jueves, 23 de marzo de 2017

Marbod el Bárbaro: Imago Dei - Episodio 4.

Nadie dijo que salvar a un personaje de un continuará en una situación potencialmente mortal, fuera una tarea sencilla.
Y aaaaquí esssstoy de… ¡hic! ...regggreso tga… tga… tratando de… ¡hic! …ver como ssssoluciono el marrón éste del… ¡hic! …continuará del… último capít… ¡hic! …ay, mi cabeza…

Mejor voy por un café. ¡Hic!



Listo. Ahora, con la cabeza un poco más despejada, puedo empezar a resolver el modo en que Marbod el Bárbaro se salva del continuará en que el cual terminó el episodio anterior. Veamos. Peleando en la Bahía de Bayas, Marbod el Bárbaro y Calígula cayeron ambos al agua. Se hundieron como plomo, porque Calígula está usando una armadura, y está aferrando a Marbod el Bárbaro por el pie. De manera que ambos están condenados a besar el fondo marino.

Por el amor de Madame Curie, esto está complicado.

Todo lo anterior no hizo avanzar el argumento ni un pelo, pero me sirvió para rellenar un poco, mientras pienso. Después de todo, si los mangakas hacen lo mismo, casi copiando el último panel del episodio anterior para rellenar un poco…

Veamos. Fondo marino, qué tenemos, veamos bien, a lo mejor encontramos algo que… un momento… ¿qué es lo que veo? ¡Cuán maravilloso! ¡Oh, fortuna! ¡Marbod el Bárbaro está salvado! Y… bien… también Calígula, por lo visto. Pero lo importante es que no tengo que inventarme una nueva blogoserie para sustituir a “Marbod el Bárbaro: Imago Dei”. Pero, vamos a eso.

Calígula y su armadura se hunden como un plomo, con Marbod el Bárbaro aferrado a su pie, y se hunden tan aprisa que ni siquiera alcanzan a ahogarse cuando llegan hasta el fondo marino, en donde se encuentran los restos de un naufragio. Como éste lleva unos cuantos siglos ahí, el maderamen se ha podrido, y con ello, Calígula y Marbod el Bárbaro lo atraviesan de manera limpia rompiendo la madera simplemente con su propio peso.

Una vez asentado sobre suelo firme, el del barco hundido, Calígula empieza a caminar como mejor puede con la armadura, y alcanza un punto en alto en donde hay una bolsa de aire, atrapada como en el interior de una campana de buceo improvisada. La misma ha estado ahí conservada desde el hundimiento, hace algunos siglos atrás, pero como ninguna criatura ha respirado en ella, sigue con un 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno, y un 1% de otros elementos y compuestos, incluyendo el argón y otros gases nobles. Es, por lo tanto, una bolsa de aire respirable, aunque lleve siglos bajo el mar.

Poco después, medio arrastrándose, emerge Marbod el Bárbaro, a esa misma bolsa de aire. La misma es grande, y por lo tanto, emergen en puntos distintos de la misma. Sin verse porque no hay luz.

Pero aunque ambos se salvaron, aún así se encuentran en una bolsa de aire a varios metros de profundidad, sin medios de escape. Apenas respiren todo el oxígeno de la bolsa… sería todo.

De salvarlos, pude salvarlos. Por el minuto. Ahora tengo que salvar a Marbod el Bárbaro. Otra vez.

Este episodio se titula: “Diálogos de los dioses”.

– ¡Maldito! ¡Me has abollado mi armadura! ¡Mi linda armadura! – gimió Calígula. Lo decía por teatralidad, sin esperar respuesta, y se sorprendió mucho al oir la voz de su rival, aún vivo.

– Te voy a abollar todo el resto, desgraciado. ¡Tú mataste a mi suegro!

– Yo maté a mi tío abuelo para quedarme con el trono, y nadie arma tanto escándalo, llorón.

– ¿Llorón, yo? ¡Ya verás cuando te ponga las garras encima, miserable poco hombre!

– ¡Yo no soy un poco hombre! ¡Yo soy Calígula!

– ¿Calígula? Uh… ¿Botita…? En serio, ya pueden irme explicando…

– Explicar, nada. Soy un dios. ¡Yo soy un dios caminando sobre la Tierra! ¡Yo soy planetario! ¡Yo soy cósmico! ¡Yo soy universal! ¡Yo soy un nuevo Alejandro, un nuevo César, un nuevo Faraón! ¡Yo quedaré preñado, y tendré antojos de embarazada, y alumbraré un nuevo mundo desde mi seno, y lo amamantaré y lo llevaré a la adultez!

– Jajá. Tú un dios. A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar.

– ¡No seas hereje! Deberías estarme pidiendo que yo te acoja en mi Reino, y yo te prometería que hoy día mismo estarías conmigo en el Paraíso.

– Yo no te adoro como a un dios. No te adoraré como a un dios. Y si eres un dios, entonces voy a ser un deicida cuando te castigue por la sangre de Tulio.

– ¿De quién?

– De mi suegro.

– Ah, sí, tu suegro. Desafortunado. Yo no quería mandarlo a matar. En realidad te quería matar a ti, porque tú andas proclamando por ahí que eres un dios, y que volviste de entre los muertos.

– No soy un dios, pero sí volví de entre los muertos.

– ¿Y cómo hiciste eso, si no eres un dios?

– No lo sé. Simplemente sucedió.

– Yo puedo explicar eso – dijo una tercera voz.

Sí. Así, como suena. Una tercera persona. En una burbuja de aire atrapada en los restos de un naufragio en el oceáno y a metros bajo la superficie de la Bahía de Bayas.

– ¿Quién eres tú? – preguntó Marbod el Bárbaro.

– ¡Ay! ¿Ya no te acuerdas de mi? Ah, claro, es que yo aparecí en la blogoserie original, y después nunca más. Ay, Marbod, querido, tan pronto te olvidas de mí…

– ¡Identifícate, o si no…!

– Tranquilo, tranquilo – dijo el personaje en cuestión, mientras encendía una lámpara a gas. – ¡Fiat lux! – dijo ampulosamente.

La burbuja de aire, hasta entonces obviamente en tinieblas, se iluminó. Calígula y Marbod el Bárbaro se vieron, bastante apartados el uno del otro, considerando que estaban en un naufragio. Y en medio estaba un personaje vestido de terno, camisa, corbata y zapatos, indumentaria que por supuesto no se correspondía con la época romana. Y alrededor de ese personaje, otros tantos individuos que miraban la escena con reverente silencio.

– Sí, yo te conozco – dijo Marbod el Bárbaro. – Tú eres… Bartolo… Bartolo… Kunza.

– Bertolt Kaluza – corrigió Bertolt Kaluza. – Pedante académico del siglo XXI, especialista en Historia y Lingüística, viajero en el tiempo, y comentarista metatextual de esta blogoserie. ¡Ah! Esta gente alrededor es mi clase. ¿Están viendo, alumnos? He aquí al personaje que estábamos analizando…

– Pero… ¿qué locura es… esto? – preguntó Calígula. – ¿Cornetista meta… tex…? ¿Qué?

– Este lunático piensa que ha viajado en el tiempo desde el futuro, y que nosotros no somos reales, sino que somos personajes de una historia de ficción que fue creada por… por… no recuerdo el nombre – explicó Marbod el Bárbaro, haciendo memoria de ciertos eventos de la blogoserie original.

– Guillermo Ríos. El escritor de Marbod el Bárbaro es Guillermo Ríos. Bueno, él se hace llamar el Cronista. El se chifla por los chistes metatextuales, y no se resistió a hacer uno con Conan el B… Eh… no importa. Faltan siglos para que nazca Robert Ervin Howard. O John Milius. U Oliver Stone.

– ¿Personajes de ficción? ¡Qué estupidez! Ya voy ordenando que la corten la cabeza a este insolente – dijo Calígula. – ¡Cuánto atrevimiento!

– A ver, clase. Para que aprecien bien el recurso que está utilizando Guillermo Ríos en su historia aquí – dijo Bertolt Kaluza. – El héroe es un personaje que presenta rasgos que pueden tomarse como divinos, pero no se considera a sí mismo como un dios. Y el antagonista, o villano si lo prefieren, no presenta rasgos divinos, pero se considera a sí mismo como tal, lo que configura un conflicto narrativo construido a partir de opuestos que… ¿sí, diga, señor Pío Angélico?

– ¿Puede considerarse esto como una alusión a “La Ciudad de Dios” de San Agustín? – preguntó Pío Angélico. – O sea, Marbod el Bárbaro representando el rol de la Ciudad de Dios, mientras que Calígula representa el rol de la Ciudad de la Destrucción, que habrá de ser sustituida en el plan divino por…

– ¿Ciudad…? ¿De la…? ¡¡¡DESTRUCCIÓN TE VOY A DAR A TI, PETIMETRE!!! – gritó Calígula.

– Es poco probable, aunque pueda haber una intencionalidad. No debemos olvidar que Guillermo Ríos no es una persona religiosa – dijo Bertolt Kaluza. – Cuando mucho podríamos darle una lectura gibboniana al asunto, o sea, considerando la idea de que “La decadencia y caída del Imperio Romano” de Edward Gibbon argumenta que es la historia de “el triunfo de la barbarie y la religión”, o sea, de los germanos y el Cristianismo, que en conjunto habrían destruido el legado clásico. Por supuesto, Marbod el Bárbaro es presentado a lo largo de la blogoserie como el Sonnenmensch. Aunque podemos argumentar que esto es subvertido en los dos episodios de “Ultimos y primeros romanos”, ya que en ellos, Hipatia y Diofanto intentan cambiar el curso de la Historia para que no triunfe el Cristianismo. O sea, la línea de tiempo de esta blogoserie presenta a un mesías pagano que preserva el legado clásico, en vez de un mesías judeocristiano que lo destruye. Aunque por otra parte, este mesías pagano es un germano y no un romano, lo cual le añade una cuota de ironía… Incluso el propio título del episodio, se presta a posibles varias interpretaciones. “Diálogos de los dioses”. ¡Cuán admirable! Es por supuesto un homenaje a Luciano de Samósata, que escribió una obra de dicho título, en la cual se burla de manera filosófica de los antiguos mitos griegos. Pero también alude al hecho del conflicto principal entre Calígula y Marbod el Bárbaro, que gira en torno a cuál es los dos es más dios que el otro. Y por supuesto, podemos verlo en un plano incluso más metatextual, considerando que aparezco yo en la ficción comentando sobre los personajes de la ficción, lo que es muy postmoderno, claro está. O sea, pasado de moda. Podría ser que yo fuera el dios aquí… después de todo soy un pedante catedrático universitario con el poder de la vida y la muerte sobre mis alumnos, y eso me convierte en una especie de dios, después de todo. Serpientes que se muerden las colas de serpientes que se muerden la cola, por así decirlo. Ya saben que Guillermo Ríos es fanático de Borges, y se le ha pegado un poco el amor por los argumentos paradójicos. Pero bueno, sabemos que Guillermo Ríos es un vulgar autor de pulps, ¿no?

– ¿Y no podría ser…?

– ¿Sí, señor…? Pirrón Bakunin, ¿no?

– Sí, señor, soy Pirrón Bakunin. Profesor Kaluza, ¿no podría ser que todas estas disquisiciones en torno a Marbod el Bárbaro, sean inconducentes? ¿Que en definitiva, lo que Guillermo Ríos está tratando de escribir no sea más que una gigantesca tomadura de pelo? ¿Que bajo la pátina de ser un delicado y sofisticado comentario acerca de la naturaleza filosófica de la realidad, en verdad es una burla de todo eso, y al final todo esto no es más que un montón de aventuras divertidas, pero sin mayor sentido?

– Bueno… sí… también podría ser… eso sería paradójico, y eso también sería… muy Ríos, creo.

Marbod el Bárbaro terminó de fastidiarse.

– Bertolt, no quiero interrumpir la apasionante charla de pedagogos – dijo Marbod el Bárbaro, recordando probablemente que en el Imperio Romano los pedagogos eran esclavos. – Pero… estamos atrapados acá, en un naufragio en el fondo de la Bahía de Bayas. No tenemos cómo salir de aquí. Ya que llegaste hasta acá, ¿sería mucho pedir que nos des una mano para escapar de aquí?

– Uh… yo… A la superficie no puedo, claro. Pero sí puedo llevarlos al siglo XXI, eso sí. Y después… supongo que puedo devolverlos al siglo I. O algo así.

– Bueno, entonces sácame de aquí – dijo Marbod el Bárbaro.

– ¡Hey! ¡Y a mí también, plebeyo! – gritó Calígula. – ¡Tu dios te lo ordena!

– ¡Claro está, no faltaba más! – dijo Bertolt Kaluza. – Si dejara abandonado aquí al villano, sería un final anticlimático. No, todas estas historias deben acabar con una gran confrontación entre el héroe y el villano, porque de lo contrario, quién va a querer leer esto.

– Ay, por los dioses – dijo Marbod el Bárbaro, pegándose una palmada de frustración en la frente.

– ¿Dime, Marbod? – contestó Calígula, con petulancia.

Bertolt Kaluza activó la máquina del tiempo. Por supuesto, no es una máquina del tiempo convencional, porque ésta no es una blogoserie convencional. Una máquina del tiempo normal y corriente conecta el pasado y el futuro de un mismo universo, pero aquí hablamos de una máquina que conecta un universo que sólo es real para Marbod el Bárbaro, con otro que sólo es real para Bertolt Kaluza, y ambos son ficticios para nosotr… quiero decir… déjenme explicarme…

Con lo que me costó curarme de la resaca, y ya estoy mirando la botella de licor de nuevo. Perdón, ¿de licor, dije? En realidad quise decir que… de agua. Sí. Es una botella de agua, jejejé. Dejémoslo así.

(Mientras no cometa el error de mencionar que la palabra “vodka” es un diminutivo de la palabra eslava que significa “agua”, y por tanto “vodka” sería “agüita”, el tema pasa soplado).

El caso es que Bertolt Kaluza activó la máquina del tiempo, y… estaban en el siglo XXI. Uno que al mismo tiempo forma parte del futuro de Marbod el Bárbaro, pero que a su vez, es el universo que contiene al universo de Marbod el Bárbaro. Sí, esta historia es esa clase de historia.

Marbod el Bárbaro y Calígula miraron a su alrededor, incrédulos. Ambos sabían que iban a encontrarse con un mundo quizás extraño, con a saber qué modas y costumbres. Uno en donde a lo mejor las togas estuvieran cortadas más largas o más cortas, o a saber qué moda de barbas o mantos se fueran a usar. Por supuesto, no estaban preparados para ver un mundo en donde todos usan en las piernas unos feos pedazos de tela azul con textura de tronco de árbol que llaman “bluyines”, en donde las chicas usan unas cosas livianas que dejan traslucir el busto y que llaman “tops” o “poleras”…

…y en donde ahora el propio Bertolt Kaluza estaba perplejo. Porque ambos miraban en dirección hacia un gigantesco templo con una enorme fachada. Y en la entrada podían verse dos estatuas. Una de un guerrero bárbaro que bien podía ser Marbod el Bárbaro. Otra de un Emperador romano que bien podía ser Calígula. Y no es que ambas estatuas estuvieran una al lado de la otra. No. Ambas estaban superpuestas de manera fantasmagórica, de manera tal que mirando a una, la otra desaparecía, pero sin fijar la vista en ninguna, ambas estaban claramente ahí. Y alrededor, en la ciudad, muchos edificios, casas y construcciones presentaban la misma superposición, como si estuvieran ahí, en la realidad, pero no del todo ancladas en la realidad.

– La Catedral de Nápoles, ya no es… la Catedral de Nápoles – dijo Bertolt Kaluza, palideciendo. – ¡Sustrayendo a Calígula y a Marbod el Bárbaro, hemos creado dos líneas de tiempo en pugna entre sí, en las cuales uno o el otro ha fundado una nueva religión! ¡Esto es el caos! Aunque es deliciosamente metatextual, eso sí. ¡Guillermo, te felicito! Ahora sí que tienes una historia filosófica entre manos.

Gracias, Bertolt Kaluza, pero tu pedantería se me hace realmente insufrible, así es que voy a hacer gala de mala educación, y hacer como que no escuché tus felicitaciones. Yo que estaba tan feliz por haber resuelto el continuará del episodio anterior porque era difícil, y ahora éste sí que está gordo. Está gordísimo. Dos universos paralelos que coexisten en un mismo espacio y tiempo y… quién me manda meterme en estos fregados. En fin, veamos, ¿en dónde dejé la botella de “agüita”…?

Próximo episodio: “Drusila contra Drusila” (¡hic!).

martes, 21 de marzo de 2017

Los 24 mejores momentos de "24" (2 de 2).


En la entrega anterior de esta pequeña serie de dos posteos, veíamos doce momentos épicos dentro de 24, la serie de televisión que en conjunto con Lost, redefinió el mapa de lo que eran las series de televisión en la primera década del siglo XXI. Como decíamos, publicamos este posteo en dos partes en atención al estreno de 24: Legacy, la secuela o spin-off a según el punto de vista, de la serie original. Y por lo mismo, recordamos otros doce momentos épicos de 24, incluyendo a la serie original, a la película 24: Redención, y a la miniserie 24: Vive un nuevo día, que muy en el fondo viene a ser un Día 9 con otro nombre.

Y sin más preámbulos, vamos a los doce mejores momentos de 24. En opinión de la Guillermocracia, por supuesto, que puede ser o no ser la misma del lector. Ya sabemos que todas estas listas son subjetivas al final del día, por supuesto. Eso sí, sin incluir nada de 24: Legacy, básicamente porque no la hemos visto por acá todavía. Por supuesto... spoilers a mansalva. A tenerlo en cuenta, considerando que los giros de guión son uno de los mayores capitales de la serie. Y ahora sí: los doce mejores momentos de 24.

12. Kim Bauer mata a su primer terrorista (Día 2).

Bueno, terrorista no. Abusador doméstico, que no es lo mismo. Aunque ciertos personajes que piensan bien, quieran hacernos creer lo contrario. Entre el Día 1 y el Día 2, la hija de Jack Bauer estaba trabajando de niñera para una familia, y durante el Día 2, descubrimos que el pater familias de la misma es un psicópata abusivo de lo peor. Por circunstancias, Kim regresa a la casa en donde trabajaba, y se cruza de manera inesperada con el psicópata que, parece ser, quiere hacerle cosas muy feas a una chica que, recordemos, estaba interpretada por una actriz que en esos años se tomaba fotos para la revista Maxim en compañía de Mila Kunis. Kim lo pone fuera de combate mientras se hace con la pistola del malo, y llama a CTU para hablar con papi, y mientras está en eso... el psicópata abre los ojos. El consejo paternal de Jack Bauer: "Dispárale". Kim Bauer entra en pánico, decide que no... y al final sí. Luego, Jack Bauer: "¡Otra vez!". Obediente y buena chica, Kim Bauer le hace un segundo agujero al desgraciado. Después de lo cual, Jack Bauer puede estar orgulloso: su pequeña está creciendo, y ya ha matado a su primer malo. ¿No es algo de lo cual todo padre debería estar orgulloso...?

11. Jack Bauer se carga a Nina (Día 3).

Nina Myers se ganó a pulso su lugar como una de las villanas más odiadas de 24. Al principio, era la compañera de trabajo leal de Jack Bauer, con la cual él (¡ups!) había tenido un affaire a espaldas de su señora. Luego se descubrió que había un traidor dentro de CTU, el primero de un largo listado, y Nina Myers consiguió desviar las sospechas a una inocente compañera de trabajo que acabó degollada por las molestias. Al final fue descubierta, de manera que tomó la opción neoliberal y se lanzó a la vida free lance, trabajando como sicaria para el mejor postor. Pero, ay de ella, Jack Bauer se la tiene jurada porque Nina Myers cometió el error imperdonable de matarle a la señora, que estaba embarazada para colmo. Capturada por la CTU, Nina Myers alcanzó a vivir un ratito mientras tenía información útil que entregar. Luego intentó fugarse, Jack Bauer la agarró, se puso estratégicamente para impedir que la cámara de seguridad captara el detalle de lo que iba a ocurrir... y ejecutó a la desgraciada a sangre fría. Después alegó legítima defensa, y como la cámara no captó la escena completa, era la palabra de Jack Bauer contra la de una muerta. Como lo pondría una de las tarjetas de 1000 maneras de morir: "MUERTE 723 # JACKBAUEREADA".

10. Adiós, Edgar (Día 5).

En el enésimo atentado contra la CTU, ahora el asunto es con gas nervioso. Cuando estalla la emergencia, de inmediato se implantan sellos de aislamiento para que los funcionarios puedan refugiarse en su interior. Pero no todos alcanzan a hacerlo. Edgar entre ellos. La cara de este pobre hombre, que toda la vida ha sido un tipo más o menos ninguneado a pesar de que es indispensable para manejar los computadores en CTU, mirando a Chloe a través del plástico, es triste como pocas. Chloe se salva, pero en el intertanto le toca ver como su fiel compañero de trabajo cae víctima de una muerte por completo inmerecida. Pero ya sabemos que las oficinas de CTU son uno de los lugares más peligrosos para trabajar en el mundo, con una tasa de mortalidad superior a la de los pilotos de aviones experimentales, los fanáticos de cultos religiosos, y los pollos de granjas avícolas.

9. Los asesinatos que sacaron a Jack Bauer de su retiro (Día 5).

El Día 5 se abre con aparente tranquilidad, vemos al ahora ex Presidente David Palmer en sus actividades matinales antes de ir a trabaj... un balazo de un francotirador a través de la ventana, y el más carismático de todos los Presidentes de la serie está muerto. Segundos después, Michelle se mete a su automóvil, y vuela por los aires: un coche bomba. A continuación, Chloe también acude a su propio automóvil, alcanza a enterarse de que algo sucede, y salva la vida de milagro. Tony se la pasó la primera temporada peleando con Jack Bauer por el afecto de Nina, sólo para enterarse de que ella era una doble agente, tuvo un romance nada fácil con Michelle, en el cual prácticamente sacrificó su carrera y consiguió un perdón presidencial de milagro, y ahora que alcanza la felicidad, se queda viudo. Pero para todos nosotros la pérdida irreparable fue David Palmer, hombre de entereza y convicciones que, según nos enteramos después, fue sacrificado porque sabía demasiado acerca de cierto complot. Eso le pasa por honesto e incorruptible; si se hubiera dejado corromper un poquitito y hubiera mantenido la bocaza cerrada, habría acabado como embajador ante la OEA, la ONU, o quién sabe qué otro bonito e inoperante organismo internacional.

8. ¡Es Jack Bauer y viene a por mí! (Día 8).

Después de obtener el chip de un teléfono que un terrorista ruso se ha tragado, rajándole la panza con un cuchillo porque esto es 24, Jack Bauer ha descubierto que detrás de toda la conspiración está su viejo enemigo Charles Logan. El hombre que, en este preciso instante, está luchando por sacar adelante unas negociaciones, y de paso, volver al primer lugar de la escena pública después de su vergonzosa defenestración algunos años atrás. Jack Bauer está dispuesto a vengarse de todos quienes estén detrás de la muerte de la chica con la que pensaba retirarse, y Charles Logan lo sabe. Y también sabe lo que Jack Bauer es capaz de hacer. Cuando Jack Bauer se convierte en un ejército de un solo hombre y embosca él solito a la caravana de vehículos que custodia a Charles Logan, con una eficiencia que ni John Rambo... él no se siente demasiado seguro. Y con razón. Es más, empieza a gritar histérico, porque sabe lo que le espera. Y no, no sabe lo que le espera. Pero pocas horas después, acabará como un vegetal catatónico, con la mitad del cerebro volado. No por culpa de Jack Bauer, irónicamente.

7. El primero de varios atentados terroristas en la serie (Día 1).

Si Mandy no es la asesina más cruel y despiadada de 24, entonces por lo menos anda muy cerca de la cima del ranking. Su primera acción en la serie fue de antología. Debía robarse una tarjeta de identidad, y para ello sigue al dueño de la misma a bordo de un avión. Y no hay mejor manera para esconder un asesinato... que matar a seiscientas personas al mismo tiempo, y así darle un poquito de trabajo a los detectives para averiguar cuál era el objetivo de todo. De manera que seduce al tipo, le roba la tarjeta, mata a una azafata, instala una bomba, se pone un paracaídas, y... ¡avión abajo! Este fue el final del primer episodio de la serie, y luego de ocho temporadas, una película y una miniserie, es uno de los actos terroristas más devastadores de todos: en cantidad de víctimas (seiscientas), sólo la detonación nuclear del Día 6 la supera. Y más asombroso es que, luego de cuatro temporadas yendo y viniendo, al final Mandy consigue jugarse un gambito, se gana un perdón presidencial completo... y sale caminando por la puerta del frente, absolutamente libre y sin que nadie le pueda poner un dedo encima, ni siquiera Jack Bauer. Por mucho menos que el currículum de Mandy, la inmensa mayoría de otros terroristas y asesinos que han pasado por la serie han acabado mordiendo el polvo, desde el lado interior de algún confortable ataúd, supuesto de que hayan podido enterrarlos en una sola pieza...

6. ¡Vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos! (Día 5).

En pocas horas, Jack Bauer ha sido incriminado de asesinar al ex Presidente David Palmer, ha tenido que parar un complot terrorista en un aeropuerto, y ha descubierto que su antiguo mentor está metido hasta el cuello con una conspiración dentro del Gobierno. Pero Jack Bauer se llevará la sorpresa mayúscula de su vida cuando descubra que el complot llega hasta la mismísima Oficina Oval: el Presidente Charles Logan no es un inepto incapaz de tomar decisiones, sino un miembro activo de la conspiración, y usa todo el Poder Ejecutivo de su oficina para llevar a Estados Unidos a una guerra en el centro de Asia, usando un atentado terrorista como pretexto. Jack Bauer ya no tiene opciones: respira heroicamente y dice: "Vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos". Viva la democracia. Y huelga decir que después de unos cuantos sacrificios, al final lo logra. Es Jack Bauer, después de todo.

5. Chloe O'Brian evita la Tercera Guerra Mundial (Día 8).

Hay gente que no aprendió nada con el ejemplo de Nina Myers. Dispararle y en particular matar a alguien que sea significativo para Jack Bauer, es papeleta suficiente para aparecer en algún episodio de 1000 maneras de morir. Y cuando esa persona significativa es casi Jack Bauer en versión mujer, y además interpretada por la muy guapa Annie Wersching... la furia de la venganza baueriana no conocerá límites. Y si el responsable final es el Presidente de Rusia, que justo estaba de visita en Estados Unidos... pues se lo mata y ya. ¿Que eso podría desatar la Tercera Guerra Mundial? Tanto más da. Que ya el cuerpito del Archiduque Francisco Fernando está frío, y nada vigoriza tanto las relaciones internacionales como una buena guerrita mundial de tarde en tarde. Pero Chloe O'Brien, la infatigable amiga de Jack Bauer, consigue localizarlo, y en uno de los momentos más gloriosos de toda la carrera de ella, consigue convencer a Jack Bauer simplemente hablando con él, a corazón abierto. Y por supuesto, 24 siendo 24, toda buena acción tiene sus consecuencias negativas, así es que ahora Jack Bauer tiene que lidiar con el enorme marrón de haberse cargado a unos cuantos rusos y estadounidenses en su cruzada vengadora. Y ya sabemos cómo acabó eso. Es 24, o sea: mal.

4. La muerte de Renée (Día 8).

En medio de una vida que se le ha caído a pedazos, Jack Bauer ha encontrado algo así como un oasis de tranquilidad en la presencia de la agente Renée Walker, a quien ha visto sólo dos veces en su vida, pero con quien siente la ligazón producto de que ambos viven sus vidas dedicados al cumplimiento del deber, sin que importen las consecuencias. Parecía que Jack y Renée estaban por fin fuera de todo, y podían consumar sus incipientes sentimientos mirando hacia el futuro... pero un francotirador le dispara a Renée. Hay esperanza de salvación, quizás, porque Jack la lleva al hospital, pero es en vano, ya que Renée muere antes de que se pueda hacer nada para salvarla. Jack Bauer despide a su última esperanza de tener una vida normal en compañía de alguien, y entonces viene el golpe mayor: de pronto descubre que no sabe nada sobre ella, sobre sus parientes, sobre su vida personal, porque no ha tenido jamás tiempo de conversar con ella. Lo que no le impedirá, en un acceso de rabia berserker, convertir a Nueva York en un infierno en que morirá mucha, pero mucha, pero realmente mucha gente. Uno de ellos, destripado, porque el muy tarado va y se traga un chip pensando en que estaría a salvo en su pancita. De la ordalía sólo saldrán vivos Charles Logan, con severo daño neurológico, y Yuri Suvarov el Presidente de Rusia, quizás afrontando cargos de un atentado terrorista en suelo de Estados Unidos, o evitándolos a quizás qué precio.

3. ¡Abran las puertas! (Redención).

Ni siquiera en Africa tiene Jack Bauer un poco de paz. Haciéndose cargo de un grupo de niños atrapados en medio de una guerra civil, consigue abrirse paso hasta la Embajada de Estados Unidos, sólo para que ellos les nieguen refugio. Ni todo su ingenio, ni su atrevimiento, ni su suerte, le sirven esta vez a Jack Bauer de nada: sólo le queda gritar "¡Abran las puertas! ¡Abran las puertas!", con la casi inútil esperanza de que alguien le haga caso. Y las puertas se abren, pero a condición de un pacto mefistofélico: Jack Bauer debe entregarse al Gobierno de los Estados Unidos para responder de los cargos en su contra, por lo que se encuentra prófugo. Poco después, los niños están a salvo, pero Jack Bauer está viajando en helicóptero hacia un destino que debió aceptar voluntariamente, en pos de un bien mayor que él mismo.

2. El fin del matrimonio de Jack Bauer (Día 1).

Después de 24 horas de corrido en que Jack Bauer le ha salvado varias veces la vida al candidato presidencial David Palmer y ha arriesgado lo indecible para evitar que un grupo de terroristas liquide a su familia, descubre que su antigua amante Nina Myers es la traidora dentro de la CTU. Al llegar a la CTU, Nina es arrestada, y Jack Bauer parte en búsqueda de su esposa, que horas antes le ha revelado a Jack estar embarazada. Pero es demasiado tarde. Teri yace en el suelo, después de que Nina la ha liquidado de un balazo. A Jack Bauer no le queda ni siquiera el consuelo de decirle a Teri unas últimas palabras, como no sea abrazar su cadáver llorando y diciendo: "Lo siento, lo siento mucho...".

1. El final de la serie original (Día 8).

¿A alguien le cabía alguna duda? Después de ocho días terribles para Jack Bauer en que debe sufrir lo indecible por hacer lo correcto, o su visión de lo correcto al menos, Jack Bauer se encuentra a punto de ser ejecutado por sicarios contratados por su propio Gobierno. Es Allison Taylor quien, en colaboración con Chloe O'Brien, le salva la vida en el último instante. Pero Jack Bauer es un hombre marcado porque ha intentado asesinar al Presidente de Rusia, y una vez más debe desaparecer, esta vez para siempre. Sus últimas palabras a Chloe, a través del satélite, son dichas también a la audiencia que lo acompañó durante todo ese tiempo. Y a la fiel Chloe le corresponden las últimas palabras de la serie, cuando ordena terminar la transmisión satelital: "¡Apagalo!". La imagen de Jack Bauer desaparece, y todo termina.

Hasta 24: Vive un nuevo día, por supuesto. Y luego, hasta 24: Legacy. Y después... hasta que la franquicia no sea redituable, suponemos. Por lo pronto, las noticias que llegan de 24: Legacy no son muy alentadoras. Que no ha conseguido captar el ojito de las audiencias, para que nos entendamos. Cuando la veamos, ya iremos comentando sobre esto.

domingo, 19 de marzo de 2017

¿Fue 2.016 el año en que cambió el mundo?

Donald Trump en la campaña presidencial de 2.016.
  • "Mis hijos, a los que nunca les dije 'eres turco', empezaron a decir 'Somos turcos' después del cuarto grado. Porque eran excluidos. Eso me duele" - Ayse Köse Küçük, 47 años, trabajadora social de origen turco y habitante en Berlín.
  • "Putin me irrita. ¡Pero que ningún extranjero intente criticarlo! Yo siempre defiendo a Rusia" - Liza, 24 años, abogada rusa.
El año 2.016 agarró al mundo por sorpresa. El Brexit. Donald Trump. El año de los Summer Bomb Busters. No cabe ninguna duda de que fue el año más movido en la Historia Universal desde quizás 2.001. Aunque con una diferencia: en 2.001 fue un único golpe, el ataque contra las Torres Gemelas, lo que cambió el mundo, mientras que en 2.016, vimos lo que fue una concatenación de explosiones que se coordinaron y produjeron el máximo efecto posible de una manera tal, que de manera intencional no hubiera salpicado tanta metralla alrededor.

El primer gran golpe, no por orden cronológico, fue el Brexit. El evento que lo disparó todo, fue uno que apenas hizo ruido más allá de las fronteras británicas: la elección parlamentaria de 2.014. Pero la misma significó un terremoto de proporciones en la política británica, gracias al ascenso del Partido de la Independencia del Reino Unido, que envió al Partido Conservador directo al tercer lugar en la votación; esto rompió el espinazo de la política tradicional del Reino Unido, que a partir de las elecciones de 1.922 se había alternado entre los conservadores y los laboristas. La victoria de los independentistas llevó de cabeza al referéndum del 23 de Junio de 2.016, en el cual se convocó a la ciudadanía británica a decidir si querían seguir dentro de la Unión Europea o no. La mayoría de votantes, como sabemos, decidió salirse, o sea, el Brexit.

El terremoto que esto significa, se puede cuantificar midiendo la importancia de la Unión Europea en la Historia Universal. En el más o menos milenio y medio que va desde la caída del Imperio Romano hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, Europa fue un constante y cansino campo de batalla. El norte y centro de Italia, y el territorio alemán, fueron los constantes reñideros de gallos en los cuales las potencias europeas fueron a desangrarse una y otra vez, buscando ganancias territoriales y materiales que solían durarles hasta la siguiente guerra. Eso, hasta que lucharon una conflagración tan devastadora, que bien puede decirse que ningún europeo ganó: después de la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como Italia quedaron devastadas, pero por su parte, las nominalmente vencedoras Inglaterra y Francia quedaron tan desgastadas por el esfuerzo bélico, que acabaron transformándose en peones políticos del águila calva occidental como remedio desesperado contra el dominio del oso oriental. En medio de esto, descubrieron que la unión hace la fuerza, dejaron atrás sus rencillas, no sin dificultades, y empezaron un laborioso proceso de integración que fue desde el Benelux y la Comunidad del Carbón y el Acero a la Comunidad Económica Europea, y de ésta, a la Unión Europea. No cabe duda que, desde el punto de vista del Derecho Internacional, la Unión Europea es la más portentosa institución creada en la Historia Universal, atendiendo sus alcances territoriales, económicos y jurídicos. A ella se le debe que los europeos puedan viajar por todo su continente casi como si no hubieran salido de su país, enormes ventajas económicas de cara a competir contra colosos como Estados Unidos o China... y el cómic Aguas turbias, que también se lo debemos, para que no crean que la gente del Parlamento Europeo son burócratas que se ganan el sueldo sin trabajar. El Brexit significó, en esencia, darle la espalda a todo eso y arriesgarse a seguir un camino independiente, para bien o para mal.

El impacto del Brexit en la economía y sociedad global fue tan grande, que ni siquiera todo el Reino Unido quiso seguirlo. Desglosando los resultados, acabó siendo que dos de los cuatro reinos, Inglaterra y Gales, sí apoyaban al Brexit, pero Escocia e Irlanda del Norte no. El asunto llegó a tanto, que los independentistas escoceses cobraron nuevos bríos en sus empeños por separarse de una vez por todas de los ingleses. Sobre si los escoceses están viendo de nuevo Corazón valiente de manera masiva, no lo sabemos, pero no sería de extrañar. Debemos recordar que aunque solemos llamarlo Inglaterra por costumbre, en realidad Inglaterra es uno de los cuatro constituyentes del Reino Unido de Gran Bretaña, el cual nació primero con la unión personal de ambos en una misma corona, la ubicada en la testa de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra en 1.603, y luego en una unión jurídicamente propiamente tal, con el Acta de Unión de 1.707. Ni qué decir, los ingleses que tanto reclamaban por su derecho a separarse de la Unión Europea, ven con malos ojos que Escocia a su vez haga valer su derecho a separarse de ellos... Algo de eso vimos en Estados Unidos, en 1.861, y esa vez, la cosa no acabó demasiado bien para los separatistas. Por decirlo con suavidad.

Brexit: This will gonna suck...
Por supuesto, todo esto corre en paralelo con una xenofobia europea cada vez más rampante. Desde el siglo XIX, Europa ha sido el destino de muchos inmigrantes del Tercer Mundo. Es natural: si vives en un país que básicamente es un sumidero, y a cierta distancia tienes otro país que parece defenderse mejor, a lo mejor acabas por tomar la decisión de irte a ver qué tal te va allá. Y por supuesto, te llevas tu propia cultura contigo, porque es lo que te hace sentir cómodo y como en casa. Y por supuesto, a donde llegas, la gente que siempre ha tenido una cultura, tradiciones y manera de ver la vida, empieza a sentirse amenazada. Para colmo, esa inmigración recibió una ayuda de los imperios coloniales, de parte de súbditos que viajaron en busca de nuevos horizontes en la metrópoli, simplemente porque era el destino más obvio hacia dónde ir. Así, Francia invadió Argelia y se llenó de argelinos, Inglaterra invadió al Raj Mogol y se llenó de indios y pakistaníes, y Alemania... Alemania no invadió demasiados países porque llegó tarde, pero es la nación próspera más cercana a Turquía, y en respuesta, se ha llenado de turcos. El resultado es que los movimientos nacionalistas y xenófobos han levantado cabeza una y otra vez.

Hasta el minuto, las políticas oficiales habían conseguido ponerles coto al asunto, ayudados un poco por la vergüenza histórica que significó el asunto de la Solución Final en el período de 1.939 a 1.945, que hizo al racismo y a la xenofobia algo poco respetable. Pero es posible que el asunto se esté saliendo de madre. Hubo un preludio en Grecia, considerando que en medio del caos de su crisis económica, un grupo ultraderechista y ultranacionalista llamado Amanecer Dorado (Χρυσή Αυγή, o sea Chrysí Avgí, en griego), alcanzó cierta prominencia. Pero Grecia, idos ya los tiempos de Pericles, Aristóteles y Alejandro Magno, siempre ha sido mirada un poco como la antesala del Tercer Mundo por parte de las simpáticas y condescendientes otras naciones europeas. Pero luego vino el Brexit. Y para colmo, con la crisis originada por ISIS en Siria, la oleada de refugiados sirios hizo el asunto incluso peor. Por supuesto, no es que de pronto los grupos xenófobos hayan levantado cabeza de repente. Ellos siempre estuvieron ahí, latentes, esperando. Pero la presión de los refugiados sirios por un lado, y el empujón que ha dado el ejemplo del Brexit, les han dado nuevas fuerzas.

Pero por supuesto, aunque el Reino Unido tenga asiento entre los grandes del planeta, es sólo el Reino Unido, ¿verdad? Después de que el Imperio Británico se desplomara a pedazos, el único lugar en donde los británicos siguen pintando en la política internacional, es en las películas de James Bond. A lo mejor la crisis queda contenida ahí, no sale más allá, y... no. No sucedió. Porque la gripe británica se contagió a Estados Unidos, y lo hizo a niveles de neumonía. En 2.016 se celebraron las elecciones para la Presidencia de Estados Unidos, y Barack Obama no podía postularse por muy cool que sea, porque ya se había gastado sus dos períodos. El Partido Demócrata tomó entonces la decisión suicida de postular a Hillary Clinton, mientras que el Partido Republicano tomó la decisión todavía más suicida de postular a Donald Trump. Porque, ¿quién iba a votar por un campirano conductor de televisión reality, cuyo único mérito es haber amasado montones de dinero, pero que en contra es cualquier cosa menos un tipo tolerante, feminista o científico ilustrado? La respuesta: un montón de estadounidenses hastiados de la corrección política, el multiculturalismo y la globalización, y espoleados por la idea de que si la chabacanería iba a invadir el espacio público, por lo menos que sea un chabacano de los suyos y no uno de la progresía bienpensante. Y no hablaremos más del tema porque, por algo, acá en la Guillermocracia lo tratamos in extenso en los posteos 10 viñetas sobre la elección presidencial de 2.016 en Estados Unidos primero, y en ...y Donald Trump es el nuevo Presidente de Estados Unidos, después.

En Latinoamérica, por su parte, parecieran querer soplar vientos en una dirección similar. Desde hace años, el movimiento globalizador en Latinoamérica viene asociado con políticas impuestas desde Washington, más que con ideas de tipo soberanía popular, autodeterminación de los pueblos y demases. En ese sentido, Latinoamérica fue pionera: mucho antes del Brexit y de Donald Trump, acá ya teníamos a insignes próceres contrarios a la globalización como Evo Morales, las FARC, la República Bolivariana, o los zapatistas. Y en 2.016 hicieron noticia dos de estos frentes. Por un lado, una República Bolivariana cada vez más derrumbándose a pedazos, con un Presidente Nicolás Maduro escapándose a duras penas de una acusación constitucional por parte del Poder Legislativo... acusación que fue impulsada a pesar de no estar contemplada en la Constitución. Porque eso es verdadero suspenso: no es que no sabemos cómo se van a jugar las reglas del juego, sino que además, ni siquiera se respetan las reglas del juego en primer lugar. Eso es odio. La otra, es la noticia de que un eventual tratado de paz entre las FARC y el gobierno colombiano se vino abajo luego de que un plebiscito lo decretara como fuera de límites. Sobre el asunto de las FARC ya hablamos en el posteo Los días decisivos de Colombia aquí en la Guillermocracia, así es que no insistiremos.

La generación Putin: Una chica de Omsk en Rusia (fuente).
Por supuesto, es imposible tener un cuadro completo sin mirar a la Rusia de Vladimir Putin. No me cabe duda de que, andando los siglos, Putin va a ser mirado como una de las figuras más confrontacionales y divisivas de la larga historia rusa. En el aspecto positivo, salvó a una Rusia económicamente quebrada por las depredaciones neoliberales posteriores a la disolución de la Unión Soviética. Bajo el alero de Putin ha crecido toda una nueva generación de rusos. La nostalgia por los tiempos de los soviets en realidad pertenece a los adultos que ya van en camino al geriátrico, y además, el régimen de Putin recuerda en ciertos aspectos a lo que fue la Unión Soviética en sus días de gloria, sólo que sin toda su carga ideológica. Pero luego está la generación que comienza a ascender. Los que nacieron alrededor de 1.991, el mismo año en que se desplomó la Unión Soviética y comenzó la era de Neoliberalismo con aroma a vodka, dominio de la Mafiya incluido, y que en la actualidad ya bordean el cuarto de siglo de edad, y son las gentes que si fueron a la educación superior, están haciéndose su lugar en el mercado laboral. Para ellos la Unión Soviética es algo propio de los libros de Historia, eventos anteriores a su propia presencia en el mundo. Su infancia estuvo marcada por el contubernio entre el gobierno de Boris Yeltsin, la Mafiya, la privatización, la corrupción estatal, y las potencias occidentales que profitaron a lo bestia a costa de la Nueva Rusia. Natural que, hoy en día, con una economía en mejores condiciones gracias a las políticas de Putin, se muestren más apáticos de la política, estén dispuestos a aceptar una cierta cuota de autoritarismo, e incluso abracen el nacionalismo sin ambages. Puede no ser la mejor de las Rusias ni un paraíso soñado, pero entre eso y volver a la Rusia de Yeltsin, no hay demasiado en donde perderse. Al menos, Hollywood no hace muchas películas con los rusos como los malos, como solía ser en la década de 1.990.

Por el otro, Vladimir Putin ha impulsado una política decididamente expansionista, y llamarla contraria al Derecho Internacional es poco. En 2.014 hizo lo impensable, e invadió a Ucrania para apoderarse de Crimea, sin que las desconcertadas naciones occidentales atinaran a hacer algo para pararle los pies. Y en 2.016, mientras toda la retórica occidental intentaba condenar a ISIS, Putin tomó el asunto en sus manos e inició una serie de bombarderos que inclinaron la guerra a favor del régimen sirio. Naturalmente, Putin tenía un panorama mucho más claro que Occidente para actuar. Parte de la ética de las potencias occidentales les obliga a criticar y atacar a ISIS, pero por otra parte, es insistente el rumor de que ISIS fue financiado en las sombras por las mismas potencias occidentales que vieron al Califato como un grupo de tontos útiles para derrocar al régimen decididamente antioccidental de Bashar al-Assad. Putin en cambio se metió a defender a al-Alassad, actuó con una línea clara, y se acabaron los problemas. Por supuesto, autoritarismo y expansionismo son una combinación letal. La política exterior de Putin susurra al oído de todo el mundo un cierto término alemán de infausta memoria: Lebensraum.

Curiosamente, en el mundo de la cultura se está viviendo un fenómeno diferente, pero que responde a coordenadas similares: la cooptación del cine mundial por parte de China. Hoy en día, China tiene una industria cinematográfica muy potente, aunque sus películas no salgan demasiado al mundo; las coproducciones podrían ser el camino para que el cine chino consiga alcanzar los mercados internacionales. En paralelo, el cine de Estados Unidos parece estar implosionando. En la última década, los grandes estudios se han embarcado en una carrera suicida por ver quién saca el blockbuster más impresionante, lo cual generó una impresionante burbuja que, más tarde o más temprano, tenía que estallar. Y parece haberlo hecho en 2.016, que pasará a la Historia del Cine como el año de las Summer Bomb Busters, de las películas blockbusters que terminaron reventando como bombas en la taquilla. No pocas de ellas se salvaron de ser un fiasco en taquilla... gracias a la recaudación obtenida en China. Warcraft, por ejemplo. Por supuesto, es posible que esto sean condiciones internas del mercado, un exceso de oferta por parte del cine de Hollywood, pero, ¿no podría ser también síntoma de algo más? ¿Podría ser que hubiera una correlación entre el agotamiento del modelo globalizador promovido desde Estados Unidos, y el agotamiento del modelo de cine blockbuster que promueve los valores prototípicamente estadounidenses, que viene desde Hollywood? ¿Será que las audiencias mundiales están cansándose del cine blockbuster por las mismas razones que votaron el Brexit, o a Donald Trump, o se están empoderando en Latinoamérica...? Puede que no. Después de todo, a inicios de 2.017 vimos que La gran muralla, una coproducción entre China y Estados Unidos que promueve a la enésima lo que son los valores colectivistas y nacionalistas chinos, aunque hizo caja, parece que terminará arrojando pérdidas de todas maneras. Pero aún así, la sola idea de que China y Hollywood estén embarcándose en coproducciones para producir blockbusters, es sintomático de que algo está ocurriendo allá afuera.

La nueva union sacrée del cine: China y Hollywood. Dios nos pille confesados.
Otra especulación más. En el año 2.016 se hizo memético el que todas las buenas estrellas del Cine, la Televisión y la Música se están yendo. La niña símbolo de esto fue Carrie Fisher, que sufrió un ataque cardíaco cerca de la Navidad, y acabó yéndose al inframundo con apenas sesenta años. Pero por otra parte, la muerte de gentes como David Bowie, Alan Rickman, Prince y otros más, alcanzaron dimensiones increíbles en la conciencia popular. Lo que es raro porque, admitámoslo, todos los años se mueren cantantes, actores, etcétera, y no por eso el asunto se vuelve memético. ¿No será acaso que las muertes de 2.016 se volvieron meméticas como una válvula de escape? ¿Será que sabemos que algo anda mal en el mundo, que se viene una crisis de proporciones, que el modelo globalizador podría venirse abajo en los próximos años, e incapaces de materializar esa angustia hacia el exterior, la estamos canalizando a través de la muerte de esos viejos amigos del Cine, la Televisión y la Música que ya no están aquí? Es casi como la teoría del Arrebatamiento, la idea de que antes del Apocalipsis y el fin del mundo, los buenos y justos serán llevados a los Cielos para ahorrarles las últimas tribulaciones, y los malos nos quedaremos a ver las últimas consecuencias de ese desaguisado que ustedes se están montando, y en el que yo estoy metido de refilón por culpa de ustedes, bola de tarados, gracias por nada.

De todas maneras, no creo que sea el fin del mundo. Ya hemos vivido esto antes. Después de Hiroshima, todo el mundo creía que el fin de los tiempos era mañana, bajo un hongo nuclear, y... setenta años después acá en la Guillermocracia sacábamos la serie de posteos Ver la Segunda Guerra Mundial, y seguimos contando. La gente puede ser bastante idiota a veces, y a veces más que a veces, pero el sentido de la autopreservación suele conferir un mínimo de sensatez. De que 2.016 ha sido un año de crisis, creo que eso nadie lo pone realmente en duda. El mundo va a cambiar. Para mejor o para peor, no lo podemos saber con certeza. Pero por supuesto, mientras el suelo se mueva debajo de nuestros pies, no nos sentiremos seguros. 2.016 fue uno de esos años en que todo se mueve bajo los pies.

En lo personal, no creo en las profecías cataclísmicas acerca del fin del capitalismo y la globalización. Ambas cosas en general son demasiado buenas, y hay demasiada gente que se beneficia de ellas, para dejarlas de lado. Pero sí creo que ha entrado en crisis una cierta perspectiva o manera de entender la globalización, una que llamamos genéricamente Neoliberalismo, y que ha venido campeando a sus anchas desde que Ronald Reagan, Presidente de Estados Unidos, emprendiera su cruzada contra las regulaciones en 1.981. Por supuesto, una crisis es una crisis, no necesariamente un final. Puede que para el Neoliberalismo sea un bache en el camino, y las cosas sigan como siempre. Puede que no. Yo no me atrevo a predicar el fin del Neoliberalismo, el cual por lo demás ha resultado ser increíblemente porfiado y resistente. Pero tampoco me atrevo a asegurar que seguirá incólumne. Como mínimo, habrá que introducir algunos matices, sea por convicción, sea por mero sentido de la autopreservación. El Brexit en sí mismo, y también las políticas proteccionistas de Donald Trump, en principio van en contra del Neoliberalismo como ideología. Ya se conoce la maldición clásica de los chinos: "ojalá que vivas años interesantes". Los próximos años serán interesantes, de eso no cabe duda alguna. Eso podría ser una maldición, por supuesto, pero si lo dicen los chinos, una de las civilizaciones más antiguas y respetadas del planeta, bueno sería hacerles caso. Si han sobrevivido tantos milenios sin derrumbarse, entonces algo deben saber, después de todo.

NOTA ADICIONAL: Respecto de las citas que encabezan este posteo, Ayse Köse Küçük fue citada en el artículo Los nuevos europeos, de Robert Kunzig, publicado en National Geographic en español, edición de Octubre de 2.016, y Liza fue citada en el artículo La generación de Putin, de Julia Ioffe, publicado en National Geographic en español, edición de Diciembre de 2.016.



jueves, 16 de marzo de 2017

Infra Terra: Entronización - Episodio 4.


Reinhard Becker, el Brigadier Catroux y el Teniente Ibáñez, los tres se miraron un gesto que no invitaba a la confianza. El Brigadier Catroux sacó su cajetilla, encendió un cigarrillo, y con ello demostró su preocupación, ya que varados en Kriegsburg y prisioneros en su Palacio por orden del Kaiser Lama Kriegswelt III, el líder de la expedición al mundo subterráneo se había hecho el propósito de economizar el tabaco. El Brigadier Catroux se tomó su tiempo en el ritual de encender el cigarrillo, echó el humo ligeramente hacia abajo sin darse cuenta, y luego habló.

– Resumiendo… El Príncipe Kriegsweltz está intrigando para derrocar a su padre y entronizarse en Freilande, y está viendo qué hacer con nosotros. Según te lo dijo Darma, por supuesto. Wolfgang… ¿Qué tanta confianza se merece esa Darma?

– Yo… Creo que es sincera – dijo Wolfgang Spengler.

– Crees que es sincera. Pero no estás seguro – dijo Reinhard Becker. En su voz había legítima preocupación por el bienestar de Wolfgang Spengler, que después de todo era su asistente, a quién él mismo había reclutado en la expedición, siendo por tanto el responsable de la situación actual de éste.

– Lo que quiere decir Reinhard… – dijo el Brigadier Catroux. – Wolfgang, no sólo podría ser que el Príncipe Kriegsweltz creara un incidente de bandera falsa, haciendo parecer que nosotros queremos derrocar a Kriegsweltz III y deshaciéndose tanto de él como de nosotros. Además, podría ser que tú fueras el incidente de bandera falsa. Sea la princesa Yaliana o sea el príncipe Kriegsweltz, alguno de los dos puede haber enviado a Darma para convencerte de hacer algo estúpido que proporcione justamente el pretexto para el incidente de bandera falsa, ¿me entiendes?

Wolfgang Spengler se quedó congelado en su sitio. Claramente no había considerado la posibilidad.

– Estamos jugando el juego de ellos, lo queramos o no – dijo el Brigadier Catroux. – La única posibilidad es que… lo que voy a pedirte es algo inusual, pero… Wolfgang, vas a tener que asegurarte de que Darma está de nuestro lado. Y la única manera de conseguirlo es… vas a tener que seducirla. Pero tienes que hacerlo con la cabeza bien fría, porque si es al revés y tú caes en sus manos, entonces eso puede ser la sentencia de muerte para todos nosotros los expedicionarios. ¿Lo entiendes?

Wolfgang Spengler asintió con la cabeza, mientras internamente repasaba una y mil veces su conversación con Darma, intentando buscar indicios que le dijeran si ella había sido sincera o no.

Una vez que Reinhard Becker y Wolfgang Spengler se habían retirado, el Brigadier Catroux se dirigió al Teniente Ibáñez.

– ¿Y bien? ¿Qué piensa, Teniente?

– Pienso que la situación ha llegado a un límite, señor – respondió el aludido. – Esta misión ha resultado un completo fracaso, y deberíamos ir pensando en un plan de evacuación.

– Muy cierto – dijo el Brigadier Catroux. – No aceptan un tratado porque no le ven la conveniencia, no nos dejan ir porque temen que llevemos las noticias al mundo exterior, y no quieren deshacerse de nosotros, sea por política interna del mundo subterráneo, sea porque tienen miedo de que resistamos con tanta fuerza que, en efecto, acabemos por derrocar al régimen.

El Brigadier Catroux le dio una pitada más a su cigarrillo.

– Nuestra mejor opción es dar un golpe sorpresa, apoderarnos de Kriegsweltz III, y sembrar el caos a una escala tal, que anulemos su capacidad de responder. Pero somos demasiado pocos para funcionar como fuerza de ocupación, así es que tendríamos que aprovechar para huir. Y el caos político que dejaríamos atrás, podría ser incluso contraproducente en el largo plazo. Así, pues… nuestra única opción es lisa y llanamente huir. Teniente Ibáñez… prepare a sus hombres. Vamos a diseñar un plan de evacuación para nuestros expedicionarios.

Este episodio se titula: “Situación desesperada en el Palacio de Kriegsburg”.

En la Biblioteca del Palacio de Kriegsweltz, Wolfgang Spengler tenía delante el libro abierto, sin estar realmente leyendo, con la mirada perdida y la cabeza hundida en sus propias reflexiones. En esta situación, es que lo sorprendió Darma.

– Se os ve como si estuviérais en… ¿cómo es que decís en la superficie? ¿En otro planeta?

– En otro planeta – confirmó Wolfgang Spengler. – Sólo estaba… pensando.

– Quería disculparme con vos, quizás el otro día fui muy ruda y…

– No tenéis que disculparos por nada, mi señora. Vos sois una aristócrata y yo un plebeyo, sois vos quien tiene el privilegio, y yo la obligación – dijo Wolfgang Spengler, distante.

Darma asintió, tratando de mantener el rostro compuesto, aunque un destello de tristeza cruzó por sus ojos. Hubo un pesado silencio entre ambos, que finalmente ella rompió.

– ¿Creéis vos que… si la situación fuera diferente…?

– No lo es, ni lo será – dijo Wolfgang Spengler.

– ¿Ni siquiera en la superficie…?

Wolfgang Spengler apretó los labios. Una vez más aparecía el tema de la fuga. ¿Estaba ella de verdad proponiéndole una nueva vida en la superficie, llena de romanticismo y amor? ¿O por el contrario, era un empujón más hacia una trampa tendida por el Príncipe Kriegsweltz en las sombras…?

– Por favor, no juguéis con mis sentimientos así – dijo Wolfgang Spengler. – Os lo pido.

– Y yo os pido que me aceptéis a vuestro servicio – dijo Darma.

– Vos… estáis al servicio de la Princesa Yaliana.

– Sólo como dama de compañía, y con mi corazón de amiga. A vos, os pido que me aceptéis con mi corazón de mujer.

Wolfgang Spengler ya no pudo contenerse más, y de modo muy imprudente, se levantó y tomó a Darma por los brazos, y teniéndola firmemente sujeta de esta manera, la besó.

– ¡Ahí lo tenéis, Alteza! – salió entonces Enhurtz desde algún rincón de la Biblioteca.

Al oir su voz, Darma y Wolfgang Spengler se separaron, y miraron en su dirección. Ahí estaba Enhurtz, el oficial del Ejército de Freilande que en su día había escoltado a los expedicionarios en ruta a Kriegsburg. Detrás suyo, apareció el Príncipe Kriegsweltz. Y todavía más atrás, apareció la princesa Yaliana. Los músculos del rostro del Príncipe Kriegsweltz estaban contraídos en una mueca de frialdad casi inhumana, pero la mandíbula apretada y los ojos tormentosos traicionaban sus sentimientos; el rostro de la princesa Yaliana por su parte se contrajo en una mueca fugaz que la hizo parecer una arpía, pero se controló de inmediato, adoptando una gélida máscara de desdeñosa serenidad.

– Vengan de inmediato – dijo Enhurtz por un intercomunicador, apartándose del paso del príncipe y la princesa. En los corredores se escucharon los pasos de los soldados del Palacio, que aparecieron de inmediato y rodearon al grupo.

– Mi señora… perdón… – dijo Darma, con los ojos llorosos.

La princesa Yaliana adoptó ojos de intensa furia que perforaron a Darma, pero luego adoptó de inmediato su postura hierática anterior.

– De manera que era cierto lo que yo pensaba – dijo el Príncipe Kriegsweltz en voz baja y arrastrada de ira, y luego, alzando el tono, habló: – Vosotros los de la superficie no venís a buscar ningún tratado de paz. Lo que buscáis es soliviantaros contra el régimen de mi padre. Y vos habéis querido seducir a la dama de compañía de mi prometida, para espiar en beneficio de vuestra expedición.

– ¡No es verdad! – soltó Wolfgang Spengler, de manera irreflexiva.

Por toda respuesta, el Príncipe Kriegsweltz soltó un puñetazo contra la mandíbula de Wolfgang Spengler, con la reciedumbre suficiente como para desmentir cualquier idea sobre la posible debilidad derivada de su físico más bien delgado y poco atlético.

– Guardias… arréstenlos a ambos – dijo el Príncipe Kriegsweltz.

– ¿A ambos? – rugió la princesa Yaliana, hirviendo de ira. – ¡Kriegsweltz, Darma es mi dama de compañía! ¡Yo me haré cargo de ella!

– ¡Vuestra dama de compañía es culpable de alta traición! – gritó el Príncipe Kriegsweltz, perdiendo toda compostura. – ¡A una celda con sus huesos!

– ¡Alto ahí! – gritó otra voz por detrás de todos, en un freilandés muy mal pronunciado. Todos se dieron vuelta para ver quién había hablado: se trataba del Teniente Ibáñez, del Ejército de Chile, quien apuntaba a los hombres de Freilande con sus propias armas.

– Espero que os déis cuenta de que estáis sublevándoos en contra de la corona de Freilande – dijo el Príncipe Kriegsweltz, con los músculos de su rostro temblando por la ira, masticando cada palabra para hacer más temible su amenaza. – Espero que os déis cuenta de que os encontráis atrapados en el corazón de nuestro imperio. Espero que os déis cuenta que os superamos en hombres y recursos, y que no hay manera alguna de salir vivos de ésta. Si deponéis las armas ahora, os aseguramos que os mataremos rápido y sin mayor trámite. Si nos obligáis a luchar, en cambio, os reduciremos, os echaremos a unas celdas, os torturaremos, os mutilaremos, y luego de todo eso, cuando tengáis la garganta seca de tanto haber suplicado por vuestra muerte, os arrojaremos a que supliquéis limosna en la calle como mendigos deformes, vida que llevaréis hasta que la encontréis tan insoportable, que admitáis vuestro completo y absoluto fracaso a través del suicidio. ¡Wolfgang Spengler, haz algo útil y tradúcele a ese inútil todo lo que he dicho!

– El… dice… – empezó a traducir Wolfgang Spengler, temblando como una hoja. – Dice que ustedes no valen lo que un buen soldado del mundo subterráneo.

– Chico, ya cumpliste con tu parte – le dijo el Teniente Ibáñez a Wolfgang Spengler. – Camina lentamente para acá. Nosotros te cubrimos.

Wolfgang Spengler miró a Darma con ojos de intensa tristeza, y empezó a caminar lentamente hacia el Teniente Ibáñez. Tres o cuatro pasos después, sintió que alguien se aferraba con fuerza a su brazo; era Darma, quien había saltado a su lado. Wolfgang Spengler empezó a caminar lentamente de nuevo, y Darma siguió sus pasos. Wolfgang Spengler miró al Príncipe Kriegsweltz y a la princesa Yaliana de reojo; la ira de ambos les impedía intentar siquiera el adoptar aires aristocráticos para disimular.

Un rato después, el Teniente Ibáñez y los suyos iban a la carrera por los corredores del Palacio de Kriegsburg.

– Así es que la dama al final no nos estaba tendiendo una trampa – dijo el Teniente Ibáñez, mirando como Darma iba a la siga de Wolfgang Spengler.

– Darma… ahora te van a perseguir, a lo mejor no salimos vivos de ésta – dijo Wolfgang Spengler.

– Wolfgang… ¿Qué crees que me hubiera pasado si me hubiera quedado?

En ese minuto, se escuchó una gigantesca explosión a un costado del Palacio. Wolfgang Spengler miró al Teniente Ibáñez, y ya iba a pedirle una explicación, cuando éste gritó:

– ¡Es la señal! ¡Vamos hacia donde la explosión!

Y mientras corrían, el Teniente Ibáñez le dijo a Wolfgang Spengler.

– Un grupo de los nuestros voló las barracas con fusiles de teranergio. Eso nos va a ganar algo de tiempo. Tenemos que irnos de aquí y llegar hasta la estación de Freilande. Intentaremos tomar un monorriel y escapar de regreso a la superficie.

Wolfgang Spengler tradujo para Darma, porque él le había enseñado a ella y los suyos el idioma inglés, y el Teniente Ibáñez había hablado en castellano. Al oir esto, Darma abrió los ojos, asustada.

– ¡Diles que no pueden! ¡Los monorrieles cuentan con un sistema de control centralizado! ¡Lo primero que van a hacer es apagarlos!

Pálido al escuchar las nuevas, Wolfgang Spengler le dijo esto al Teniente Ibáñez.

– Ya hemos contado con eso – dijo el Teniente Ibáñez. – Otro grupo de los nuestros se apoderó del centro de comando en el Palacio. Habrán monorrieles disponibles, no te preocupes.

El grupo llegó hasta el lugar de la explosión. Allí se había trabado una violenta batalla entre varios efectivos de la expedición de la OTAN por un lado, y soldados de Freilande por el otro. Ver la situación y ladrar un par de órdenes fue todo uno para el Teniente Ibáñez, y su rápida intervención le dio a los expedicionarios una ventaja decisiva: los hombres de Freilande fueron rápidamente barridos.

Aparecieron entonces el Brigadier Catroux y Reinhard Becker. El segundo llamó la atención de Wolfgang Spengler: nunca había visto a su viejo profesor de Lingüística en la Universidad, portando un arma, y menos un fusil de teranergio como ahora. Entonces recordó: en su juventud, Reinhard Becker había sido reclutado en su día, y había colaborado como lingüista para las tropas de la OTAN en misiones militares en Africa. Puede que no fuera un soldado profesional, pero Reinhard Becker tenía el entrenamiento básico para portar un arma. De hecho, además de su talento como lingüista, ése era quizás el motivo suplementario por el cual lo habían reclutado en la expedición.

– ¿Vignard y Marshall? – preguntó el Brigadier Catroux, refiriéndose a los científicos de la expedición.

– Los soldados encargados de traerlos no han regresado – dijo uno de sus subordinados.

– No podemos esperarlos – dijo el Brigadier Catroux ominosamente. – Vámonos.

Mientras tanto, en las dependencias superiores del Palacio de Kriegsburg, el Kaiser Lama Kriegsweltz III caminaba a toda prisa, escoltado por Volnia. La explosión había cambiado el panorama, desde un tenso incidente con disparos, hasta una guerra abierta por el control del Palacio, y Kriegsweltz III quería imponerse de manera directa respecto de toda la situación.

– ¿Los príncipes? – preguntó Kriegsweltz III.

– Están todos bien. De hecho… – dijo Volnia, la oficial del Ejército de Freilande, con un brillo maligno en sus ojos, y acompañando sus palabras con un cuchillo que sacó de inmediato de entre su ropa de combate, añadió al tiempo que enterraba éste en un costado de Kriegsweltz III: – El príncipe heredero está de lo mejor.

Kriegsweltz III retrocedió llevándose una mano al costado y mirando a los soldados, con los ojos desorbitados al descubrir que el resto de éstos secundaba a Volnia, levantando sus fusiles de teranergio para rematarlo…

…cuando de pronto volaron disparos. Volnia recibió un tiro en el brazo, y se arrastró hacia un costado, mientras veía como dos, tres, o cuatro, o quién sabe cuántos soldados de la OTAN, abrían fuego en contra de ellos. Kriegsweltz III, salvado de milagro, se arrastró sangrando.

Al final eran dos soldados apenas, que armados del elemento sorpresa, habían conseguido acabar con los golpistas, salvo con Volnia, que se quedó agazapada y escondida en un rincón, apoyando un pedazo de tela contra la herida del brazo para ralentizar el sangrado. Así, Volnia vio como los soldados de la OTAN se llevaban al herido Kaiser Lama consigo, quién sabe con qué destino.

Próximo episodio: “Avance por las calles de Kriegsburg”.

martes, 14 de marzo de 2017

Los 24 mejores momentos de "24" (1 de 2).

Jack Bauer en el Día 1, cuando era joven, estaba casado, y en general su vida no era todavía un infierno.
Ahora en 2.017, la serie televisiva 24 engendró una nueva secuela. O spin-off. Como lo quieran llamar. Me refiero a 24: Legacy, que viene siendo la sucesora de 24, y de 24: Vive un nuevo día. Para ser honestos, hasta el minuto no he visto ningún capítulo de 24: Legacy. No soy un fanboy que considera que es 24 sólo de nombre si no aparece Jack Bauer; por la premisa de 24, la serie permite mucho juego más allá de Jack Bauer, y podría rondar allá afuera eternamente, siempre y cuando se consiguieran protagonistas igual de carismáticos. Está difícil, por supuesto, pero no es imposible. Como no he visto 24: Legacy, repito, no puedo opinar acerca de si el nuevo protagonista llena los zapatos de Jack Bauer o no. Los que la hayan visto, pueden ir dejando sus impresiones en los comentarios. Sin spoilers, ojalá. Quiero llegar a ver la serie, así es que, no me soplen lo que ocurra en la misma. Gracias.

Pero por mientras tanto, aprovechando el estreno de 24: Legacy, hagamos todavía otra retrospectiva de 24 como serie. Porque ésta le ha dado unas cuantas alegrías a la Guillermocracia, y si 24 quieren, 24 hasta que revienten. En su día publicamos una completa panorámica de la serie original en una serie de posteos con una primera, una segunda, una tercera y una cuarta parte, y además publicamos un comentario acerca de 24: Vive un nuevo día. Así es que ahora, haremos un acercamiento diferente a la serie, recordando algunos de los momentos más gloriosos de la misma. 24 tiene también sus momentos de vergüenza ajena, claro que sí, pero ésos los vamos a barrer debajo de la alfombra por esta vez. O los vamos a dejar para otro posteo, por qué no. De alguna parte tiene que salir el material para la Guillermocracia, después de todo. Así es que, a continuación, haremos un repaso a esos momentos gloriosos de 24. Para efectos incluiremos las ocho temporadas de la serie original, más la película (24: Redención), y la miniserie secuela (24: Vive un nuevo día). Disfruten.

Por supuesto, no necesito decirlo... spoilers a mansalva, a continuación. Si no han visto la serie, ya saben a lo que se exponen.

24. Margot Al-Harazi aprende el concepto de justicia según Jack Bauer (Vive un nuevo día).

En una serie repleta de personajes odiosos y despreciables, dispuestos a vender a su Patria y permitir horribles masacres contra la población únicamente por fanatismo o un buen cheque, Margot Al-Harazi destaca sobremanera como una arpía desalmada y cruel. Ser interpretada por Michelle Farley, famosa por ser la matriarca de los Stark en Game of Thrones, ayuda su resto, por supuesto. Ya de por sí, su plan para apoderarse de seis drones y usarlos en un ataque terrorista contra Londres es bastante malo. Pero luego, la desgraciada mata al novio de su hija enfrente de ella cuando el tipejo intenta sublevarse, y luego, cuando su hija está en el hospital, decide que debe deshacerse de ella y en vez de enviar un asesino regular y corriente, usa uno de los drones para demoler la instalación completa. Jack Bauer, que ya está hecho un viejo gruñón y no está para que le estén revolviendo el gallinero, una vez que agarra a Margot Al-Harazi decide que ha tenido suficiente de ella, y la ejecuta a sangre fría, enviándola ventana abajo. ¿Castigo inhumano y cruel? Sí. ¿Probablemente injustificado porque ella ya había sido reducida y por tanto no representaba una amenaza? También. ¿Contrario a las leyes? Por supuesto. ¿Catártico...? ...indiscutiblemente.

23. George Mason se despide de su hijo (Día 2).

A lo largo de la primera temporada, George Mason se había transformado en ese jefe burócrata y apernado a su asiento que todos hemos aprendido a odiar. Jack Bauer en un minuto le dice: tu problema es que quieres resultados, pero no quieres ensuciarte las manos. Comenzando el día 2, George Mason se expone accidentalmente a una dosis de plutonio mortal, y empieza un acelerado proceso de decadencia física que rematará inexorablemente con su muerte, en algunas horas más. En el poquito tiempo de vida que le queda, intenta hacer las paces con la vida, en particular llamando por teléfono a su hijo. Al igual que todo el resto de la gente alrededor de George Mason, su hijo también pasa de él, y con razón, por lo que la llamada de su padre lo toma por sorpresa. En el diálogo subsiguiente, George Mason le dice hermosas palabras a su hijo, que éste no entiende, pero que están dichas para que el hijo se quede en paz cuando se entere de la noticia de su partida. Incluso hasta personaje un tan mediocre y gris como George Mason, al final tiene ese pequeño momento de nobleza, que lo convierte en alguien más o menos entrañable, dentro de lo que cabe. Ni siquiera lo que ocurre después, cuando George Mason sacrifica su vida de forma heroica, es tan emotiva como esta escena.

22. Chloe descubre su lado Rambo (Día 4).

En mi opinión estrictamente personal, el Día 4 es una de las peores temporadas de la serie. En la misma, recordemos, Jack Bauer y la CTU se enfrentan a Habib Marwan, un terrorista que se saca planes del sombrero como yo me saco posteos de los temas más insólitos que se me ponen a tiro. Uno acepta que los terroristas de la ficción son mucho más hábiles y peligrosos que la vida real, pero hay un límite para todo, y Habib Marwan lo cruza de una manera que lo hace parecer el Coyote persiguiendo al Correcaminos, o poco menos. Con todo, el Día 4 nos dejó algunos momentos memorables. Como por ejemplo, la secuencia en que Chloe debe rescatar datos computacionales en terreno. A tiempo para ponerse en la mira de un asesino, porque esto es 24. Sin respaldo de ninguna clase, esa pobre ratita de computadora que es Chloe se encomienda a los manes de Arnold Schwarzenegger, agarra una M-16, la dispara contra el asesino, y lo deja convertido presumiblemente en un colador. Que Jack Bauer se cargue terrorista sí y terrorista también es su trabajo, pero no es el Chloe, que es analista de sistemas. Y no le tiembla el dedo porque esto es América, suponemos.

21. Una bomba nuclear explota en Los Angeles (Día 6).

Algunos años antes, un atentado nuclear casi lo consigue (la bomba acaba siendo detonada en el desierto), pero ahora los terroristas sí que lo logran. Jack Bauer intenta lo imposible por alcanzar el artefacto nuclear y detenerlos, pero va seriamente tras el reloj: los terroristas, un puñado de musulmanes que decide comprobar si es cierto eso de que hay setenta y dos huríes esperando a los verdaderos fieles en el Paraíso, se suicidan detonando la bomba. Como ésta ha explotado en un suburbio, las bajas son relativamente pocas para una megálopolis como Los Angeles. Pero 12.000 muertos en un instante siguen siendo 12.000 muertos. El hongo nuclear subsiguiente será la imagen más icónica de la sexta temporada de 24. En la vida real, una explosión nuclear en territorio de Estados Unidos, aunque sea de baja intensidad, como mínimo hubiera puesto al país en alerta roja, tirado al suelo el índice Dow Jones, el U.S. Army hubiera salido en masa a las calles, y del pánico ciudadano ya no hablemos. Pero la serie, por desgracia, se lo tomó con mucha más solfa, demasiada para las circunstancias. Por algo, el Día 6 es considerado como la peor temporada de 24...

20. Tony está vivo (Día 7).

Jack Bauer está sentado en el Senado dándole cuentas a un grupo de gente que piensa bien, acerca de ciertas acciones reñidas con la legalidad, cuando es sacado de ahí por el FBI, por una situación de urgencia, una que sólo Jack Bauer, por alguna razón, es el hombre indicado para afrontarla. Renée Walker, quien conoce a Jack en este instante, le descubre entonces que Tony, el amigo y compañero de Jack que había sido dado por muerto en el Día 5, está vivo. Y no sólo eso. Se sospecha que Tony está detrás de una serie de atentados terroristas en contra de Estados Unidos. La cara que pone Jack Bauer al enterarse de las nuevas, es épica. Por desgracia, la escena en cuestión fue utilizada como el cebo para vender la séptima temporada en el trailer, lo que le restó hierro a la sorpresa. Con todo, el misterio acerca de los planes y la afiliación de Tony Almeida dieron su buena cuota de jugo en la séptima temporada. Que no fue de las mejores, y al final arregló todo eso un poco de mala manera, pero que aún así, después de lo que había sido el Día 6...

19. La emboscada de Victor Drazen (Día 1).

Ya promediando el final del Día 1, nos enterábamos de que un terrorista serbio llamado Víctor Drazen estaba detrás de todo el complot que ha tenido de cabeza a la CTU todo el santo día. Además, Victor Drazen había secuestrado a Kim, la hija de Jack Bauer cuyo principal trabajo en la serie era justo ése, ser secuestrada y en general, estar en peligro para darle un dolor de cabeza adicional a Jack Bauer, como si éste ya no tuviera problemas con los terroristas, los enemigos internos, y en general, todo el más que tenso ambiente laboral. El caso es que Drazen le ofrece un trato a Jack Bauer: mantendrá con vida a su hija, si es que acude con un teléfono celular hasta David Palmer para comunicarse con él de manera directa. Jack Bauer no tiene más remedio que obedecer. Pero cuando pasa el celular y David Palmer lo toma, nadie habla. Como un rayo, Jack Bauer se figura lo que pasa, agarra el celular y lo arroja ventana abajo desde el departamento en que están, a tiempo para que explote en el aire. Una vez más, Jack Bauer le ha salvado la vida a David Palmer, y esta vez por fracciones de segundo. La venganza que se tomará Jack Bauer contra los Drazen después de eso, será de órdago.

18. El destino final de Habib Marwan (Día 4).

Ya hemos hablado más arriba de Habib Marwan, el terrorista más atosigador que se ha colocado en el camino de Jack Bauer, con sus millones de planes simultáneos para sembrar el caos en Estados Unidos, porque nada ejercita tanto la mente y combate el Alzheimer como usar el cerebro para planificar cosas, mientras se es joven para ejecutarlas. A finales del Día 4, Marwan debe ser capturado con vida porque es el único que conoce el código para impedir que Los Angeles sea bombardeado por un misil armado con una cabeza explosiva. Después de una épica lucha, Habib Marwan se arroja por un borde. Jack Bauer alcanza a agarrarlo antes de que éste muera, pero Marwan está dispuesto a todos los sacrificios para que su plan tenga éxito, incluyendo su propia vida, de manera que saca un cuchillo y le tajea la mano a Jack Bauer, para conseguir que éste lo suelte. Jack Bauer no tiene más remedio que hacer justo eso, soltarlo, y Marwan cae pisos abajo y muere estrellado contra el pavimento, Jack Bauer sólo puede gritar "¡¡¡NOOO!!!". Ahora no queda ninguna esperanza para impedir el desastre final. Aunque, por supuesto... al final lo impiden igual. Un día más de trabajo para la CTU, y con ése ya iban cuatro.

17. La ejecución de Ryan Chapelle (Día 3).

Stephen Saunders, el villano final del Día 3, ha tomado todas las precauciones para evitar ser descubierto. Pero Ryan Chapelle, otro de los odiositos jefes que parecen pupular por la CTU, descubre una interesante arista investigando unas cuentas bancarias. Stephen Saunders se entera, y ordena al Presidente David Palmer que Ryan Chapelle sea ejecutado a una determinada hora, o de lo contrario, soltará un virus letal sobre Los Angeles. Jack Bauer hace lo imposible por evitar que, en una hora de plazo, Ryan Chapelle sea ejecutado, pero es en vano, porque todos los esfuerzos para salvar el pescuezo de Chapelle fracasan de manera miserable. Al final, en el lugar designado para entregar el cuerpo, Ryan Chapelle debe arrodillarse. Le pide a Jack un último favor: que le pase la pistola para dispararse él mismo y morir con dignidad. Pero toda su vida Ryan Chapelle ha sido un cobarde, y ahora no es la excepción: no es capaz de perforarse la calavera. Jack Bauer tiene que colocarse detrás y meterle una bala en el cráneo. Un par de minutos después, los agentes de Stephen Saunders están llevándose el cuerpo de Ryan Chapelle, para hacer las comprobaciones respectivas. No me digan que no da pena por el pobre desgraciado. Pero su muerte no será en vano: en la CTU consiguen descubrir los resultados de su investigación, y dan con un flanco débil en el enemigo, que podrán utilizar después contra Stephen Saunders. Al menos, no fue por nada.

16. Jack se despide de Audrey (Día 6).

El gran arco argumental que sostuvo a 24 desde el Día 4 hasta el Día 6, fue el romance de Jack Bauer con Audrey. Al principio parecía que Jack Bauer iba a enderezar su vida y encontrar algo de paz y sosiego, pero como eso hubiera significado quizás acabar con la serie, ahí regresa su antigua profesión por sus fueros, y Jack Bauer acaba arrastrando a Audrey en su miseria. En concreto, después de que a Jack Bauer lo secuestran los chinos, Audrey viaja a China e intenta rescatarlo. Lo que ocurre es que los chinos la capturan y torturan, y la dejan en general un tanto tocadita. Dolido porque muy en el fondo Audrey está con atención psiquiátrica por haber hecho un noble acto de amor, Jack Bauer se despide de Audrey para no perjudicarla más, en vez de, digamos, renunciar a la profesión y luchar por el amor de Audrey, fiel a su lado. Por supuesto, ojalá que al menos todo se hubiera quedado así; todos sabemos lo que pasó cuando Audrey regresó a la vida de Jack Bauer, en Vive un nuevo día. Jack Bauer, una serie entera de televisión gafando a la gente alrededor suyo.

15. Jack Bauer acepta ser sacrificado para detener a un grupo terrorista (Día 6).

Después de que el Día 5 termina con Jack Bauer secuestrado por los chinos, hubiera sido una idea genial que la serie le dedicara una temporada o parte de ésta a narrar la fuga de Jack Bauer. En vez de eso, se ve que los chinos simplemente lo entregan como parte de un trato cuyos detalles se mantienen en la sombra. ¿La razón del trato? Una oleada de atentados terroristas azota a Estados Unidos, y el único hombre que puede proporcionar información útil es Abu Sayed, un tipo cuyo precio es que le entreguen a Jack Bauer para una venganza personal. Al enterarse, Jack Bauer no protesta. Mostrando la madera de héroe con la cual está tallado, Jack Bauer acepta ser entregado a una persona que eventualmente lo torturará y matará, si con eso consigue impedir que los atentados sigan adelante. Por supuesto, todo es parte de un plan monumental: es el propio Abu Sayed quien ha orquestado los atentados terroristas. Al enterarse, Jack Bauer se enoja mucho, lo que es mucho, se le acaba la buena voluntad, y se escapa literalmente a dentellada limpia, en en este caso, en el cuello de un terrorista que tuvo la mala idea de poner su yugular al alcance de las mandíbulas de Jack Bauer. Héroe, pero no suicida, al final del día.

14. Aaron Pierce confronta a Charles Logan (Día 5).

No es por nada que Aaron Pierce es uno de los personajes más queridos de 24. Uno de los pocos tipos absolutamente íntegros, honestos, y fieles a su labor. Que en este caso, es trabajar en el Servicio Secreto, protegiendo al Presidente. Y además, mortífero en lo suyo, no a los niveles de Jack Bauer, pero se puede ser la mitad de letal que él, y aún así, ser increíblemente peligroso. Pero su mejor escena en toda la serie, es cuando Charles Logan le ofrece un trato. De manera previa, Aaron Pierce ha descubierto que Charles Logan es un Presidente maaalo, muy maaalo, y éste, en respuesta, lo ha mandado capturar y que lo tengan amarrado a una silla. Un hombre menos íntegro hubiera entendido el mensaje, pero no Aaron Pierce. Amarrado en su silla y completamente indefenso, va y le escupe a Charles Logan un discurso simple y directo: "No hay nada que puedas decir o hacer que sea aceptable en lo más mínimo para mí. Eres un traidor a la patria y una desgracia para tu cargo. Y es mi deber conseguir que seas llevado a la justicia por lo que has hecho. ¿Hay algo más... Charles?". A lo largo de la serie, Charles Logan ha sufrido y sufrirá unas cuantas humillaciones, pero casi ninguna se compara a que un subordinado suyo le enrostre lo víbora de mala entraña que es, mientras dicho subordinado está amarrado e indefenso en una silla. Y después... ya sabemos lo que pasa con Charles Logan. Y le sigue pasando. Y le seguirá pasando. Y le termina por completo de pasar. Por maalo.

13. Jack Bauer huye en helicóptero por encima de Los Angeles (Día 3).

El Día 3 parte con un gambito bastante complejo, que involucra tráfico de armas biológicas. Para llegar hasta la transacción misma, Jack Bauer debe infiltrarse en un grupo de narcotraficantes, los Salazar, y para ello, nada mejor que rescatar a un jefe de cartel llamado Ramón Salazar desde la cárcel. Lo que sigue, luego de que Jack Bauer extrae a Ramón Salazar, es una electrizante persecución en la cual Jack Bauer pilota un helicóptero por los cielos de Los Angeles, con la Fuerza Aérea de Estados Unidos dispuesta a tirotearlo y derribarlos como los criminales que, muy en el fondo, han llegado a ser. Por supuesto, Jack Bauer pilota como un campeón, y al final consigue sacar a Ramón Salazar del problema. Y fiel al espíritu de la serie... para mediados del Día 3, los Salazar ya han sido barridos del mapa, y se revela que el verdadero villano es otro tipo que trabajaba mucho más atrás, en las sombras. Pero la secuencia del helicóptero es impagable.

Y hasta ahí, los primeros doce de los veinticuatro momentos estelares de 24 que hemos elegido para destacar. Pronto, la segunda entrega y final de esta pequeña serie de dos posteos, aquí en la Guillermocracia.

domingo, 12 de marzo de 2017

Un montón de buenos propósitos educativos.


He conversado con más de algún profesor, que tienen todos ellos más o menos la misma queja: los alumnos no prestan atención, y no hacen ningún esfuerzo por prestarla tampoco. Claro que eso ha sido el mal de todas las generaciones que han tratado de educar a la siguiente, pero hoy en día el asunto parece haber empeorado: resulta que esos alumnos flojonazos se están saliendo con la suya. El resultado es que la generación que está ingresando a la universidad en forma contemporánea a escribir estas palabras, carece incluso de un vocabulario elemental, desconoce las reglas de la gramática o la ortografía, y muchas veces no son capaces de hilar un pensamiento coherente detrás del otro. Porque de pensar, piensan, o de lo contrario serían vegetales; el punto es ser capaz de emprender operaciones mentales tales como seguir un argumento, ir a las bases del mismo, o atacar un argumento con otro argumento y no con una falacia, tales cosas parecieran estar más allá del alcance de los alumnos promedio de hoy en día.

Hay muchas razones para esto. Que los profesores en no pocas ocasiones son apenas poco más que los alumnos es una de ellas. Se me cae la cara de espanto, por ejemplo, cuando recuerdo a una profesora de castellano que es fanática no de Mozart ni de alguna buena banda de rock, sino de... La Noche. Porque todo el mundo tiene derecho a tener sus gustos, pero hay gustos y gustos. Habrá quien le guste la gastronomía fina y otro las papas fritas con gaseosa, pero todos sabemos cuál es el plato más elaborado.

Que no hay refuerzos en los hogares es otra razón. Que ahora con Internet es fácil hacer los trabajos con copiar y pegar, es una más. Pero sin embargo, existe una causa incluso más profunda: la desidia que es producto de los modelos que les damos a los jóvenes.

Una cuestión importante es preguntarnos para qué educamos a nuestros hijos. Hasta hace mucho tiempo, la idea era que fueran buenos ciudadanos. En consecuencia, debían tener conocimientos de muchas áreas humanistas y científicas, tener opinión y crítica, y también espíritu cívico. Pero desde hace algún tiempo a esta parte se ha extendido un modelo educativo que considera a ésta ya no desde el punto de vista social, el aperarse de buenos ciudadanos que mantengan funcionando la sociedad, sino desde un punto de vista individual, el tratar los contenidos educativos como recursos para escalar en la pirámide social a través de una competencia darwiniana pura y dura. O sea, el conocimiento en sí ya no es para formar seres humanos completos y funcionales, con capacidad crítica y de raciocinio, y que apliquen ésta para fortalecer a la sociedad mediante redes de civismo, sino por el contrario, para proporcionar herramientas cuyo valor viene dado por su aplicabilidad inmediata.

Y peor aún. Como esta idea de competencia darwiniana choca con el ideal democrático de que deberíamos darle igualdad de oportunidades a todos, eso lleva a la creación de instituciones educativas que funcionan como factorías de alumnos, economizando el enorme costo de producción que significa darle educación a todos, vía estandarizar la enseñanza. El resultado final de todo esto es una educación pasada por agua, descafeinada, en la cual el alumno sabe conociendo unas cuentas cuestiones técnicas, pero sin la capacidad de análisis para procesarlas, para pensar fuera de los esquemas establecidos. Esta pobreza ha llevado a enfatizar, a su vez, el valor del título por encima del proceso educativo; es decir, hemos llegado al absurdo de que da lo mismo cómo se eduque a la gente, lo importante es que al final, dicha gente tenga un cartón que lo acredite. Esto va muy en contra del principio de la Universidad de Salamanca: "lo que natura non da, Salamanca non presta". Pero en la educación moderna, se pretende que los establecimientos educaciones presten lo que el alumno no tiene, y además, en muchos casos ni se toma la molestia de esforzarse por tener. Dentro de este contexto tiene mucha lógica, y además es muy destructiva, la práctica de que los profesores inflen las notas de los alumnos, los hagan pasar de curso a como dé lugar, de que los padres reclamen contra el profesor si el alumno se lleva una mala nota, etcétera.

¿Y no podrían los propios alumnos preocuparse por estudiar? La respuesta corta es: para qué. Porque resulta que los modelos más exitosos de personas que vende la sociedad, son gente que no estudia. El joven enciende la televisión o se conecta por Internet, y descubre que un futbolista gana en un mes más que un profesor en todo un año. Para las mujeres se les ofrece el atajo fácil de ponerse siliconas y venderse a algún programa de televisión, y ganar dinero además de fama y glamour, en vez de quedarse en alguna oscura oficina como secretarias. En los barrios bajos, el que gana más dinero no es el que trabaja en la construcción o como empaquetador de mercancías en el supermercado, sino el que trafica con droga. En nuestra sociedad monetaria que sólo evalúa aquello que puede contabilizarse en dinero y transarse en Bolsa, ese futbolista que apenas articula dos palabras, esa modelo con siliconas que prefiere hablar de la moda en zapatos que de Constitucionalismo, o ese narcotraficante cuyo negocio implica envenenar gente y además no pagar impuestos, ellos son triunfadores, mientras que el profesor es un pobre idiota que se quemó las pestañas durante años en la Universidad, y ahora aguanta a un regimiento de Zerglings indisciplinados en el salón de clases, todo eso por un salario de miseria.

Tampoco es que los padres ayuden mucho. Porque los padres son los primeros enfermos de exitismo, y se matan trabajando por obtener los mejores sueldos del mundo con los cuales compensar a sus hijos por la falta de atención. Siempre resulta más cómodo para muchos padres comprarle un juguete gordo al niño en Navidad, que prestarle atención en el día a día. De esta manera, los padres tampoco funcionan como muralla de contención frente al mundo de fantasía que se les inocula a los jóvenes a través de los medios de comunicación, en que la gente feliz de los comerciales son las chicas voluptuosas y los chicos carilindos que no trabajan. Es más, los padres devorados por el consumismo a menudo suelen ser prisioneros del mismo mundo de fantasía que sus hijos.

Y en el camino de toda esa avalancha están el ala de profesores que de verdad siente vocación por su trabajo y se esfuerza en meterles conocimientos, destrezas y habilidades a sus alumnos. Tarea desde el comienzo casi perdida. En verdad seguir haciendo ese trabajo, y hacerlo por vocación, es la versión secular y contemporánea del heroísmo de los grandes titanes históricos. Pero aún así, todo esto no es más que un montón de buenos propósitos educativos. Y de buenos propósitos está empedrado el camino hacia el infierno.

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