martes, 17 de septiembre de 2019

El desafío de los Masacroides (7) - "La masacre de Europa".

(Fuente).
A bordo de la Busty Siren, orbitando alrededor de Europa, el satélite de Júpiter, los artilleros comenzaron a disparar contra Goldhand City, el gran centro de operaciones desde el cual Criseido Goldhand controlaba su imperio económico. Los edificios fueron limpiamente atravesados por rayos láser de distinto tipo; en su interior, el personal era masacrado sin piedad. Se escuchaban gritos de agonía, partidos en dos por los lásers si no eran quemados íntegramente, o aplastados por las murallas que se venían abajo, o expulsados al espacio exterior, más allá del domo que retenía la atmósfera respirable. Demasiado apurados para apuntar sus disparos, éstos cayeron lo mismo sobre los edificios de las empresas de Goldhand, que sobre instalaciones civiles. En un hospital estaban a punto de administrarle la eutanasia a un enfermo de cáncer que le costaba demasiado al seguro médico, cuando un disparo volatilizó tanto al enfermo como a familiares y médicos alrededor. En un jardín infantil, niños en sus corralitos fueron volatilizados; de alguno que otro pudo recuperarse alguna quijada, o esternón, o timo, o pañal, al tiempo que las parvularias también eran desintegradas. En el cementerio, los disparos sembraron muertos entre los deudos, salvo por uno de ellos que le dio a un cadáver dentro de su ataúd, lo energizó, y con eso lo trajo a la vida, o a tanta vida como pueda tenerla un zombi, quien empezó a vagar alrededor, y pidiendo de manera muy educada que le suministraran un almuerzo de cerebros, puesto que en vida había sido un erudito de elegancia y modales refinados, y después de haber pasado muerto un par de días, se le había abierto el apetito.

El Capitán Blackheart había seleccionado a su fuerza de choque. Irían con él Cardigan, Yubumba y Equis el Corsario. De manera que se enfundaron sus trajes espaciales, y se subieron al minisub, que no navegaba por el agua, pero sí había sido un minisub en sus buenos días, hasta que había sido adquirido de rebajas, y adaptado para nave espacial de bolsillo, acoplada a la Busty Siren.

Por supuesto, las defensas antiaéreas de Goldhand City estaban respondiendo al fuego desde la órbita. Equis el Corsario, que tenía la mayor experiencia en pilotar naves, hacía maravillas esquivando los disparos. Mientras tanto, a bordo de la Busty Siren, Bísquez lanzó un comunicado:

– Señor, las naves de la base espacial Teresa Malcolm Gandhi están despegando. Nos estarán atacando en veinte minutos.

– ¿Han detectado en dónde podría encontrarse Goldhand?

– No, señor, pero hemos derribado a todas las naves que han intentado despegar. Goldhand no puede haber escapado, debe estar todavía en algún lugar de Goldhand City.

El minisub aterrizó en la Plaza Central de Goldhand City, inmediatamente por delante de una estatua de veinticuatro metros de altura, de oro sólido, que retrataba a Criseido Goldhand como un gallardo guerrero, Apolo mismo, dando muerte a la serpiente Pitón. Un solitario soldador, escondido tras su máscara, estaba tratando de arrancar los dedos de oro de la estatua, saqueador oportunista en medio del caos del bombardeo.

– Ahora sólo tenemos que descubrir en dónde está…

– ¡Ahí, Capitán!

En efecto, en la terraza del edificio principal de Empresas Goldhand, a unos veinte metros por encima de la superficie de la Plaza Central, podía verse una figura revestida en oro.

Nada más saberse del bombardeo, y comenzar los incendios, Criseido Goldhand había salido a la plaza para contemplar la devastación, y se había hecho traer su cítara de plata, para canturrear algunos versos sobre el incendio de Troya. Por supuesto, su conocimiento sobre el asunto venía de programas sobre alienígenas ancestrales emitidos por The Discovery History Channel, de manera que estaba convencido de que Troya había sido incendiada por un bombardeo desde la órbita por alienígenas ancestrales. Y mientras veía todo arder, le dijo a su secretario:

– Petronio… creo que voy a llorar… mi frasquito para lágrimas, por favor…

El Capitán Blackheart y los suyos avanzaron valientemente entre los cuerpos mutilados, destrozados, achicharrados, carbonizados, eviscerados, pisoteados, aplastados o desconectados. Uno de los guardias de Goldhand, tirado en el piso, con su mitad inferior inerte a unos seis o siete metros de distancia, levantó su mano. El Capitán Blackheart le disparó y le voló el maldito cerebro, por un malentendido en verdad, porque al mismo el guardia no intentaba dispararle en realidad, sino que le había levantado la mano empuñada y el dedo del medio a Goldhand en su terraza, a manera de último saludo.

Una vez dentro del edificio corporativo, los cuatro bravos atacantes se encontraron rodeados por un pelotón de guardias de Goldhand.

– ¡Tiren las armas! – gritó el que parecía comandar al grupo de guardias.

– Lo que sea que Goldhand les pague, se los doblo. Además… ¡Permiso para faltarle el respeto a los prisioneros, para todos!

Los guardias se miraron entre sí. Goldhand mantenía una política estricta de que los prisioneros no serían molestados. No porque le importara el asunto, en realidad, sino porque era mala publicidad, especialmente ahora que se había puesto de moda movimientos como #HumanToo y otros similares.

– ¡Guardias…! ¡Disparen! – gritó el oficial al mando. Y los guardias dispararon, pero no contra los atacantes, sino contra el propio oficial. Cuando éste cayó en tierra, uno de los guardias se le acercó. El oficial intentó decir algo, aunque no se le entendió demasiado entre un par de esputos de sangre, y el guardia le puso la bota encima y, aplastando, le torció el cuello y se lo rompió.

Luego, los guardias miraron al Capitán Blackheart.

– Si andan buscando al hijo de su madre… por allá.

– Gracias, gente.

– ¡Hey! – dijo el guardia. – ¿Qué hay… de…?

El Capitán Blackheart sonrió, se sacó un pequeño cargador de su cuello, y se lo arrojó al guardia.

– Es una cuenta bancaria de fideicomiso ciego en el Banco Central de Ceres-Vesta. La clave es 69-TUMADRE. Disfrútenlo.

Y mientras el cuarteto de masacroides ingresaba a un ascensor, el Capitán Blackheart sonrió torvamente, y dijo:

– No saben lo mucho que amo a una buena sociedad capitalista. Todo hombre tiene su precio.

– ¿69-TUMADRE? – preguntó Equis el Corsario. – ¿Qué clase de clave es ésa?

– Es la clase de claves que les pongo a las cuentas para que, si alguna vez me capturan y me la preguntan con alguna amable tortura, y en un momento de debilidad se las doy, piensen que los estoy insultando, y me sigan preguntando en vez de, ya sabes… ingresar 69-TUMADRE y sacar el dinero.

– Ingenioso – respondió Equis el Corsario.

Al llegar hasta el nivel en donde habían visto a Criseido Goldhand tocar la cítara de oro, la puerta se abrió. Detrás de ella descubrieron a cuatro chicas completamente doradas, hasta el punto que era difícil discernir si se trataba de guardaespaldas femeninas o de androides. Una de ellas tenía alguna clase de mancha lechosa encima, que el cuarteto de masacroides, al advertir, prefirieron no preguntarse por su composición química.

Las chicas dispararon hacia el ascensor. Los masacroides apenas consiguieron salir y ponerse a cubierto, para disparar a su vez. Las chicas, por su parte, también habían hecho lo propio.

Hasta que, de pronto, los masacroides se quedaron sin disparos.

Las chicas salieron de cubierto, apuntando. Una de ellas, la que parecía jefe del equipo, lanzó una carcajada satánica.

– ¡Así es que éste es el famoso Capitán Blackheart! Te creía más alto, pero por supuesto, las fotos en Instaplum siempre mienten…

Mientras tanto, desde el exterior, apareció la oronda figura de Criseido Goldhand. Este dejó a un lado su cítara de oro, de manera suave, casi amanerada.

– ¡Ah, el Capitán Blackheart! Veo que has caído en las garras de mi querida Piscis Gattire. ¿Sabes qué le hace mi querida Piscis Gattire, a gentuza como tú…?

– ¿Acaso espera que hable?

– ¡No, Capitán Blackheart! – soltó Goldhand, con mucha sorna. – ¡Yo espero que muera!

– Me preguntó cómo sabían que… – dijo el Capitán Blackheart, cuando de pronto vio aparecer, todavía poco más atrás, a Corvus. El Capitán Blackheart lo reconoció de inmediato como el subordinado de Schwarzmann.

– Te estás volviendo predecible, Capitán – dijo Corvus, con una sonrisa y un brillo en los ojos que llevaban consigo la marca del sadismo.

– Verás, la cuestión es que cuando supe que venías, me froté las manos – dijo Criseido Goldhand. – ¿Sabes lo que me ha hecho la perra ésa, la Reina Uhú-melalame…? ¡Me ha impuesto leyes de protección al trabajador! ¡Leyes de seguridad en el urbanismo y la construcción! ¡Elevando mis costos de producción! ¡Y además, para fiscalizar esas leyes, me ha elevado los impuestos! ¡A mí, que soy un emprendedor! ¡Que genero empleos! ¡Yo genero riqueza! ¡Y lo único que pido a cambio de mis nobles contribuciones a la sociedad, es que me permitan tratar a mis trabajadores como esclavos desechables y sin derechos, para de esa manera abaratar los costos, y seguir inundando al Sistema Solar con mis metales a bajo costo! El Sistema Solar necesita metales a bajo costo, Capitán, porque los metales se rompen rápido, porque si no los hiciéramos así, no nos comprarían más metales, nos iríamos a la quiebra, y claro, si nos vamos a la quiebra, ¿quién le proporcionaría metales al Sistema Solar? Resulta que, ahora que el precio del estroncio ha bajado, ha bajado la rentabilidad en Europa, de un treinta a apenas un dieciocho por ciento, ¡pero no podemos cerrar porque tenemos un convenio colectivo! ¿Se da cuenta de lo que eso le hará al valor de nuestras acciones en el mercado? ¡Perderemos millones!

– Dejarán de ganar millones, que es otra cosa, pero seguirán ganando. Menos, pero seguirán ganando. – respondió el Capitán Blackheart, inmutable ante la sórdida avaricia de Criseido Goldhand.

– ¡Es lo mismo! Si ganamos menos, ¿con qué financiaremos todos nuestros tratos sórdidos bajo la mesa, con los cuales estamos tratando de apoderarnos de la política para así impedir que los políticos nos impidan seguir ganando dinero y esclavizando a otros seres humanos? Así es que nunca más quiero escuchar que nos insulta de esa manera, Capitán, tratándonos de gañanes que debemos conformarnos con ganar menos. El caso es que su ataque ha caído de manera providencial. Todos los daños que han ocurrido en Goldhand City, los cargaremos a la cuenta del ataque. Incluidas las demoliciones que haremos, y las ejecuciones masivas de empleados para no pagarles indemnizaciones por despido…

– Cuando el Gobierno Unido de la Tierra se entere de todo esto…

– Oh, pero el Gobierno Unido de la Tierra ya lo sabe – dijo Criseido Goldhand. – De otra manera no habrían hecho todo lo que hicieron para impedírmelo. Pero ahora no pueden hacer nada, porque si me llevan a juicio, ¿cómo comprobarán todo esto? Incluso yo mismo podría verme sobrepasado por mis propios subordinados, siempre ellos con mucho celo por cumplir con su trabajo porque les pago bien… Pero basta de charla. Toda esta conversación… se perderá… como lágrimas en la lluvia, Capitán.

Piscis Gattire levantó su arma, pero cuando iba a disparar, otra de las chicas doradas la atacó por la espalda. Piscis Gattire emitió un bufido similar al de una gata en celo, y se dispuso a atacar. Las otras dos chicas doradas intentaron atacar, pero los cuatro masacroides se les abalanzaron encima.

De pronto, el Capitán Blackheart miró hacia las dos chicas doradas peleando, intercambiando golpes, chillando, aullando, gritándose “¡perra!”, “¡vagabunda!” y “¡callejera!” a la cara, gimiendo, sudando, resoplando, relamiéndose la sangre de las heridas en la comisura de los labios, y reconoció a una de ellas. Era Izzia.

Viendo esto, Criseido Goldhand retrocedió. El Capitán Blackheart disparó en su dirección, pero Corvus quedó en la línea de disparo, recibió varios disparos, y gritando de manera agónica, quedó inerte en el suelo, de manera muy apropiada, porque este personaje ya ha sobrepasado su utilidad. Con su capa ondeando melodramáticamente al viento, el Capitán Blackheart emprendió la persecución de Criseido Goldhand. Y nosotros con él, decimos: ¡Apúrense, Masacroides! ¡Esta pelea debe terminar antes del próximo episodio, o si no, cómo escribo lo que sucedió! ¡Hasta el próximo emocionante episodio, estimados lectores!

Próximo episodio: Contra el tiempo en Europa.


domingo, 15 de septiembre de 2019

¿Por qué se celebra la independencia de Chile en Septiembre y no en Febrero?

Celebración del "dieciocho" a mediados del siglo XIX. Si los miembros de la Junta de 1.810 levantaran la cabeza...
Se ha vuelto casi memético en los últimos años, que la independencia de Chile debería celebrarse en Febrero, y no en Septiembre. Por supuesto, las Fiestas Patrias en Chile son el 18 de Septiembre, hasta el punto que al feriado respectivo se lo llama "el dieciocho" a secas, y la gente se pregunta unos a otros: "¿Y qué vas a hacer para el dieciocho?", para inquirir en dónde se va a engullir asado y darse vuelta con alcohol. Todo en homenaje a la independencia de Chile, que fue en Septiembre... sólo que no. Porque la misma fue proclamada no el 18 de Septiembre de 1.810, sino el 12 de Febrero de 1.818. Lo que sucedió el 18 de Septiembre de 1.810 fue otra cosa: La proclamación de la llamada Primera Junta de Gobierno. Que en retrospectiva, fue el primer paso institucional hacia la independencia, eso sí. Entonces, ¿no debería celebrarse la independencia el día 12 de Febrero? Probablemente. Pero alguien cometió un error, "el dieciocho" caló en la conciencia popular, y... ¿o no fue un error? ¿Y si el tema fue manipulado para efectos de una determinada agenda política y social? Estimados lectores de la Guillermocracia, bienvenidos a la historia de cómo Chile llegó a celebrar sus Fiestas Patrias el 18 de Septiembre, en vez del 12 de Febrero... y quién se benefició con este cambiazo.

Partamos por recapitular los hechos históricos. A inicios del siglo XIX, Chile formaba parte del Imperio Español. Aunque por la infiltración de las ideas ilustradas, algunos criollos aspiraban a una mayor participación en el Gobierno, y los realmente calientes de cabeza, a la independencia plena. Pero más allá de cosas como la pintoresca Conspiración de los Tres Antonios de 1.781, que intentó proclamar la independencia con el apoyo de tres personajes llamados Antonio, más algún amigo aquí y allá, el caso es que nadie pensaba en hacer mucho al respecto. Hasta que la oportunidad se presentó en 1.808, por partida doble. Por un lado, en el contexto de las guerras del Imperio Napoleónico, Francia invadió a España, derrocó a los monarcas Borbones, e instaló a un monarca Bonaparte. Por el otro, el bienamado Gobernador Luis Muñoz de Guzmán falleció, y el nuevo titular, Francisco Antonio García Carrasco, resultó ser un militar torpe y con poco tacto para la política. Es decir, tanto el contexto nacional como internacional se prestaba para que los criollos empezaran a hacer olas. A partir de 1.809, empezó en Latinoamérica el llamado movimiento juntista, es decir, crear juntas de gobierno para reemplazar de manera provisoria a la monarquía, y los criollos de Chile empezaron a pensar también en su propia junta de Gobierno.

Repasemos ahora un poco lo que podemos llamar la teoría constitucional de la época. Desde la época del erudito visigodo Isidoro de Sevilla, en el siglo VII, se había impuesto la idea de que Dios entrega el poder al pueblo, y éste delega a su vez en el rey, incluyendo a sus herederos, por supuesto, que el asunto es dinástico, a fin de cuentas. Esta teoría que podríamos calificar de contractualista, entre un pueblo que acepta obedecer a un rey, y un rey que acepta gobernar bien, fue resentida por los reyes hispánicos, porque los hacía sentirse coartados en su poder, por supuesto. Pero aunque arrinconada, esta teoría nunca fue realmente olvidada. Y de pronto, resultó de lo más útil resucitarla a propósito del cautiverio de Fernando VII. Porque si el legítimo rey estaba cautivo y por tanto no podía ejercer como rey, entonces el pueblo recuperaba su soberanía. ¿Y cómo iba a manifestar su soberanía? A través de juntas de gobierno. Lo interesante del caso, y lo que queremos destacar con esta exposición, es que una tesis de este calibre sirve tanto para la independencia en caso de no haber rey, como para una posición más moderada en que la junta se limite a conservar el poder, a la espera del regreso del rey. Dicho más en breve: La teoría política de la época, la de honda raigambre hispánica por lo menos, no conducía de manera inexorable a la independencia.

La proclamación de la independencia de Chile en 1.818, en un óleo de Pedro Subercaseaux. Esto fue, lo machacaremos como martillo acá, un 12 de Febrero y no un 18 de Septiembre.
La historiografía chilena clásica describe los eventos sucesivos, más o menos de la siguiente manera. García Carrasco se hizo cada vez más impopular, hasta el punto que renunció. Siguiendo las reglas de vacancia en el cargo, asumió como Gobernador un venerable mercader de 83 años, llamado Mateo de Toro Zambrano. Este recibió presiones desde todos lados para crear una junta de gobierno, o para no crearla, porque había patriotas y realistas arañándose como gatos presos en una bolsa. Al último, Toro Zambrano llamó a un cabildo abierto, a celebrarse en Santiago, el día 18 de Septiembre de 1.810. En dicho cabildo abierto, renunció extendiendo su báculo con las palabras: "Disponed de él, y del mando". Se debatió entonces sobre cómo se gobernaría Chile, mientras el rey Fernando VII de España, tenido como legítimo, siguiera prisionero de los franceses. El procurador y connotado vecino llamado José Miguel Infante defendió la tesis de que el poder regresaba al pueblo, lo que decíamos más arriba, y por tanto, éste podía crear una junta. Infante se basó para ello en un pasaje de las Siete Partidas, el código legal implementado por Alfonso X de Castilla en el siglo XIII, aunque claro, abogado mañoso como era, omitió mencionar que dichas reglas se aplicaban a la regencia de un rey que fuera menor de edad, no a cuando hubiera un rey legítimo y mayor de edad, que estuviera impedido de gobernar. El caso es que los notables de Santiago gritaron: "¡Junta queremos!". Y se nombró una junta de Gobierno.

Abreviando mucho el relato, este 18 de Septiembre de 1.810 comenzó la llamada Patria Vieja, que duró hasta la Batalla de Rancagua, librada entre el 1 y el 2 de Octubre de 1.814. La misma se saldó con un triunfo de las fuerzas realistas, que capturaron Santiago y dieron inicio a la Reconquista. El movimiento juntista resultó, por tanto, un sonado fracaso. Pero en Mendoza, el Gobernador de Cuyo, José de San Martín, preparó el llamado Ejército Libertador, que cruzó la Cordillera de los Andes en 1.817. Realistas y patriotas se enfrentaron en la Batalla de Chacabuco, el 12 de Febrero de 1.817; los patriotas triunfaron sobre los realistas, y acabaron con el dominio español en Chile, el cual ya no fue restaurado después. El nuevo gobierno fue encabezado por un Director Supremo, y Bernardo O'Higgins ocupó el cargo, designado más o menos a dedo. O'Higgins era conocido desde la Patria Vieja por su compromiso con la independencia. Este O'Higgins fue quien, en Concepción, el 12 de Febrero de 1.818, en el primer aniversario de la Batalla de Chacabuco, firmó la Declaración de Independencia.

Si han seguido el relato anterior con atención, habrán pillado un detalle muy raro. Aunque Santiago era oficialmente la capital de Chile, O'Higgins firmó la Declaración de Independencia en Concepción. O'Higgins no tenía impedimento para volver a Santiago y firmar la declaración allá... pero no lo hizo. Es bastante sospechoso, hasta que uno se encuentra con interpretaciones históricas, sostenidas por gentes como Armando Cartes Montory en Chile y Simon Collier en Estados Unidos, que han traído al centro y al frente, un elemento que la Historiografía clásica tendía a soslayar: El papel de Concepción en la independencia, y en la estructuración institucional posterior de la República. Y a poco que uno comience a echarle un vistazo a esto, todo el asunto de las fechas respecto de los festejos de la independencia adquiere un sentido bastante diferente al que se ha tratado de vender en forma tradicional... y comienzan a emerger los intereses creados, miren ustedes.

Bernardo O'Higgins, quien proclamó la independencia de Chile, en un óleo de más o menos esas fechas. Patillas como ésas, no volverían a verse sino hasta la década de 1.970...
En 1.810, Chile era un país eminentemente rural. Existían ciudades, es cierto, y durante el siglo XVIII se habían fundado unas cuantas más, además de las que ya existían. Pero éstas no pasaban de ser villorrios glorificados, que funcionaban apenas como mercados agropecuarios locales, y poco más. Las ciudades de verdadero lustre y relevancia en Chile, en tanto pudiera llamárselas como ciudades, eran apenas dos: Santiago y Concepción. Históricamente, Santiago había sido la capital, fundada por Pedro de Valdivia en 1.541, el 12 de Febrero de ese año por coincidencia. Por ende, Santiago era la base operativa desde la que actuaban las élites que controlaban al país. Sin embargo, al sur estaba Concepción, cuya importancia estaba ligada a su rol como principal centro en mantener a raya a los mapuches, que seguían revolviéndose al sur del río Biobío. En su condición de centro de poder enclavado tierra adentro, Santiago era una ciudad señorial, conservadora, reacia al cambio, y por tanto, los miembros de su élite manifestaban el mismo carácter. En cambio Concepción, como centro militar, control del comercio en la Frontera entre mapuches y criollos, y puerto además, tenía una vocación más liberal e internacional. Ni qué decir, las diferencias de carácter entre ambas ciudades significaba que éstas estaban destinadas a no entenderse.

Abreviando mucho, ambas ciudades tenían perspectivas diferentes frente a los eventos desatados en 1.808. Las élites de ambas ciudades estaban de acuerdo en desear cambios institucionales que les dieran mayor poder. La cuestión era cuánto. La élite de Santiago se sentía a gusto dentro del Imperio Español, porque si bien estaban subordinados a un país ubicado al otro lado del Atlántico, dentro del propio contexto chileno eran la cabeza, y que nadie les tosiera; Santiago tendía entonces hacia una postura más reformista, pero sin llegar necesariamente a la independencia. Concepción, en cambio, resentía no sólo la sujección al Imperio Español, sino también la hegemonía de Santiago; la élite de dicha ciudad, por tanto, era mucho más proclive a la independencia. Y no sólo esto. Fuera que los criollos siguieran el camino reformista o independentista, las élites de Santiago favorecían un nuevo régimen más bien autoritario, con ellos mismos ejerciendo autoridad, claro, que los regímenes autoritarios no son divertidos cuando la autoridad es otro, mientras que las élites de Concepción favorecían un régimen más democrático, e incluso de corte federal. Por supuesto, esto no era una divisoria tajante: Había exaltados independentistas en Santiago, y moderados e incluso realistas en Concepción. Al decir que Santiago era más reformista y Concepción más independentista, hablamos de tendencias, no de absolutos, como es un poco aquí, allá y en todas partes.

Dentro de este contexto, resulta claro que durante la independencia de Chile, los patriotas no actuaron como un bloque unido contra los realistas, sino que se pelearon amargamente entre sí. A partir del 18 de Septiembre de 1.810, la institucionalidad chilena completa empezó a cambiar. Los realistas no querían cambios, por supuesto, pero ellos quedaron fuera de juego después del fiasco del Motín de Figueroa en 1.811; a partir de entonces la cuestión no fue si habría cambios, sino cuáles y en qué medida. Las élites de Santiago estaban interesadas en una institucionalidad que les entregara el predominio, alegando que tenían mayor población. Las élites de Concepción, en cambio, defendían un sistema que hoy en día llamaríamos más regionalista o federalista. Conflicto éste, centralismo versus regionalismo, que ha sido una constante en la Historia de Chile hasta el día de hoy. El caso es que la Junta de Gobierno del 18 de Septiembre de 1.810 fue proclamada por un cabildo abierto integrado por notables de Santiago, y aunque el resto del país la aceptó, aún así, para darle mayor legitimidad al nuevo régimen, la cambiaron a un Congreso Nacional... que luego de algunos meses fue desconocido por Concepción debido a la prepotencia de los santiaguinos, nombrando entonces Concepción su propia Junta Provincial, todo ello en 1.811, sólo para ser aplastada ésta por la dictadura de José Miguel Carrera, que empezó en 1.812.

Forjadores de la Patria: José Miguel Carrera el dictador egocéntrico, Bernardo O'Higgins el tipo que impuso ideas liberales gobernando como un déspota, José de San Martín el monárquico (¡en serio!) y Diego Portales el arquitecto de la hegemonía de las élites santiaguinas sobre todo el resto. Notan que Portales llegó cuando los otros tres ya le tenían servido el guiso de la independencia, ¿verdad?
Al último, este pulso entre Santiago y Concepción fue ganado por el primero, por una sencilla razón: Las fuerzas realistas tendían a desembarcar ahí para reclutar hombres y marchar sobre Santiago, y por ello, los alrededores de Concepción fue el territorio chileno más devastado por la guerra. Aún así, Concepción no dio fácilmente su brazo a torcer, frente a la supremacía de Santiago. En la década de 1.820, hubo dos expediciones militares que partieron desde Concepción para dar sendos golpes de estado en Santiago. Una fue en 1.823: Buscaba derrocar a Bernardo O'Higgins, que era Director Supremo como ya dijimos, pero la sangre no llegó al río porque O'Higgins renunció antes. Hubo otra en 1.829, que buscaba defender el gobierno liberal y constitucional que se había designado de acuerdo a la Constitución de 1.828, frente a las élites conservadoras de Santiago que desconocieron dicha Constitución cuando los mecanismos de ésta hicieron que el poder político se les escapara de las manos; esta expedición acabó en la derrota liberal, en la Batalla de Lircay, y el triunfo de los conservadores. Por cierto, la gran eminencia gris de los conservadores en 1.829, era Diego Portales, de quien ya hablaremos.

En este contexto, ya es posible hacerse una idea acerca de cuál era y es el valor simbólico de las fechas. El 18 de Septiembre de 1.810 es una fecha simbólica para las élites conservadoras de Santiago. Es la fecha en que dichas élites arrebataron el gobierno al sistema colonial, lo tomaron en sus manos, y empezaron a imponerlo sobre las provincias; la llamada Patria Vieja, que mencionábamos, y que colapsó en el desastre militar de 1.814. El 12 de Febrero de 1.818, la independencia definitiva, en cambio, es una fecha más simbólica para las élites liberales de Concepción, con un proyecto de país mucho más democrático. Por supuesto, Bernardo O'Higgins, quien proclamó la independencia en 1.818, era un terrateniente cuyas tierras estaban en los alrededores de Chillán, lo que lo ubica en la órbita de Concepción, y por tanto, hace mucho sentido que O'Higgins haya firmado la independencia de Chile en Concepción y no en Santiago. Es toda una ironía, por lo tanto, que O'Higgins haya renunciado casi cinco años después, porque un ejército de Concepción marchaba para derrocarlo, enojados los liberales porque O'Higgins, aunque había llevado a cabo una política liberal, en sus métodos era tan autoritario como el mejor de los conservadores.

Los años entre 1.823 y 1.829, son considerados de manera distinta a según el historiador. Los historiadores clásicos lo llamaron "Anarquía" y "Caudillismo", y lo equipararon al caos. Historiadores más recientes prefieren hablar de ensayos de organización nacional. Por supuesto, el grupo más poderoso de Chile eran las élites de Santiago, y éstas eran conservadoras hasta la médula, ávidas de defender su propia base de poder. Nada de raro entonces que los conservadores favorecieran un sistema político autoritario. Diego Portales, a quien ya mencionábamos, no simpatizaba con los conservadores, pero se instauró como su eminencia gris y los articuló porque detestaba a los liberales todavía más. Luego de la Batalla de Lircay en 1.829, que marcó la derrota del primer proyecto liberal chileno, empezó a reordenar la institucionalidad chilena. El resultado fue el sistema crecido alrededor de la Constitución de 1.833, de un carácter tan autoritario, que no pocas veces fue acusado de ser una recreación del gobierno monárquico de los tiempos, sólo que con un Presidente de la República en vez de un rey, y sin la sujección a España; esto es una exageración, por supuesto, pero no por ello, esto deja de tener algunos visos de realidad.

Una chingana a mediados del siglo XIX, en el libro de Claudio Gay, retratando a los parroquianos que celebran la independencia vía remojar el gaznate.
Veamos qué pasaba ahora con las fiestas. La primera fiesta "del dieciocho" fue el 18 de Septiembre de 1.811, es decir, en el primer aniversario de la Junta de Gobierno; en años sucesivos, la fiesta fue creciendo cada vez más, probablemente ayudado porque por la temporada, inicios de la primavera en Chile, se entrelazó con las fiestas tradicionales para celebrar dicha estación. Pero a partir del gobierno de Bernardo O'Higgins, quien había proclamado la independencia, empezó a celebrarse también, en paralelo, el 12 de Febrero, el aniversario de dicha proclamación. Años después, el régimen portaliano estaba conteste con celebrar el 18 de Septiembre, por razones obvias; era el 12 de Febrero, la fiesta que se le espinaba a los conservadores. Por supuesto, no era llegar y suprimir la fiesta, porque ya se sabe lo mucho que disgusta a la gente que le quiten feriados. Pero el 12 de Febrero estaba en la mira.

Aprovechando que el régimen portaliano se hizo cada vez más autoritario, persecuciones políticas y cárcel incluidos, en 1.837 se dictó un decreto que suprimió dos fiestas. Una fue el 12 de Febrero, por supuesto. La otra fiesta suprimida fue el 5 de Abril, el aniversario de la Batalla de Maipú, librada en dicho día de 1.818. Tal efeméride tenía una doble significación: Nacionalista por un lado, porque fue la batalla que detuvo el último gran intento de invasión español contra Chile, pero por el otro, ésta fue aprovechada por el gobierno de Bernardo O'Higgins, por lo que tenía un regusto liberal que no le gustaba a los portalianos. La suerte ayudó al régimen, porque en esos años se libraba la Guerra Contra la Confederación Perú-Boliviana, la cual acabó con una victoria definitiva chilena en la Batalla de Yungay, el 20 de Enero de 1.839. Para que la gente olvidara el 12 de Febrero, y estando más o menos próximos esa fecha y el 20 de Enero, dicho 20 de Enero fue consagrado como nueva fiesta, y se invirtió dinero para convertir la misma en festejos públicos masivos, y así calara en la población. De este modo, el valor simbólico del 5 de Abril, de "Chile libre contra la opresión extranjera", fue transferido desde la Batalla de Chacabuco y la Declaración de Independencia, contra España, a la Batalla de Yungay, contra la alianza de Perú y Bolivia. Resulta interesante observar que a mediados del siglo XIX, el fervor por el recuerdo de Yungay se había desvanecido, y sólo vino a regresar en tiempos de la Guerra del Pacífico, según argumenta el historiador Gabriel Cid.

Además, la exaltación del rol jugado por la Junta de Gobierno de Santiago en 1.810, servía para otro propósito discursivo. Un aspecto basal del régimen portaliano, es la simbiosis entre autoritarismo y nacionalismo. Es decir, se buscaba presentar a Chile como una sola nación, estructurada y regida bajo una sola autoridad. Y como decíamos más arriba, el propósito confeso de la Junta de Gobierno era menos promover la independencia, que simplemente salvaguardar el poder del monarca Fernando VII, en el discurso por lo menos. Es decir, era un buen ejemplo de obediencia a la autoridad: Antaño, los buenos ciudadanos de 1.810 no se habían sublevado en contra del monarca, sino que sólo habían tomado una medida extraordinaria y desesperada para gobernarse mientras dicho monarca no podía gobernar, a diferencia de esos exaltados de Concepción, sin respeto por la autoridad, que además querían romper la nación chilena en dos. Celebrar el 18 de Septiembre implicaba entonces celebrar un cierto espíritu conservador y de continuidad, la idea de que rebelarse contra la autoridad es malo, y que los buenos ciudadanos deben someterse de manera activa e incondicional a la misma.

¿Alguien se cree que así, espontáneo, al unísono, en el cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1.810, empezaron a gritar "¡Junta queremos!" sin estar coludidos de antemano...?
Por supuesto, esto requería una última voltereta intelectual. Como decíamos, la Junta de Gobierno pretextaba que pretendía conservar el poder de Fernando VII, no sublevarse en su contra. Es decir, es el gesto independentista menos independentista que podía haberse elegido. ¿Cómo compaginar esto con el nacionalismo del régimen portaliano? Simple: Arreglaron esto con una cabriola en plan yosiempre: El 18 de Septiembre vale, argumentaron, porque aunque no fue la independencia, sí que comenzó el camino a la misma. Lo que no tiene mucho sentido, si se recuerda lo que decíamos más arriba, que la Patria Vieja iniciada el 18 de Septiembre de 1.810 al último llegó a la nada. Pero a los conservadores, esta justificación les sirvió para salvar la cara: Eran nacionalistas, y el nacionalismo era bueno, pero eso porque los españoles no les habían dejado otra opción después. Lo artificioso de esto queda bien de relieve cuando se considera que Infante, al justificar la Junta de Gobierno en ese mismo cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1.810, lo decíamos más arriba, no recurriera a los franceses de la Ilustración, o a tipos como Locke, o a la Constitución de Estados Unidos, sino, a las Siete Partidas, es decir, a un texto legal que en esas fechas tenía más de medio milenio de antigüedad, y sobre todo... era español, y claro, siendo español medieval, la idea de independencia y autodeterminación de los pueblos en ella, tiende a brillar por su ausencia.

Una última nota adicional. Otra circunstancia extraordinaria, una coincidencia casi cósmica, ayudó sobremanera a la agenda conservadora por eclipsar el 12 de Febrero. Decíamos que la independencia fue declarada el 12 de Febrero de 1.818, por ser el primer aniversario de la Batalla de Chacabuco. A su vez, ésta fue librada por coincidencia, el mismo día del aniversario de la fundación de Santiago de Chile por Pedro de Valdivia, el 12 de Febrero de 1.541. De esta manera, cuando se ha venido a ensalzar el 12 de Febrero en el discurso conservador, ha sido recordando la fundación de Santiago de Chile, y con ello, exaltando el viejo fetiche conservador chileno que podemos llamar "las raíces hispánicas de Chile". ¿Contradictorio con el nacionalismo? No, si se piensa que para uno de los ingredientes fundamentales del conservadurismo chileno es el Catolicismo, y el agradecimiento con los españoles que lo trajeron. Claro está, el Ejército Libertador no planificó librar la Batalla de Chacabuco justo el día de la fundación de Santiago, porque las batallas se dan así como marche la guerra, y el Ejército Libertador cruzó los Andes para dejarse caer sobre Santiago en Febrero porque es más fácil cruzar una cordillera en verano que en invierno. Se dio así, y esa coincidencia sirve para montar una efeméride conservadora que oponer frente a la liberal, para ese 12 de Febrero.

Hoy en día existe una razón adicional para privilegiar "el dieciocho" sobre Febrero, y es que es mejor tener unos días de asueto en Septiembre, pausa del trabajo, que en Febrero, en donde todo el mundo está en vacaciones de verano. Pero más allá de eso, queda claro que el entusiasmo por "el dieciocho" y el eclipse del 12 de Febrero como efeméride nacional, no fue algo ciento por ciento espontáneo en la conciencia nacional, sino que fue impuesto, o al menos empujado, por decisiones tomadas desde un régimen autoritario y nacionalista, para crear una tradición nacional unitaria que justificara el predominio de unas élites en particular, las de Santiago, sobre el resto de Chile. Lo que nos mueve a recordar que debemos visitar la Historia una y otra vez, porque como reflexionábamos a propósito de los griegos, no siempre podemos estar por completo seguros de lo que sabemos sobre el pasado, lo que se extiende al presente si se piensa que el primero configura el segundo. Y "sabemos sobre el pasado" no sólo incluye los datos brutos, sino también la interpretación, valoración e incluso las construcciones intelectuales que se han hecho alrededor del mismo, y que muchas veces damos por más hechas de lo que deberíamos.

Celebración del Bicentenario de Chile, en Santiago, el 18 de Septiembre de 1.810. Mussoliniano, si me preguntan.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Los años de Chile (11) - Una sociedad cada vez más chilena.

Campesinos chilenos a inicios del siglo XIX. Considerando el conservadurismo chileno, es probable que los del siglo XVII se hayan visto más o menos lo mismo. Y los del XX también, porque... Chile.
Salvo la invasión mapuche de 1.654 y años sucesivos, Chile en cuanto colonia del Imperio Español no sufrió ningún riesgo serio de ser vaporizada en el aire. Esto significa que, conforme transcurría el siglo XVII, la Capitanía General de Chile había alcanzado una cierta estabilidad. Lo que se reflejaba en una vida colonial tranquila, incluso soñolienta. Comentábamos algunos posteos más atrás, que Chile se encontraba a trasmano de todas las grandes rutas comerciales de Latinoamérica y la entonces incipiente economía de la Globalización. Por tanto, la economía chilena era pequeña, muy pequeña. La minería experimentó un eclipse en el siglo XVII, y no existía una industria digna de tal nombre. Lo único que el territorio tenía para aportar al comercio internacional, eran productos agropecuarios. Entre éstos, los cultivos eran para el mercado interno, ya que el resto de Latinoamérica cultivaba sus propios vegetales, para crecer fuertes y sanos, suponemos. Al comercio internacional, Chile aportaba tanto ganado como productos procesados a partir del ganado, y tratándose del mundo vegetal, cuerdas, una gran cantidad de cuerdas.

La ganadería en el siglo XVII, ya lo decíamos, experimentó una edad de oro. A mediados de la centuria, la producción de plata en Potosí, aunque venía cayendo desde el siglo XVI, seguía siendo muy rentable. Y claro, quien dice minería, dice demanda de cantidades ingentes de mulas para el acarreo tanto de la misma plata, como de los aparejos y víveres necesarios para su explotación; muchas de las mulas, eran exportadas desde Chile. También se exportaban otros productos derivados de los animales, y necesarios en el Virreinato del Perú enfrascado en explotar Potosí: Cueros, aparejos, monturas, etcétera. Aprovechando el tiro, también se exportaba sebo, usado en la fabricación de velas. Lo ya dicho, durante la mayor parte del siglo XVII, aparte de la agricultura, Chile fue esencialmente un país ganadero.

Habiendo muchas tierras disponibles, la técnica ganadera era más bien tosca. Se marcaba a los animales y se los dejaba sueltos por ahí, a que se alimentaran por sí mismos. Ayudados porque, aparte de los pumas y alguna especie de zorro, en Chile no existían realmente depredadores de gran tamaño que amenazaran al ganado. Escriben Villalobos y Estellé, en Historia de Chile, texto que hemos citado en entregas precedentes de esta serie de posteos: "Este tipo de ganadería [...] dio lugar a la formación de vacunos fuertes, de gruesas pezuñas y de piel dura y resistente, aunque magros y malos productores de leche y carne". Llegado el otoño, partían los huasos en sus monturas a la montaña, para arrear el ganado de vuelta y meterlos en los rodeos, para matarlos y faenarlos. En esta gran matanza, del animal se aprovechaba todo: La carne que no podía comerse de inmediato, o sea, la mayoría, se convertía en embutidos, o se secaba convirtiéndola en charqui, o se salaba o se ahumaba, para conservarla durante el invierno. Algunos animales, más hembras que machos, se dejaban para reproducción, por supuesto. Luego, llegada la primavera siguiente, se volvía a soltar los animales, y vuelta a empezar.

En estos usos y costumbres comenzará a forjarse la tradición folclórica chilena. El huaso, es decir, el jinete chileno, se transformará en el gran prototipo de la chilenidad. En una visión un tanto romántica del personaje, el huaso es un hombre afecto a su tierra, la cultiva con amor, y faena su ganado también con amor, aunque los animales podrían discrepar de esto último, por supuesto. La diversión del huaso es bajar al pueblo para bailar en las chinganas o ramadas, llamadas así porque su tejado solían ser ramas colocadas sobre palos que la sostenían a manera de vigas. Allí se encontraban con las chinas, las damas campesinas. En una visión un poco menos romántica de las cosas, de ahí viene la cultura tradicional chilena del huacho, el bastardo con madre conocida y padre desconocido, que será propia de los usos más patriarcales y católicos chilenos; el propio Bernardo O'Higgins, el Padre de la Patria, partirá sus días siendo conocido como el Huacho Riquelme...

Un huaso chileno a mediados del siglo XIX. Una constante aquí: Casi todas las representaciones arrancan, a lo sumo, desde el siglo XVIII, porque en el Chile del siglo XVII no habían artistas nativos ni viajeros que retrataran a la gente...
Como suele suceder en todas las tradiciones folclóricas, los orígenes de la misma suelen ser un tanto nebulosos, debido a que sus primeros rastros se conservan en la tradición oral, o en crónicas no siempre exactas o preocupadas del tema. En general, tiende a asumirse que un grueso de la vestimenta, costumbres y mentalidad del huaso chileno, son importaciones de tradiciones similares existentes en la región de Andalucía, en España, aunque por supuesto, la distancia geográfica y los años transcurridos han terminado por provocar una divergencia, hasta el punto que el baturro andaluz y el huaso chileno probablemente no se reconocerían el uno al otro en la actualidad. Claro está, es una posición mayoritaria, pero de ninguna manera unánime, y en esta materia, como en tantas otras, hay estudiosos del folclor chileno para todas las teorías posibles.

Aunque estamos adelantando eventos, no creo que resulte superflua una aclaración. Aunque el huaso y las tradiciones campesinas conforman lo que podríamos llamar el núcleo duro de la chilenidad, también existen otros tipos humanos que se alzan frente a éste: el tratante de llamas del Norte Grande, el pirquinero del Norte Chico, el mapuche de la Araucanía, el pescador maulino o el chilote, el ovejero de Tierra del Fuego, y un bastante largo etcétera. En general, la tradición campesina de la Zona Central tiende a asociarse con una cultura autoritaria y patriarcal, y no es raro que haya sido promovida todo lo que se pudo durante el Pinochetismo; las restantes tradiciones, en cambio, más locales, provincianas y periféricas, tienden a reflejar también una mentalidad algo más democrática e inclusiva, como respuesta y desafío al eterno centralismo de Santiago de Chile, aunque claro, esto de democrático e inclusivo son ideales pegados encima en tiempos contemporáneos, porque ya lo sabemos, el folclor es mitad tradición, y mitad revisión un tanto romántica del pasado.

Por cierto, ya que estamos en el tema. A finales del siglo XVII, la homogeneización racial de Chile era un hecho prácticamente consumado. Casi todos los indios entre los alrededores de Copiapó y la Frontera, habían desaparecido, y sus idiomas nativos simplemente ya no se hablaban; el grueso de la población ahora era mestiza, ya no indígena. Esto, con la infusión de sangre negra procedente de la escasa, pero no inexistente, importación de esclavos africanos que venían por Panamá y Lima, en parte para deshacerse del exceso de esclavos negros en Perú. Al respecto resulta interesante lo que escriben Villalobos y Estellé en Historia de Chile: "La gente estimaba que los negros eran más trabajadores, inteligentes y responsables y por esta razón comúnmente se les entregaban tareas de alguna responsabilidad como mayordomos, capataces, bodegueros o tenedores de llaves". Sí, señores, aunque Chile siempre ha tenido su vena de racismo y xenofobia, parece ser que la misma no siempre alcanzó los extremos que es posible ver en la actualidad.

La escasa demanda de productos agrícolas, sumado a la concentración de la producción en ciertos ítemes relacionados con la ganadería, hicieron más bien poco por expandir la colonización de la tierra. Muchos terrenos eran en realidad baldíos, pertenecientes a alguien por mercedes y privilegios, pero que nadie se interesaba por explotarlos. La propiedad de la tierra estaba concentrada en unas pocas haciendas que en el fondo eran latifundios, lo que posibilitaba la creación de una estructura absolutamente jerárquica, con patrones que mandaban y peones que obedecían. En la práctica, cada hacienda era un mundo propio y autosuficiente; era muy infrecuente que los habitantes de la misma se aventuraran más allá en cualquier minuto de su vida. La creación del ejército permanente, a comienzos del siglo XVII, aceleró este proceso, ya que liberados del servicio militar personal, ni los dueños de haciendas ni sus trabajadores debían salir de las mismas para la guerra. Un efecto colateral del fortalecimiento de la hacienda como unidad económica, fue la mengua de las encomiendas, enfocadas no en la tierra sino en el trabajo personal de los encomendados para los encomenderos; cuando las mismas fueron abolidas a finales del siglo XVIII, nadie las lloró demasiado.

El rodeo, deporte chileno descendiente de la actividad ganadera colonial, hoy en día bajo intenso fuego, como crueldad innecesaria con los animales.
Todo lo anterior se veía intensificado por la autarquía económica de las haciendas. Cada una de ellas producía lo necesario para alimentar sin problemas a su propia población, y en abundancia, tanto en lo relativo a la carne como los vegetales. Lo que sobrara de la producción agropecuaria, era destinado a la exportación, si los precios allá afuera lo justificaban; a veces, eventos puntuales estimulaban la exportación, y por tanto, creaban escasez de abastecimiento al interior de Chile, pero siempre podía contarse con la autoridad para tomar medidas extraordinarias que sirvieran de remedio. Además de alimentos, cada hacienda producía su propia artesanía en mimbres, greda, etcétera, haciendo innecesaria la adquisición de muebles, adminículos de cocina, etcétera. Aparte de algunas herramientas agrícolas como arados, que venían de España, las únicas importaciones de relevancia que ingresaban a las haciendas eran la hierba mate, que era la gran bebida nacional a falta de té o café, que aún tardarían su tiempo en ingresar a Chile, y también el azúcar y el tabaco. Lo que éstos tenían en común con la hierba mate, es que no se podían producir en Chile, o no se producían en cantidades significativas, a lo menos, debido en lo principal a razones de clima.

El grueso de los habitantes de las haciendas no tenían ni el más remoto vestigio de lo que podríamos llamar una conciencia de chilenidad; en términos de mentalidad, estos personajes se adscribían en primer y único lugar, a la hacienda que les había visto nacer, crecer y acabaría por verles morir. Un viaje más allá del pueblo, a quizás diez kilómetros de distancia, ya contaba como un desplazamiento mayor, y sólo los dueños de las haciendas los emprendían, si debían tratar asuntos relacionados con sus privilegios o exportaciones. Una consecuencia de esto es que durante las grandes conflagraciones del siglo XIX, particularmente durante la Guerra del Pacífico, los campesinos se mostrarían muy reacios a reclutarse e ir a combatir al frente, lo que redundó en prácticas como el enganche o reclutamiento forzoso por parte de agentes del Gobierno enviados a los campos para literalmente agarrar gente. Esta mentalidad localista y de autosuficiencia se perpetuó incluso mucho después de la independencia, a lo largo de todo el siglo XIX; sólo a mediados del siglo XX, con la irrupción de modernas técnicas de comunicación como la radio primero y la televisión después, vino a trizarse, y en última instancia, más o menos romperse.

En términos jurídicos, los hacendados dueños de la tierra sólo explotaban de manera directa los terrenos más cercanos a la casa patronal. Los más alejados, en cambio, se la entregaban en inquilinato (arriendo de un inmueble) a campesinos que pasaban a ser inquilinos, limitándose a cobrar el arriendo. Dicho monto solía ser bajo, incluso simbólico, y estaba destinado más bien a marcar señorío; en realidad no había peligro de que el inquilino ascendiera desde la mera subsistencia, se enriqueciera e hiciera sombra a su patrón, simplemente porque las tierras más lejanas eran también, por supuesto, las más pobres. Además, parte del contrato incluía servicios personales: El inquilino debía trabajar de manera directa para la hacienda durante el rodeo, la cosecha y la trilla. Así, en la práctica este sistema era la exportación del modelo feudal desarrollado en España durante la Edad Media, y que en Chile seguiría vigente hasta la reforma agraria en la segunda mitad del siglo XX.

Aunque hacia 1.800 existían entre Santiago y Concepción unos 500 predios que superaban las 1.000 hectáreas, no toda la tierra estaba repartida en latifundios. Colándose entre los resquicios de la propiedad rural, existían parcelas pequeñas o chacras, que servían en su mayor parte para la mera subsistencia y poco más. Se trataba de mercedes de tierra de poca entidad, o concesiones de tierras municipales a ciertos peones por tal o cual mérito, o subdivisiones de propiedades más grandes, o simplemente, la ocupación pura y dura de territorios incultos. Las chacras tendieron a existir alrededor de las ciudades, en donde disponían de un mercado en donde vender su producción modesta, y en donde también tenían una cierta, aunque muy precaria, protección de la ley respecto de la rapacidad y abusos de los hacendados.

Juan Verdejo, legendario personaje del también legendario dibujante Coke (hacia 1.935). Juan Verdejo es la plasmación del Roto Chileno como arquetipo, y fue usado por Coke para satirizar la realidad política del siglo XX, desde el punto de vista de los sumergidos o excluidos del sistema político y social.
Por supuesto, la concentración de la tierra incidía en el poco interés de los hacendados por explotarla toda, lo que generaba masas de desamparados sin tierras, que tampoco podían buscarse su fortuna en la Frontera, por la presencia del siempre vigilante mapuche. Estos personajes eran desarraigados obligados a una existencia errante, viviendo de lo que pudieran y siempre en el día a día, reclutándose de manera ocasional como peones aquí o allá, en donde hiciera falta. He aquí el origen del famoso roto chileno. En su Historia de Chile 1808-1994, texto que también hemos citado en entregas anteriores de esta serie de posteos, escriben Collier y Sater: "Así nació otro estereotipo chileno: el roto ha llegado a ser visto (e idealizado) con el tiempo como la supuesta encarnación de ciertos rasgos perennes del carácter chileno (jovialidad, poca previsión, un fuerte instinto para el juego, una habilidad casi milagrosa para improvisar)".

Por supuesto, esta precariedad en la que vivía el incipiente roto chileno, que no siempre podía emplearse en algún lugar, abría las puertas para ocupaciones menos nobles. El bandidaje, dicho de manera cruda y llana. Dicho bandidaje fue, de hecho, una de las grandes plagas del Chile colonial, y del Chile republicano posterior. La respuesta de las autoridades a esta peste era la clásica: Policía, calabozos, y ya a finales de la Colonia, reclutamiento para trabajos forzosos en obras públicas, sin pagarles salario, claro está. Ni qué decir, esta manera de afrontar la situación, no ayudaba a solucionar el problema, sólo conseguía barrerlo bajo la alfombra, allí en donde la gente linda no lo viera. El problema del bandidaje campesino iba a disminuir, pero no desaparecer, durante el siglo XIX, gracias a que el crecimiento de las ciudades abrió un nuevo campo de oportunidades para esta población flotante; claro está, no todos los emigrantes pudieron instalarse bien, lo que llevó al problema de la delincuencia urbana, que desarrollaría su propia cultura particular, y que ha estado presente desde el siglo XIX hasta la actualidad. Pero eso es otra historia, por supuesto.

Durante el siglo XVII, las ciudades en Chile eran pocas y espaciadas entre sí; considerando la estructura económica de la sociedad chilena, en realidad no se necesitaba más. Las únicas dos ciudades de importancia eran Santiago, fundada con la intención de que fuera capital de Chile, y hasta cierto punto Concepción, como punto de concentración de la Frontera contra los mapuches. Existían ciudades como La Serena o Valparaíso, pero eran centros muy menores; fuera de la Zona Central se volvió a fundar Valdivia, como mencionábamos en un episodio precedente, a manera de fuerte militar en la zona costera mapuche, y Ancud y Castro en Chiloé, más o menos por las mismas razones. En el siglo XVII, urbes tan importantes en el Chile actual como Copiapó, San Antonio, Talca, Temuco o Puerto Montt, no es que fueran pequeñas, es que simplemente no existían.

En realidad, las ciudades chilenas del siglo XVII, o lo que pudiera pasar por tales, no eran más que mercados agropecuarios glorificados. Aparte de un mínimo de industria y comercio, no existía nada ni remotamente parecido a una clase media. Existían casonas coloniales en donde residía la élite, por supuesto, pero más allá, todo eran ranchos miserables; muy en general, las ciudades eran más bien parcelas aglutinadas en un mismo lugar. Las casonas coloniales muchas veces eran, además de la residencia de algún miembro prominente de la sociedad, y su familia y servidumbre, el lugar en donde éste vendía los productos que traía desde el campo. Se vivía lento durante la mañana, y después del almuerzo, venía la proverbial e imperdonable siesta colonial. Durante la tarde, se hacía un poco de vida social en los salones, en donde las damas de la casa tocaban algún instrumento musical, como la espineta o el clavicordio, por ejemplo, ya que el piano todavía pertenecía al futuro.

Un rancho de inquilinos, a comienzos del siglo XX. Excepto por la montaña al fondo, las casas urbanas del siglo XVII en Chile no debieron haber sido demasiado diferentes a esto. O sea, cuchitriles infectos, y muerto por chavalongo el último.
La vida intelectual, por su parte, brillaba por su ausencia, porque casi nadie sabía leer y escribir; casi no habían literatos, más allá de algún que otro oficial militar con tiempo libre, o tres o cuatro tonsurados de la Iglesia Católica, todos ellos entre la escasa población con los medios económicos y el ocio necesarios para escribir crónicas o textos similares. En Chile no había imprenta porque para qué, y apenas se importaban libros; lo que más circulaban eran silabarios, catecismos y textos de piedad y devoción. En este ambiente, la gran diversión, si puede llamársela así, y a la vez lo que cuenta como la principal expresión cultural, eran las fiestas y celebraciones religiosas, que la Iglesia Católica proveía a porfía, un poco a manera de mecanismo de control social, todo sea dicho, porque ya se sabe que cuando el Diablo está aburrido, con el rabo mata moscas... El Chile urbano del siglo XVII, como puede apreciarse, era mucho más rural que urbano.

En lo político, por su parte, se iba produciendo un distanciamiento creciente entre los españoles nativos de la península, y los criollos, que eran los descendientes de españoles nacidos en Chile. En la práctica, todos los altos cargos de la Capitanía General eran ocupados por peninsulares que llegaban a Chile, hacían lo suyo, y luego se marchaban hacia donde la Corona los destinara, o de regreso a la península si recibían autorización para ello. Sin embargo, el Imperio era bien consciente de que los criollos eran los propietarios, y para tenerlos contentos, se les permitía tener voz e influencia a través de la vieja organización vecinal de los cabildos. Por el minuto, los intereses de ambos grupos sociales, los funcionarios peninsulares y los criollos propietarios, iban de común acuerdo: Ambos estaban más interesados en mantener su estatus como grupos privilegiados, que en desollarse mutuamente por un quítame allá esas pajas. Por supuesto, a inicios del siglo XIX, las cosas serían distintas. Tan distintas, que los criollos decidirían que era mejor echar a los españoles para crear su propia república independiente, y...

Aunque el Chile del siglo XVII era un mundo de soñolienta estabilidad social, el mismo ya estaba cambiando de manera inadvertida. Como lo hicimos notar a propósito de la vida, pasión y milagros de la Quintrala, a mediados del siglo XVII todavía pesaba la aristocracia formada por los primeros conquistadores españoles, todavía con algo de infusión de princesas indígenas entre medio. Pero la producción agropecuaria sufrió los enormes golpes del Terremoto de 1.647 al norte del río Maule, y la posterior guerra con los mapuches al sur de dicho río. En paralelo, en 1.652, un escándalo financiero alrededor de las minas de Potosí conllevó una caída de las exportaciones. Todo esto llevó a una contracción de la economía agraria; empujados algunos desesperados por la situación, se volcaron al comercio. Durante la segunda mitad del siglo XVII, los comerciantes eran los segundones del mundo agropecuario, pero ya en la primera mitad del siglo XVIII, las fortunas construidas en torno a la ahora renacida actividad mercantil, crearon una alianza por la cual el mundo agrario aportaba el pedigrí, y el mundo mercantil aportaba el músculo financiero. Todo esto iba a sentar las bases de una transformación social que todavía era incipiente en la segunda mitad del siglo XVII, pero que adquiriría toda su fuerza, ya entrado el siglo XVIII... e iba a llevar de cabeza a la independencia de Chile, a inicios del XIX.

Próxima entrega: Albores de la aristocracia castellano-vasca.

martes, 10 de septiembre de 2019

El desafío de los Masacroides (6) - "Europa es el blanco".

(Fuente).
Después de un viaje taquiónico a mayor velocidad que la luz, la Unbreakable Heart arribó hasta Nuevo Chipre, el asteroide que servía de cobijo a los Masacroides, desde que habían sido defenestrados por la Escuadra del Gobierno Unido de la Tierra. Una vez en Nuevo Chipre, cambiaron de nave, a la Busty Siren. En comparación a la Unbreakable Heart, la Busty Siren era más pequeña y menos armada, pero también más ligera, lo justo que necesitaban para una operación de aguijón, entrar y salir. Porque se disponían al ataque nada menos que de las fuerzas terrestres en Europa.

Europa, el satélite de Júpiter, no Europa el continente de la Tierra, valga la aclaración. En la época de los Masacroides, Europa el continente de la Tierra es un enorme desierto post nuclear en donde no queda casi nada en pie, salvo por Nuevo París, novecientos metros por debajo del Radioactivo París, además del Acueducto de Segovia, el hogar natal de Mika Waltari, la Torre de Pisa…

¡¡¡BAM!!!

…ejem, actualización, la Torre de Pisa acaba de desplomarse, ya no queda en pie, perdón por eso.

Pero volviendo a Júpiter. Tres de los grandes satélites, en concreto Europa, Calisto y Ganímedes, eran los centros importantes de la colonización humana. El cuarto gran satélite, Io, era tan difícil de colonizar, con las mareas gravitacionales de Júpiter y sus mares de azufre líquido hirviente, que sólo era usado como centro minero, y cárcel, y sanatorio mental para los pocos neoliberales que predicaban la doctrina de que “el mercado lo arregla todo”. Y en Europa se encontraban las oficinas principales desde las cuales Criseido Goldhand manejaba su imperio económico.

En órbita alrededor de Europa, escondiéndose detrás de la mano de la Estatua de la Libertad… Sí, durante el conflicto nuclear, las explosiones atómicas que devastaron a Nueva York le amputaron la mano a la Estatua de la Libertad, la cual acabó en órbita alrededor de Europa porque… miren, si hubiera querido enterarme de cómo funciona la gravedad terrestre, me habría dedicado a físico y no a literato, ¿vale? Así es, dejen de preguntar idioteces, y déjenme seguir con la narración.

El caso es que el Capitán Blackheart congregó a sus hombres para exponerles su plan militar, mientras su capa ondeaba dramáticamente al viento porque… digamos… pulgas saltarinas, es una explicación tan buena como cualquiera otra. El caso es que exponía su plan:

– Europa está increíblemente reforzado, de manera que no tenemos manera de derrotarlos en un asalto frontal. Sin embargo, dispararemos desde la órbita para ganar tiempo, mientras un equipo de los nuestros desciende a las oficinas, y secuestra a Goldhand, para ver qué le podemos sacar con una neurosonda. Luego, nos devolveremos, y si nos persiguen, nos esconderemos en Io. ¿Está claro?

– Señor, disparar desde la órbita… – preguntó Bulb, la oficial de comunicaciones cuyo busto prominente la ayudaba a… sacar voz durante las comunicaciones, digamos que la contrataron por eso. – ¿Eso no sería algo así como… un crimen de guerra? Quiero decir, allá abajo habrán civiles, incluyendo mujeres y niños, y… no es como pelear contra profesionales armados que…

El Capitán Blackheart respiró profundo, y contestó con gravedad:

– Somos los protagonistas de nuestra propia historia. Todo lo que hagamos, es correcto desde un punto de vista moral.

– Pero ellos también podrían decir que son protagonistas de su propia historia…

– Su propia historia se agotará cuando hagamos nuestro bombardeo orbital, si es que tienen la mala pata de que le llegue alguno de nuestros disparos, ¿bien, Bubi?

– ¡Bulb, señor!

– Perdón, Bulb. Además, estamos ayudando a salvar la Tierra. Si ellos querían vivir, no se hubieran puesto a trabajar para alguien tan malvado como Criseido Goldhand. Porque somos los Masacroides.

Y luego, el Capitán Blackheart gritó:

– ¿¿¿QUIÉNES SOMOS???

– ¡¡¡LOS MASACROIDES!!!

– ¿¿¿SOMOS LOS HÉROES DEL CUENTO???

– ¡¡¡NOOOO!!!

– ¿¿¿SOMOS REVOLUCIONARIOS QUE VAMOS A SALVAR A LA SOCIEDAD???

– ¡¡¡NOOOO!!!

– ¿¿¿SOMOS POLICÍAS QUE VAMOS A CUIDAR A LA SOCIEDAD???

– ¡¡¡NOOOO!!!

– ¿¿¿RESPETAREMOS LAS VIDAS DE MUJERES, NIÑOS, PERROS, GATOS O HAMSTERS???

– ¡¡¡NOOOO!!!

– ¿¿¿CREEMOS EN DIOS???

– ¡¡¡NOOOO!!!

– ¡¡¡MASACROIDES!!! ¿¿¿HACIA DÓNDE VAMOS???

Los Masacroides se quedaron en silencio. El Capitán Blackheart suspiró.

– Les estoy preguntando por nuestro lema, gentes…

– ¡Ah, claro! ¡¡¡SOMOS LOS MASACROIDES, VAMOS HACIA DONDE VA NUESTRO CORAZOOOÓNNNN…!!!

En tanto el Capitán Blackheart tenía la idea de atacar a Europa para capturar a Criseido Goldhand y extraerle información, las cosas pintaban bastante mal para Izzia en el Palacio Real de Elitópolis. Una vez más se encontraba escondida en los corredores. Por los parlantes resonaba la voz de Fraublonde: La Reina Timosina había dado orden de capturar a Izzia a cómo diera lugar. Durra-Mas iba, implacable, buscaba a Izzia por todas partes. Y ella, sentada en su recoveco, se preguntaba cómo iba a salir del predicamento en que se encontraba. Aún conservaba el aparato que hacía ¡click!, así es que no lo podían usar en contra de ella, pero claro, si llegaban a ponerle las manos encima, Izzia sería un muñeco en manos de quien tuviera el control de…

– ¡Oh, Capitán Blackheart, mi amado Capitán Blackheart…! – soltó ella, con voz queda y melodramática porque… en fin. – Sólo en tus manos confiaría este… aparato que… hace… ¡click!

Y estuvo a punto de bajar la cabeza entre las rodillas para llorar, cuando de pronto, un ruido allá afuera la hizo recobrar sus instintos de guardia. Se puso en alerta, al tiempo que llevaba la mano a su revólver láser, mientras escrutaba en la oscuridad. En efecto, alguien se acercaba. Se mantuvo quieta por un instante; a lo mejor, el intruso seguía otro camino entre los túneles, y no la veía. Pero no. Venía directo a ella. De manera que apuntó con su arma.

– Quieto, o… ¿quieta…?

Lo que tenía al frente, era una viejecita envuelta en un manto negro como el corazón de los malvados, de nariz ganchuda como una bruja, que le sonreía de manera amistosa, mientras le ofrecía una manzana. Izzia se preguntó si era en serio: ¿Estaban tratando de enviarle a una viejecita amable, para ser envenenada con una manzana, como una princesa de cuento de hadas…?

– ¿No quieres, Izzia querida…? Bueno… – dijo la viejecita, con voz cascada, y le dio un buen mordisco a la manzana. Acto seguido, tosió, y escupió un diente. – ¡Cuán desagradable es ser vieja!

Y sin hacer caso de que Izzia seguía apuntando con el revólver láser, la viejecita sacó algo entre su manto. No parecía un arma, de manera que Izzia, quien estaba a punto de disparar, no lo hizo.

Ese algo, fuera lo que fuera… la viejecita se lo clavó. De pronto, Izzia tuvo una vaga idea de lo que podría ser. La inyección hizo efecto rápidamente. En efecto, descubrió Izzia, era una dosis de DGF. La viejecita ahora estaba transformándose, y lo que emergió de ahí, fue…

– ¡Uhuramid…! Er… quiero decir… ¡Mi Reina! ¡Mi Reina está viva!

Y de manera muy lenta y reposada, porque así es más melodramático, Izzia dejó su revólver láser al costado, y abrazó a la Reina.

– ¡Oh, Reina, Mi Reina, estáis viva!

– Sí – dijo la Reina Uhuramidala. – Y me has rechazado la manzana que yo con tanto afecto y cariño te traía, pensando en que a lo mejor tendrías hambre después de todo lo que hemos pasado…

De pronto, Izzia sintió que la Reina Uhuramidala desfallecía entre sus brazos.

– ¡Mi Reina! – la asujetó Izzia. – ¡Oh, mi Reina, no os extingáis, os lo suplico!

– ¡Estoy bien! No te preocupes, mi bello ramito de jazmín. Ha sido sólo un… no estoy bien recuperada aún. La Capitana Fraublonde me ha pedido que os entregue una información.

Brevemente, la Reina Uhuramidala puso a Izzia al corriente de la situación, lo que aprovechamos para enterar a los lectores, que deben estarse preguntando muchas cosas: ¿Cómo es que la Reina Uhuramidala sigue viva? ¿Por qué ahora Fraublonde ayuda a Izzia? ¿En dónde está mi vaso de ron con bebida cola para pasar la impresión de todo lo que está sucediendo…?

Sucedió que la Reina Uhuramidala no falleció cuando Izzia, víctima del neurosensor, la asfixió, sino que quedó ahogada e inconsciente. Temiendo un nuevo atentado, Fraublonde hizo creer a todo el mundo que la Reina había muerto, y la había escondido usando una dosis de DGF. Por supuesto, tenía acceso al DGF a pesar de ser una substancia prohibida, por formar parte de la Guardia Real. Luego, no pudiendo exponerse a sí misma, y además, no sabiendo en dónde se había escondido Izzia, Fraublonde montó la cacería de la fugitiva, mientras, para callado, arreglaba que la Reina Uhuramidala saliera de la enfermería bajo la identidad de una pobre viejecita parecida a una bruja de cuento de hadas.

– Me alegra de que sigáis siendo mi Reina, ¡oh, paloma de la paz en mi pecho! – dijo Izzia.

– No, mi querida brisa cálida de verano, no… Esta es mi oportunidad de renunciar. ¿Tienes idea de lo cruel que es gobernar, siempre con problemas y atentados…? No, ahora que todos creen que estoy muerta… Timosina se hará cargo. Ella será una buena Reina. Le gusta la ciencia, tiene la cabeza fría y es racional. Creo que está mejor preparada que yo. Además, ella siempre se ha quejado que la he opacado, que la he dejado a la sombra, que la he intentado ahogar en un pozo de petróleo en Azerbaiyán… bueno, eso sí lo hice, pero… ¡éramos niñas! Izzia, te pido que conserves el secreto. La Reina Uhuramidala debe estar muerta para el mundo.

Ambas entrelazaron sus dedos, y adelantando sus cabezas, juntaron las frentes, al tiempo que entrecerraban los ojos, y dejaban de manera silenciosa que sus lágrimas corrieran. Y ambas, envueltas en la pureza del amor verdadero… ¡Amor entre amigas, montón de malpensados! ¿O acaso el hecho de que dos amigas manifiesten su amistad puramente platónica de una manera por completo romántica, los confunde? ¿Ah…? En fin, el caso es que ambas se despidieron así, ignorando si volverían a verse…

La Reina le pasó a Izzia unos documentos que contenían los informes de la neurosonda en el Vicealmirante Schwarzmann. El enlace en todo el asunto era su subordinado, Corvus; habían intentado borrar la información de la memoria con amnesia selectiva extraída de las palomas mutantes criadas en Neptuno, pero por supuesto, estaba en su cerebro la información de haber borrado la información, y para borrarla, debían borrar la información de haber borrado la información de haber borrado la información… El caso es que ahora, sabían que Corvus era el responsable del asunto. Y Corvus había salido de la Tierra, para ir a esconderse a Europa. Junto a Criseido Goldhand…

– Sí – dijo Izzia, con tranquilidad escalofriante. – Viajaré a Europa, capturaré a Corvus, y entonces… entonces… le haré lo mismo que te hice a ti en el campamento de Saló, sólo que… no será romántico.

Al tiempo que Izzia viajaba a Europa, para capturar a Corvus, en la órbita de dicho cuerpo celeste, el Capitán Blackheart daba la orden:

– ¡Masacroides… ASSEMBLE! Perdón, quise decir… ¡Al ataque!

Próximo episodio: La masacre de Europa.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Gotta catch'em all!!! Ah, no, perdón, franquicia equivocada...
Nos gustan las cosas maravillosas. Hacen más bella la vida, le dan un sentido, nos hacen olvidar nuestra triste existencia como hormigas aferrándose a un pedrusco que gira alrededor del Sol una vez al año. Y por supuesto, eso significa que nos gustaría conservar tales maravillas para siempre. Desafortunadamente, no se puede. A veces ocurren sucesos, intencionales o de mera fuerza mayor, tales como el incendio de la Catedral de Notre Dame en 2.019, o el atentado contra las Torres Gemelas en 2.001, o la destrucción de las estatuas de Buda en Afganistán en 2.002, etcétera, y de pronto, dichas maravillas ya no están más, o al menos, no de la manera en que estaban antes. El mundo occidental ha venido convenciéndose de que esas maravillas iban a ser eternas, en particular si son occidentales, aunque la evidencia histórica apunta a que toda joya arquitectónica acabará viniéndose al suelo, más tarde o más temprano. Alguna conciencia de esto, ha devenido en lo que llamamos la conservación del patrimonio histórico; la UNESCO y su listado de sitios que son Patrimonio de la Humanidad, son buena muestra de ello.

Quizás el ejemplo más dramático, sea el de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. ¿En dónde se las puede visitar? Sorpresa: En casi ningún lugar. De las siete, seis ya hicieron, ¡cataplún! De tarde en tarde surgen propuestas para reconstruirlas, pero si llegan a puerto, esas obras serían reconstrucciones, justamente, o sea, no las originales, o si no, no las habríamos reconstruido en primer lugar, ¿no? Lo chistoso es que los antiguos griegos, cuando nombraron a las famosas Siete Maravillas, lo hicieron con una cierta idea de que durarían para siempre, o al menos, que merecerían durar. Lo que es irónico si se piensa que la ventana de tiempo en que las siete maravillas coexistieron de manera simultánea, fue de apenas algo más de medio siglo. En dicho período de tiempo, a mediados del siglo III a.C., se completaron las siete, alguien dijo que "¡Hey, éstas son las Siete Maravillas del Mundo que tienes que ver antes de morir!", no del Mundo Antiguo entonces porque en la época no existía nada más moderno, y luego, la primera de ellas, ¡cataplún! Por cierto, ya que estamos: El grueso de ellas son griegas. Los que hicieron la lista eran griegos, así es que, se explica, ¿no? Que los griegos eran unos chauvinistas, eso queremos decir.

Acá en la Guillermocracia, con el poco de sorna que nos caracteriza ante esa arrogancia humana de considerar esto o aquello como lo máximo, le haremos un repaso a dichas Siete Maravillas del Mundo Antiguo, y para remachar el punto, las ordenaremos según cuánto tiempo estuvieron en pie, de menor a mayor. O sea, partiremos por la que hizo ¡cataplún! más rápido, y seguiremos por orden ascendente hasta, spoiler... la única que sigue intacta. Por supuesto, el margen de fechas es, en muchos casos, impreciso. En algunos casos no conocemos la fecha exacta en que terminaron su edificación, o la de su destrucción, por lo que debemos contentarnos con estimados de fiabilidad mayor o menor. Tampoco ayuda que algunas hicieron ¡cataplún! de una, mientras que otras sufrieron sucesivos ataques de la naturaleza o humanos, de manera que mucho de su historia posterior, a veces la mayor parte de su tiempo de existencia total, la pasaron como espectros, estando ahí, en ruinas, sin que nadie les prestara la menor atención, pero aún ahí, técnicamente por lo menos, aunque ya no le importaran a nadie. En realidad, todas las que sobrevivieron al cataclismo del mundo clásico y duraron parte o toda la Edad Media, ya no le decían nada a nadie, porque... mundo clásico, eso vino a importar recién durante el Renacimiento otra vez, cuando ya casi todas habían hecho ¡cataplún! Y sin más preámbulos, vamos con el listado, partiendo por la primera que hizo ¡cataplún! Qué bonita palabra, ¿no? ¡Cataplún!


1.- El Coloso de Rodas.
  • Ubicación.- Rodas, simpática isla mediterránea en los lindes del mundo griego propiamente tal.
  • ¿Maravilla griega?.- Sí.
  • Epoca de su levantamiento.- 280 a.C.
Hoy en día no lo parecería, pero la isla de Rodas era toda una potencia mercantil en el antiguo Mediterráneo Oriental, debido a su privilegiada posición fronteriza entre el Mar Egeo y las rutas comerciales hacia Fenicia y Egipto. El monarca Antígono Monoftalmo envió una expedición militar para asediarla y conquistarla, a inicios del siglo III a.C., pero fracasó. Para celebrar, los rodios encomendaron al escultor Cares de Lindos, que había estudiado con Lisipo, uno de los grandes griegos en eso de darle forma de mancebas y efebos al mármol, la planificación y construcción del Coloso. Este era una estatua del dios Helios, ubicada a la entrada de la bahía de Rodas. Con sus 33 metros de altura, era la estatua más alta del mundo antiguo; hoy en día, podría ser hermana de la Estatua de la Libertad, que mide 46, pero haciendo trampa, porque la de Nueva York tiene el brazo extendido hacia arriba, lo que le gana algunos metros adicionales, claro está. El bronce para forjar el Coloso, salió de fundir las armas y torres de asedio que la expedición militar enemiga había dejado atrás en su retirada, porque... ahorro, si los rodios se dedicaban al comercio, eso ya lo dejamos caer.
  • Epoca de su destrucción final.- 226 a.C.
  • Su verdugo.- Un terremoto.
Se me ocurren pocas manifestaciones tan buenas de ὕβρις, de arrogancia más allá de toda sensatez, como la llamaban los antiguos griegos, que el Coloso de Rodas. En 226 a.C., un terremoto golpeó a Rodas, y la estatua se vino abajo, aunque la base con los pies pegados quedó algún tiempo más, lo que debe haber sido un espectáculo ciertamente esperpéntico. Es decir que el Coloso, que tanto había costado construirlo, duró apenas medio siglo en pie, por no hablar del daño sufrido por la ciudad por el sismo. Tolomeo III, Faraón griego de Egipto y amigo de los rodios, ofreció reconstruirlo, pero el Oráculo de Delfos desaconsejó esto, no fuera a ser que los dioses se enojaran otra vez. La base de la estatua, como decíamos, siguió ahí hasta la llegada de los conquistadores árabes en el siglo VII, quienes aprovecharon el bronce de los pies para venderlo y sacar una bonita suma, suponemos, porque la nigocia is la nigocia, quiridi. En 1.961 se estrenó un simpático peplum, dirigido por un Sergio Leone pre Spaghetti Western, titulado El coloso de Rodas justamente, en que dicho coloso tiene más armas que Mazinger Z, aunque no camina, por supuesto. Lo que me hace pensar... ¿para cuándo una estatua a tamaño real de Mazinger Z? El Coloso Mazinger, suena bien, ¿no?
  • Tiempo en pie.- 53 a 54 años, aunque deberíamos sumar los casi 880 años que los pies en la base sobrevivieron, eso es tener patas, jejejé, perdón por el chiste malo.

2.- Los Jardines Colgantes de Babilonia.
  • Ubicación.- Babilonia, Imperio Caldeo y sucesores, Mesopotamia, aunque hay quienes dudan de que esta maravilla haya existido.
  • ¿Maravilla griega?.- No, es una de las dos únicas que no cuentan como griegas.
  • Epoca de su levantamiento.- Hacia 600 a.C.
Debemos partir porque su misma existencia ha sido discutida, porque no hay testimonio entre las tablillas babilónicas al respecto, ni evidencia arqueológica tampoco; los únicos testimonios que tenemos, son de cronistas griegos. Yo me inclino a pensar que existieron, aunque como de costumbre, puede que su donaire haya sido exagerado; con todo, se ha documentado la existencia de un jardín plantado por Senaquerib, pero no en Babilonia sino en Nínive, y no era colgante tampoco. Por cierto, eso de "colgante" significa simplemente que los árboles de marras fueron plantados en el techo de algún templo o palacio, he ahí toda la maravilla. No es poco, pero claro, también crecen plantas en el techo de mi casa cuando no limpio las canales para la lluvia, y nadie dice que mi casa sea una maravilla, y menos una del Mundo Antiguo o Moderno. Como sea, si las leyendas son ciertas, su construcción se debe a Nabucodonosor II, monarca del Imperio Caldeo que gobernó entre 605 y 562 a.C., para satisfacción de su esposa la reina Amitis de Media, quien echaba de menos las colinas y árboles de su país nativo. Por supuesto, este Nabucodonosor es el mismo que arrasó Jerusalén, Templo de Salomón incluido, y bajo cuyo mando empezó el Cautiverio de Babilonia. Fácil ser el creador de una maravilla del mundo cuando quemar otras es parte del trabajo. Digo yo.
  • Epoca de su destrucción final.- Lo ignoramos por completo, probablemente en los albores de la Era Cristiana.
  • Su verdugo.- No lo sabemos.
Si no sabemos siquiera si los famosos Jardines Colgantes de Babilonia existieron en la realidad, menos podemos saber cuál fue su destino final. Suponiendo que hayan existido en Babilonia, uno puede pensar que siguieron el camino de esta ciudad. Después de las conquistas y muerte de Alejandro Magno en 323 a.C., la ciudad fue dejada de lado por la nueva dinastía de gobernantes griegos, los seléucidas, quienes fundaron una nueva capital, Seleucia del Tigris, no demasiado lejos de Babilonia, y quizás para hacerle la competencia, pero con soldados griegos como colonos. El resultado es que Babilonia entró en declive, hasta el punto que a comienzos de la Era Cristiana, ya era casi una ciudad fantasma. Considerando que la región estaba desertificándose, se mantenía verde sólo gracias a canales de irrigación, y que alguien debía mantener esos canales, uno puede buenamente suponer que los famosos jardines simplemente debieron secarse por falta de riego. Es lo malo de que seas un árbol, que si no tienes de dónde sacar agua, no puedes irte caminando a plantarte en otra parte, de modo que ahí en donde te instalaste, ahí te jodiste para bien.
  • Tiempo en pie.- Unos 600 años, aunque esta cifra es MUY especulativa.

3.- El Templo de Artemisa en Efeso.
  • Ubicación.- Efeso, ciudad costera de Jonia.
  • ¿Maravilla griega?.- Sí, Efeso era parte del mundo griego, aunque hoy en día dicho territorio pertenece a Turquía.
  • Epoca de su levantamiento.- Hacia 323 a.C.
Aquí hablamos en realidad de varios templos diferentes, todos consagrados a la diosa Artemisa, la Diana de los romanos. El primero databa de la Edad del Bronce, y fue destruido por una inundación en el siglo VII a.C. El siguiente fue levantado hacia 550 a.C., y es de fama que fue incendiado en 356 a.C. por un idiota que deseaba hacerse famoso para la posteridad. Podría mencionar su nombre, pero no lo haré para no alimentar al troll. O al incendiario, en este caso. No es que ustedes no puedan investigar por su cuenta, por supuesto. Para que vean como eso de ser influencer, famoso por el hecho de ser famoso, y tratar de ganarse los quince minutitos de fama, no es de ahora sino que ya en el mundo antiguo había gente así. Se dice que el templo ardió el mismo día en que nació Alejandro Magno, y éste, por la publicidad, ofreció reconstruirlo, pero los efesios rehusaron; sólo después de muerto el personaje de marras, los efesios construyeron el Templo que, ahora sí, es el consignado como una de las Maravillas del Mundo Antiguo.
  • Epoca de su destrucción final.- Hacia 500 d.C.
  • Su verdugo.- Saqueo de materiales para el templo de Santa Sofía en Constantinopla.
Artemisa era una de las Diosas Olímpicas, o sea, uno de los cultos paganos más importantes, y Efeso era su ciudad. Cuando Pablo de Tarso intentó predicar el Cristianismo en Efeso, su monoteísmo podía arruinar el negocio de los plateros, y uno de ellos, un tal Demetrio, movió al gremio y casi consiguió el linchamiento del predicador, al grito de: "¡Grande es la Artemisa de los efesios!". Y siguió siéndolo por siglos... pero ya sabemos cómo corrieron las corrientes de la Historia. El templo fue incendiado por una arremetida de los godos en 262, y aunque reparado después, ya no recuperó su antigua magnificencia. La abolición de los cultos paganos llevó a su clausura, y al borrado de las inscripciones en homenaje a Artemisa. La fecha en la cual terminó desapareciendo lo que quedaba de templo es imprecisa, pero hay referencias a que algunos de sus materiales fueron desmontados y llevados a Constantinopla en tiempos de Justiniano, para servir en la Basílica de Santa Sofía, la cual fue inaugurada en 537. Esto quiere decir que el templo sigue existiendo, en una cierta manera espectral, por supuesto, porque ahora Santa Sofía es un museo, y algunos de sus restos, se supone que sigan ahí, porque en su morada de Efeso, muerta Artemisa espera soñando...
  • Tiempo en pie.- Cerca de 860 años.

4.- La Estatua del Zeus Olímpico.
  • Ubicación.- Olimpia, Tesalia.
  • ¿Maravilla griega?.- Sí; curiosamente, la única ubicada en Grecia Continental.
  • Epoca de su levantamiento.- Hacia 435 a.C.
Esta estatua criselefantina se encontraba en el interior del Templo de Zeus en Olimpia, sí, la ciudad en que se celebraban los Juegos Olímpicos antiguos. Estaba hecha de lo que dice el nombre. ¿Cómo, no saben lo que dice el nombre? A ver, hijitos míos, χρυσός (chrysós) significa oro, y lo de elefantino, que le sacaron marfil a una recua de pobres paquidermos para satisfacer la vanidad humana, o sea, que es de oro y marfil, no digan después que no aprenden vocabulario acá en la Guillermocracia. Es obra de Fidias, seguramente el más importante escultor y arquitecto de todo el mundo griego antiguo, no en balde, a él le encargaron el Partenón. Con muy buen sentido, es una estatua sedente, o sea, Zeus aparece sentado, porque parado, le hubiera pasado lo que al Coloso de Rodas, y además, a saber qué tan alta habría sido, y de caber en el templo, ya ni hablar. Dice la leyenda que a Fidias le preguntaron si había visto a Zeus en persona para tallarlo tan bien, y éste, esquivando el bulto de una posible acusación por impiedad, dijo que se había limitado a inspirarse en la descripción que de Zeus hace Homero en la Ilíada. Eso es saber sacarse los balazos, y el resto, agua de borrajas.
  • Epoca de su destrucción final.- Hacia 450 d.C., aunque esta fecha es bastante especulativa.
  • Su verdugo.- No lo sabemos.
No tenemos idea de qué pasó con la estatua. Pausanias, el infatigable viajero que nos dejó un enorme legajo con su descripción de la Antigua Grecia, la visitó en el siglo II d.C. Pero su contemporáneo, el siempre viperino Luciano de Samosata, dejó registrado en un diálogo cuán poco poder tenía Zeus para defenderse de los ladrones y saqueadores, lo que podría ser una burla respecto de que ya en esos tiempos, alguien las había emprendido contra la estatua que, lo repetimos, era de oro y marfil, y por tanto, algo debía valer, vendida al kilo que fuera. El Templo de Zeus mismo fue cerrado por orden del Emperador romano Teodosio el Grande a finales del siglo IV, como parte de su política de imponer el Cristianismo por todo el poder brutal del Imperio Romano, y la estatua... parece ser que quedó ahí. Luego, el misterio. ¿Ardió la estatua, la parte de marfil por lo menos, durante el incendio que destruyó el Templo en 425? ¿Fue robada y llevada a Constantinopla, en donde habría sido víctima de otro incendio, en 475? Puesto a escribir mi propio fanfic de los historiadores griegos, yo diría que un comando de hindúes la atacó, la desmontó pieza por pieza, y se llevó el marfil de regreso a la India para restituirlo a Ganesha. Puede que no sea verdad, pero dado nuestro desconocimiento, ¿quién se atreve a decir que mi pequeña fantasía es más falsa que la realidad?
  • Tiempo en pie.- Casi 900 años.

5.- El Faro de Alejandría.
  • Ubicación.- Alejandría, capital del Egipto de la Dinastía Ptolomeo.
  • ¿Maravilla griega?.- A medias, porque en la época de su construcción, Egipto había sido anexado al mundo griego por las conquistas de Alejandro Magno.
  • Epoca de su levantamiento.- Durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo, o sea, 283 a.C. a 246 a.C.
El progreso de la civilización puede medirse por el progreso en la construcción de sus faros. En realidad esto es mentira, pero, ¡hey!, el haberlo escrito, seguro que hizo feliz a más de algún profesor de Ingeniería en Faros en alguna universidad, y por qué no hacer feliz a esas esforzadas gentes que mantienen viva la enseñanza de cómo levantar faros para las nuevas generaciones. Los primeros faros fueron probablemente simples fogatas en la orilla de la costa, puestas más para señalizar en dónde estaban las entradas de los puertos, que los riscos y arrecifes que... vamos, no iban a mandar a un perejil por cada accidente geográfico allá afuera, ¿no? El caso es que, asentado el dominio de la dinastía griega de los Ptolomeo en Egipto, el faraón Ptolomeo II Filadelfo ordenó lo de siempre: Construir un faro que no fuera sólo un faro, sino un señor faro, uno que le dijera al mundo: "¡Hey, miren lo que nosotros podemos levantar, pobres diablos!". Parece ser que el Faro de Alejandría tenía unos cien metros de alto, lo que colocaba al mismo entre las construcciones más altas del mundo de la época; es posible que en cierta medida, era lo que el Burj Khalifa en la actualidad, miren que alto, pero aparte de eso, gracia, lo que se dice gracia... Por cierto, estaba asentado específicamente en la isla de Faro, y así, el topónimo dio paso al genérico en el idioma.
  • Epoca de su destrucción final.- 1.477 d.C.
  • Su verdugo.- Terremoto (y van dos).
A diferencia de otras maravillas, que tenían una función más bien ornamental, o por decirlo de un modo más vulgar, eran una demostración de competencia entre reinos e imperios por ver quién tenía el caso más grave de hipergonadismo, el Faro de Alejandría sí que tenía un propósito práctico, y ya se sabe cómo funciona, está muy bien eso de las bellezas arquitectónicas y tal, pero el ser humano es una criatura utilitaria al final del día, y eso le valió al Faro una supervivencia que otros monumentos no tuvieron. El dominio sobre Egipto de los Tolomeos fue sucedido por el de los romanos, éste por el de los bizantinos, y éste por el de los árabes, y todos ellos tenían en común que estaba muy bien eso de que Alejandría fuera una de las grandes capitales comerciales del mundo, así es que el Faro siguió mantenido y reparado. Sin embargo, Egipto sigue siendo una región densamente sísmica por aquello de que chocan las placas africana y arábiga, y a la larga, los terremotos cobraron lo suyo. Uno en 956 causó los primeros daños estructurales de importancia, y a partir de entonces, la suerte estaba echada; hay reportes posteriores de que siguió en pie algunos siglos, pero otro en 1.303 más o menos lo derribó. Lo que quedaba, fue arrasado por los sultanes mamelucos en 1.477 para construir el Fuerte de Qaitbay, para el cual sirvieron los materiales del malogrado Faro, apagándose entonces para siempre su luz en la eternid... lo sé, soy un pesado cuando me pongo poeta.
  • Tiempo en pie.- Unos 1.700 años.

6.- El Mausoleo de Halicarnaso.
  • Ubicación.- Halicarnaso, capital de Caria.
  • ¿Maravilla griega?.- Sí, Halicarnaso era parte del mundo griego, aunque hoy en día la antigua Caria pertenece a Turquía.
  • Epoca de su levantamiento.- Algunos años después de 353 a.C., fecha del fallecimiento del rey Mausolo.
Caria es un territorio histórico de interés supremo para los historiadores, porque en el mismo se dio el cruce de anatolios emparentados con el Imperio Hitita que se dieron al mar, sometidos por griegos, es decir, un ejemplo clásico de helenización. Pero para el común de los mortales, no dice nada. Artemisa de Caria, reina del siglo V a.C., a ustedes a lo mejor les suena: La interpretó Eva Green en 300: El nacimiento de un imperio, aunque esa película, histórica lo que se dice histórica... Mausolo por su parte gobernó Caria en el siglo IV a.C., en teoría como sátrapa del Imperio Aqueménida, pero en la práctica por su cuenta, porque dicho imperio ya estaba en las últimas. Pero lo más importante que hizo Mausolo fue morirse. Porque encima de su cuerpo, en su capital Halicarnaso, levantaron el sepulcro de 45 metros de alto, que por él se llamó el Mausoleo, y dio nombre a todos los mausoleos del mundo. Sobre una colina, como vigilando Halicarnaso. La leyenda dice que la edificadora fue la viuda de Mausolo, pero ella falleció dos años después, y todo el mundo está de acuerdo en que ese tiempo es insuficiente. En cuanto al significado del templo, oficialmente es un homenaje a un sátrapa persa muerto, pero también, es una muestra de riqueza, y así, un sutil desafío independentista, en contra del cada vez más decadente Imperio Aqueménida. Claro, poco podían saber los carios que menos de dos décadas después, el guiso se lo comerían no ellos sino los macedonios...
  • Epoca de su destrucción final.- 1.494 d.C.
  • Su verdugo.- Terremoto (y van tres).
El Mausoleo tuvo una buena vida posterior. En la época del viajero griego Pausanias, en el siglo II d.C., seguía igual de magnífico que de costumbre. Tanto, que los romanos ya habían comenzado a llamar mausolea, plural de mausoleum, a los sepulcros construidos con magnificencia, porque si no puedes hacer algo tan imponente, pues llámalo igual, y a lo mejor algo de la gloria del original se le pega. O por el contrario, se empieza a devaluar el nombre, también puede ser. En la Edad Media, la región cayó bajo control bizantino. Había prosperado en el tiempo de los griegos debido a estar bien emplazada en las rutas comerciales entre el Mar Egeo y el Mediterráneo Oriental, pero ahora que todo el Mar Egeo estaba unido bajo un solo imperio, este detalle geopolítico perdió importancia, y con ella, la región. El cronista bizantino Eustacio de Tesalónica, fallecido en 1.190, menciona la existencia y magnificencia del Mausoleo, pero no informa si lo estupendo era el edificio intacto, o las ruinas que pudieran quedar de él, de manera que no podemos saber qué tan bien conservado estaba en ese tiempo. Los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, en cambio, cuando llegaron en 1.402, reportaron que el mismo estaba en ruinas. De modo que el golpe bestial debió venir entre esas dos fechas. Cuando los caballeros de marras construyeron el Castillo de San Pedro, en la región, en 1.494, usaron los materiales que quedaban en las ruinas, y ese fue el fin definitivo.
  • Tiempo en pie.- Casi 1.850 años, aunque a la rastra, porque el terremoto que de verdad desbarató el Mausoleo, aconteció entre 1.190 y 1.402.

7.- La Gran Pirámide de Giza.
  • Ubicación.- Giza, Egipto.
  • ¿Maravilla griega?.- No, una de las únicas dos que no lo es.
  • Epoca de su levantamiento.- Hacia 2.560 a.C., es la más antigua del piño, y antecede en veintiún siglos a la que le sigue.
La gente es como es. Los egipcios observaron que los cadáveres en el desierto se secan sin descomponerse, y de ahí dieron el salto a ideas muy locas: La vida eterna, la momificación, etcétera. Ya se ha dicho y lo repetimos: La insolación hace mal para la salud. El caso es que Egipto fue unificado bajo un gobierno único, el de los Faraones, más o menos en 3.100 a.C. Aislados del mundo, sin grandes enemigos externos, ¿en qué iban a gastar los Faraones su riqueza? En apilar piedras, claro. Actividad un tanto ociosa, pero que ayuda a mantener ocupada a la gente, sean esclavos o trabajadores asalariados, para que no anden pensando en tonteras como rebelarse, subvertir el orden establecido, ya se sabe, gentuza que quiere vivir como los escribas y la Dinastía Imperial porque lo quieren todo gratis. Y empezó la manía de construir. Cada Faraón quería una pirámide como tumba, y cada uno la quería más alta que la de su predecesor, porque... por favor, ¿no ven el obvio símbolo fálico que hay en levantar esas cosas piramidales en medio de la nada, eh? La más grande de esas pirámides, es la del Faraón Jufu, Keops en griego. Según el griego Heródoto, tomó veinte años y cien mil esclavos levantarla, aunque ya sabemos que el historiador de marras era algo exagerado para lo suyo. Al lado se le instalaron otras dos pirámides, las de Jafra (Kefrén) y Menkaura (Micerino). Y después... bueno, vino un período de caos social, y la moda de las pirámides pasó.
  • Epoca de su destrucción final.- ¿Destrucción final? ¡Señoras y señores...! ¡Es la única que sigue en pie! Ayuda que es una pirámide, o sea, la forma geométrica con más pie de todas, claro. Los egipcios sí que sabían, los rodios no.
  • Su verdugo.- Vamos, es un montón fenomenal de piedras apiladas en forma de pirámide, sólo una detonación nuclear o el impacto de un asteroide tipo Límite KT encima, podría aniquilarla.
No hubo muchas pirámides después de Jufu, porque los faraones posteriores las estimaron pasadas de moda: Ahora la onda eran los hipogeos, entierros subterráneos, de preferencia en el Valle de los Reyes, como la mítica tumba de Tutankamón. De todas maneras, la Gran Pirámide con sus 146 metros de altura, se coronó como el edificio más alto del mundo durante la friolera de treinta y ocho siglos, casi cuatro milenios completos, hasta que fue sobrepasada por los 160 metros de la Catedral de Lincoln, en el siglo XIV. La visión original debió haber sido espectacular: Estaba cubierta por piedra caliza y coronada por un ápice de oro, por lo que debió verse enteramente blanca y de paredes lisas, y debió por tanto haber reflejado la luz del sol muy lejos en el desierto, durante el día, algo muy apropiado para unos reyes, los Faraones, que como sabemos, decían que eran Hijos del Sol, los muy engreídos. Hoy en día, todos esos adornos que tenía la Pirámide volaron, y lo que ha quedado es... un montón de rocas. Imponente, que duda cabe, pero un cachito menos de lo que debió ser en toda su gloria y majestad, porque... un montón de rocas, vamos... Pero bueno, entre seis monumentos de los que no quedan ni las ruinas, y un séptimo que sólo ha perdido el maquillaje, pues resulta claro que tenemos un ganador.
  • Tiempo en pie.- ¡Casi 4.600 años y contando, cerca de dos veces y media el tiempo de la segunda más longeva, y doscientas treinta veces más que la más efímera!

Por supuesto, esto ha motivado que los imitadores y ociosos se hayan precipitado como langostas para crear sus propias listas de las siete maravillas de esto o aquello: Las siete maravillas naturales del mundo, las siete maravillas (ingenieriles) del mundo moderno, etcétera. Incluso hubo un concurso mundial con las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, que fue sometido al procedimiento democrático de votarlo, con los bochornos subsiguientes, porque ya se sabe cómo es la gente, si los antiguos griegos nombraron cinco de siete maravillas que eran griegas, qué no pasará en la actualidad en donde cada uno vota por la maravilla de su país, que a lo mejor no es tan maravilla, pero es la del terruño, y viva yo. Al final, todas estas listas terminan involucrando su poco de vanidad humana. Sí, son maravillas dignas de portento y admiración, pero también las nombro maravillas yo, que también soy digno de portento y admiración. O de cómo, inadvertidamente, una vez más comprobamos que los griegos eran mucho más modernos de lo que solemos considerar. O más simple aún: Griegos y modernos somos todos seres humanos, miembros de una especie que no tenemos remedio, a lo menos en eso de despilfarrar recursos públicos para construir elefantes blancos que, al último, más tarde o más temprano, lo mismo acabarán desapareciendo.

Demostración gráfica de cómo las Siete Maravillas del Mundo Antiguo siguen siendo una gran inspiración para las modernas generaciones.