos de lo recomendable para la salud propia y de los ojos masculinos que la vieran, se acercó con calma a él, puso sus brazos en los fornidos hombros del capitán, y posó su mejilla en el broncíneo pecho de éste.

– ¡Oh, Capitán…! – dijo ella, con un ligero temblor en la voz. – ¡Así es como el destino vuelve a separarnos! No os puedo acompañar en vuestra misión. Mi reina, la bondadosa Uhuramidala, me necesita en la Tierra. Debo regresar allá.

– Tal vez la Reina debería abandonar la Tierra, por lo menos hasta que la crisis haya terminado…

– ¡La Reina no abandonará el planeta al que gobierna y expolia para mantener su extravagante corte! ¡Y si mi reina se queda, yo también! – dijo Izzia. Luego añadió: – Aunque no sea uno de los vuestros, y nuestro romance prohibido sea secreto para todo el mundo… Aún así, Capitán, es como si yo fuera una Masacroide honoraria, y un Masacroide siempre va allí donde va su corazón.

Poco después, la nave de Izzia abandonó el asteroide Nuevo Chipre. Luego de unos cuantos cientos de miles de kilómetros, dejó por completo el campo de detección de Nuevo Chipre. Y en ese minuto, desde la nave de Schwarzmann, que estaba escondida y emboscada en la ruta hacia la Tierra, salió un pulso neurónico, que resonó en el neurosensor que Filthor había instalado en el cráneo de ella, mientras estaba durmiendo. Ahora, sin saberlo, Izzia estaba bajo el control de Filthor, y a través de él, del malvado Schwarzmann. Y nosotros decimos, ¡cuánta maldad! ¡Cuánta asquerosa y reptiliana maldad! ¡No se dejen derrotar por la traición, Masacroides, no se dejen derrotar por la traición…!

¡Porque los Masacroides no cejan en su misión! ¡Apúrense, Masacroides! ¡Los malvados habitantes de Borges siguen construyendo la Esfera Wisney, y cada minuto que pasa, está más cerca la derrota final de la Tierra! ¡Apúrense, Masacroides, no hay tiempo que perder! Y ahora… a perder un poco de tiempo, hasta el episodio de la próxima semana.

Próximo episodio: Unbreakable Heart.

domingo, 14 de julio de 2019

Centrífugo versus centrípeto: 12 parejas clásicas.


Bienvenidos a... esto nuevo. Que iba a ser un posteo. Después, a medida que se me fueron acumulando los ejemplos, pasó a ser una serie de posteos. Todavía después, cuando se me acumularon más ejemplos... Decidí que como serie de posteos, iba a ser un desastre redactarlo, porque no iba a parar nunca. Además, a lo mejor no le gusta al respetable, en cuyo caso, mejor no insistir. Así es que esto será del siguiente modo: Un posteo aislado y único, pero el tema en sí, está considerado para nuevos posteos, secuelas, anexiones, expansiones, etcétera, a futuro. ¿Qué tan a futuro? Bueno... eso depende del entusiasmo, acogida, recepción, cariño del público, nivel de actividad propio, etcétera, por supuesto. Lo de siempre, vamos.

Este posteo va de parejas extrañas. Ya saben, ese viejo ensamblaje narrativo que funciona pareando dos personajes opuestos. La materia con la que se han construido todas las películas de buddy cops desde que el género existe, vamos. O los matrimonios disparejos. O... Una tonelada allá afuera. Después de meditarlo mucho, he llegado a la conclusión de que el mejor título es "centrífugo versus centrípeto", porque en estas ficciones, siempre un miembro de la dupleta tiende a ser el ordenado, el metódico, el racional, el estoico, el que siempre sigue lo prescrito en el manual de procedimiento, el que avanza cautamente y posición por posición... el centrípeto, en una palabra, el que recoge y lo lleva todo al centro. Versus el centrífugo, que es el desordenado, el caótico, el intuitivo, el emocional, el que hace sus propias reglas, planifica sobre la marcha, avanza con audacia y con una confianza ciega en que, de alguna manera, saldrá bien, el que desparrama y saca las cosas desde el centro, en definitiva.

La clase de parejas que no se ven demasiado en la vida real, porque el centrífugo tiende a considerar que el centrípeto es un caracol aburrido, mientras que el centrípeto considera que el centrífugo es bueno sólo para un colon irritable de libro de Medicina. Pero en la ficción funcionan porque... vamos. El poder de la ficción. Hay gente que se traga que estos dos puedan funcionar sin rebanarse el cuello entre sí, así como hay gente que se traga los viajes más allá de la velocidad de la luz, que un mago de internado se la puede con un hechicero armado con horrocruxes, o que el Neoliberalismo es sinónimo de sociedades más prósperas y felices.

Por cierto. Por alguna razón, en estas parejas es siempre el centrífugo quien se lleva toda la popularidad, mientras que el centrípeto tiende a quedar en segundo plano, siendo incluso repudiado u olvidado. Quizás porque siempre es más entretenido el personaje que va contra el mundo y rompe las reglas, que el personaje bien ajustadito. Piensen en las películas de ladrones y policías, en donde por lo general acaban los rateros siendo más populares. Lo que es irónico, porque generalmente es el pobre y vapuleado centrípeto, el que se encarga de que todo esté ordenado y en su sitio para que llegue el centrífugo y lo desordene todo. Porque, piénsenlo un minuto, por pura lógica... ¿Qué juguetería podría arrasar el centrífugo, si antes el centrípeto no hubiera puesto los juguetes cada uno en la estantería que le corresponde...?

Como decía, este posteo es, se supone, único y aislado, pero si tiene éxito, lo iré expandiendo con nuevas parejas disparejas cortadas por el mismo modelo. De manera que dedicaré esta pasada para doce parejas clásicas, que podrían ser incluso consideradas como las grandes codificadoras de la pareja dispareja, y ya veremos después qué cae. Y sin más preámbulos, vamos a por éstas.


1.- Jerry Lewis y Dean Martin.

El gran codificador de las parejas de centrífugo versus centrípeto, en todo el siglo XX. No es realmente el primer ejemplo, y de hecho, terminaremos esta docena con un caso mucho más famoso y anterior. Pero... Vamos. Todos conocemos la historia. La gracia de ver juntos a Jerry Lewis y Dean Martin es que las gracietas del primero contrastaban con la flema un tanto melancólica del segundo. Y sucedió lo inevitable. Jerry Lewis se hizo popular, hasta el punto que a nadie le importaban los momentos en que, para que Dean Martin brillara, le daban una guitarra y a cantar. Mosqueado, Martin se mandó a cambiar, y Jerry Lewis siguió en solitario. Sin que nadie echara de menos a Dean Martin. Lo que me da un poco de penita, no voy a decir una cosa por otra. Porque en sus películas, Dean Martin hacía su esfuerzo más honesto, y realmente debe haber sido frustrante ser opacado de esa manera por el Jim Carrey de su tiempo, por mucho que Lewis como comediante se merezca todo nuestro respeto también. Que era Jerry Lewis, vamos. Y bueno, aunque me cae bien Jerry Lewis, por sus películas al menos, yo le digo, señor Martin: Estoy con usted. Yo también sé lo que duele dar el esfuerzo más serio de uno, y que nadie lo valore ni aprecie porque el personaje que le tocó al lado, acabó siendo más popular.


2.- Sherlock Holmes y el doctor Watson.

Otro de los grandes codificadores de las parejas disparejas. Hoy en día, es un cliché que las historias de detectives se construyen a partir de un detective centrífugo, o sea, que es excéntrico, se preocupa poco de las convenciones sociales, pero es un genio de la observación y el análisis, versus el ayudante que es centrípeto, o sea, un buen hombre y bien ajustado, pero que precisamente por eso, no tiene la misma penetración intelectual de su colega. Pero Sherlock Holmes es el detective original, y el doctor John Watson es el ayudante original. De hecho, resulta interesante observar que muchas versiones de Watson lo pintan como un simplón de pocas luces, a quien Holmes se la pasa humillando intelectualmente, y Watson, siendo Watson, ni siquiera le alcanza para darse cuenta, cuando en los textos originales de Arthur Conan Doyle, Watson era un tipo inteligente, aunque no tanto como Holmes, y un hombrón de cuidado. ¡Que fue médico de guerra en Afganistán, en pleno siglo XIX, por el amor de Jonas Salk! Y el detalle sarcástico aquí... Conan Doyle plagió esta dinámica desde Los crímenes de la Rue Morgue de Edgar Allan Poe, que presenta al detective Auguste Dupin y su ayudante sin nombre, y que suele pasar como el primer relato de detectives. O sea, combo doble en este párrafo, acá en la Guillermocracia, para que nada le falte a los amigos.


3.- Kirk y Spock.

En los inicios de Viaje a las estrellas, la serie televisiva de 1.966 que lanzó la franquicia de Star Trek, estaba claro que los protagonistas eran dos, y el resto secundarios. Esos protagonistas eran Kirk y Spock, ambos de temperamentos opuestos. Kirk es el romántico hombre de acción, siempre dispuesto a poner el humanismo por delante de las reglas, mientras que Spock es el tipo flemático con cabeza de calculadora. En principio, Kirk debería haber sido el centrífugo y Spock el centrípeto, y en su actuar de hecho lo son. Pero por otra parte... Kirk es un humano en medio de una tripulación de humanos, y además el capitán, mientras que Spock es un alienígena, y el oficial científico, por lo que, tercer párrafo y primera subversión del tópico, desde el punto de vista racial se invierten las tornas, y es Spock el centrífugo que siempre mira con una cierta condescendencia a los humanos porque son tan emocionales ellos, versus el Kirk centrípeto que siempre tiene una vena de compasión para sus semejantes, y por tanto se lo ve mucho mejor integrado en sociedad. Después, el personaje del doctor McCoy subió a los créditos principales, y la dinámica evolucionó de dúo a trío. Algún día hablaremos sobre tríos aquí, porque ya estoy escuchando a parte de ustedes soltar una risilla nerviosa, pero... no hoy.


4.- R2D2 y 3CPO.

Star Wars nos aporta unos cuantos posibles ejemplos de centrífugo versus centrípeto, pero quizás la pareja icónica en este respecto sean los androides de la Trilogía Original. Que de hecho eran la dupleta que iban juntos para todas partes e interactuaban más entre sí que con el resto, porque no eran los héroes de primera fila sino los secundarios graciosos. Y... piénsenlo. Nadie encuentra gracioso a C3PO. ¿Quién? A Citripio, vamos. Todo el cariño va para R2D2. ¿Quién? ¡Arturito, vamos! Piensen el mucho gustito que da en El Imperio contraataca cuando R2D2 se mete a héroe y salva al Halcón Milenario, frente a C3PO, que da gusto cuando... lo desarman en pedazos y Chewbacca después lo ensambla mal. Y sin embargo, el travieso de R2D2 sería mucho menos gracioso si no estuviera el siempre hierático y un tanto aguafiestas C3PO haciendo de Dean Martin a su lado. Concedámosle, por lo menos, que la escena en que Luke Skywalker lo hace pasar como un dios frente a los ewoks en El regreso del jedi, funciona porque C3PO... es C3PO. Y démosle algo de crédito, al pobre. Lo ya dicho, es duro ser el centrípeto cuando el centrífugo es tan simpático. Y conversa con computadoras. Y repara naves espaciales. Y... parece la toma de agua para bomberos en la calle. Frente a eso, es más bien poco lo que el pobre C3PO puede hacer, ¿no?


5.- Ungar y Madison.

Un par de nombres que quizás no le digan nada a nadie. Yo mismo tuve que meterme a IMDb para revisar este dato. ¿Y no se supone que esto va de parejas clásicas? ¿Dónde está lo clásico aquí, si ni recordamos los nombres de la pareja de marras? Pues... estos dos son otros de los grandes codificadores modernos de la pareja dispareja. Que su película se llama La extraña pareja, vamos. Estrenada en 1.968, por más señas. Con secuela en 1.998 con los mismos actores, y varias series de televisión adaptando la premisa, para que vean que la explotación de franquicias partió mucho antes que Disney comprara Marvel y Star Wars. La premisa es simple: Walter Matthau es Oscar Madison, un tipo que vive en un departamento que es esencialmente un chiquero, y que de buen amigo, se lleva a vivir con él a Felix Ungar, que es Jack Lemmon, un estirado sin sentido del humor que, además, es suicida potencial porque está divorciándose. Ya conocen el resto: Riámonos un rato con las rabietas del centrípeto Ungar mientras trata de infligirle un mínimo de orden al centrífugo Madison a punta de neurosis y su poco de histeria. Oro puro aquí. Es increíble cuanta gente conoce el sinfín de imitaciones fotocopiadas de aquí, y cuán pocos han visto al original.


6.- Murtaugh y Riggs.

Cuando empezaron a leer este posteo y empecé a explicar eso de centrífugo versus centrípeto, seguro que se les vino a la cabeza esta pareja, e incluso esperaban con impaciencia que apareciera. El modelo moderno de todas las historias con detectives disparejos. Ya saben: Uno es comedido y reflexivo y respeta las reglas, el otro es un lunático. La película es Arma mortal de 1.987, que originó tres secuelas. Con Danny Glover como el respetable hombre de familia que es el pobre Roger Murtaugh, soltando el chascarrillo ése de que está demasiado viejo para estos subproductos digestivos, a pesar de que la última película de la tetralogía vendría once años después... Interpretado por Danny Glover cuando era joven. Frente a quien está el loco suicida de Martin Riggs, un lunático pasado de roscas que... ejem... esto es incómodo... lo interpreta Mel Gibson. Entre Glover y Gibson, ya sabemos quién acabó siendo carne de tabloides, vamos. Interesantemente, al final de la primera película vemos que el centrífugo Riggs se ha aquietado un poquito, sólo un poquito, mientras que el centrípeto Murtaugh ha aprendido a soltarse un resto, y en las siguientes entregas, este arco argumental seguirá adelante, y como resultado, ambos serán un poquito más felices. ¿Oigo música de violines en el fondo? Ay, el amor, el amor... El amor fraternal entre colegas de trabajo, no se piense mal, ¿eh?


7.- Mulder y Scully.

Llegamos hasta uno de los ejemplos más clásicos, tratándose de la subcarpeta de parejas románticas dentro de centrífugos versus centrípetos. En 1.993 partió la serie de televisión de Los expedientes secretos X, y nos presentó a su peculiar Holmes, el centrífugo agente Fox Mulder del FBI, y su colega la centrípeta Watson, la agente Dana Scully, también del FBI. ¡Resulta que Scully hasta es médico como Watson! En buena parte de la serie, se la pasaron con un Mulder centrífugo abriendo las tragaderas a cualquiera sea la teoría conspiranoica del día, versus una Scully centrípeta que siempre chillaba que había una explicación científica para todo. Siendo la serie lo que era, al final Mulder siempre tenía la razón. Y andando los capítulos, Scully empezó a convencerse de que quizás, sólo quizás, a lo mejor el chiflado de su amigo tenía razón. En este caso era Mulder el popular, en particular con las féminas que en esa época no se acercaban a un programa de televisión de Ciencia Ficción ni con pinzas, pero Scully generó su propio fandom, gracias a un detalle que el tarado de Conan Doyle jamás pensó para su propio Watson: La hicieron una hembra pelirroja. Y a Gillian Anderson en esos años, guapura no le faltaba, por lo demás. La gente de televisión, ellos sí que saben.


8.- ¡Superman y Clark Kent!

¿Es posible ser el centrífugo y el centrípeto de sí mismo? Superman es un superhéroe tan lo más de lo más, que él sí puede. Incluso puede armar un triángulo amoroso con Lois Lane siendo él mismo dos vértices del mismo, así por las bravas. Eso es ser macho, y lo de Warren Beatty, agua de borrajas. En la versión clásica del personaje, nuestro simpático alienígena en su versión de Clark Kent venía siendo el centrípeto, el tímido que siempre sigue las reglas, y que por lo tanto, nunca fue popular, por mucho Christopher Reeve que lo haya interpretado. Superman por su parte es el tipo que rompe las reglas y que hace las cosas a su modo, aunque por suerte para nosotros, ese a su modo es un código de ética que lo impele a obrar según principios elementales de justicia. Versiones más modernas del personaje han hecho esta dinámica un poco más compleja, y han introducido una tercera faceta de su personalidad, Kal-El el alienígena, a la vez que han dotado al pobre y esmirriado Clark Kent de un poco más de... ya saben. Personalidad. Con lo que este contraste se ha ido volviendo más complejo por un lado, y perdiendo por el otro. Salvo en el Universo Extendido DC. Henry Cavill me cae bien y creo que ha hecho un buen trabajo, pero su Superman está escrito a nivel de guión como si fuera más cartón piedra que ser humano. O alienígena, ya que estamos.


9.- Cable y Deadpool.

No vamos a decir que es una pareja clásica, porque estos dos sólo son populares desde la duología estrenada en los cines entre 2.016 y 2.018, que podría quedarse en eso si culmina la compra de la FOX por Disney, y el Ratón decide aplicarle el botón de reseteo a la franquicia. Que sí, que eran populares entre los frikis lectores de comics, y Cable también entre los que vimos la serie de los X-Men de 1.993, hace un cuarto de siglo atrás, siéntanse viejos... El caso es que, no voy a insistir. Ustedes a estas alturas del posteo ya se conocen la dinámica. Cable es el mortalmente serio, el centrípeto, que a duras penas aguanta las mamarrachadas de Deadpool, el centrífugo, tan zafado de su zócalo que hasta rompe la cuarta pared y hace chistes directamente para la audiencia, por lo que la gente lo toma como que estuviera más loco, porque... vamos. Intenten hablarle en la realidad al público que supuestamente los está mirando, al margen de la gente que sí está con ustedes, tal y como lo hace Deadpool, y luego siéntense a esperar con un capucchino y leyendo tweets en el celular mientras vienen los loqueros en la ambulancia a echarles la camisa de fuerza encima. ¿Se puede ser tan centrífugo, que por romper reglas, hasta se rompen las reglas de la realidad? Bueno, Deadpool si puede. ¡Que viajó en el tiempo para matar a Ryan Reynolds por aceptar el guión de Green Lantern, por favor! Uh... ¿spoiler? Cuán Deadpool puedo ponerme a veces, ¿no?


10.- Green Arrow y Green Lantern.

Y ya que estamos, démosle algo a los fanáticos de los comics. Green Arrow versus Green Lantern. El material con el cual se confeccionan las leyendas. A finales de la década de 1.960, DC Comics daba palos de ciego, o daba penita, tárjese lo que no corresponda, atascados en un modelo de historias periclitado después de que Marvel Comics lo hubiera colocado todo al revés. Y entonces, alguien en DC Comics tuvo una idea genial: ¡Ey! Ahora que están de moda los comics con una dimensión social... Agarremos a Green Arrow, que no lo lee nadie, y a Green Lantern, que tampoco lo lee nadie, ponemos al de las flechas como un progreta perdido y al del anillo como un facha sin remedio, y nos compramos un tonel de tinta verde porque de ese color nos vamos a gastar, y... a dibujar e imprimir. El comic de Green Lantern fue retitulado como Green Lantern & Green Arrow a partir del número 76, de Abril de 1.970, hasta el 122, de Noviembre de 1.979, con el gran Dennis O'Neil en los guiones, y Neal Adams en dibujos durante el primer tramo. El comic tuvo éxito en mostrar los problemas de la sociedad estadounidense a través del centrípeto Green Lantern, preocupado de mantener el orden y combatir a la criminalidad, versus el centrífugo Green Arrow, más subversivo y presto siempre a atacar las raíces institucionales de los problemas. Irónicamente, la historia más recordada de éstas, es cuando a Green Arrow, faro moral del progresismo, su sidekick Speedy le sale yonki perdido... Sí, el progresismo tendría más éxito si tronaran un poquito menos desde el púlpito.


11.- Inglaterra y Estados Unidos.

¿Pueden dos países ser una extraña pareja de opuestos? En el caso de Inglaterra y Estados Unidos, sí que se ha podido. Inglaterra es, en general, el país augusto, de venerable antigüedad, siempre empeñado en mantener las formas y una cierta flema, una razón de ser para su cultura. El centrípeto, vamos. Estados Unidos por su parte heredó en su mayor parte la cultura inglesa, pero lo hizo a su propia, despatarrada y centrífuga manera. Prototipos ingleses incluyen al aristócrata esnob, al erudito tipo Tolkien, al estirado detective privado, y a la guapa Emily Blunt que no podría verse fuera de composición ni con tres litros de purgante en el sistema. Prototipos estadounidenses incluyen al cowboy, al ranchero de Texas, al grafitero del Bronx, y a Jim Carrey. Incluso los hooligans y punks ingleses tienen una prestancia de tipo "somos caóticos, pero con estilo", que sus pares estadounidenses... no. Lo siento, pero no. Estos dos no deberían poder entenderse, pero desde la Primera Guerra Mundial, acabó siendo que son de los más amiguetes entre sí. Y ni qué decir, el festín que se han dado en Hetalia: Axis Powers con estos dos...


12.- El Quijote y Sancho Panza.

Y cerramos, por ahora, con uno de los ejemplos más clásicos en toda la Literatura Universal. El centrífugo Alonso Quijano, mejor conocido en su prontuario criminal como Don Quijote de la Mancha, versus su centrípeto escudero Sancho Panza. Resulta irónico que el Quijote fue creado para burlarse de los libros de caballería, por lo que Sancho debería ser el personaje estrella aquí... pero al propio Cervantes parece haberle simpatizado más el caballero loco, y lo fue volviendo cada vez más heroico y sublime. En la Segunda Parte del Quijote, publicada diez años después de la Primera, curiosamente el Quijote empieza a parecerse cada vez más a Sancho, adquiriendo cierto método y sentido común dentro de su locura, mientras que Sancho, por su parte, empieza a contagiarse del idealismo del Quijote, rematando en que cuando lo nombran gobernador de la ínsula Barataria... Resulta mucho mejor administrador que los propios nobles españoles que lo pusieron ahí en primer lugar. O de cómo Sancho, volviéndose un tantín centrífugo, acabó convertido en el santo patrono de los inútiles subversivos.


Y con este número doce en la docena, terminamos por hoy. ¿Otros centrífugos versus centrípetos allá afuera? Pues... toneladas. Dejé intencionalmente fuera a Batman porque al hacer el listado, me di cuenta que se puede sacar otra docena completa sólo con parejas de pirados en Ciudad Gótica. Por su parte, apenas rascamos el mundo del anime, que tiene otra buena dosis de ellos. También están los humoristas que han seguido el modelo de Martin y Lewis, el pirata ése de Piratas del Caribe, los clones de Sherlock Holmes y Watson, todas las películas del subgénero del buddy cop, y un larguísimo etcétera. ¿Habrán entonces nuevos posteos? ¿O esta acabará siendo una serie de número único? O, peor aún... ¿será éste el posteo centrípeto para una nueva entrega que será centrífuga, o...?

viernes, 12 de julio de 2019

Cuando 2.019 era el futuro: Un repaso al cine Cyberpunk en 50 películas (1 de 5).


En la década de 1.980, el Cyberpunk fue la gran revolución en materia de Ciencia Ficción. Bruscamente, parecía que la vieja ficción espacial de explorar planetas y contactar alienígenas, había quedado pasada de moda. A diferencia de esas lejanas ensoñaciones medio fantásticas como Star Trek o Star Wars, el Cyberpunk era real, era el futuro inminente, era angustioso... parecía mucho más artístico, y sobre todo más certero y realista, que esos futuros que nos prometieron y nunca llegaron. Por supuesto, después de unos cuantos años de Cyberpunk a mansalva en la cultura underground, resultó que no fue para tanto. No quiero decir que el Cyberpunk fue apenas una moda pasajera, porque ciertamente no lo fue, pero sí que la siempre omnívora Ciencia Ficción tradicional se las arregló para deglutirla, e incorporar su legado en la corriente principal del género.

Uno podría levantar un caso, argumentando que el género se las arregló para sobrevivir, en el llamado Post Cyberpunk, que vendría siendo la superación del Cyberpunk y su ajuste a parámetros quizás algo más realistas o menos lóbregos. Pero si lo miramos bien, prácticamente toda la Ciencia Ficción actual viene siendo, en efecto, Post Cyberpunk, desde el momento en que es imposible escribir sobre el futuro hoy en día, sin recurrir a tópicos cyberpunk como robots cobrando conciencia humana, redes computacionales a veces injertas en el cerebro... Son elementos que, por supuesto, ya estaban ahí de una u otra forma en la Ciencia Ficción tradicional, pero que no habían adquirido una coherencia o verosimiltud sino hasta el Cyberpunk, porque en la época del Cyberpunk es cuando tuvimos un verdadero vislumbre de cómo esas cosas iban a acabar siendo en realidad. La década de 1.980 que vio la eclosión del Cyberpunk fue además aquella en que se popularizó el PC, el Personal Computer, después de todo, o sea, el tiempo en que el computador dejó de ser esa herramienta esotérica en la universidad o en las oficinas gubernamentales, y se infiltró en el hogar de todo perejil dentro del mundo occidental.

Por supuesto, lo discutía en el posteo correspondiente de Crónicas CienciaFiccionísticas, naciendo el subgénero del Cyberpunk en la década de 1.980, era inevitable que el mismo evolucionara a la par en el Cine, como imaginería visual, tanto como en la Literatura, como palabras y conceptos. La primera novela considerada Cyberpunk de manual, Neuromante de William Gibson, data de 1.984, pero la primera película que de verdad se ve y luce como imaginería cyberpunk, probablemente sea Blade Runner de 1.982, excluyendo el tema de la realidad virtual, eso sí. Y de dicha película tomamos el título para la presente serie de posteos, porque como sabemos, la misma se ambienta en el entonces futurista Los Angeles de 2.019. Y como ya hemos llegado a 2.019, vale la pena preguntarse en qué quedó eso, en cómo el género se las arregló para nacer y evolucionar en el Cine, en una carrera contra el tiempo, contra un futuro cada vez más cercano, cada vez más presente, hasta que dejó de ser el futuro, y ¡hola, mundo que actualmente ya es cyberpunk! Eso es justo lo que haremos: Un repaso de las películas que conforman el espinazo del Cyberpunk en el cine, o que al menos, han ayudado a prefigurarlo, configurarlo, o bien han utilizado sus recursos conceptuales y tópicos argumentales para desarrollar su propia versión del cuento.

Como de costumbre, he preferido incluir a excluir. Todos tenemos una idea de lo que podríamos llamar el set básico de un escenario cyberpunk: Ciudades contaminadas, de noche, con luces de neón, muchas luces de neón, ausencia o ineficacia del Gobierno, megacorporaciones, Neoliberalismo extremo, valor de la vida humana sólo como bien económico, seres humanos artificiales, inteligencias artificiales, realidad virtual... Pero sin embargo, no todas las películas cyberpunk ofrecen el paquete completo. Si nos pusiéramos estrictos con el tema, la lista que sigue debería ser expurgada quizás en sus tres cuartas partes, partiendo por algunas películas que no pueden ser Cyberpunk simplemente porque son muy anteriores al surgimiento o conceptualización del género como tal. Pero como he dicho, he preferido incluir a excluir, salvo en un caso particular: Las secuelas. De manera que si una película está incluida y tiene secuelas, hemos ignorado éstas porque... en alguna parte hay que cortar y terminar, ¿no? Aunque por otra parte, aparte de la Trilogía de Matrix, no existen demasiadas franquicias fílmicas de Cyberpunk dando vueltas por ahí, así es que no parece que el recorte sea excesivo en este caso.

De lo anterior, ustedes pueden colegir que he incluido muchos ejemplos que cuentan sólo parcialmente como Cyberpunk, y en algunos casos, pueden ser incluidos sólo en calidad de miembros honorarios, por la influencia que han tenido en el desarrollo del género, o bien por usar tópicos popularizados por el Cyberpunk, sin realmente adscribirse al mismo; si su inclusión ha sido acertada o no, que el lector de manera crítica decida en conciencia. Las etiquetas son, después de todo, apenas palabras útiles para referirse a tales o cuales cosas, pero no envuelven ninguna esencia, de manera que el debate acerca de si tal o cual obra califica o no como cyberpunk al último es inoficioso, salvo para referirnos a un conjunto de tópicos más o menos amarrados en un género. Por supuesto, éste es un repaso incidental, incluyendo lo más granado del (sub)género. Existe una tonelada de otras películas cyberpunk allá afuera, así como ocurre en cualquier otro género cinematográfico. Una exploración completa del tópico nos llevaría todo el día. Pero si están ya confeccionando la lista de cosas para ver, cincuenta es una cifra más que respetable, ¿verdad?


1.- Metrópolis [Metropolis, 1.927].

¿Metrópolis de Fritz Lang, una película cerca de seis décadas anterior a la novela Neuromante que le dio forma al actual Cyberpunk, incluida en la lista? ¿Pero es que nos hemos vuelto locos? No, no nos hemos vuelto locos. Cuando fue rodada, Metrópolis no era ni pretendía ser Cyberpunk, pero... veamos. La película se ambienta en una ciudad futurista en la cual un grupo de privilegiados vive la dolce vita a costa del trabajo en condiciones de casi esclavitud, de una enorme masa de obreros; sin embargo, todo este equilibrio saltará por los aires cuando una robot hembra, una ginoide si queremos usar el término técnico, suplante a una líder obrera humana y provoque una rebelión generalizada. En esta muy sucinta descripción podemos ver cómo Metrópolis adelanta un montón de tópicos que después serán el pan y la sal del Cyberpunk: Ambientación en un futuro de inmediato a término medio, destrucción de la clase media, dictadura de las megacorporaciones, mercantilización del trabajo e incluso la vida humana, robots y humanos artificiales, problemas de identidad entre la máquina y el ser humano... El único gran tópico cyberpunk que esta película apenas toca de refilón, son las computadoras, por entonces demasiado embrionarias. Su influencia estética es también considerable: la ciudad de Los Angeles en 2.019 que presenta la seminal Blade Runner, muy en el fondo es una actualización visual de la Metrópolis de esta película, estética Art Decó incluida, a colores en vez de blanco y negro, y con taxis voladores en vez de biplanos entre los edificios.


2.- Alphaville: Un mundo alucinante [Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution, 1.965].

Los fanáticos de la música ochentera a lo mejor reconozcan a la banda Alphaville como la que parió hits como Big in Japan, o Forever Young. Pero ésta tomaba su nombre de esta película que resultaría seminal para la evolución de la Ciencia Ficción en el Cine, ya que fue una de las pioneras en mezclar Cine Noir con Ciencia Ficción, estética que después será la sal y el pan del Cyberpunk al estilo William Gibson. El argumento: En el inevitable ambiente urbano y distópico, un agente secreto debe infiltrar a Alphaville, una comunidad cerrada en que el amor y las emociones están prohibidas, y que es controlada por una supercomputadora. Como la película es dirigida por Jean-Luc Godard, uno de los adalides de la Nouvelle Vague francesa, y no desde las sombras por algún inescrupuloso ejecutivo de Hollywood, todo el asunto va más por el lado filosófico que por la acción pura y bruta. De manera muy interesante, Godard no se tomó ni la molestia de crear decorados futuristas estilo Star Trek, sino que se limitó a rodar en edificios modernistas levantados a punta de concreto y cristal, una estética brutalista que nos recuerda que, quizás, el futuro de porquería profetizado por el Cyberpunk quizás no sea realmente el futuro y ni siquiera el presente, sino que lo hemos estado asomándonos a él más o menos desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y no nos habíamos dado cuenta siquiera. Y espero estar equivocado en esto último, porque si tengo razón, entonces no es que vayamos a freirnos en la sartén, es que ya estamos bien rebozados y fritos, y servidos en el plato.


3.- Rollerball [Rollerball, 1.975].

Una de las cuestiones básicas del Cyberpunk es cómo una élite distópica se las arregla para explotar a masas menesterosas y estupidizadas sin que éstas se rebelen. Esto suele responderse con el clásico panem et circenses, el darle diversión a la gente para que ellos acepten la realidad porque, hey, la vida podrá ser mala, pero al menos tenemos fútbol, ¿no? Aunque todavía no es Cyberpunk, esta noción fue explorada con bastante mala leche por la película Rollerball de 1.975. En ella asistimos a una sociedad distópica, por supuesto, estamos en donde estamos al final del día, en que la individualidad es reprimida a través de la promoción de deportes de equipo. Uno de estos deportistas, interpretado por Paul Newman, es llamado a retiro porque está destacando demasiado, pero él se opone por todos los medios; la megacorporación deportiva que es también el Estado, hará entonces lo imposible por conseguir que lo maten y que parezca un accidente. Vemos aquí el tópico que aparece de tarde en tarde en el Cyberpunk, el deporte ultraviolento que es usado como medio para anestesiar a las masas, así como la capacidad del sistema para aplastar a cualquiera que intente levantar un poquito de cabeza por sobre los demás. La película fue objeto de un remake en 2.002, que toma más o menos la misma historia, pero la despoja de cualquier intento de reflexión seria sobre el asunto.


4.- Escape de Nueva York [Escape from New York, 1.981].

Resulta irónico observar que el Cyberpunk, entonces el género del futuro tanto dentro del Cine como en la realidad, le deba tanto a esta película que por debajo de su fachada futurista, tiene todos los aromas de un Western crepuscular, género que en esos años ya estaba en declive, pero que ha sido una influencia capital en el venerable John Carpenter, que aquí ofició de director. Estamos en 1.997, Estados Unidos es casi una dictadura militar, y los disidentes son enviados a Nueva York, una enorme zona de nadie tras la cual se deja a los prisioneros para que se pudran. Pero cuando el Presidente de los Estados Unidos caiga por accidente ahí, el Gobierno reclutará a un ex soldado con muy mala leche, llamado Snake Plissken, para el rescate. Nuevamente estamos frente a otra película que, sin ser Cyberpunk, ayudó a configurar el género: Antihéroes nihilistas para quienes que se pudra el sistema, extinción de la democracia, ciudades futuristas en donde impera la ley del más fuerte, y absolutamente todo en la noche más impenetrable. La secuela de 1.997, Escape de Los Angeles, que en realidad es un remake encubierto, se deja ver, pero no tiene la misma mordacidad que el original. Dato para la trivia. ¿Esas bonitas animaciones de edificios dibujados por computadora? Maquetas pintadas en negro sobre telones negros, pero marcadas con cinta brillante en los bordes, y luego filmadas al modo tradicional. La técnica computacional era tan embrionaria, que debían recurrir a técnicas de rodaje tradicionales para fingir lo que se ve por una pantalla de computador...


5.- Mad Max 2: El guerrero de la carretera [Mad Max 2, título alternativo The Road Warrior, 1.981].

Hasta el minuto hemos incluido películas que, sin ser estrictamente Cyberpunk, prefiguran lo que va a ser la ciudad del futuro, llena de ghettos y en donde la vida vale nada y luego un poquito menos. Desde esa perspectiva, Mad Max 2 ni siquiera debería integrar esta lista, porque no toda película postapocalíptica es Cyberpunk por defecto. Pero la incluimos como miembro honorario del género porque ayudó de manera muy poderosa a configurar al Cyberpunk desde el punto de vista de la estética. A diferencia de la Mad Max original, que se ambienta en un futuro inmediato distópico, pero con una sociedad occidental todavía reconocible, Mad Max 2 es directamente un futuro postapocalíptico después del pepinazo termonuclear, en donde la civilización se fue al demonio. En ella, el protagonista Mad Max une fuerzas con una tribu instalada en una refinería para luchar contra una pandilla de malparidos que intenta apoderársela por el combustible, y masacrar a sus habitantes de paso. Mad Max 2 resultaría muy influyente, al darle carta de naturaleza a las chaquetas de cuero y a los peinados punk, lo que veríamos después de manera ubicua en el Cyberpunk de corte más urbano, de manera a menudo completamente gratuita, durante la década de 1.980.


6.- Blade Runner [Blade Runner, 1.982].

Y después de varios tanteos, llegamos por fin a la película que le dio carta de naturaleza definitiva al Cyberpunk, aunque en ella falte todavía un tópico fundamental: La realidad virtual. Los Angeles, 2.019: la corporación Tyrell fabrica androides que son "más humanos que lo humano", pero luego de una rebelión de éstos en la Tierra, se les prohibió poner el pie en el planeta, relegándolos a las colonias espaciales. Sin embargo, algunos de ellos regresan a la Tierra para buscar a su creador, el amo de la Corporación Tyrell, y conseguir que éste alargue sus vidas; quedará en manos de un blade runner, un exterminador de androides, darles caza y retirarlos. Ya lo decíamos, Blade Runner tiene casi todos los tópicos del Cyberpunk: futuro cercano y oscuro, megacorporaciones, mercantilización de la vida humana, androides que son prácticamente humanos, seres humanos que poseen una mentalidad casi de androide... Dos años después, el escritor William Gibson publicó su novela Neuromante, que codificó al Cyberpunk tal y como lo conocemos; Se dice que mientras estaba escribiendo la novela, Gibson fue a ver Blade Runner al cine, pero se salió antes de la media hora, temeroso de que la imaginería visual plasmada por la película acabara por contaminar su creación. Eso es valor memético, o acaso un virus mnemónico que puede infectar tu cerebro, y el resto, agua de borrajas.


7.- Tron [Tron, 1.982].

Tron es en cierta medida el revés de Blade Runner: No tiene casi ninguno de los tópicos del Cyberpunk... excepto la realidad virtual. Pero Tron no es una película sobre realidad virtual, sino la película que inventó el concepto en el cine. A resultas de cierta intriga corporativa, el protagonista es digitalizado por un rayo láser y metido dentro de un computador, en donde se encuentra con TRON, un programa que intenta dirigir una rebelión de los programas en contra de la computadora maestra. Hoy en día, la realidad virtual ha evolucionado en otras direcciones, como lo demuestra la más o menos reciente Ready Player One, pero en la época, Tron plasmó por primera vez en el cine ideas que son de absoluto recibo hoy en día: El concepto de usuario interactuando con programas, los programas como personas dentro de la máquina, la palabra misma usuario... Por desgracia, parece que los conceptos de Tron fueron demasiado avanzados para su época, y la película acabó siendo un desastre de taquilla, aunque adquiriría condición de título de culto después. En 2.011 llegó una secuela tardía, Tron: El legado, que está bastante resultona para mi gusto, aunque por supuesto, no tuvo ni la misma influencia ni impacto que la original.


8.- Proyecto Brainstorm [Brainstorm, 1.983].

Resulta macabro observar que esta película va sobre aplicar la realidad virtual para explorar la realidad que pueda existir después de la muerte... y su protagonista, Natalie Wood, llevaba de hecho casi dos años muerta cuando se estrenó, por lo que verla aquí es de hecho lo más cercano a una Natalie Wood de realidad virtual, efectivamente, aunque por otra parte, ya están inventando efectos especiales para que veamos a intérpretes muertos actuando en el cine, así es que... En cualquier caso, Proyecto Brainstorm, ya lo decíamos, va sobre un primer prototipo de realidad virtual, aunque el mismo se parece más bien al proyecto ése de Google en que la gente se ponía lentes y podía grabarlo todo a su alrededor, y del cual no se supo mucho más después, por suerte para nosotros y nuestra privacidad, si me lo preguntan. Resulta interesante observar que en la película, uno de los primeros usos que se le da a los dispositivos que graban la realidad y después se pueden reproducir de manera sensorial, es a... disfrutar de las bellas formas desnudas de una hembra. Hoy en día, nadie incluiría semejante ejercicio de sinceridad narrativa en una película, so pena de que le caiga una calificación para adultos que la reviente en la taquilla como un sapo dado de baja por un camión en la carretera.


9.- Videodrome [Videodrome, 1.983].

Esta es una de las primeras plasmaciones en el Cine que vemos de la clásica ecuación del Cyberpunk, de megacorporaciones controlando la realidad, más medios de comunicación. El protagonista es el dueño de un canal de televisión de pequeño alcance que, buscando cómo mejorar la audiencia, se encuentra con unos misteriosos videos de género snuff. ¿Son reales, o son actuados? El protagonista se pone a investigar, pero mientras más se mete en el berenjenal, más empieza a dudar de si todo alrededor es real, o acaso está alucinando víctima de un brote psicótico... o peor, que alguien está envenenando su mente con videos que lo están enloqueciendo lentamente. Debido a su estética, esta película del siempre inquietante David Cronemberg no se siente muy Cyberpunk, pero vista desde la actualidad, es casi una deconstrucción del género incluso cuando éste se estaba recién formando: El protagonista termina tan extraviado en la realidad paralela que se forma dentro de su cabeza, que al final no tiene idea de si está viviendo en la realidad o en una alucinación, y también a nosotros puede que nos asalte la duda, y además, no es un hacker exiliado del sistema y metido en el mercado negro, sino un empresario en horas malas que resulta víctima de un sistema en donde él, en principio, no debería ser tratado como ganado junto con todo el resto. Lo ya dicho: Una película cyberpunk que da la vuelta a los tópicos cyberpunk de toda la vida, cuando éstos ni siquiera existían aún.


10.- Terminator [Terminator, 1.984].

Otra película que no es Cyberpunk, estrictamente hablando, pero que la incluimos en calidad de miembro honorario porque tiene algunas conexiones con el género. En el futuro, la supercomputadora Skynet busca exterminar a la Humanidad, y para eso, envía un cyborg al presente, o sea, a 1.985, para que éste elimine a Sarah Connor, la madre del futuro líder y salvador de la Humanidad. Por supuesto, la película no se ambienta en un futuro amenazado por megacorporaciones sino en el más bien anodino presente, y el verdadero futuro distópico es más bien un escenario postapocalíptico. Sin embargo, planea un cierto aire posthumanista por sobre la película, en donde Sarah Connor y su protector Kyle Reese fungen como miembros de los últimos seres humanos libres, en lucha contra un futuro en que el ser humano amenaza con ser superado, y finalmente extinguido, por las máquinas. El T-800 interpretado por Arnold Schwarzenegger, por su parte, no es el primer cyborg de la Historia, ni de lejos, pero su poderosa imaginería visual ayudó a codificar este arquetipo de personaje que desde entonces ha pasado a formar parte del stock básico de caracteres dentro del Cyberpunk. A pesar de que le debe más a Blade Runner, es difícil conceptualizar por ejemplo a Motoko Kusanagi, la protagonista de Ghost in the Shell, sin pensar en el T-800 como predecesor, sin ir más lejos.


Y con el simpático cyborg T-800 y su búsqueda espiritual por exterminar a la Humanidad, rematamos esta primera entrega de Cuando 2.019 era el futuro, la presente serie de posteos a través de la cual estamos repasando los hitos más importantes del Cyberpunk en el cine. Y un buen poco de morralla también. Y de películas limítrofes con el Cyberpunk. La próxima entrega, la iniciaremos con lo que podemos considerar la primera gran parodia del Cyberpunk. ¿Tan poco se tardaron en parodiar un género que ni siquiera estaba bien asentado todavía? Bueno, si somos estrictos, es más bien una parodia de los futuros distópicos. Pero presenta varios elementos que pasan como Cyberpunk, así es que, fieles a la idea de incluir en vez de excluir... la incluimos. Decidan ustedes. Y por favor, admiren cómo de manera sibilina, los estoy enganchando para, en efecto, meterse entre pecho y espalda la siguiente entrega. ¿O a lo mejor no hay un yo, y la Guillermocracia es en realidad un programa computacional que inocula virus mnemónicos en el cerebro de sus lectores, mientras se está convirtiendo lentamente en Skynet...? Listo, ahí tienen servida su pesadilla de esta noche. De nada.