domingo, 21 de agosto de 2016

¿La burbuja de los superhéroes?

A la batalla por seguir saqueando los bolsillos del público entreteniéndonos con sus aventuras.
Hace un tiempo viene hablándose de una potencial burbuja de los superhéroes en el cine. Conocemos el modelo. Algo renta, y renta mucho. De manera que todo el mundo se lanza a explotar la fórmula, y quienes estaban ahí primero, siguen en lo mismo hasta el hartazgo. Y de pronto, por uno u otro motivo, la burbuja estalla. Hemos visto burbujas así en el cine antes. La más significativa sea quizás la oleada de películas galácticas que invadió al cine después de La guerra de las galaxias; fueron necesarios avionazos como Star Crash, Galaxina o Los siete magníficos del espacio para que el cine se decidiera a buscar otros rumbos. Pero es probable que ninguna tenga la magnitud de la que, pienso yo, está creciendo en 2.016, principalmente por la enorme cantidad de dinero que hay en juego. El estallido de esta burbuja puede dejar así al cine comercial en una situación realmente difícil.

La burbuja empezó a gestarse gracias al Universo Cinemático Marvel. Hagamos un poco de memoria. En la década de 1.990, Marvel estuvo en bancarrota, y para salir del bache, vendió los derechos de sus franquicias más populares. En consecuencia, en la década de 2.000 vimos varias películas Marvel, en las cuales la propia Marvel tenía poco que decir y también terminó teniendo poco por ganar. Y de pronto, tuvieron la idea genial: ¿por qué no producir películas de sus propios héroes, en vez de franquiciarlos a otros que se aprovecharan de su potencial? El plan inicial parecía algo descabellado: darle películas separadas a Iron Man, Hulk, Thor y Captain America, y después reunirlos a todos en una película única, que fue Los Vengadores.

Y esta llamada Fase 1 del Universo Cinemático Marvel funcionó bien. Espectacularmente bien. Tanto, que Los Vengadores se transformó en la tercera película más taquillera de la Historia en su tiempo, por debajo sólo de Titanic y Avatar. Los otros estudios tomaron nota. El futuro parecía estar en los universos franquiciados.

El cambio más importante que introdujo el Universo Cinemático Marvel a la hora de construir franquicias, es que el público aceptó la posibilidad de que se contaran historias de personajes secundarios e incluso aún no presentados, dentro de un universo ya preexistente. Hasta el minuto, las nuevas entregas seguían siempre un criterio temporal: eran secuelas que contaban las historias futuras de personajes ya mostrados, y en algunos casos, precuelas que mostraban historias anteriores. El modelo clásico en esto es James Bond, la franquicia blockbuster más antigua que todavía sigue en activo: toda nueva película versa siempre sobre James Bond, y nunca sobre otras partes de su universo narrativo. Hubo intentos por crear spin-offs basados en Wai Lin, interpretada por Michelle Yeoh en El mañana nunca muere, y Jinx, interpretada por Halle Berry en Otro día para morir, pero dichas ideas no pasaron de la mesa de planificación. Catwoman, estrenada en 2.004, nació como un spin-off de Batman regresa de 1.992, aunque por el camino cambió tanto que puede y de hecho es considerada como una película aparte de la continuidad de la franquicia batmanesca de Burton y Schumacher. Al año siguiente hubo otro intento de spin-off con Elektra, que emergió desde Daredevil de 2.003, que terminó en el desastre que todos conocemos. En 2.009 fue el turno de Wolverine, spin-off de la Trilogía Original de X-Men, aunque su fracaso canceló varios planes para nuevos spin-offs, entre ellos dos basados en Magneto y Gambito; sólo el inesperado éxito de X-Men: Primera generación consiguió salvar a la franquicia mutante. Resulta interesante observar que si Wolverine hubiera tenido éxito, entonces los X-Men se hubieran terminado por adelantar a la propia Marvel en el concepto de universo cinemático superheroico.

Con la más brutal honestidad del mundo, ¿le hubieran ustedes dado la oportunidad a un spin-off con ella...?
Hay una excepción significativa, eso sí. Lo más cercano a un universo expandido en el cine que habíamos visto, era Star Trek. Después de seis películas con la tripulación original, en 1.995 se estrenó Star Trek: Generaciones, como un intento de unir a la misma con la Nueva Generación; las siguientes tres películas (Primer contacto, Insurrección y Némesis) fueron todas protagonizadas por la Nueva Generación. Sin embargo, este salto fue posible gracias al éxito de la serie televisiva Viaje a las Estrellas: La Nueva Generación (1.987 a 1.994), y de hecho no se tradujo en películas para el cine basadas en otras series de Star Trek. Así, no hemos visto en el cine películas basadas en Abismo Espacial 9, en Voyager, o en Enterprise, y dado el reboot aplicado en 2.009, parece poco probable que esto suceda, en el mediano plazo por lo menos. Aunque considerando el énfasis que las productoras están poniendo en los universos expandidos...

De manera que, aunque existían antecedentes, ninguna otra franquicia había llevado la expansión de universos hasta los extremos del Universo Cinemático Marvel, o al menos, no con el mismo éxito. Y por supuesto, si hay éxito, todo el mundo quiere subirse al carro. La Marvel, la primera. Entre 2.008 y 2.012 habían estrenado seis películas, ambos años inclusive, o sea, cerca de una al año en promedio. Esto ya de por sí era bastante, si se considera que los X-Men estrenaban película una vez cada tres años en promedio; irónicamente, esto era regresar a la tasa de estrenos de la franquicia de James Bond, que entre 1.962 y 1.967 estrenó una película al año. Pero la Marvel decidió apurar el tranco, y programó un calendario de dos películas por año para 2.013, 2.014 y 2.015, con su Fase 2. Y para la llamada Fase 3 programaron un calendario que ya raya en lo insano, con dos películas para 2.016 (Captain America: Civil War, y Doctor Strange: Hechicero supremo), y tres películas para 2.017 y otras tres para 2.018.

Y además de eso, la Marvel decidió por las bravas, expandir su universo con series televisivas. Hasta la fecha se han estrenado cuatro de ellas: Agentes de SHIELD, Agente Carter, Daredevil y Jessica Jones. Y vienen en camino adaptaciones de Damage Control, Luke Cage, Iron Fist, The Punisher... Con lo que la propia Marvel está metiéndose en un zapato chino. Porque el escenario actual para cualquier público, es más o menos el mismo que enfrentaban las audiencias generales con Star Trek para la década de 1.990.

Los agentes que no verás en las películas (salvo Coulson, claro).
En esa época, meterse en Star Trek era un parto. Para 1.995 existían siete películas de Star Trek, la serie televisiva original con tres temporadas, la Nueva Generación con siete, y ya estaban allá afuera Abismo Espacial 9 y Voyager. Saquemos cuentas: siete películas son catorce horas, aproximadamente. Y diez temporadas televisivas de dos series televisivas completadas (dejemos fuera a Abismo Espacial 9 y Voyager, y la serie de dibujos animados de 1.973), a 22 episodios de 45 minutos sin comerciales cada uno, suman unas 165 horas en total. O sea, con el Universo Trek en esas fechas se podía llenar una semana completa de programación sin parones ni tandas comerciales.

Saquemos cuentas ahora con el Universo Marvel, y por simplificar las cosas, dejémoslo sólo hasta Mayo de 2.016, que es una buena fecha atendido que cae después de los finales de temporada televisiva. Eso deja trece películas, o sea, unas 26 horas en total. Y 66 episodios de 45 minutos sin comerciales de Agentes de SHIELD, lo que suman casi 50 horas más. Y 18 episodios de Agente Carter, lo que suman 13 a 14 horas más. Y 26 episodios de Daredevil, o sea, casi 20 horas más. Y 13 episodios de Jessica Jones, o sea, casi 10 horas más. Si un canal de televisión decidiera exhibir todo ese material de corrido en maratón de 24 horas y sin cortes de ninguna clase, tendría para rellenar cinco días completos, así por las bravas.

Ya hablábamos hace un tiempo atrás acerca de la supervivencia de la franquicia del Universo Cinemático Marvel, que corre peligro no sólo por la hiperinflación de la misma, sino también por el inevitable recambio generacional que probablemente ya se está produciendo bajo las narices de las audiencias. Después de todo, la franquicia cumplirá diez años en 2.018, y para ese entonces habrán siete películas más, contando desde Doctor Extraño: Hechicero supremo hasta la segunda de Ant Man, y a saber cuánta televisión adicional, entre nuevas temporadas de series estrenadas y estrenos de series nuevas. La gente que ya está siguiendo el Universo Cinemático Marvel, puede que siga, pero también puede que se canse y decida bajarse del carro. Y no vendrá nueva gente a subirse, por la misma razón por la que la gente se hizo cada vez más reacia a subirse a Star Trek en la década de 1.990: la continuidad era demasiado grande como para digerirla por las buenas.

Un mapita de la juegodetronización del Universo Cinemático Marvel.
Lo irónico es que otros estudios están embarcándose en la misma carrera, y con ello, corren el riesgo de incrementar la burbuja todavía más. Por un lado, puede que mucha gente renuncie a subirse a Marvel, y comience a seguir alguna de las nuevas franquicias, pero por el otro, ya mucha gente ha invertido en el Universo Cinemático Marvel, y no se va a embarcar en las nuevas. Eso ha tenido un efecto dramático en el Universo Expandido DC, cuyas dos películas hasta la fecha (El Hombre de Acero, y Batman vs. Superman: El origen de la justicia) no han sido fracasos ni mucho menos, pero tampoco han sido el éxito glamoroso que sus productores esperaban. Y para colmo, ellos se han embarcado en otro calendario insano de películas que le dará lugar a Wonder Woman, Cyborg, Aquaman, etcétera, en el cine. Irónicamente, ya está sucediendo con los superhéroes DC en la televisión, que partió con The Arrow, y sumó después The Flash y Legends of Tomorrow. Ahora en 2.016, con el salto de Supergirl desde CBS a CW, dicho canal tendrá un prime time de lunes a jueves compuesto única y exclusivamente de franquicias del Arrowverse.

Y no contentos con ello, otros estudios de cine han anunciado el aplicar la fórmula de la Marvel a sus propias franquicias. La FOX, después de la milagrosa resurrección de los X-Men con Primera generación, le dio luz verde a Deadpool, que resultó un éxito inesperado, y con ello, además de nuevas películas con X-Men, ha anunciado spin-offs para X-Force y The New Mutants; el fracaso de Los Cuatro Fantásticos de 2.015, eso sí, impidió que éstos fueran a contaminar compartir universo con los X-Men. Los productores de Transformers por su parte están también interesados en expandir la franquicia con spin-offs, y hasta llegó a hablarse de un potencial cruce con G.I.Joe. La Disney por su parte aplicará el modelo a otra franquicia distinta que ahora es de su propiedad: Star Wars. De manera que, aparte de la tercera trilogía que comenzó con El despertar de la Fuerza, veremos spin-offs de Han Solo y de Rogue One. Y la Universal decidió convertir Drácula: La historia jamás contada en el punto de arranque de una franquicia de monstruos de la Universal que seguirá con el reboot de La Momia.

El problema con este modelo, es un tema de costos. El Universo Cinemático Marvel cosechó un éxito enorme porque fue la primera, y siendo la primera, corría en solitario, y por lo tanto, todas las ganancias que les dejaran las gentes curiosas por el concepto, iban para la Marvel. Pero a medida que intentan crear otros universos compartidos en competencia, los márgenes de ganancia irán disminuyendo simplemente porque la gente tendrá que repartirse más, y las franquicias menos interesantes quedarán colgando en el aire. De hecho, esa pesadilla estuvo cerca de hacerse realidad con Batman vs. Superman, que al momento de editar este posteo, no parecía que fuera a recaudar 900 millones de dólares, lo que a primera vista es una enormidad, pero que no lo es tanto si se piensa que los costos de producción rondaron, se dice, los 250 millones de dólares, y la publicidad costó, se dice, otros 100 a 150 millones, y las ganancias se debe repartir, se especula, con la mitad para las distribuidoras; por lo tanto, la película debía hacer unos 700 a 800 millones de dólares de ingresos recién para que la productora obtuviera 350 a 400 millones, o sea, amortizara la inversión de la película y comenzara a hacer ganancias. Y eso, el mismo año en que Capitán América: Civil War, su gran competencia, sí que pasó la barrera de los 1.000 millones de dólares, por no hablar de que Deadpool hizo más de 700 millones, pero con una inversión realmente miserable, que no debe ser superior a los 100 millones incluyendo gastos en publicidad. En escenarios como ése, se comprende que una película como The Amazing Spiderman 2, que recaudó unos brutales 700 millones de dólares, haya sido considerada no un éxito fenomenal, sino un desastre tan grande que mató el reboot de Spiderman, llevando a la consabida negociación por la cual Sony y la Marvel en adelante compartirán el personaje en el cine.

Uno podría pensar entonces que la estrategia lógica es ir justo en la dirección contraria, y en vez de apostar por un proyecto grande que puede irse a pique de manera titánica, deberían apostar por muchos proyectos pequeños, de manera que el fracaso de algunos sea cubierto con el éxito de otros. Dicha opción no es inviable. Lo probó Deadpool, que costó 50 millones de dólares sin considerar la relativamente endeble publicidad, y cosechó cerca de 700, de los cuales muy probablemente 350 fueron para el estudio. ¿Por qué no hacerlo así entonces?

Burlarse es de malos ganadores, Deadpool.
Pienso que hay dos razones. Por un lado, el mercadishing. Si se van a vender muñequitos, juegos de tablero y menús de almuerzo de comida chatarra con los personajes de las películas, es mejor mantener a esos personajes dando vueltas allá afuera. Hacerlo con películas de un presupuesto relativamente moderado no parece una opción cuando se deben pagar actores con cartel para la publicidad, por no hablar del siempre espinoso tema de los efectos especiales, de los cuales el espectador no espera menos que sean de vanguardia.

Por el otro lado, Internet. Las nuevas tecnologías queman el material con una rapidez sorprendente. Si tienes acceso a intercambio peer-to-peer, te puedes agenciar de las películas y sus bandas sonoras con una facilidad sorprendente... y gratis. Y si te da flojera descargar, siempre tienes YouTube o Vimeo, u otros canales de videos más escondidos por aquí o por allá. Si los productores echan abajo un torrent o un video, entonces surgirán tres o cuatro fanáticos que gemirán al cielo, y subirán el material, multiplicándolo exponencialmente en el camino. La única manera de combatir esto es... dar por perdido el material viejo, y subir material nuevo. Pero, ¿cómo se puede crear interés en el material nuevo con velocidad cada vez mayor...? Pues simplemente creando el material nuevo sobre el material viejo, o sea, expandiendo los ya de por sí expandidos universos.

Pero esto es simplemente una fuga hacia adelante. Internet es una madre despiadada que todo lo devora, y frente a ello, el modelo tradicional de estrenos cinematográficos a lo bestia tiene los días contados. El futuro de la producción audiovisual está en las producciones de bajo costo y de continuidad inexistente o al menos no demasiado complicada. La burbuja de los superhéroes, o más genéricamente, la de los universos compartidos en universos franquiciados, está condenada a estallar más tarde o más temprano. Y ya veremos a cuántos estudios se llevará ésta por delante.

¡La culpa es tuya! ¡No, la culpa es tuya! ¡No, es tuya! ¡No, tuya-tuya-tuya!

domingo, 14 de agosto de 2016

Las venas ilustradas de la Ciencia Ficción.


Para ser un género que se ha vendido durante más de cien años a lo menos como la gran llave para descubrir cómo será el futuro, la Ciencia Ficción ha resultado a veces ser bastante torpe. Hay muchos aciertos, como por ejemplo las similtudes entre el viaje a la Luna imaginado por Julio Verne a finales del siglo XIX, y la expedición del Apolo 11 en 1.969, pero también hay errores garrafales, como por ejemplo que la navegación estelar de las naves hiperlumínicas de Isaac Asimov requirieran de trazar trayectorias con regla de cálculo, tecnología esta última ridículamente obsoleta en unos días en que ni siquiera hemos podido enviar una misión tripulada a Marte, menos a visitar otras estrellas.

Esto se explica, por supuesto, porque predecir el futuro es siempre un negocio difícil debido a la enorme cantidad de variables que podían incidir en el mismo. Por ejemplo, a finales del siglo XIX no era difícil imaginar que los automóviles del siglo XX podían ser impulsados por electricidad, y de hecho el automóvil eléctrico iba mucho más desarrollado que el alimentado por hidrocarburos. Pero por un factor completamente ajeno, a saber, la caída del Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial, y su consiguiente balcanización en un mosaico de satrapías que a las últimas más o menos operan como títeres de las potencias occidentales, le entregó al mundo desarrollado petróleo a precios tan viles, que el automóvil de combustión interna tomó la delantera, hasta el punto que los medios alternativos de propulsión del automóvil se ven, en 2.016 por lo menos, como algo perteneciente al futuro.

Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de enfocarnos en los detalles, y nos vamos a un sentimiento más general, a una determinada pintura acerca de la alegría o fatalidad de vivir en el futuro? A lo largo de la historia del género, hemos visto tanto Ciencia Ficción tecnooptimista en donde el mundo será un lugar mejor para vivir, versus una Ciencia Ficción fatalista en la cual el futuro será el reino de la distopía. ¿Nos permite predecir la Ciencia Ficción siquiera si el futuro que viene será soleado, nuboso o tormentoso...?


Soy un perfecto convencido de que la Ciencia Ficción como género existirá en cuanto exista ciencia. En tanto haya adelantos tecnológicos, éstos impactarán a la sociedad, y la especulación respecto de cómo será el mundo con tal o cual avance, es el combustible que nutre a los escritores del género. De hecho, existen fundamentos para argumentar que la Ciencia Ficción moderna empezó a gestarse con la ciencia moderna, en los tiempos del Renacimiento y el Heliocentrismo. Pero la cuestión se hace más espesa cuando nos planteamos si la tecnología nos hará bien o no.

Creo en lo personal que el tema tiene que ver con la retroalimentación de la ciencia. Una cualidad inherente al desarrollo científico, es que aumenta de manera exponencial gracias a que cada experimento puede proyectarse sobre todo el árbol científico. Cada nuevo experimento así ejerce un efecto no de suma, sino de multiplicación sobre el conocimiento previo. Digamos que conocemos cinco proteínas con determinadas propiedades químicas y descubrimos una sexta; entonces podemos sumar cinco relaciones químicas más a nuestro conocimiento científico. Pero si descubrimos después una séptima, podemos sumar ya no cinco, sino seis, nuevas relaciones químicas posibles. Multiplíquese esto por todos los descubrimientos científicos en los más variados campos del conocimiento, y tendremos una retroalimentación continua que acelera el desarrollo científico hasta el punto que muchos temen que estemos llegando a una singularidad que cambie el mapa de la Humanidad para siempre.

¿Es posible parar esto? Sí, si es posible. Para hacer ciencia se necesita científicos, y para que haya científicos, se necesita pensamiento racional. Por desgracia, así como toda evolución biológica de las criaturas permite también la evolución biológica de sus parásitos, también el avance de la ciencia permite, ironía suprema, el avance de la ignorancia, la superchería y la sinrazón. Un computador conectado a una red mundial de computadores, por ejemplo, es en principio ideológicamente neutro, y su usuario puede generar información científica con él... pero también puede propagar superstición religiosa, espiritualidad vacua, doctrinas pseudohistóricas o pseudocientíficas, o adoctrinamiento chauvinista. Después de todo, la NASA y el CERN tienen sus páginas web, pero también las tienen las principales religiones y dictaduras del planeta.


El progreso de la ciencia exige una cierta mentalidad, que podemos llamar ilustrada o racionalista. La misma es más rara de lo que parece. En los hechos, ha existido sólo en determinados puntos de la historia, incluyendo Jonia, Atenas o la Alejandría grecorromana, o la edad de oro científica a la sombra del Islam (y sofocada al último por éste). La gran explosión de la racionalidad científica vino con la acumulación de conocimiento científico de los siglos XIII a XVIII, y remató en una Revolución Francesa que puso en hechos las palabras de la ideología ilustrada. La doctrina de los derechos humanos, de hecho, es una expresión de la racionalidad ilustrada, y tiene mucho que ver con el progreso científico. Recordemos que el eslogan de la Revolución Francesa es “libertad, igualdad, fraternidad”: libertad que puede ser usada para experimentar con la naturaleza, igualdad para que las opiniones se impongan por su ajuste a los hechos y no porque una vaca sagrada la ha dictado a punta de decreto o revelación, fraternidad para que el conocimiento científico mejore a la Humanidad como un todo... aunque sea por el utilitarismo de que humanos empoderados son también humanos más preparados para incrementar el caudal de conocimiento científico.

Por supuesto, no es raro que la Ciencia Ficción como género haya experimentado un gran empuje al calor de la expansión de esta mentalidad ilustrada dieciochesca. No ocurrió de golpe, por supuesto. Desde Micromegas de Voltaire, el gran codificador de los visitantes extraterrestres como tópico literario, hasta La guerra de los mundos de Wells, el gran codificador de la invasión extraterrestre, transcurrió cerca de siglo y medio. Pero cuando lo hizo, lo hizo en esa ola imparable de racionalismo. En general, la Ciencia Ficción tenía un sello tecnooptimista, que no era sino la proyección de la mentalidad positiva y progresista del siglo XIX.

Las cosas se volvieron más espesas en el siglo XX. De pronto, el pesimismo empezó a invadir el campo. No es casualidad que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción fue producto de un cierto optimismo en el Estados Unidos entre las dos guerras mundiales: las cosas estaban difíciles durante la Gran Depresión, pero de alguna manera, saldríamos adelante. Un caso egregio de esta mentalidad, por ejemplo, es la obra de Isaac Asimov, en donde la Tierra puede haber sido esterilizada por la vía nuclear, pero el espacio en el intertanto había sido colonizado y la Humanidad sobreviviría. La Fundación tiene mucho de optimismo: vendrán treinta mil años de tinieblas cuando caiga el Imperio Galáctico, pero en el intertanto, la Historia puede ser convertida en ciencias matemáticas, la Psicohistoria, y podemos reducir ese caos a su mínima expresión. El pesimismo distópico parecía más patrimonio del mundo europeo, con cosas como R.U.R. de Kapek, o Un mundo feliz de Huxley.


Pero a partir de la segunda mitad del siglo XX, el pesimismo comenzó a teñirlo todo. Hay excepciones significativas, como Star Trek, pero son eso: excepciones. El cúlmen pareció haber sido alcanzado por el Cyberpunk, en el cual el progreso tecnológico iba a llevarnos al colapso social. Al final, cuando llegaron las tecnologías de redes, las cosas no fueron para tanto.

Y esto tiene mucho que ver con la decadencia del discurso ilustrado dieciochesco. El progreso eterno hacia una sociedad de perfección tecnológica fue la piedra de toque de la mentalidad occidental hasta las guerras mundiales, que probaron lo que una utopía bien encajada podía hacerle a la Humanidad: genocidios, censura, opresión, y sobre todo, medios muy expeditos para liquidar a la población. “Ni los nazis pueden matar tan rápido”, decía un personaje de la película Casablanca, antes de que se descubrieran las atrocidades de los campos de concentración, y descubriéramos de que sí, con la tecnología y los recursos adecuados, los nazis sí que podían hacerlo. Bien, los nazis realizaron experimentos con seres que consideraban humanos inferiores, pero eran un montón de psicópatas, y eso no sucedería en una democracia, podríamos consolarnos a nosotros mismos, ¿verdad? Mentira. En la década de 1.970 se descubrió que eso mismo venía haciéndose durante cuarenta años con la población negra de los Estados Unidos para investigar la sífilis, en los llamados experimentos de Tuskegee. Todas esas cosas van por supuesto contra el espíritu mismo de los principios ilustrados. En cierta medida, no hay mucha distancia entre la cosificación del ser humano en los experimentos médicos de los nazis o de Tuskegee por un lado, y su cosificación en el Cyberpunk, si se mira bien.

De esta manera, es posible adivinar una conexión entre las perspectivas optimistas y pesimistas del futuro en la Ciencia Ficción, y la sangre ilustrada que corra por las venas del género. Podemos intuir que los escritores más pasionales y románticos serán también los más melancólicos y pesimistas: no en balde, los primeros grandes distópicos fueron autores como Mary Shelley y El último hombre, o Jack London y El Talón de Hierro. Los escritores más racionales y científicos, por el contrario, como por ejemplo un Asimov o un Clarke, es muy posible que vean las cosas de manera distinta, y tiendan a presentar futuros más optimistas.




domingo, 7 de agosto de 2016

Yo mío de mí.

George Harrison (1.974).
Este posteo debe contar como un primera vez por estos lares. Lo que es apropiado para iniciar el Año VII de la Guillermocracia. Hemos publicado material sobre música antes. Sobre bandas, cantantes y músicos. Ahí están los posteos dedicados a Moonspell, Laibach, David Bowie, Isao Tomita, Falco, Michael Cretu y Sandra... Sobre estilos musicales, como las ciclópeas series Synth80s o Grunge. Pero dedicarle un posteo entero a una, única y exclusiva canción... Eso es un nunca visto por acá en la Guillermocracia. Lo más cerca es cuando publicamos un posteo sobre dos canciones: Iron Man de Black Sabbath y Iron Man de Die Krupps. Pero, ¿de una sola canción? No lo habíamos hecho, si la memoria me asiste bien. Pero daremos este paso porque se trata de una estupenda canción de esa gran banda que es The Beatles, y una canción con una letra que por desgracia es muy actual, como hablaremos a continuación.

Todos sabemos que The Beatles es una de las bandas más influyentes de todos los tiempos. Prácticamente todo el Pop y todo el Rock actual arrancan, de una manera u otra, de The Beatles. Cuesta verlo hoy en día, en que consideramos al Pop y al Rock como un todo desde la época de Bill Haley y los Cometas o de Elvis Presley, pero a caballo entre las décadas de 1.950 y 1.960, en particular después del famoso Día que murió la música, el infausto 3 de Febrero de 1.959 en que varios rockeros de primera línea se mataron juntos en un mismo avionazo, parecía que el Rock and Roll iba a ser una moda pasajera. Para inicios de la década de 1.960, el futuro parecían ser cosas como las baladas melosas de The Platters, o el calipso de Under the Mango Tree, canción Bond no oficial de la película Dr. No de 1.962. El propio James Bond interpretado por Sean Connery se burlaría de The Beatles en Goldfinger de 1.964, algo irónico si se piensa que nueve años después, la canción Bond oficial de Vive y deja morir, la primera película Bond de Roger Moore, sería interpretada por Paul McCartney and Wings... Todo eso, algo dice sobre la increíble influencia que tuvieron The Beatles en materia de tontas canciones románticas, de Pop Barroco (Eleanor Rigby), e incluso de un muy primitivo Heavy Metal (Helter Skelter).

Todos sabemos que The Beatles son John, Paul, George y Ringo, pero por regla general se admite que las dos grandes fuerzas creadoras fueron John Lennon y Paul McCartney. George Harrison tenía también su propio potencial, pero de temperamento quizás algo más tímido y soñador, nunca fue capaz de imponerse a fondo en las peleas de ego entre John y Paul, mientras que Ringo Starr parecía más bien feliz de estar al fondo, tocando la batería con sus amigos y punto. Y eso engendró una de las enormes injusticias de la banda, porque a la larga, cuando se largaron a una carrera en solitario, George Harrison demostró ser también un huracán de creatividad. Suyos son temazos para la eternidad como Here Comes the Sun o While my Guitar Gently Weeps, por no hablar de su conmovedor himno espiritual que es My Sweet Lord; que dicha canción se merezca el calificativo de conmovedora de mi parte, que no soy una persona religiosa, o a lo menos no lo soy en el sentido más estricto de la palabra, algo debería decir.

Para finales de su carrera, debido al increíble choque de egos entre John Lennon y Paul McCartney, The Beatles estaba a punto de colapsar. Su último disco, Let It Be, fue lanzado en 1.970 y de hecho, después de que la banda ya se había disuelto en la práctica, por más que fueran renuentes por el minuto a hacerlo oficial. El disco intentó ser un acercamiento al sonido algo más simple de sus orígenes, después de sus coqueteos con el Pop Barroco y un filo más experimental, y nos dejó las últimas joyitas de la banda, canciones como Get Back o Across the Universe. Prácticamente todas las canciones, como de costumbre, están acreditadas por Lennon, por McCartney, o por ambos... y en medio de ellas, como quien no quiere la cosa, de alguna manera, George Harrison se las arregló para infiltrar, en solitario, un par de créditos en ese disco y sus últimas contribuciones como compositor para The Beatles: la magnífica I Me Mine, además de For You Blue.


He traducido muy liberalmente el título como Yo mío de mí, que me suena mejor en castellano, aunque literalmente I Me Mine viene siendo Yo Mi Mío. La canción es un comentario y un rapapolvos monumental en contra de la lucha de egos entre McCartney y Lennon. Fiel a su estilo más bien espiritual, George Harrison no se embarca en recriminaciones de ningún tipo. Tampoco se lamenta en primera persona, como lo hacen Lennon y McCartney en canciones como Two of Us o The Long and Winding Road. I Me Mine es simplemente un comentario de la situación, uno muy amargo, pero también uno lleno de filosófica resignación. Hay cosas que son como son, parecería querer decir Harrison, y sin un verdadero entendimiento o espiritualidad, es difícil tratar de cambiarlas.

Las letras de I Me Mine son muy sencillas: "Todo lo que puedo oir / Yo mío de mí, Yo mío de mí, Yo mío de mí / Incluso aquellas lágrimas / Yo mío de mí, Yo mío de mí, Yo mío de mí / Nadie está asustado de jugárselo / Todos lo están diciendo / Fluyendo más libremente que el vino" ("All I can hear / I me mine, I me mine, I me mine / Even those tears / I me mine, I me mine, I me mine / No-one's frightened of playing it / Everyone's saying it / Flowing more freely than wine"). Y en esta sencillez, el mensaje de fondo resulta incluso más potente.

Una clave ayuda a entender mucho mejor lo que Harrison está tratando de decir. Los conceptos de "yo" y "mío" van a la par, para graficar el ego como fuerza psicológica, dentro del pensamiento místico hindú. Compárese el título de la canción, I Me Mine, con el Bhagavad Gita, el clásico texto místico hindú, por ejemplo: "El hombre que abandona el orgullo de la posesión, libre del sentimiento del “yo” y de “lo mío”, alcanza la paz suprema" (Bhagavad Gita 2:71). Debemos recordar que, entre todos los miembros de la banda, Harrison era el más interesado en el misticismo oriental, muy en particular el procedente de la India. Desde este punto de vista, un mundo en el cual "todo lo que puedo oir, yo mío de mí, yo mío de mí, yo mío de mí", es un mundo simplemente aterrador, un mundo en donde todos son prisioneros del orgullo de la posesión, y por ende, todo lo lejanos de la paz suprema que se pueda estar.

Por supuesto, el mensaje en sí rebalsa el contexto en que fue compuesto. Harrison la compuso pensando en Lennon y McCarthy, todo parece indicar esto, pero el énfasis de la letra deja bien en claro que es de aplicación universal. Y hoy en día, por desgracia, ya lo decíamos más arriba, la canción parece más de actualidad que nunca. En la década de 1.960, en que compuso y respiró The Beatles como banda, había un enorme movimiento social, de preocuparse por cosas afuera de uno mismo. Fue la década de los movimientos por la liberación de la mujer, por la lucha de los derechos civiles de las minorías, por la paz y contra Vietnam. Fue la década iniciada por el discurso inaugural de la Presidencia de John F. Kennedy, en el cual éste dijo: "No pregunten qué puede su país hacer por ustedes, pregunten qué pueden hacer ustedes por su país". Fue la década en donde la música intentó ser nueva y revolucionaria, en donde el cine intentó abrazar nuevas formas de expresión. Fue la década en que los epítomes de la Ciencia Ficción fueron 2001: Odisea del espacio, una película que invitaba al ser humano a soñar con las estrellas como pórtico hacia la evolución en estadios superiores en el universo, y Viaje a las Estrellas, una serie que en su encarnación original por lo menos, se trataba acerca de explorar el espacio y coexistir de manera tan pacífica como se pudiera, con civilizaciones extrañas y difíciles de entender.

Esa década hoy en día se ha ido. Hoy en día, a casi cincuenta años de haberse compuesto la canción, lo que impera es el culto al yo más desaforado. Ya lo comentábamos acá en la Guillermocracia a propósito del cine, de que el cine ya no quiere héroes, porque los héroes actuales, el grueso de ellos son petulantes o narcisistas. Una serie como Game of Thrones, por ejemplo, se trata más o menos de lo mismo, de gente narcisista haciéndose cosas horribles los unos a los otros, sin que casi ninguno piense en el panorama vasto o global, sin un gran bien al que poder aferrarse. Y de House of Cards y su descripción de la búsqueda del poder como satisfacción de un narcisismo insaciable, ya no hablemos. Y mejor mencionar en puntillas a la clase política o al empresariado, con su exaltación acrítica de su propio poder y superioridad, llorando porque "somos poderosos, pero también somos seres humanos, así es que discúlpennos por ser matones con nuestro prójimo, nos equivocamos como seres humanos que somos, y no atropellamos a nadie con mala intención", exaltación acrítica que se ve muy bien reflejada en la arquitectura mussoliniana o digna de Albert Speer, que son los modernos colosos corporativos en que éstos tienen sus oficinas.

Desde este punto de vista, I Me Mine sigue siendo una canción enormemente actual, incluso más que en las fechas en que fue compuesta. Y esto, por supuesto, es lisa y llanamente una tragedia.



sábado, 30 de julio de 2016

Guillermocracia: Seis años y a por el séptimo.


Estamos en el año 2.016 después de Jesucristo. Toda la blogósfera está abandonada por yutuberos, feisbuqueros, tuiteros, tumbleros e instagrameros. ¿Toda? ¡No! La Guillermocracia poblada por irreductibles guillermócratas resiste todavía y siempre al abandono. Y he aquí que, andando a lo tonto, la Guillermocracia ha cumplido seis terribles y maravillosos años en línea desde el mítico y jamás leído primer posteo. Son seis años en los cuales la Guillermocracia ha contribuido a cambiar la faz del completo planeta Tierra... un poquito. Al menos, de sus... ¿veinte, treinta, cuarenta lectores? Pero esos veinte, treinta o cuarenta lectores salen de aquí un poquito más sabios, un poquito más reflexivos, un poquito más racionales, en definitiva un poquito más aporte para el mundo. Porque todo en la vida tiene un efecto multiplicador. La Guillermocracia, lo hemos dicho varias veces, es para seres humanos pensantes y racionales, no para zombis que aceptan de manera acrítica, ora los discursos oficiales, ora la rebeldía cool de quienes se rebelan contra las reglas sociales según las reglas sociales acerca de cómo hay que rebelarse contra las reglas sociales.

Los últimos 366 días de la Guillermocracia, porque no debemos olvidar que 2.016 es bisiesto, han visto algunos pequeños cambios. La blogoserie Bastión Esperanza, que comenzamos a publicar en 2.015, quedó en hiato por un tiempo; ya hablaremos sobre eso. Por ciertas circunstancias, a partir de 2.016 hubo que bajar el ritmo de posteos, a uno por semana, por lo que va camino a transformarse en uno de los años con menos posteos en la historia de la Guillermocracia. La idea es remediar eso, aunque por otra parte, algún año tenía que ser el con menos posteos, de manera que no es tan grave; ya llevamos cerca de una cuarentena, después de todo, y eso es una cantidad superior de posteos al noventa y nueve por ciento de los blogs supervivientes allá afuera.

Pero no hay que llamarse a engaño ni a desesperación. Que la Guillermocracia haya disminuido el ritmo de publicación, no significa el final ni mucho menos. Salvo circunstancias imprevistas, claro está, pero si todo sigue más o menos como de costumbre, entonces habrá Guillermocracia para rato.

A lo menos, de la segunda mitad de 2.015 e inicios de 2.016, han quedado cosas memorables. La gran serie de posteos que hemos llamado Marvel 75 años, por ejemplo, que en general fue muy bien recibida por los lectores. O el gran repaso que hicimos a las películas de James Bond, en la serie 007x25. Y el broche de oro que fue la ciclópea Block40busters, en que a propósito de los 40 años de Tiburón de Steven Spielberg, considerada por lo general como el primer blockbuster, hicimos un repaso por los más influyentes del período. Y no sé si debiéramos considerarlo como una serie de posteos, pero en cuanto especial con tema único, los cuatro posteos que integraron nuestra celebración de los seis años de la Guillermocracia, encontraron una recepción bastante calurosa, instaurándose de inmediato en la lista de los 10 posteos más leídos, todos a la vez, lo que no suele suceder demasiado a menudo por acá; lo más habitual, por el contrario, es que luego de una a dos semanas los nuevos posteos salgan del listado, por lo general para no volver. Debemos recordar que dicho especial, el que publicamos en Julio de 2.016, fue sobre temas históricos porque tal fue la votación de los lectores. Por lo mismo, ya estamos considerando la manera en que incluir más posteos acerca de Historia en lo sucesivo, cosa que parecen apreciar los lectores.

Y hablando de temas históricos, cómo olvidar el posteo La Guerra Mundial Cero: Regreso al siglo XVIII, en donde postulamos que la verdadera primera conflagración que puede ser llamada una guerra mundial, fue la Guerra de los Siete Años, seguido algunos meses después por Despotismo ilustrado: Todo para el pueblo pero sin el pueblo, que describe el fenómeno histórico del siglo XVIII y no las democracias actuales, las que serían más bien sin el pueblo y además ojalá lo menos posible para el pueblo. O El nacimiento de la épica occidental: Siete puntos claves para entender a Homero, en donde explicamos a las nuevas generaciones imberbes, para asombro y estupor de éstas, por qué Homero es más grande que los y las actuales novelistas de literatura distópica juvenil. O el posteo en dos partes en que vimos 10 intentos por ser más grandes que Jesucristo, cuya recepción ha hecho pensar que, quizás, en un futuro podríamos dedicar más posteos a temas religiosos, no para hacer proselitismo, que Dios y Alá y el Buda Amithaba y el Sacrosanto Dólar nos libren de eso, sino para hablar de estos temas como corresponde y como generalmente no se habla, o sea, de manera analítica y desapasionada. Y vamos a promocionar un poco el pobre y muy poco popular posteo acerca de William Orpen: El pintor de la guerra, que no es el mejor pintor del mundo ni mucho menos, pero no todos los artículos van a ser sobre Leonardo, Miguel Angel, Rafael y Donatello. Y si lo están pensando, ni se atrevan a comentarlo: me refiero a los artistas del Renacimiento y no a cierto cuarteto de quelonios hipertrofiados con los cuales Michael Bay se ha hecho el agosto en los últimos años.

En materias musicales hemos tenido algunas partidas sensibles, y dedicamos dos posteos a dos sendos grandes que nos dejaron en 2.016: Domo arigato Tomita-sama acerca de Isao Tomita, y David Bowie: La rareza espacial caminó entre nosotros, acerca del ínclito de marras que se despidió a lo bestia con un disco lanzado cuando ya tenía una extremidad fuera de la camilla y en dirección al cajón. También publicamos Siete grandes bandas sonoras del cine bíblico, que si no las has escuchado, ya estás perdiendo tiempo.

En asuntos cinéfilos hemos estado bastante activos en el último tiempo. Ahí están El cine ya no quiere héroes, en donde le dimos un contundente repaso a cómo ya no quedan héroes que admirar en las películas, o ¿Hay Marvel después de los Vengadores? en donde hacíamos algunas reflexiones acerca del futuro del Universo Cinemático Marvel, o Premios Oscar: Veinte a treinta años tarde en donde nos reíamos a mandíbula batiente comentábamos con mucho respeto sobre el conservadurismo extremo de la Academia a la hora de premiar películas, o Siete clases de espectadores insufribles en el cine en donde repasábamos causales que hacen a ciertos espectaculares potenciales blancos de ladrillazos a la cara, o "Rambo" y "Blade Runner": Parecidos razonables, acerca de cómo ambas películas tienen discursos parecidos en muchos respectos a pesar de pertenecer a géneros fílmicos distintos.

Y no dejemos en el olvido el miniespecial sobre Ciencia Ficción que hicimos en Agosto del año pasado, para inaugurar el sexto año de vida de la Guillermocracia que ya está llegando a término. Miniespecial que incluyó a 15 hitos definitorios de la Ciencia Ficción, que despertó las iras de un lector que se consideró ofendido porque postulábamos nuestros 15 hitos definitorios en vez de sus 15 hitos definitorios, en una línea argumental cercana a que esto es una democracia y todos los burros tienen igual derecho a rebuznar. O Los cinco animes que definieron al mecha, en el cual mencionamos a Neon Genesis Evangelion a tiempo para que un amable lector no hiciera arder la Guillermocracia hasta que no quedara piedra sobre piedra. O Romance Planetario: Las junglas y desiertos del espacio, que despertó más atención de la que me imaginaba en un género que no parece tan muerto en la conciencia popular como yo lo suponía. O Robotech: 10 problemas de continuidad que no habías notado antes, que en lo que a estas alturas del partido es un chiste recurrente, enojó a un lector porque el posteo analizaba... 10 problemas de continuidad que no habías notado antes, en una muestra de que la comprensión de lectura de algunas personas no alcanza ni siquiera a pasar del título de un posteo, en otra muestra de la decadencia inexorable de nuestro sistema educativo occidental. O finalmente, La Ciencia Ficción de Steven Spielberg, el posteo quizás no mejor pero sí más entrañable para mí en lo personal del quinteto y que por lo tanto, de manera consecuencial, se transformó en el segundo menos popular (el que registra menos visitas es el del Romance Planetario). Y si les parece mezquino de mi parte, regodearme en los comentarios negativos e ironizar sobre ellos con recochineo, eso me obliga a responderles que... tienen toda la razón. Pero soy el Director Supremo de la Guillermocracia, ser buena persona es algo más propio de plebeyos que de Directores Supremos, y yo no escribí las reglas del mundo, sólo me beneficio un poquito de ellas, allí donde se puede.

¿Y qué viene en el período que falta hasta el séptimo año? Si no hay circunstancias extraordinarias que impliquen cambio de planes, pues... veremos. El ritmo de posteos a razón de uno por semana seguirá más o menos igual por los meses siguientes, por motivos completamente ajenos a la Guillermocracia; los mismos serán publicados los Domingos, salvo por mañana 31 de Julio en que haremos un pequeño descanso ya que hoy día es Fiesta Nacional. A finales de años, confiamos en subir de nuevo la cantidad de posteos por semana, para darle espacio a nuevas series, así como a blogoseries. En particular a Bastión Esperanza. Lo que nos lleva de regreso a...

He aquí lo que ha sucedido con Bastión Esperanza. Los nuevos episodios encontraron un inconveniente bastante peregrino. Es noticia que a mediados de este año 2.016, en medio de la temporada de blockbusters, se estrenó (y se estrelló) Día de la independencia: Contraataque, la secuela de cierta película de alienígenas revientacasablancas que nadie pidió. La película en sí, más bien aburrida aunque dio pie para un posteo acerca de las patadas a la ciencia en la franquicia, que por el minuto está en calidad de borrador y a la espera de ser corregido. Pero tuvo un efecto más profundo: el escenario que plantea y algunos desarrollos argumentales tenían algunos parecidos escalofriantes con los episodios que estaban por venir de Bastión Esperanza. Por supuesto que fue una coincidencia: ni yo había visto la película, ni creo que ellos sepan siquiera que existe Bastión Esperanza. Además, ambas historias pertenecen a un género común, que es la Ciencia Ficción, y dentro de ahí el subgénero de la Space Opera, y dentro de ahí el infragénero de las invasiones alienígenas, de manera que los parecidos son bastante razonables. Pero decidí ser prudente, no porque tema demandas de alguna clase, sino simplemente por el orgullo profesional de que el lector de Bastión Esperanza lea algo que sea Bastión Esperanza, y no un refrito de una película de Hollywood, por más que el parecido sea coincidencia. Bastión Esperanza no pretende ser, después de todo, un refrito de blockbuster hollywoodense sino un refrito del anime de las décadas de 1.970 y 1.980, eso ya lo he escrito antes. De manera que comenzó un enorme proceso de reescritura del material para los episodios sucesivos lo que, por supuesto, significa nuevos retrasos en lo que vendrá. ¿Cuánto? Como quiero tener una lista de episodios programados para publicar sin parones de importancia, es probable que la nueva tanda de capítulos venga recién a finales de año. Un fastidio para los lectores que quedaron mordiéndose las uñas después de ver que los habitantes del planeta Esperanza deben lidiar al mismo tiempo con invasores alienígenas y con una epidemia, pero más tiempo se demora George R.R. Martin en lo suyo, y menos avanzan las cincuenta millones de subtramas de Game of Thrones, de manera que todavía estamos dentro del límite de lo aceptable, supongo. Y espero que el resultado sea tan positivo, que los lectores esperando una continuación de la historia se olviden de estos pequeños contratiempos.

Y hablando de blogoseries. Entre 2.016 y 2.017 es el aniversario número diez, una década completa, desde el inicio de las publicaciones de tres blogoseries hoy en día olvidadas en todas partes, salvo en el fondo de mi corazoncito dictatorial de Director Supremo de la Guillermocracia. Me refiero por supuesto a Corona de Amenofis, Infra Terra y Marbod el Bárbaro. De las tres, hubo un intento de publicar Corona de Amenofis en una versión corregida aquí en la Guillermocracia, pero el experimento no pasó del episodio tres, mientras que Marbod el Bárbaro fue publicada hasta el episodio nueve de la primera serie, o sea, algo más de un tercio de la misma, e Infra Terra ni siquiera ha asomado sus subterráneas narices por la Guillermocracia. Y como buen aniversario, ya estamos planeando cómo hacerlas resurgir, a manera de homenaje siquiera.

Sin perjuicio de potenciales cambios a mitad de camino, el proyecto por el minuto es el siguiente. Las tres blogoseries regresarán, pero ahora no en sus propios blogs como en su día, sino como publicaciones en la Guillermocracia. Y lo harán con tres... miniblogoseries, llamémoslas así. La idea es que las mismas sean más o menos autocontenidas, de manera que el lector que jamás haya leído el material original, no se quede colgado con personajes y situaciones. Así, Marbod el Bárbaro volverá en forma de secuela de la historia original, pero ambientada años después de la misma, en una aventura autoconclusiva, enfrentado el personaje ahora a un oponente completamente nuevo. Infra Terra por el contrario regresará en forma de precuela; la idea inicial era una secuela ambientada años después del final de la serie original, pero luego me di cuenta de que debía aludir a hechos tanto de la serie original como algunos que forman parte del manual detrás de la serie, lo que podía fastidiar a algunos lectores, por lo que la solución más simple era el camino de la precuela, aprovechando que en la serie misma se aludía a sucesos de veinte años antes sólo a través de los recuerdos de ciertos personajes. Corona de Amenofis, en cambio, tiene una continuidad demasiado complicada, y acumuló algunos problemas de lógica interna en su narración, de manera que he optado lisa y llanamente por el reboot. En los tres casos, habrán más informaciones sobre la premisa y el argumento, a medida que hayan sucesivos desarrollos.

En los tres casos, la idea es que cada miniblogoserie se extienda por una cantidad breve de episodios, idealmente de cuatro a seis como máximo. Y si todo marcha como debe, entonces los mismos serán publicados a finales de este mismo año, en conjunto con los nuevos episodios de Bastión Esperanza.

Como pueden apreciar, aunque maltrecha en algunos respectos, la Guillermocracia sigue firme adelante, y con las mejores intenciones de continuar ofreciendo material de calidad para sus lectores. De manera que quedan cordialmente invitados a hacerse ciudadanos de esta nación hoy por hoy virtual, a lo largo de éste, el inicio del Año VII de la Guillermocracia. Y recordad: Vernunft macht Frei (La Razón los hará libres).

domingo, 24 de julio de 2016

Los cátaros: El camino de los perfectos.

Carcasona, uno de los más importantes bastiones cátaros.
Uno de los episodios de la Edad Media que más ha prendido la imaginación popular, es la historia del auge y la destrucción del Catarismo. Esta mezcla muchos ingredientes explosivos: la Iglesia Católica, la Santa Inquisición, una cruzada de aniquilación, y sobre todo, el aura mágica de misterio que rodea a una secta o doctrina de la cual sabemos más bien poco, en buena medida porque el grueso de las informaciones que nos han llegado sobre el Catarismo proceden de las actas y testimonios de gentes relacionadas con la Iglesia Católica... es decir, sus enemigos mortales. Por supuesto, la historia del Catarismo es menos mística de lo que se predica, y a poco que uno conozca el trasfondo histórico, muchos de sus detalles son bien explicables. Pero aún así, es una historia por sí misma muy interesante, ya que es una historia clásica acerca de lo que significa vivir en una época de cambio social.

En términos muy generales, el Catarismo es una doctrina cristiana que emergió en Occitania, en el siglo XII d.C., extendiéndose luego hacia la Lombardía. La inmensa mayoría de los territorios que integran la Occitania, hoy en día son parte del sur de Francia, pero no nos referiremos a los mismos de esta manera para no predisponer a los lectores de una manera tal, que acaben considerando que esos territorios eran Francia en la época. Aunque en teoría Francia abarcaba casi todos los territorios desde los Pirineos hasta el Rin, en la época lo controlado directamente por los monarcas franceses en realidad se reducía a un puñado de feudos en los alrededores de París, por lo que calificar de franceses a los territorios occitanos es inexacto en el mejor de los casos, y un abuso del lenguaje en el peor. De hecho, fue la Cruzada Albigense que acabó con el Catarismo, precisamente la que inició el dominio francés sobre Occitania, y por lo tanto no fue tanto un acto de autoridad por parte del rey francés, como una verdadera invasión militar a gran escala. Pero relacionamos el Catarismo con la Occitania únicamente porque la coalición de la Iglesia Católica y la corona francesa pudo matar esta doctrina en embrión; fue su crecimiento explosivo lo que de hecho motivó la medida desesperada y cruenta de barrer a los cátaros mediante una cruzada.

Hagamos un poco de historia. A inicios del siglo IX, y por primera vez desde el Imperio Romano, la mitad occidental de Europa fue unificada bajo los auspicios del Imperio Carolingio. Sin embargo, el desplome de dicho imperio y su fragmentación, sumado a las invasiones de vikingos, magiares y sarracenos, llevó a una época de estancamiento económico y cultural de la cual Europa vino a salir sólo en el paso de los siglos X a XI, una vez paradas o derrotadas dichas invasiones. En este período se consolidó un sistema social que ya venía existiendo desde la caída del Imperio Romano, y que es el Feudalismo. En dicho sistema, la sociedad se estructura en tres clases: los caballeros que son los hombres que guerrean, el clero que son los hombres que rezan, y los labradores y campesinos que son los hombres que cultivan. A pesar de su relativa mala fama, como un sistema de despotismo, abusos y atraso semirrural, críticas que se las merece, por lo demás, el Feudalismo por lo menos tuvo la virtud de aportar estabilidad a una época de caos y desintegración política y social. Y así, el Feudalismo terminó por ser víctima de su propio éxito: la estabilidad que el sistema promovió, permitió el desarrollo del comercio y la industria, y esto significa que en el siglo XII, surgió una nueva fuerza social al margen de los caballeros, los clérigos y el campesinado: los burgueses. Todo esto debemos mencionarlo porque el Catarismo es, como profundizaremos, un fenómeno eminentemente burgués.

La palabra burgués viene de burgo, y ésta a su vez del alemán Burg, que significa fortaleza; los burgos son esencialmente las ciudades comerciales y fortificadas de la Edad Media. Europa está plagada de topónimos que hacen referencia a estas ciudades que se fortificaban para defender a su comercio e industria: Edimburgo en Escocia, Friburgo y Ausburgo en Alemania, Estraburgo en Francia, Gotenburgo en Suecia, Burgos en España... Sin embargo, y esto es importante destacarlo, los burgos no tenían lugar en el sistema feudal porque nacieron no en su interior, sino al margen de éste y como reacción a los excesos del mismo. Los primeros burgueses no eran caballeros, ni clérigos, ni labriegos, que decidían seguir bajo el sistema feudal de toda la vida; por el contrario, los primeros burgueses eran descastados y perdedores del sistema feudal que se buscaban una vida mejor y más próspera, descastados como por ejemplo caballeros segundones que no iban a heredar un feudo, o campesinos fugados de la tutela de su señor feudal. Una vez en los burgos, esos burgueses se dedicaban a la industria y el comercio, actividades que estaban al margen de la sociedad feudal, eminentemente agraria y autárquica en lo económico. Y sobre todo, eran libres de las trabas y ataduras del sistema feudal. "Stadtluft macht frei" ("El aire de la ciudad te hace libre"), proclamaban de manera muy sucinta y clara los alemanes.

El Castel de Montségur, último bastión de defensa del Catarismo; la relativa protección militar que otorgaban los casteles, ayudó a fomentar el crecimiento de esta doctrina.
En el sistema feudal, la Iglesia Católica tenía el control absoluto sobre la vida espiritual de toda la Cristiandad. Para ello, se había convertido en la mediadora de la redención de los pecados y de la vida eterna; toda su autoridad emanaba de aquí. En estos tiempos de secularismo puede parecer risible, pero en la Edad Media, que un territorio fuera castigado con el interdicto por parte del Papa, era de una gravedad suprema; el interdicto significaba que los sacerdotes no celebrarían los sacramentos, y eso significaba que no habría comunión, ni confesión, ni extremaunción, por lo que las gentes se arriesgaban a morir en pecado mortal e irse al infierno, en la mentalidad de la época por lo menos. Por supuesto, mediadora de la salvación, la Iglesia había preparado todo un discurso ideológico en el cual, cada persona podía encontrar la salvación de acuerdo a su rol en el sistema feudal: los caballeros, guerreando por la Cristiandad, en las Cruzadas por ejemplo, los clérigos rezando y sirviendo al Señor, y los campesinos labrando la buena tierra y santificándose a través del trabajo. Todo funcionó muy bien hasta que surgieron los burgueses, los habitantes de las ciudades, dedicados al comercio y a la industria, que no encajaban en ninguna de estas categorías, y que por lo tanto, teóricamente, no tenían un camino para santificarse y alcanzar la salvación.

En el siglo XII, la Iglesia Católica intentó fortalecer su poder mediante la difusión de la vida monacal. Los agentes más entusiastas del nuevo monacato fueron los cistercienses, una orden monástica fundada por Bernardo de Claraval. Frente a los monasterios cistercienses, modelos de santidad, los burgos eran vistos como centros de pecado y corrupción. Y en este debemos conceder el punto, porque razón no les faltaba. Como producto de la actividad comercial e industrial, las ciudades generaban dinero, y los burgueses tenían por tanto recursos que gastar en placeres hedonistas y mundanos, incluyendo vino y mujeres. Que los labriegos fugados de los abusos de los señores feudales prefirieran refugiarse en los burgos a recluirse en los monasterios, no ayudaba demasiado a la causa. Y por supuesto, cada campesino convertido en burgués era un alma menos bajo la férula de la Iglesia Católica. Como consecuencia, los primeros burgueses vivían en un vacío espiritual que la Iglesia Católica se negaba a llenar... y dicho espacio podía ahora ser rellenado por alguna otra doctrina. Como la de los cátaros, por ejemplo.

Nadie sabe muy bien de dónde salieron los cátaros. Hoy en día se cree que los primeros cátaros fueron oyentes de predicadores bogomilos y paulicianos, dos doctrinas consideradas heréticas, que venían desde el Imperio Bizantino. Otros creen que el Catarismo es un desarrollo indígena europeo; los antiguos textos teológicos de la Patrística de los siglos IV y V seguían disponibles después de todo, gracias a los copistas irlandeses, no para grueso público, pero sí para la pequeña élite capaz de leer y con poder para adquirir libros. Lo cierto es que las ideas y nociones principales del Catarismo no son exactamente originales. Aunque no sabemos qué camino recorrieron hasta llegar a integrar el Catarismo, sus ideas rectoras pueden ser encontradas a lo menos en embrión, ya en el Gnosticismo y el Maniqueísmo de los tiempos del Imperio Romano. Como sea, el Catarismo que partió de manera muy larvada, experimentó un crecimiento explosivo en la segunda mitad del siglo XII.

La doctrina de los cátaros, lo decíamos, guarda muchos parecidos con el Gnosticismo. En ambos casos, hablamos de una visión del mundo en la cual existe un grupo de elegidos que tienen acceso a una doctrina secreta, versus el resto de las gentes; y en ambos casos, el resto de las gentes incluye no sólo a los paganos, sino también a los cristianos que por un motivo u otro no han accedido a la verdadera doctrina, que es la de los cátaros. Al igual que los maniqueos antaño, los cátaros creían que el mundo material estaba en las garras del demonio, y sólo a través del Catarismo sería posible purificarse y acceder al plano espiritual que estaba más allá de este mundo de la carne. Debido a su crecimiento más o menos espontáneo, los cátaros carecían de una estructura religiosa formal y jerárquica que pudiera compararse a la Iglesia Católica. Además, no miraban con demasiado respeto a los sacerdotes, debido al legendario nivel de corrupción de éstos por aquellos días, mientras que los cátaros ponían un énfasis supremo en la pureza espiritual interior por sobre los signos exteriores de la ordenación sacerdotal. Esta misma actitud crítica con la falta de pureza espiritual de los sacerdotes católicos, la encontraremos después repetida en el Husismo en el siglo XV y en el Luteranismo, en el siglo XVI; si la Iglesia Católica hubiera escuchado a los cátaros, cabe la posibilidad de que hubiera podido evitarse el quiebre de la Reforma Protestante, y la Historia Universal hubiera corrido por cauces muy distintos a los actuales, aunque respecto de esto sólo podemos especular, por supuesto.

Expulsión de los habitantes de Carcasona luego de la caída de la ciudad en 1.209, según un ilustrador del siglo XV.
Los cátaros no creían en los sacramentos, y entre ellos existía tan solo uno, el consolamentum, cuyo nombre de por sí es muy significativo respecto al estado de extravío espiritual del que los cátaros creían ser salvados. El consolamentum es un ritual de purificación similar al bautismo por inmersión, y que se tomaba una vez en la vida, aunque se admitía a veces repetirlo en el lecho de muerte, porque si uno está en las puertas de la salvación o la perdición eternas, asegurarse no cuesta nada. Pero aunque se parece al bautismo, el consolamentum tiene una significación distinta; el bautismo tiene una dimensión social, como un ritual de entrada para participar en el seno de la Iglesia Católica, mientras que el consolamentum es de índole más bien personal, refiriéndos sólo a la relación entre el cátaro y Dios. La persona que recibía el consolamentum se entendía purificada, haciendo por tanto en principio innecesarios otros rituales o sacramentos; el cátaro, por supuesto, debía comprometerse a vivir una vida de santidad. La persona que recibe el consolamentum pasa a ser llamada entonces un perfecto, un cátaro en todo el sentido de la palabra. La palabra cátaro viene de hecho del griego καθαροί (katharoi), que significa "puro". Ni qué decir, la idea de que una persona pudiera ser salvada con un solo ritual y que después no se necesiten servicios sacerdotales para nada, en vez de mantenerlos como público cautivo yendo a comulgar cada semana, era un concepto que irritaba profundamente a la Iglesia Católica, por razones obvias.

El Catarismo se hizo muy popular entre los burgueses precisamente porque ofrecía un camino de salvación para éstos, al margen de los ofrecidos por la Iglesia Católica en el sistema feudal. Tomar el consolamentum no era un cheque en blanco ni una patente de corso para pecar todo lo que se quisiera; de hecho, se suponía que el cátaro después del consolamentum se hiciera célibe y vegetariano. Pero aún así, era un medio accesible de salvación para los burgueses. Pronto, los cátaros se hicieron fuertes en Occitania, como mencionamos más arriba. En la época, y remarquemos esto, Occitania era tan independiente de Francia que incluso hablaban otro idioma diferente del francés; el núcleo principal del Catarismo era una parte de la Occitania llamada el Languedoc, cuyo propio nombre nos informa que allí no se hablaba francés sino la lengua de oc. Por qué el Catarismo se hizo fuerte en Occitania y sobre todo en la región de la Occitania que era el Languedoc, se explica por razones geopolíticas. La región es un macizo montañoso en donde el burgo prototípico adoptó una forma particular, el castel, que viene a ser un híbrido entre burgo y fortaleza en las montañas. Los casteles eran virtualmente inexpugnables, y ésta es la razón por la que la Cruzada Albigense se tardó tantos años en reducirlos. Los señores feudales de los casteles eran de hecho tan poderosos, que uno de ellos, Raimundo IV de Tolosa, se había contado entre los más grandes líderes de la Primera Cruzada, a finales del siglo XI. Esta inexpugnabilidad de los casteles favoreció también que se transformaran en plazas seguras para el comercio, y pronto, las mercancías que viajaban desde las tierras abiertas por las Cruzadas para Italia, seguían curso a través de los casteles para llegar a Francia e incluso a Inglaterra. De todo lo que hemos escrito, es fácil colegir que todo lo que beneficiara al comercio, también ayudaba al crecimiento y la propagación del Catarismo.

En medio de este panorama, huelga decir que la Iglesia Católica tronó en contra del Catarismo, con los mencionados monjes cistercienses en la primera línea de ataque. Los cátaros afirmaban que la Iglesia Católica y sus rituales eran innecesarios para la salvación, y esto era en definitiva un ataque directo al poderío eclesiástico. Además los cátaros criticaban profundamente la moral de los clérigos, y lo que es peor, sus críticas eran muy certeras, dada la catadura moral de muchos sacerdotes de la época. Y había otro detalle que provocaba rechinar de dientes a la Iglesia Católica: las mujeres dentro del Catarismo tenían un rango similar a los hombres e incluso podían ser perfectas y aplicar el consolamentum, a diferencia de una Iglesia que ni entonces ni ahora ha admitido el sacerdocio para las mujeres. La primera reacción de la Iglesia Católica fue enviar a misioneros para que exhortaran a las buenas gentes a no dejarse tentar por la herejía y volvieran al redil de la Iglesia. Como los monjes cistercienses eran de extracción principalmente francesa, estaban mejor preparados en lo intelectual, y además eran gentes más decentes en general que el sacerdote promedio de la época, el grueso de los misioneros fueron reclutados entre sus filas. Pero fue en vano: los cátaros no encontraban motivos para escucharlos. La Iglesia Católica pidió también de manera explícita que se persiguiera a los herejes, pero los señores en los casteles se negaron. No es que pretendieran desobedecer directamente a la Iglesia, aunque sea porque la buena diplomacia ayuda al comercio, pero por otra parte, todos los cátaros en sus dominios eran parientes de alguien, y por lo tanto, iniciar una persecución hubiera generado profundas divisiones fraticidas dentro de los casteles.

Domingo de Guzmán reprimiendo la herejía, en la visión artística de Pedro Berruguete.
Las cosas terminaron por salirse de madre a inicios del siglo XIII. En la época llegó a ser Papa un personaje llamado Inocencio III. En la época del Papa Gregorio VII, algo más de un siglo antes, había comenzado a tomar carta de presencia una doctrina por la cual los reyes seculares le debían obediencia a la Iglesia Católica, porque Jesucristo le había entregado a Pedro el primer Papa la jurisdicción sobre toda la Tierra; Inocencio III no sólo era un firme creyente de esta doctrina, sino que fue uno de sus máximos impulsores en la práctica. A lo largo de su Papado, Inocencio III se enfrentó a brazo partido contra los monarcas de media Europa para imponerles la autoridad papal, a menudo con éxito. Y no bastándole todos estos frentes de batalla, se dispuso a hacer algo respecto de la cuestión de los cátaros, que por supuesto, eran otros desobedientes que debían ser metidos en cintura.

El enviado de Inocencio III para tratar con los cátaros fue un hombre llamado Pierre de Castelnau. Fue nombrado por su actitud intransigente con la herejía, y fue su actitud intransigente con la herejía lo que acabó por llevarlo a la tumba, porque luego de excomulgar a un señor muy poderoso, se descubrió su cuerpo en un camino, cosido a puñaladas, con todo el mundo silbando para otro lado cuando comenzaron las preguntas acerca de quién lo había hecho caerse encima del cuchillo. La muerte de Castelnau era el pretexto que Inocencio III necesitaba; ni corto ni perezoso, entró en negociaciones con Felipe Augusto, el rey de Francia. El fruto de estas negociaciones sería la Cruzada Albigense. La misma fue llamada así porque los cátaros eran llamados también albigenses, asociados con la ciudad de Albi; en realidad, los cátaros estaban tan presentes en Albi como en otras localidades, pero por circunstancias históricas más o menos casuales, los principales reportes de herejía surgieron ahí, y el nombre de albigense pegó en la época.

El rey francés Felipe Augusto había llegado al trono en 1.180, y había dedicado una energía increíble a fortalecer el poder real a costa de lo que fuera. Una de sus grandes batallas había sido la demolición del Imperio Angevino, la colección de señoríos feudales que había construido Enrique II de Inglaterra entre Escocia y los Pirineos. En medio de esto, la venia y permiso papal para iniciar la invasión militar de Occitania, le venía como anillo al dedo. En la época, lo hemos dicho, la corona francesa controlaba en realidad el norte de lo que actualmente es Francia, y el sur, aunque dependiente en teoría, en la práctica se mandaba solo, y además estaba en mejores relaciones diplomáticas con Aragón más allá de los Pirineos que con Francia. Había también un aspecto económico en todo el asunto. En la época, la Occitania era un verdadero núcleo económico y comercial, como intermediaria de las rutas comerciales entre Italia por un lado y Francia por el otro, mientras que los alrededores de París estaban poblados apenas por campesinos y señores feudales semianalfabetos. En lo cultural, Occitania era la refinada patria de los trovadores y del amor caballeresco, que se desarrollaron ahí, mientras que en los alrededores de París todavía se vivía... bien, todavía se vivía en la Edad Media, por decirlo fuerte y claro. Era la oportunidad para un monarca poderoso en lo militar pero relativamente pobre en lo económico, de conquistar un territorio muy rico del cual extraer riquezas.

Detengámonos por un instante a considerar lo que significa llamar cruzada a la Cruzada Albigense. Hasta la fecha, las cruzadas eran expediciones militares enviadas contra los infieles, principalmente contra los sarracenos. Esta era la primera vez que se proclamaba la cruzada no contra paganos, sino contra otros cristianos. Que no obedecían la autoridad del Papa, pero que sí creían en Jesucristo, de manera que sí eran cristianos. Parte del horror de la Cruzada Albigense es que fue la primera cruzada realmente fraticida dentro de la Cristianidad, y el antecedente que serviría de base después para toda la estructura de represión de la herejía por la fuerza si fuere preciso, que vino a montarse después. Conceptual e ideológicamente, la Cruzada Albigense marca un punto de no retorno para la Iglesia Católica. La idea de que la Iglesia puede lidiar con violencia extrema contra los herejes, ayudó a desarrollar muchos anticuerpos contra ella en los siglos venideros, lo que por supuesto desembocó en la Reforma Protestante.

Domingo de Guzmán preside un auto de fe para ejecutar cátaros, en una pintura de Pedro Berruguete.
La primera fase de la Cruzada Albigense se libró en 1.209, y su primera campaña se saldó con la caída de Carcasona, ciudad que acabó dándole nombre a cierto muy entretenido y adictivo juego de mesa. La caída de Carcasona fue un golpe recio para la causa occitana, y de hecho varias ciudades se rindieron sin luchar, incluyendo la famosa Albi que le había dado nombre a la cruzada. Pero la caída de Carcasona no significó el final de la Cruzada. Habían otros casteles menos poderosos, pero estaban decididos a resistir hasta el fin, en particular después de que llegaran las nuevas los horrorosos saqueos y crueldades que los cruzados perpetraban en las ciudades conquistadas, so pretexto de que eran herejes, o al menos, gentes que protegían a herejes. La resistencia fue tan enconada, de hecho, que Montségur, el último castel resistente a la invasión, cayó recién en 1.244, más de veinte años después de la muerte de Felipe Augusto y casi treinta de la muerte de Inocencio II. El odio y el fanatismo de los cruzados fueron tan enconados, que la floreciente región de Occitania quedó reducida a un despoblado semirrural; comenzó así la decadencia de Occitania y su estatus de segundona económica frente a los alrededores de París, situación que dura hasta el día de hoy. La sujección a París también extinguió la influencia política que ejercía Cataluña sobre la Occitania, lo que redundó en que, en adelante, las regiones en ambos faldeos de los Pirineos seguirían caminos separados. Por su parte, la rica cultura provenzal fue aniquilada, y la cultura de los trovadores se extinguió, aunque su legado permaneció durante todo el resto de la Edad Media, allí a donde los trovadores pudieron arrancar. La lengua de oc fue reducida a un vulgar dialecto, y el francés se extendió por tales tierras. No fue solo una guerra de conquista, sino una verdadera operación de genocidio humano y exterminio cultural, que en forma proporcional a los medios tecnológicos y la población de la época, puede ser considerado como uno de los más dantescos holocaustos de toda la historia europea.

La suerte de los cátaros en las ciudades conquistadas fue horripilante. Se dice que interrogado un monje cisterciense acerca de cómo distinguir a un cátaro de un católico, éste habría respondido: "Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius" (traducido muy libremente: "Mátenlos a todos. Dios reconocerá en el Cielo a los suyos"). La Iglesia Católica hizo masiva una nueva costumbre: las hogueras. Los caballeros agarraban a los cátaros y los enviaban a arder en la hoguera, en medio de celebraciones de júbilo. El celo religioso encubría una motivación económica, por supuesto: los bienes y tierras que quedaran sin dueño porque éstos fueran ejecutados, podían ser apropiados como expolio o como señorío por los invasores. Como sea, el Catarismo fue virtualmente exterminado, por el recurso de literalmente no dejar a ningún cátaro vivo. Los que pudieron escapar, se cuidaron muy bien de revelar sus convicciones doctrinales, aunque de todas maneras, núcleos aislados de Catarismo crecieron en otras regiones de Europa, llevados allá por los fugitivos; a la larga, estos núcleos terminaron por desaparecer, asimilados dentro de la corriente más general del Catolicismo. Siguiendo a la relativa ineficiencia de los cistercienses por lidiar con los cátaros, una nueva orden monástica tomó el relevo: los dominicos, fundados por el monje castellano Domingo de Guzmán. El Papado concedió a los dominicos licencia para crear un tribunal que investigase las acusaciones de herejía, naciendo así el Tribunal del Santo Oficio, mejor conocido como la Inquisición.

Si bien es cierto que la Iglesia Católica realizó con los cátaros una operación de exterminio digna de Hitler o Stalin, no es menos cierto que el Catarismo no volvió a levantar cabeza en parte porque la propia Iglesia tuvo el buen sentido de adecuar su discurso para los nuevos tiempos. El mismo año 1.209 en que se iniciaba la Cruzada Albigense, un monje italiano llamado Francisco de Asís, fundaba otra nueva orden religiosa, la de los franciscanos. Francisco de Asís no venía del mundo feudal, sino que era un burgués, en concreto un hombre nacido en el burgo de Asís, y por lo tanto, entendía la mentalidad burguesa. Si bien Francisco de Asís no se refirió directamente al tema de los burgos, su discurso lleno de caridad y aceptación significó un agudo contraste con el talante condenatorio de los anteriores monjes, en particular de los cistercienses. Francisco de Asís enseñó a considerar a la naturaleza no como una enemiga a ser batida, sino como otra parte de nuestra realidad a la que debemos amar, y esto ofrece un contraste con el Catarismo, para quienes, como ya decíamos, el mundo material es el dominio del demonio. La doctrina franciscana era mucho más aceptable para los burgueses que ahora tenían abierto un camino de salvación obrando con rectitud, aunque fueran comerciantes, y por lo tanto, se ofrecía como una alternativa más aceptable e inofensiva, frente a un Catarismo que ahora era demasiado peligroso para ser profesado, en público por lo menos.

Y sin embargo, aunque erradicado de la faz de la Tierra, y habiendo durado menos de un siglo en total, el Catarismo ha seguido inflamando la imaginación posterior. El Catarismo es la otra cara de la cultura provenzal de su época, la misma cultura provenzal de la que arrancan conceptos carísimos para nuestra cultura, incluyendo el amor cortés y caballeresco; existe una correlación profunda a nivel de mentalidad, entre dicho amor cortés expresado como un ideal de nobleza y pureza, y el ideal de corrección y supresión de los vicios espirituales y carnales que predicaban los cátaros. Además, el hecho de que los cátaros no hayan dejado registros escritos, en particular por la eficiente y brutal labor de supresión por parte de la Inquisición, los ha rodeado de un aura de misterio que les ha otorgado un lugar privilegiado en el panteón de los mitos conspiranoicos de todos los tiempos. Y además de eso, el trágico destino final de los cátaros es un interesante modelo a estudiar, para todos quienes quieran entender las mecánicas de funcionamiento del cambio social, y en particular, como esas mecánicas pueden llegar a chocar con el poder establecido, y como dicho poder establecido puede llegar a reaccionar.

Si los cátaros levantaran la cabeza...

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